martes, 25 de junio de 2024

Neal Baer

El proceso de pasar a la ficción a un ser real,
suele ser muy divertido. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es una de esas presencias fantasmagóricas que te asaltan a media noche, no tienen un motivo específico para aparecerse, sólo recorren tus neuronas para descubrir qué espacios entre ellas no están ocupados; se regodeará acomodando sus pertenencias en lo que será «su departamento» o en «su casa» si lo acompaña su familia. Neal Baer, norteamericano, dedicado a las tareas creativas desde que se graduó de la universidad, enamorado de todo lo que implicaba la producción televisiva, intentó incursionar primero en un programa local con un éxito moderado en su ciudad natal, Augusta, en el estado de Georgia sin lograr mantenerse por mucho tiempo, así que migró hacia Columbia en Carolina del sur donde se acomodó como asistente para las narraciones de los Gamecocks de la USC.

En este punto me separo de la persona real; Neal, por coincidencia, tiene un apellido que coincide con las letras que configuran mi CURP y mi registro del SAT, así que por una afinidad graciosa, tomé su nombre para fabricarme un personaje en la novela que escribo sobre un detective que debe luchar contra ciertos estereotipos para poder realizar su trabajo, por lo cual un extranjero le será de utilidad por tener un punto de vista diferente al que se tiene en el país respecto del trabajo femenil, principalmente en los empleos de riesgo, lo que lo convierte en un gran impulsor del trabajo de la detective, más que nada por su experiencia (esta parte sí real) como productor ejecutivo de programas policiacos como «La ley y el orden».

¿Bajo qué circunstancias llega Mr. Baer a nuestro país? En una realidad alterna, era el verano de 1988 y en el territorio prevalecía un periodo convulso puesto que la elección del secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, como presidente de la República, fue tachada de fraudulenta, pero nada había que le impidiera tomar posesión del cargo; ¿era de verdad tan importante para los mexicanos que el voto no se hubiera respetado? Las movilizaciones que se dieron, lejos estaban de convocar masivamente por el simple concepto, puesto que de fraudes el país ya estaba hasta el fastidio. Duraron poco pero la indignación quedó flotando en el aire, sin embargo, algo había detrás que no encajaba y molestaba a la población, justo lo que venía a vigilar el señor Neal Baer.

Si los dos párrafos anteriores les parecen más interesantes que el primero, es comprensible dada nuestra natural tendencia a las dramatizaciones, por ello la razón de intentar por un lado, una novela con fragmentos históricos cuya base sería un ensayo sobre la creación de la vías de transporte de sustancias prohibidas en México. El destino es lógico si pensamos que, los Estados Unidos deben mantener al ejército más grande del mundo, ya que al lo largo de su historia, han abierto muchos frentes; a nosotros deben dominarnos con la economía ya que haciéndonos dependientes, no tienen que gastar recursos declarando otra guerra que destruiría su dispensario de drogas para el ejército ya mencionado. Para ello ha echado mano de múltiples armas incluida la profunda religiosidad de un pueblo que harto, es peligroso. Salud.

Beto

martes, 18 de junio de 2024

Creando escenarios

Cada lectura también es una recreación.
Foto: BAER
Irapuato, Gto.- En el mundo de las letras, los espacios están inspirados tanto en aquellos lugares que conocemos, como en aquellos en los que nos gustaría estar; la imaginación es un gran tesoro que, al contrario de las joyas, debe invertirse en su totalidad para que se mantenga fresca y estable, es uno de esos casos raros en que algo se reproduce mientras se usa sin importar la cantidad. Un lugar real o ficticio requiere de mucha atención para su descripción y un poco más para «movernos» entre sus estancias o pasillos, las dimensiones, los colores, la distribución se amalgaman para dar coherencia a los movimientos de los personajes tanto si son animales, plantas u objetos, lo que nos hace creer que de verdad un elefante vive en el interior del tronco de un gran árbol e invita a comer a una hormiga.

