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| El sonido atrapa de la manera más inesperada. Foto: BAER |
Pero si repasamos mentalmente los sonidos que nos atraparon en nuestra juventud coincidiremos en que, independientemente de la emoción que nos provocaron, ésta fue lo suficientemente intensa para quedar grabada en nuestra memoria; a lo que voy, es que pudiéramos haber estado tranquilos en la sala de nuestra casa, jugando con algún obsequio dado por alguien especial (o no) y en ese momento la radio reproducía una melodía a la que, en apariencia, no prestamos atención pero años después, al recordar el juguete, de pronto se reproducen en nuestra cabeza las notas que suponíamos olvidadas y se repiten y se repiten como si quisieran cavar un hoyo en nuestro cerebro para quedarse allí eternamente y la lucha para que pare, resulta infructuosa.
Puede ser que, si no nos gustaba antes, termine por hacerlo así o en definitiva la odiemos pero de que seguirá en nuestra cabeza, eso sin duda; la producción musical sigue siendo un aspecto de la inventiva humana que nos distingue de los demás lenguajes animales, pues aunque calificamos de cantos a lo que emiten los pájaros, las ballenas o las hienas y a pesar de que podemos codificar con notas sus voces, aún no somos capaces de saber qué significan, porque algo deben significar pues si así no fuera, ninguno de ellos respondería a la voz de otros y lo hacen. A pesar de nuestra ignorancia esos trinos, ladridos y como se llame la voz de los cetáceos, nos gustan al grado de usarlos como sonidos ambientales en ocasiones.
Aunque es lo más común, elegir una canción como digna para ser percibida por nuestros oídos, es una acción compleja en la que intervienen, además del gusto adquirido, las influencias latentes y presentes, el impacto instrumental, los recuerdos producidos y la factibilidad de ser compartida mediante el baile o la escucha. La música es una especie de investidura que muestra lo que somos sin necesidad de una descripción detallada de nuestra mente o nuestro interior, basta con escuchar los primeros acordes para hacer una asociación en automático de quien la está consumiendo por cualquiera de los instrumentos portátiles aún existentes. Escuchar sonidos nos remite a nuestra animalidad original, nos excita o nos calma porque es el estímulo primigenio. Salud.
Beto

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