martes, 5 de diciembre de 2023

El diálogo interno

A veces no nos reconocemos de tan brillantes
respuestas que nos damos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La imaginaba como en un parlamento para la televisión o el cine, pero nada, se pasaba (cada vez que me pasaba) tan rápido que no me daba cuenta de dónde salía el sentimiento residual porque ¡ay, caramba!, de repente era tan fuerte y tan profundo que, la verdad, no parecía estar acorde con tan poco contenido; los pensamientos se pasan tan rápido porque no pensamos en palabras (salvo cuando debemos teorizar) sino en imágenes, puesto que es de esa manera en la que percibimos al mundo, incluso cuando charlamos con alguien, transformamos las palabras que escuchamos en fotogramas que pasan por nuestra cabeza vertiginosamente. Si han probado alguna vez el contar una historia por escrito, tal vez recuerden si fue su escritura más fluida cuando pensaron en oraciones o cuando describieron las imágenes en su pensamiento.

Pensar entonces, requiere de imágenes a las que describimos posteriormente de forma oral, lo que para el escritor significa un diálogo con el espejo, casi como en un acto de constricción en el que tratará de sacar el mayor provecho al cuestionamiento que tenga para sí mismo; podrá parecer raro que algunos lo realicen en voz alta, pero el oficio de la pluma duele sacar algunas cualidades que se suponen independientes, como la del histrión que todos solemos tener, no nos hagamos. Hablar hacia nuestro interior puede hacer que nos imaginemos más vívidamente una escena, un pasaje o una explicación según sea la naturaleza del escrito que vayamos a redactar y para ello, no hay nada como la vida cotidiana, pues la observación de sus devenires otorgan un magnífico material para el chisme, que es de lo que se trata.

Solemos tener todos algunos momentos de locura, pero hay que procurar que éstos sean productivos, por ejemplo, que las ideas que surjan de un diálogo con nosotros mismos pueda llevarse a la realidad. Hablar con uno mismo es una escena casi metafórica, puesto que no nos desdoblamos para hacerlo, puede ser que nos planteemos preguntas de las que seguramente ya tengamos las respuestas porque lo que no sabemos se lo preguntamos a los demás. Lo hacemos para reiterar lo que conocemos para, quizá, cambiar lo que sabemos, diferencia conceptual que ya tratamos en otro momento. Una parte bastante explorada en el camino del conocimiento y la medición de nuestros alcances en cuanto a lo que deseamos ser y queremos hacer que resulte adecuado a nuestro rol social.

Antes de que nos tachen de esquizofrénicos, aclaremos que un diálogo interno es un acto íntimo de autoregulación en el que vamos a buscar un mejor entendimiento de nuestros procesos mentales y la revisión de la coherencia en lo que pensamos y sabemos de nuestro entorno; así pues, es una especie de calentamiento o entrenamiento para poder enfrentar lo mejor posible, los cuestionamientos que nos lleguen del exterior, refutar eso en lo que no estamos de acuerdo y convencer de que lo que nos proponemos realizar en este día, es lo que más conviene a todos. Darnos unos minutos para hablar con nosotros mismos, nos permite observarnos desde una perspectiva diferente, evaluar nuestras actitudes frente a lo que proponemos o nos proponen y enfocar nuestro sentido de complementariedad. Salud.

Beto

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