La herramienta más socorrida para lograr lo anterior es el uso de la verosimilitud, es decir, tomar partes de la realidad para crear una alterna, Esopo, el gran maestro de las fábulas, manejó con inmensa soltura las condiciones en las que los animales se conducían para dotarlos de características humanas, no porque ellos no las tengan, sino porque somos los únicos que las nombramos. Desde la carrera de la liebre y la tortuga hasta El laberinto del fauno o La forma del agua, los seres mundanos y los seres fantásticos se oponen o se unen para solucionar algún problema que los involucra, ya sea por convencimiento o por la fuerza poniendo para tal motivo, lo mejor de sí mismos. Los primeros elementos para crear un escenario están dados de esta manera y el lugar puede ser cualquiera.

Los espacios creados pueden desafiar la gravedad, soportar grandes presiones, hacer que las plantas crezcan en segundos o que se trasladen de un sitio a otro, ser tan oscuros que no veríamos en absoluto o con las características que nuestra imaginación sea capaz de crear; si bien es cierto que no a todos les gusta la fantasía, hay un paso intermedio entre ésta y el realismo que es el pensamiento mágico con el cual podemos jugar a crear mundos paralelos, habitables en exclusividad con todos aquellos que estén dispuestos a viajar con nosotros. Aunque esto suene algo poético, la verdad es que algunos viajes pueden ser terroríficos en escenarios que le helarían las venas al más pintado, pero eso no obsta para que quienes los leen, encuentren placer.

En la escritura está uno de los secretos de la creación, el otro está en la lectura; al realizar cada uno, podemos experimentar la sensación de que todo dependa de nuestra voluntad a la cual la convertimos en fabulosos cuadros que mostrarán los pormenores de un conflicto o a las pistas para escapar de una situación peligrosa o a la reconciliación de dos personas antes en problemas; los espacios serán tan dinámicos como la acción la requiera, cada personaje tratará de «hacer juego» con lo que le rodea, los cambios a eso deberán justificarse como el hecho de vestir ropajes del siglo XVI europeo en una casa de interés social de 1971, seguramente se trata de una fiesta temática de disfraces. Como siempre, todo debe sonar verosímil para cualquiera. Salud.

Beto

martes, 11 de junio de 2024

Comunicación inyectada

La teoría de la aguja hipodérmica no considera
la capacidad de decisión. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Me tomaré la libertad de disentir sobre algunos conceptos que usamos cotidianamente, sin la esperanza de que las cosas cambien, pero sí con la conciencia tranquila de haberme quitado este peso. Debe ser de esa manera ya que la ciencia a la que me dedico, aún no ajusta lo suficiente sus términos de uso del conocimiento y ésta sería mi minúscula participación para llegar a ello; las formas que usamos para expresar lo que pensamos o sentimos, siguen ciertas reglas que responden a rasgos culturales o circunstancias específicas de convivencia (laboral, escolar, familiar) y a los hábitos, tanto los acumulados como los eventuales, todo ello bajo la perspectiva de las etapas de desarrollo humano que pueden verse desde lo biológico y desde lo escolar.

Mucho de lo que aprendemos se logra con repetición, con el hecho de tener la conciencia (o resignación) de que algo debe pasar, dentro del aprendizaje debe haber una especie de complicidad además de la confianza en dos sentidos, la primera, de que somos capaces de aprender y la segunda, de que lo que se nos enseñará es útil y verdadero. Lo anterior sería una explicación llana de lo que la teoría comunicacional de la aguja hipodérmica de que los mensajes a los que estamos expuestos, se nos introyectan como en una vacuna, es decir, en todo momento sabemos que una inoculación intramuscular o subcutánea será en nuestro beneficio a pesar del dolor que pueda producirnos en primera instancia, toda información de esa manera se vuelve un agente de cambio y de mantenimiento.

Por supuesto, hay información que nos produce placer como el anuncio de que fuimos aceptados para ocupar un puesto en alguna empresa, que el resultado de un examen nos favorece o que nos sacamos la lotería, lo que hace difícil la descripción de la comunicación como una inyección pues no creo que la parte de la introducción de una aguja tenga que ver con el placer, aunque sería comprensible que se entendiera que, una vez introducida, nada hay que podamos hacer para evitar que el «líquido» entre en nuestro sistema. La no consideración de que somos capaces de decidir, hace que esta teoría se enfoque en el fenómeno de la comunicación cuando estamos en contacto con la información y aun así, en la realidad sí decidimos si la consumimos o no.

