martes, 30 de abril de 2024

Argumentar como en litigio

El juicio a un libro se ejerce en la lectura
misma. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pareciera que un argumento teatral, cinematográfico o televisivo nada tendrían que ver con un juicio legal, pero es todo lo contrario, es precisamente de los juicios orales en la antigua Grecia al principio y después en los de la modernidad, donde ya había un registro mecanizado de lo que se exponía, de donde la dramaturgia se nutrió para plasmar la dinámica de los diálogos en sus guiones, que después heredó a los medios electrónicos de difusión, ver la similitud es sencillo si ponemos atención en sus particularidades, primero hay un problema por resolver por parte de un protagonista (algunas veces la defensa, otras la fiscalía) que intentará obstruir un antagonista (de la manera anterior) que tendrán que ser juzgados y apoyados (jurados y testigos).

Plantear un escrito nos lleva a imaginar que lo plasmado en él, pasará por los mismos filtros y tendrá que enfrentar juicios que lo ensalzarán o lo condenarán, pocas veces la satisfacción nos llega a la primera así que la parte buena es que, con la experiencia, vamos haciéndonos más resistentes tanto a los argumentos en contra como a los que están a favor. No podemos, como autores, ser los abogados defensores pero éstos saldrán del mismo lugar que los fiscales: del texto en sí; los preparativos para el juicio comienzan con la compra de la obra, su naturaleza es lo de menos, el placer esperado se busca en el gusto del lector, en segundo término en el autor y no hay más. La defensa exitosa o la condena perpetua dependen totalmente de la historia.

Al contrario de lo que sucede en los juzgados, en la literatura sí es preferible un buen pleito, las partes dan sus puntos de vista haciendo que tomemos el papel de jueces, aprovechando nuestra propensión al chisme; las pistas desfilan frente a nuestros ojos obligándonos a mantener nuestra atención en los posibles cambios que seguramente surgirán. La dicotomía maniquea de buenos y malos pasa a segundo término pues siempre estaremos tentados a ponernos en cada uno de los bandos expuestos para poder imaginar lo que piensan los personajes, sean víctimas o perpetradores. El argumento del cual hacen uso, es una oportunidad de experimentar diferentes formas de pensamiento con la ventaja de que será más vivencial que teórico.

El argumento, plasmado en un guión, manifiesta el sentir de cada personaje, las razones de sus acciones y comportamientos, sus filias y sus fobias, en fin, todo eso que le dará forma a su figura moral y que expondrán ante un jurado conformado por los lectores para ser comprendidos más que absueltos de sus pecados, para encontrar con el cual minimizar el impacto de sus tropelías o la magnitud de sus virtudes por el hecho de estar todos expuestos a las mismas tentaciones y con ello, comparar las maneras que tenemos de salir de ellas o evitarlas en lo posible. La lectura, en ese sentido, se volverá un acto de constricción en el que podríamos observar comparativamente nuestros posibles comportamientos en situaciones similares y argumentar sobre ello. Salud.

Beto

martes, 23 de abril de 2024

Cuando el sonido enamora

El sonido atrapa de la manera más inesperada.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde plasmar las primeras líneas de un guión que ha de gozar de múltiples intenciones provocando un sinfín de emociones en quienes lo escucharán, los sonidos son el perfecto envoltorio para todo aquello que deseamos plasmar en imágenes; hablamos porque es la manera más efectiva para transmitir ideas y conocimiento, ahora tenemos formatos más efectivos para almacenar la voz, por fortuna a la música siempre se le dio preponderancia para conservar todo tipo de géneros y así tener referencia sobre lo que se produce en cada época y, hablando de eso, es seguro que en nuestra adolescencia odiamos la frase «la música de mis tiempos era mejor», en cualquiera de sus variantes, también es seguro que ya la hemos dicho a las nuevas generaciones al menor pretexto.

Pero si repasamos mentalmente los sonidos que nos atraparon en nuestra juventud coincidiremos en que, independientemente de la emoción que nos provocaron, ésta fue lo suficientemente intensa para quedar grabada en nuestra memoria; a lo que voy, es que pudiéramos haber estado tranquilos en la sala de nuestra casa, jugando con algún obsequio dado por alguien especial (o no) y en ese momento la radio reproducía una melodía a la que, en apariencia, no prestamos atención pero años después, al recordar el juguete, de pronto se reproducen en nuestra cabeza las notas que suponíamos olvidadas y se repiten y se repiten como si quisieran cavar un hoyo en nuestro cerebro para quedarse allí eternamente y la lucha para que pare, resulta infructuosa.

