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| La lectura es una «enfermedad» que se propaga por contagio. Foto: BAER |
Pero repasemos unos cuantos de los medios impresos, desde los más sencillos hasta los más complicados; las tarjetas de presentación tienen el cometido de recordarnos de quién se trata el proveedor de algún servicio o producto sin mayor explicación, sólo con los datos suficientes para ubicarlos. Su pequeño tamaño estandarizado en nueve por cinco centímetros permite portarlas en bolsos, carteras y tarjeteros en cualquier lado o servir como objeto de intercambio. Un volante aumenta la cantidad de información ya que su tamaño permite al ahondar en el número y las cualidades de esos productos y servicios, generalmente se imprimen en media carta, es decir, veinticinco y medio por catorce centímetros, siendo lo mejor, que pueden usarse imágenes variadas para hacerlos más atractivos.
Si apelamos al sentido de la moda que impera en nuestros días, diría que volver a usar medios de comunicación como el correo o el telégrafo nos metería de lleno al mundo «vintage», de lo retrospectivo pues, una de esas contradicciones felices en las que lo importante es sentirnos a gusto; aunque gritemos a los cuatro vientos que somos un pueblo que mira al futuro, hemos estado anclados al pasado desde hace varias décadas por lo que podemos considerar a los ciclos de las modas como el pan de cada día. De cualquier manera, no hemos dejado de utilizar papel y bolígrafos para anotar lo que nos interesa ni hemos dejado de leer mensajes en papel, por mucho que las pantallas hayan copado casi en su totalidad, los aspectos cotidianos de nuestra existencia.
Nada va a superar a la sensación de hacer que un bolígrafo obedezca a nuestra mano para dejar lo que pensamos plasmado en alguna superficie adecuada para recibir tinta; las máquinas de escribir también levantan la mano y detrás de ellas vienen las Chandler, las offset y las rotativas, aún en funciones aunque ya no tan activas. Es probable que la papelería pase al rubro de artesanía (como los libros que hacemos nosotros, sus servidores), basados en las calidades de las tintas, los papeles y la encuadernación, habría nada más que cambiar un poco las características del mercado, lo cual está sucediendo ya que aún hay generaciones que saben apreciar un buen trabajo de impresión. Ahora mismo, un libro sigue siendo un buen regalo. Salud.
Beto

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