Por algún tiempo se pensó que la exposición a la información circundante como entes pasivos tenía una carga de peligro al grado del dominio mental, sin embargo, tuvimos que desechar esa consideración debido a que en efecto, somos capaces de decidir si esas exposiciones son pertinentes o en qué tiempo el gusto o la casualidad nos obligarán a cambiar nuestro consumo de mensajes; para ello, el mecanismo del olvido resulta muy útil porque llenar nuestro cerebro con información banal podría llegar a atrofiarlo, exageraciones más o menos, pero podríamos comparar a personas con las mismas circunstancias con acceso a diferentes tipos de mensajes si es que acaso mantienen conversaciones distintas en niveles, pero con un machote predeterminado que no tenga que ver con lo que vieron o escucharon. Salud.

Beto

martes, 4 de junio de 2024

Medios alternativos

La lectura es una «enfermedad» que se propaga
por contagio. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La tecnología propone ritmos de vida que aceptamos sin mayores cuestionamientos que ¿para qué sirve? o ¿cómo funciona? Hemos alcanzado tal destreza en el uso de equipos de comunicación e información que ahora los medios impresos se han vuelto alternativos; enviar cartas o telegramas, imprimir volantes o tarjetas de presentación, publicar revistas o libros, pasaron de ser objetos principales a ser complementos de actividades dedicadas a la difusión de ideas como la publicidad, la propaganda o la ciencia. Por cada medio análogo hay una parte virtual en un combo llamado teléfono móvil. Ese equipo vino a facilitarnos un montón de tareas, tanto de transmisión como de recepción de datos, con todos los inconvenientes que podamos imputarle.

Pero repasemos unos cuantos de los medios impresos, desde los más sencillos hasta los más complicados; las tarjetas de presentación tienen el cometido de recordarnos de quién se trata el proveedor de algún servicio o producto sin mayor explicación, sólo con los datos suficientes para ubicarlos. Su pequeño tamaño estandarizado en nueve por cinco centímetros permite portarlas en bolsos, carteras y tarjeteros en cualquier lado o servir como objeto de intercambio. Un volante aumenta la cantidad de información ya que su tamaño permite al ahondar en el número y las cualidades de esos productos y servicios, generalmente se imprimen en media carta, es decir, veinticinco y medio por catorce centímetros, siendo lo mejor, que pueden usarse imágenes variadas para hacerlos más atractivos.

Si apelamos al sentido de la moda que impera en nuestros días, diría que volver a usar medios de comunicación como el correo o el telégrafo nos metería de lleno al mundo «vintage», de lo retrospectivo pues, una de esas contradicciones felices en las que lo importante es sentirnos a gusto; aunque gritemos a los cuatro vientos que somos un pueblo que mira al futuro, hemos estado anclados al pasado desde hace varias décadas por lo que podemos considerar a los ciclos de las modas como el pan de cada día. De cualquier manera, no hemos dejado de utilizar papel y bolígrafos para anotar lo que nos interesa ni hemos dejado de leer mensajes en papel, por mucho que las pantallas hayan copado casi en su totalidad, los aspectos cotidianos de nuestra existencia.

Nada va a superar a la sensación de hacer que un bolígrafo obedezca a nuestra mano para dejar lo que pensamos plasmado en alguna superficie adecuada para recibir tinta; las máquinas de escribir también levantan la mano y detrás de ellas vienen las Chandler, las offset y las rotativas, aún en funciones aunque ya no tan activas. Es probable que la papelería pase al rubro de artesanía (como los libros que hacemos nosotros, sus servidores), basados en las calidades de las tintas, los papeles y la encuadernación, habría nada más que cambiar un poco las características del mercado, lo cual está sucediendo ya que aún hay generaciones que saben apreciar un buen trabajo de impresión. Ahora mismo, un libro sigue siendo un buen regalo. Salud.