Puede ser que, si no nos gustaba antes, termine por hacerlo así o en definitiva la odiemos pero de que seguirá en nuestra cabeza, eso sin duda; la producción musical sigue siendo un aspecto de la inventiva humana que nos distingue de los demás lenguajes animales, pues aunque calificamos de cantos a lo que emiten los pájaros, las ballenas o las hienas y a pesar de que podemos codificar con notas sus voces, aún no somos capaces de saber qué significan, porque algo deben significar pues si así no fuera, ninguno de ellos respondería a la voz de otros y lo hacen. A pesar de nuestra ignorancia esos trinos, ladridos y como se llame la voz de los cetáceos, nos gustan al grado de usarlos como sonidos ambientales en ocasiones.

Aunque es lo más común, elegir una canción como digna para ser percibida por nuestros oídos, es una acción compleja en la que intervienen, además del gusto adquirido, las influencias latentes y presentes, el impacto instrumental, los recuerdos producidos y la factibilidad de ser compartida mediante el baile o la escucha. La música es una especie de investidura que muestra lo que somos sin necesidad de una descripción detallada de nuestra mente o nuestro interior, basta con escuchar los primeros acordes para hacer una asociación en automático de quien la está consumiendo por cualquiera de los instrumentos portátiles aún existentes. Escuchar sonidos nos remite a nuestra animalidad original, nos excita o nos calma porque es el estímulo primigenio. Salud.

Beto

martes, 16 de abril de 2024

El manejo de la imagen

Es muy atractivo para los creadores
difundir su propia imagen. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde la década de los cincuenta del siglo pasado, la vida se ve transcurrir en un cuadro dentro de nuestras casas, con el antecedente de la gran pantalla normalizada desde inicios de la misma centuria; escribir para esos medios requiere de una muy marcada imaginación visual o al menos, haber tenido una larga trayectoria de consumo de medios audiovisuales, que lo académico es sólo un complemento. Debo aclarar mi exageración, no trato de implicar que no sea necesario estudiar cine, periodismo o comunicación para escribir buenos guiones, pero el estudio sin el talento sirve lo mismo que peste sin el otro, es decir, son complementarios; cada una de esas carreras dará el sustento teórico necesario para que la imaginación pueda guiar al talento de manera coherente.

Para entender la distribución de las imágenes que han de insertarse en el cuadro hay que recurrir a la regla de los tercios que, como toda receta, es más una recomendación pero es muy útil para desarrollar la apreciación estética; para los aficionados a la fotografía la recomendación les parecerá totalmente lógica, para quienes no lo sean, el reto es preguntarse ¿por qué unas fotos les gustan más que otras? A veces, incluso aunque se trate de los mismos objetos, las mismas personas o los mismos lugares retratados preferimos unos cuadros sobre otros, la clave está en entender qué es lo que vemos y saber qué es lo que está fotografiado -de qué es la foto, pues- y para ello, debemos saber de qué se tratan los planos en un mismo cuadro.

Si bien son importantes los aspectos técnicos, no son urgentes en términos de apreciación pues lo que más importa es el gusto por lo que se ve, ahora bien, si es la práctica lo que nos interesa, entonces sí habría que averiguar cómo sacarle provecho a la cámara que tengamos a la mano sin importar que esté en función manual o automática; si se trata de la contenida en el teléfono móvil, lo que se impondrá será el buen manejo de los filtros pues en términos comunicacionales, tanto formas, colores y dimensiones tienen una intencionalidad pero también una respuesta que pocas veces es controlada. El uso de la imagen fija ha servido desde tiempos antiguos para informar sobre todo lo acontecido a nivel individual y a nivel colectivo aunque no libre de interpretación.

Sabrán ustedes del atractivo en el uso de los audiovisuales en la difusión de la información, un ejemplo lo encontramos en todos los canales en la red dedicados a hacer resúmenes de películas o análisis de las mismas, lo que en las salas cinematográficas podían ser los cortos de las próximas proyecciones; el manejo de las expresiones ha tomado relevancia principalmente por la cercanía que proveen los equipos móviles dado lo cual, la cara, los gestos y los movimientos de los conductores nos crean la historia, más que los movimientos de cámara o la iluminación; se hace televisión subalterna puesto que las producciones, salvo algunas excepciones, no cuentan con los recursos necesarios para tener los espacios, las cámaras ni el personal en funcionamiento. Salud.

