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| Como los correctores ortográficos, el autotune es de relativa ayuda. Foto: BAER |
En el mundo de las letras, el crear contenido con textos supone dos cosas, la primera, una vez que el escrito está terminado y publicado ya no pertenece al autor sino a cada lector que hace el favor de consumirlo y dos, no puede controlar la crítica a su trabajo menos aspirar a ello, la perspectiva parece aterradora pues si algo tememos socialmente es a la crítica, ya que no nos hemos educado para soportar ningún tipo de presión extra de lo que estamos dedicados y eso se debe a que, generalmente, no estamos seguros de emprender cosas nuevas lo que nos deja con una estima frágil frente a los demás; en el otro lado, está la mayoría que realmente no sabe emitir una crítica, pues no suelen ser certeros en sus comentarios o, por el contrario, tienden a ser condescendientes.
La parte tecnológica también tiende a facilitar los esfuerzos de creación literaria pues vino a democratizar por ejemplo, la impresión, más que nada en el ahorro del tiempo y la simplicidad de los procedimientos, la encuadernación artesanal sigue los mismos pasos desde el siglo XVI, sólo han cambiado los materiales, lo que no debe bajar la calidad del producto en sí mismo pues sería tanto como permitirnos el vivir del pasado y nunca volver a producir; se puede mantener la fama por una única canción pero no por un solo libro, pareciera que los lectores son más exigentes y están más ávidos de letras que consumir mientras que la música puede escucharse una y otra vez y ni siquiera se pide que la producción sea basta, aún recuerdo la primera canción que escuchaba a diario.
Es posible que nuestra capacidad de olvido (en mi caso anosognosia) juegue en nuestro favor para evitarnos el tener presentes aquellas lecturas que nada nos dijeron, eran insufribles o de plano, estaban muy mal hechas; si no lo creen, tratan de recordar algún pasaje del libro que menos les haya gustado. Todo lo contrario pasa con las canciones, podría apostar a que recuerdan el estribillo de la peor canción que hayan escuchado. No menciono lo que yo recuerdo porque la lista es bastante extensa, lo bueno es que a la música actual no la escucho, aumentaría exponencialmente el número. Hay cosas sencillas que tienen el potencial de hacernos reflexionar y las hay muy rebuscadas que usan el ruido, tanto auditivo como visual nada más para ocultar la falta de interés o talento. Salud.
Beto

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