Beto

martes, 28 de mayo de 2024

Culto a la denuncia

Algunas veces lo único que nos queda como
defensa es la sátira. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El ir con el chisme es de rajados nos decían en la primaria exactamente los que habían cometido una falta ya que, de haber denunciado su acción, tomarían represalias o al menos, ésa era su amenaza; ese mismo esquema se replica en la actualidad sólo que con armas de fuego, pero el desquite se maneja igual que cuando niños y el aguante es cada vez menor. Con la tendencia actual, resulta que los agresores sociales toman el papel de agredidos por una sociedad «que no los comprende», que los ha marginado y que no tuvieron más opción que delinquir, tomar por asalto las calles, extorsionar comerciantes, secuestrar y matar a inocentes. Han tomado el camino de la muerte prematura por una vida de lujos apresurados, porque ¿saben cuántos traficantes han muerto? Y nosotros seguimos aquí.

La literatura dedicada a evidenciar delitos o desenmascarar delincuentes aparece de vez en cuando, casi como un paliativo para distraer el enojo popular, del primer libro que tengo memoria es aquel llamado «Lo negro del ‘Negro’ Durazo», de José González G. publicado el 1° de enero de 1983 por editorial Posada; lo leí con cierta fruición y sirvió como vacuna para ya no tener curiosidad por ponerle nombres a la corrupción, aunque después de esa lectura y fuera de cronología, fui por «El guarura» del periodista José Pérez Chowell, publicado el 16 de abril de 1980 por editorial Universo. Ambas obras denuncian las corruptelas perpetradas desde la silla presidencial, el primero en el sexenio de José López Portillo y el segundo en el de Luis Echeverría Álvarez.

Desde aquellos años han aparecido obras similares hasta llegar al más reciente «El rey del cash» de la escritora y periodista Elena Chávez González donde trata los tejes y manejes del actual mandatario; este tipo de denuncias pueden representar un extraordinario ejercicio periodístico, sin embargo, el esfuerzo no permea hacia la sociedad en general pues todos conocemos el riesgo que corren aquellos que se atreven a denunciar los delitos de las autoridades. También está el hecho de que desconfiamos de la buena voluntad de cualquiera, ni siquiera nuestros conocidos gozan de buen crédito o quizá pensemos que no vale la pena ponerlos en riesgo, rasgo bastante noble comparado con lo que vivimos a diario; la cuestión no está en si nos atrevemos, sino en que no estamos seguros.

El meollo del asunto es la escasa protección con la que cuentan algunos escritores y la nula de los ciudadanos de a pie; ir a acusar a un delincuente lo consideramos intrínsecamente, una sentencia de muerte puesto que, a decir de la actual administración, el perdón y los derechos que valen la pena proteger son los de la delincuencia. Mi única explicación para que todo esté dado de esta manera es que el actual gobierno debe pagar la deuda que adquirió por dieciocho años de campaña manteniendo a un haragán, a su séquito y a todas sus locuras incluidos los constantes plantones para desquiciar a los tres sexenios anteriores, aunque del de Peña Nieto tengo mis dudas... En el negocio del poder hay varios recovecos que se nos escapan como agua entre los dedos. Salud.

Beto

martes, 21 de mayo de 2024

Proyección del personaje

La identificación surge en el momento en que
nos imaginamos en sus zapatos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Podríamos pensar que el perfilar a un personaje es una tarea muy complicada, lo difícil es convencernos de que somos capaces de hacerlo; ya en otro momento tratábamos de establecer una forma de crear a un ser ficticio pero verosímil que protagonizara las historias que se nos vinieran a la cabeza. Ahora tocaría ver si ese formato se aplicaría a todos los medios disponibles para crear mensajes literarios; en tanto la creación misma, no hay diferencia pero en cuanto a los comportamientos y los diálogos que se establecerán así como sus relaciones, sí habrá diferencia en cuanto a extensión de los segmentos en los que aparecerán, la cantidad de apoyos que tendrán, el ritmo con el cual se manejarán y si su permanencia estaría proyectada para más de una publicación.

Los personajes eternos son los que logran hacer que nos identifiquemos con sus situaciones, por muy inverosímiles que parezcan, dado que no son los lugares o la cantidad de recursos los que hacen el enganche, sino lo que sienten al estar así, sus complejos razonamientos para justificar sus acciones o los tratos a los que llegan para lograr sus cometidos, los hay con la fuerza suficiente como para enfrentar molinos de viento, con la delicadeza a flor de piel como para transformar un sembradío de maíz en un campo de ilusiones o la astucia superior como para burlar a un rey tirano; está claro que por sí mismos no alcanzarían la fama, ya que es con su posicionamiento en el gusto del lector que su trascendencia se ve asegurada y sus menciones dependerán qué tan útil será para la academia.

