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| La identificación surge en el momento en que nos imaginamos en sus zapatos. Foto: BAER |
Los personajes eternos son los que logran hacer que nos identifiquemos con sus situaciones, por muy inverosímiles que parezcan, dado que no son los lugares o la cantidad de recursos los que hacen el enganche, sino lo que sienten al estar así, sus complejos razonamientos para justificar sus acciones o los tratos a los que llegan para lograr sus cometidos, los hay con la fuerza suficiente como para enfrentar molinos de viento, con la delicadeza a flor de piel como para transformar un sembradío de maíz en un campo de ilusiones o la astucia superior como para burlar a un rey tirano; está claro que por sí mismos no alcanzarían la fama, ya que es con su posicionamiento en el gusto del lector que su trascendencia se ve asegurada y sus menciones dependerán qué tan útil será para la academia.
Es posible que busquemos, tanto al escribir como al leer, los rasgos heroicos que nos hagan sentir bien y poderosos, por lo que la afinidad con los protagonistas se da casi en automático, sin embargo, hay ocasiones en que tanto los protagonistas de bajo perfil o los personajes de apoyo son más atractivos como los casos de Pito Pérez en la literatura o Cato en la televisión norteamericana. No cuento a Sancho Panza dado que, más que un complemento del Quijote, es un contrapeso a la locura de éste que en cierto momento provoca un cambio de comportamientos, en lo particular soy más como Alfred el de Batman porque muestra cierta ascendencia sobre Bruce Wayne (Bruno Días para nosotros) como educador.
La norma nos dice que las filiaciones van hacia identificarse con los personajes protagónicos, pero eso sería también cuestión de edad puesto que los más jóvenes prefieren imaginarse realizando las más excitantes y evidentes proesas físicas y conforme avanzamos en edad, buscamos más satisfacción en el pensamiento, es por eso que suelen ser más atractivos los antagonistas o los apoyos. Lo anterior no significa que adoptaremos las personalidades de los personajes que llaman nuestra atención, cuando mucho, repetiremos gags que hagan referencia a lo que leemos o vemos, ¿que cómo lo sé? Elemental, mi querido Watson, aunque digan por ahí que mi tocayo Sherlock nunca dijo eso. Lo más interesante es caminar a su lado mientras compartimos sus aventuras a la luz de nuestro gusto. Salud.
Beto

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