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| La importancia de la historia está por encima de quien la protagoniza. Foto: BAER |
Atesorar libros debería considerarse una contribución al patrimonio nacional y su compra, estar sujeta a todos los beneficios posibles, pero al no ser de esa manera, debemos conformarnos con las satisfacciones intrínsecas que su lectura nos proporciona; la primera es obvia para los que ya leemos por costumbre, el entretenimiento, lo que difícilmente se obtenía con los libros de texto a menos que se tratara de uno de lecturas. Nos entretenemos porque nos involucramos en las historias como si nos hubieran encargado la filmación de cada pasaje con una cámara imaginaria, lo cual nos permite opinar, involucrarnos, juzgar y hasta anticipar eventos que le darán lógica en nuestra cabeza, lo cual es importante ya que esa sensación nos permite seguir leyendo.
Recuerdo mi primer acercamiento «serio» a la literatura, fue una tarde -no sé por qué siempre es de tarde- en la que me permití más que hojear las revistas que mi padre tuvo a bien acumular en la mesita de servicio de la casa de interés social que habitábamos por ese entonces; la ciudad no permitía una estancia muy prolongada en la calle debido a que estábamos en lo que eran las orillas «muy lejanas» de cualquier otra colonia, por lo cual decidí darle una oportunidad al hermano Rabito. Las aventuras de dicho personaje, al más puro estilo de las fábulas de Esopo, giraban en torno a problemas cotidianos que varios de sus amigos, incluidos el hermano Zorro, el hermano Tejón y la hermana Tortuga, le ayudaban a resolver considerando las opciones que se les presentaban.
El siguiente paso, no sé si natural, fue «20 mil leguas de viaje submarino», «La vuelta al mundo en 80 días», «La isla misteriosa» y «Viaje al centro de la tierra» que sentaron las bases para que pensara que todo era posible, al menos en lo referente a la literatura; una pequeña pausa en Emilio Salgari, vino a reafirmar esa suposición. Sin embargo, Arthur Conan Doyle dio la puntilla para que la literatura tuviera el valor que ahora le otorgo, leer a otros autores y otros géneros fue de lo más sencillo; basta con encontrar los puntos que cada autor toca como si fueran exclusivamente para nosotros, por lo que somos capaces de entablar un diálogo directo con él, que cada historia se convierte en un legado personal pues nos permite hacerla nuestra más allá del repaso visual en las páginas. Salud.
Beto

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