Es posible que busquemos, tanto al escribir como al leer, los rasgos heroicos que nos hagan sentir bien y poderosos, por lo que la afinidad con los protagonistas se da casi en automático, sin embargo, hay ocasiones en que tanto los protagonistas de bajo perfil o los personajes de apoyo son más atractivos como los casos de Pito Pérez en la literatura o Cato en la televisión norteamericana. No cuento a Sancho Panza dado que, más que un complemento del Quijote, es un contrapeso a la locura de éste que en cierto momento provoca un cambio de comportamientos, en lo particular soy más como Alfred el de Batman porque muestra cierta ascendencia sobre Bruce Wayne (Bruno Días para nosotros) como educador.

La norma nos dice que las filiaciones van hacia identificarse con los personajes protagónicos, pero eso sería también cuestión de edad puesto que los más jóvenes prefieren imaginarse realizando las más excitantes y evidentes proesas físicas y conforme avanzamos en edad, buscamos más satisfacción en el pensamiento, es por eso que suelen ser más atractivos los antagonistas o los apoyos. Lo anterior no significa que adoptaremos las personalidades de los personajes que llaman nuestra atención, cuando mucho, repetiremos gags que hagan referencia a lo que leemos o vemos, ¿que cómo lo sé? Elemental, mi querido Watson, aunque digan por ahí que mi tocayo Sherlock nunca dijo eso. Lo más interesante es caminar a su lado mientras compartimos sus aventuras a la luz de nuestro gusto. Salud.

Beto

martes, 14 de mayo de 2024

Un cuenta cuentos anacrónico

Ahora no se puede decir que no hay espacio
para guardar tantas hojas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Cachirulo estará observando con cuidado mientras escribo estas líneas, su semblante pasará de la condescendencia a la incredulidad pues a él no le tocó disfrutar de la tecnología actual para difundir su trabajo; hace unas semanas recibí una crítica esclarecedora sobre mi técnica de escritura que se trata de realizar manuscritos en mis libretas dedicadas a temas específicos para luego transcribirlos en un procesador de textos, lo cual para mi interlocutor representaba doble trabajo; lo que no tomó en cuenta en ese momento, fue que cuando se trata de publicaciones periódicas, hay que tener dos o más revisiones del texto a compartir y escribirlos a mano primero y después teclearlos es precisamente una manera de realizar esas revisiones, por seguridad.

Aún estoy convencido de que la conexión cerebro-vista-mano-pluma es más directa que si sustituimos al instrumento de escritura por un teclado, aunque debo confesar que en la universidad, el mayor número de tareas las realicé directamente en mi máquina de escribir a pesar de los inconvenientes que representaban los errores de dedo y en consecuencia, las «moscas» que afeaban sobremanera las cuartillas, cuando eso sucedía, tomaba el riesgo de intentar borrar con una goma o correctores líquidos o en papel, si no funcionaba, no quedaba de otra que volver a teclear en una hoja nueva. Lo mismo ha sucedido en mi vuelta a los sistemas analógicos, es una especie de reeducación desde la sensibilidad de los dedos, hasta la atención que debo tener a la hora de plasmar mis ideas.

Resulta refrescante volver a aporrear esa vieja Olivetti, su sonido inunda mi estudio, lo cual no es difícil pues sólo mide tres por cuatro metros; valió la espera a que la limpiaran y la aceitaran pues quedó como nueva después de casi cuarenta años de no darle ningún tipo de mantenimiento, lo que habla en parte de que está hecha de buenos materiales; le quedaron algunos detalles pero nada de cuidado en realidad. Lo mejor de seguir usándola es que me recuerda la sensación de emular a los escritores de antes, pegados a sus grandes máquinas que correspondían al grueso de su trabajo y a su fama; imaginaba a Carlos Fuentes, a Enrique Yáñez, a Octavio Paz sentados frente a sus lustrosos teclados mecánicos viendo casi volar los tipos para dejar su marca en el níveo papel.

No tengo idea si las herramientas de escritura influyen en el resultado de las historias, sin embargo, me queda claro que sí envuelven en ciertos ambientes especiales a quienes los utilizan; la pluma o el bolígrafo crean un universo más íntimo en el que la mano es el emisario del cerebro por el que las palabras resbalan hasta depositarse en el papel que, seguramente, pasarán revista por el corazón, por lo que algunos escritos son sentimentales. Algo semejante pasa con la máquina de escribir, pero el resultado pasaría por el pensamiento industrial, así que el punto era poder producir más y más rápido; el ordenador electrónico cambió hasta el espacio pues el almacenaje ya no tuvo problema, lo que dio libertad para decidir qué se imprime y qué no. Casi quedo atrás. Salud.

Beto

martes, 7 de mayo de 2024

Las lecturas emocionantes

La importancia de la historia está por encima
de quien la protagoniza. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Habremos alguna vez estado al borde de las lágrimas por culpa de unas páginas escritas para tal cometido o tal vez, reído a mandíbula batiente porque la sorpresa que nos produjo un personaje fue tal, que no pudimos contenernos; las lecturas que nos gustan suelen proveernos de una sábana que nos llena de la calidez necesaria para disfrutarla plenamente, lo que tienen varias implicaciones, por un lado, tener un aspecto físico para estar lo más cómodos posible donde, si nos gusta beber algo a la vez que leemos, haya una superficie lo suficientemente amplia para evitar accidentes, lo mismo que el comer pero teniendo cuidado de no manchar las páginas de nuestro libro porque, podríamos comprar otra copia, pero nunca recuperaríamos la anterior.

Atesorar libros debería considerarse una contribución al patrimonio nacional y su compra, estar sujeta a todos los beneficios posibles, pero al no ser de esa manera, debemos conformarnos con las satisfacciones intrínsecas que su lectura nos proporciona; la primera es obvia para los que ya leemos por costumbre, el entretenimiento, lo que difícilmente se obtenía con los libros de texto a menos que se tratara de uno de lecturas. Nos entretenemos porque nos involucramos en las historias como si nos hubieran encargado la filmación de cada pasaje con una cámara imaginaria, lo cual nos permite opinar, involucrarnos, juzgar y hasta anticipar eventos que le darán lógica en nuestra cabeza, lo cual es importante ya que esa sensación nos permite seguir leyendo.

Recuerdo mi primer acercamiento «serio» a la literatura, fue una tarde -no sé por qué siempre es de tarde- en la que me permití más que hojear las revistas que mi padre tuvo a bien acumular en la mesita de servicio de la casa de interés social que habitábamos por ese entonces; la ciudad no permitía una estancia muy prolongada en la calle debido a que estábamos en lo que eran las orillas «muy lejanas» de cualquier otra colonia, por lo cual decidí darle una oportunidad al hermano Rabito. Las aventuras de dicho personaje, al más puro estilo de las fábulas de Esopo, giraban en torno a problemas cotidianos que varios de sus amigos, incluidos el hermano Zorro, el hermano Tejón y la hermana Tortuga, le ayudaban a resolver considerando las opciones que se les presentaban.

El siguiente paso, no sé si natural, fue «20 mil leguas de viaje submarino», «La vuelta al mundo en 80 días», «La isla misteriosa» y «Viaje al centro de la tierra» que sentaron las bases para que pensara que todo era posible, al menos en lo referente a la literatura; una pequeña pausa en Emilio Salgari, vino a reafirmar esa suposición. Sin embargo, Arthur Conan Doyle dio la puntilla para que la literatura tuviera el valor que ahora le otorgo, leer a otros autores y otros géneros fue de lo más sencillo; basta con encontrar los puntos que cada autor toca como si fueran exclusivamente para nosotros, por lo que somos capaces de entablar un diálogo directo con él, que cada historia se convierte en un legado personal pues nos permite hacerla nuestra más allá del repaso visual en las páginas. Salud.

Beto

martes, 30 de abril de 2024

Argumentar como en litigio

El juicio a un libro se ejerce en la lectura
misma. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pareciera que un argumento teatral, cinematográfico o televisivo nada tendrían que ver con un juicio legal, pero es todo lo contrario, es precisamente de los juicios orales en la antigua Grecia al principio y después en los de la modernidad, donde ya había un registro mecanizado de lo que se exponía, de donde la dramaturgia se nutrió para plasmar la dinámica de los diálogos en sus guiones, que después heredó a los medios electrónicos de difusión, ver la similitud es sencillo si ponemos atención en sus particularidades, primero hay un problema por resolver por parte de un protagonista (algunas veces la defensa, otras la fiscalía) que intentará obstruir un antagonista (de la manera anterior) que tendrán que ser juzgados y apoyados (jurados y testigos).

Plantear un escrito nos lleva a imaginar que lo plasmado en él, pasará por los mismos filtros y tendrá que enfrentar juicios que lo ensalzarán o lo condenarán, pocas veces la satisfacción nos llega a la primera así que la parte buena es que, con la experiencia, vamos haciéndonos más resistentes tanto a los argumentos en contra como a los que están a favor. No podemos, como autores, ser los abogados defensores pero éstos saldrán del mismo lugar que los fiscales: del texto en sí; los preparativos para el juicio comienzan con la compra de la obra, su naturaleza es lo de menos, el placer esperado se busca en el gusto del lector, en segundo término en el autor y no hay más. La defensa exitosa o la condena perpetua dependen totalmente de la historia.

Al contrario de lo que sucede en los juzgados, en la literatura sí es preferible un buen pleito, las partes dan sus puntos de vista haciendo que tomemos el papel de jueces, aprovechando nuestra propensión al chisme; las pistas desfilan frente a nuestros ojos obligándonos a mantener nuestra atención en los posibles cambios que seguramente surgirán. La dicotomía maniquea de buenos y malos pasa a segundo término pues siempre estaremos tentados a ponernos en cada uno de los bandos expuestos para poder imaginar lo que piensan los personajes, sean víctimas o perpetradores. El argumento del cual hacen uso, es una oportunidad de experimentar diferentes formas de pensamiento con la ventaja de que será más vivencial que teórico.

El argumento, plasmado en un guión, manifiesta el sentir de cada personaje, las razones de sus acciones y comportamientos, sus filias y sus fobias, en fin, todo eso que le dará forma a su figura moral y que expondrán ante un jurado conformado por los lectores para ser comprendidos más que absueltos de sus pecados, para encontrar con el cual minimizar el impacto de sus tropelías o la magnitud de sus virtudes por el hecho de estar todos expuestos a las mismas tentaciones y con ello, comparar las maneras que tenemos de salir de ellas o evitarlas en lo posible. La lectura, en ese sentido, se volverá un acto de constricción en el que podríamos observar comparativamente nuestros posibles comportamientos en situaciones similares y argumentar sobre ello. Salud.

Beto

martes, 23 de abril de 2024

Cuando el sonido enamora

El sonido atrapa de la manera más inesperada.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde plasmar las primeras líneas de un guión que ha de gozar de múltiples intenciones provocando un sinfín de emociones en quienes lo escucharán, los sonidos son el perfecto envoltorio para todo aquello que deseamos plasmar en imágenes; hablamos porque es la manera más efectiva para transmitir ideas y conocimiento, ahora tenemos formatos más efectivos para almacenar la voz, por fortuna a la música siempre se le dio preponderancia para conservar todo tipo de géneros y así tener referencia sobre lo que se produce en cada época y, hablando de eso, es seguro que en nuestra adolescencia odiamos la frase «la música de mis tiempos era mejor», en cualquiera de sus variantes, también es seguro que ya la hemos dicho a las nuevas generaciones al menor pretexto.

Pero si repasamos mentalmente los sonidos que nos atraparon en nuestra juventud coincidiremos en que, independientemente de la emoción que nos provocaron, ésta fue lo suficientemente intensa para quedar grabada en nuestra memoria; a lo que voy, es que pudiéramos haber estado tranquilos en la sala de nuestra casa, jugando con algún obsequio dado por alguien especial (o no) y en ese momento la radio reproducía una melodía a la que, en apariencia, no prestamos atención pero años después, al recordar el juguete, de pronto se reproducen en nuestra cabeza las notas que suponíamos olvidadas y se repiten y se repiten como si quisieran cavar un hoyo en nuestro cerebro para quedarse allí eternamente y la lucha para que pare, resulta infructuosa.

Puede ser que, si no nos gustaba antes, termine por hacerlo así o en definitiva la odiemos pero de que seguirá en nuestra cabeza, eso sin duda; la producción musical sigue siendo un aspecto de la inventiva humana que nos distingue de los demás lenguajes animales, pues aunque calificamos de cantos a lo que emiten los pájaros, las ballenas o las hienas y a pesar de que podemos codificar con notas sus voces, aún no somos capaces de saber qué significan, porque algo deben significar pues si así no fuera, ninguno de ellos respondería a la voz de otros y lo hacen. A pesar de nuestra ignorancia esos trinos, ladridos y como se llame la voz de los cetáceos, nos gustan al grado de usarlos como sonidos ambientales en ocasiones.

Aunque es lo más común, elegir una canción como digna para ser percibida por nuestros oídos, es una acción compleja en la que intervienen, además del gusto adquirido, las influencias latentes y presentes, el impacto instrumental, los recuerdos producidos y la factibilidad de ser compartida mediante el baile o la escucha. La música es una especie de investidura que muestra lo que somos sin necesidad de una descripción detallada de nuestra mente o nuestro interior, basta con escuchar los primeros acordes para hacer una asociación en automático de quien la está consumiendo por cualquiera de los instrumentos portátiles aún existentes. Escuchar sonidos nos remite a nuestra animalidad original, nos excita o nos calma porque es el estímulo primigenio. Salud.

Beto

martes, 16 de abril de 2024

El manejo de la imagen

Es muy atractivo para los creadores
difundir su propia imagen. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde la década de los cincuenta del siglo pasado, la vida se ve transcurrir en un cuadro dentro de nuestras casas, con el antecedente de la gran pantalla normalizada desde inicios de la misma centuria; escribir para esos medios requiere de una muy marcada imaginación visual o al menos, haber tenido una larga trayectoria de consumo de medios audiovisuales, que lo académico es sólo un complemento. Debo aclarar mi exageración, no trato de implicar que no sea necesario estudiar cine, periodismo o comunicación para escribir buenos guiones, pero el estudio sin el talento sirve lo mismo que peste sin el otro, es decir, son complementarios; cada una de esas carreras dará el sustento teórico necesario para que la imaginación pueda guiar al talento de manera coherente.

Para entender la distribución de las imágenes que han de insertarse en el cuadro hay que recurrir a la regla de los tercios que, como toda receta, es más una recomendación pero es muy útil para desarrollar la apreciación estética; para los aficionados a la fotografía la recomendación les parecerá totalmente lógica, para quienes no lo sean, el reto es preguntarse ¿por qué unas fotos les gustan más que otras? A veces, incluso aunque se trate de los mismos objetos, las mismas personas o los mismos lugares retratados preferimos unos cuadros sobre otros, la clave está en entender qué es lo que vemos y saber qué es lo que está fotografiado -de qué es la foto, pues- y para ello, debemos saber de qué se tratan los planos en un mismo cuadro.

Si bien son importantes los aspectos técnicos, no son urgentes en términos de apreciación pues lo que más importa es el gusto por lo que se ve, ahora bien, si es la práctica lo que nos interesa, entonces sí habría que averiguar cómo sacarle provecho a la cámara que tengamos a la mano sin importar que esté en función manual o automática; si se trata de la contenida en el teléfono móvil, lo que se impondrá será el buen manejo de los filtros pues en términos comunicacionales, tanto formas, colores y dimensiones tienen una intencionalidad pero también una respuesta que pocas veces es controlada. El uso de la imagen fija ha servido desde tiempos antiguos para informar sobre todo lo acontecido a nivel individual y a nivel colectivo aunque no libre de interpretación.

Sabrán ustedes del atractivo en el uso de los audiovisuales en la difusión de la información, un ejemplo lo encontramos en todos los canales en la red dedicados a hacer resúmenes de películas o análisis de las mismas, lo que en las salas cinematográficas podían ser los cortos de las próximas proyecciones; el manejo de las expresiones ha tomado relevancia principalmente por la cercanía que proveen los equipos móviles dado lo cual, la cara, los gestos y los movimientos de los conductores nos crean la historia, más que los movimientos de cámara o la iluminación; se hace televisión subalterna puesto que las producciones, salvo algunas excepciones, no cuentan con los recursos necesarios para tener los espacios, las cámaras ni el personal en funcionamiento. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...