Beto

martes, 9 de abril de 2024

Tendencia a lo fácil

Como los correctores ortográficos, el autotune
es de relativa ayuda. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las cargas afectivas y lo que tenemos por cierto, suelen nublar nuestro entendimiento; tomamos como verdadero sólo lo que entendemos y lo que no, lo lanzamos a la canasta de lo sobrenatural o de lo inútil. Simplificar nuestro entorno es lo más común que hacemos para entender lo que sucede en él y la búsqueda de explicaciones, en estos tiempos, cuenta con muchas herramientas menos de paciencia; la inmediatez a la que rendimos pleitesía en estos días posiblemente responda a una idea mal encausada de productividad (término que ya de sí nos amarra a ritmos poco sanos) por lo cual es en lo que nos enfocamos sin dejar de ser urgente, pero sólo nos mantiene entretenidos dejando poco a la inventiva y al uso de la iniciativa como elementos de un crecimiento integral que nos prepare para el futuro.

En el mundo de las letras, el crear contenido con textos supone dos cosas, la primera, una vez que el escrito está terminado y publicado ya no pertenece al autor sino a cada lector que hace el favor de consumirlo y dos, no puede controlar la crítica a su trabajo menos aspirar a ello, la perspectiva parece aterradora pues si algo tememos socialmente es a la crítica, ya que no nos hemos educado para soportar ningún tipo de presión extra de lo que estamos dedicados y eso se debe a que, generalmente, no estamos seguros de emprender cosas nuevas lo que nos deja con una estima frágil frente a los demás; en el otro lado, está la mayoría que realmente no sabe emitir una crítica, pues no suelen ser certeros en sus comentarios o, por el contrario, tienden a ser condescendientes.

La parte tecnológica también tiende a facilitar los esfuerzos de creación literaria pues vino a democratizar por ejemplo, la impresión, más que nada en el ahorro del tiempo y la simplicidad de los procedimientos, la encuadernación artesanal sigue los mismos pasos desde el siglo XVI, sólo han cambiado los materiales, lo que no debe bajar la calidad del producto en sí mismo pues sería tanto como permitirnos el vivir del pasado y nunca volver a producir; se puede mantener la fama por una única canción pero no por un solo libro, pareciera que los lectores son más exigentes y están más ávidos de letras que consumir mientras que la música puede escucharse una y otra vez y ni siquiera se pide que la producción sea basta, aún recuerdo la primera canción que escuchaba a diario.

Es posible que nuestra capacidad de olvido (en mi caso anosognosia) juegue en nuestro favor para evitarnos el tener presentes aquellas lecturas que nada nos dijeron, eran insufribles o de plano, estaban muy mal hechas; si no lo creen, tratan de recordar algún pasaje del libro que menos les haya gustado. Todo lo contrario pasa con las canciones, podría apostar a que recuerdan el estribillo de la peor canción que hayan escuchado. No menciono lo que yo recuerdo porque la lista es bastante extensa, lo bueno es que a la música actual no la escucho, aumentaría exponencialmente el número. Hay cosas sencillas que tienen el potencial de hacernos reflexionar y las hay muy rebuscadas que usan el ruido, tanto auditivo como visual nada más para ocultar la falta de interés o talento. Salud.

Beto

martes, 2 de abril de 2024

El estilo y uno

Que nos identifiquen depende de
qué tan definidos estamos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es como cualquier práctica humana cuando, para poder apreciarlo, deben observarse detalles que nos diferencian de los demás junto con el dominio de las características comunes y cuando llegamos a ello, podemos estar seguros de que vamos en camino de tener una identidad propia como escritores. L afirmación puede ser algo rara, pero si les dijera que plumas de la talla de García Márquez o Agustín Yáñez también estaban enfrascados en esa misma búsqueda ¿qué dirían? Un estilo no puede estar terminado puesto que cambiamos todo el tiempo, nuestros intereses mutan y, de alguna manera, las palabras que usamos van adecuándose a la idea que tenemos de nuestra propia edad y a veces, a la idea que creemos que los demás tienen de nosotros.

Hay palabras o frases que nos definen y hacen que la identificación por parte de los demás se facilite, sin embargo, no es eso lo que pudiéramos llamar estilo ya que en ese nivel, sólo estaríamos ubicando los gags al más puro estilo de Chespirito, recuerden los famosos «eso, eso, eso», «¡chanfle!», «no contaban con mi astucia», etc.; para el estilo, habría que considerar el manejo de imágenes, de los tiempos, la utilización de los géneros literarios, si hay mezcla de ellos y, en fin, todo aquello que modifique las historias que contamos. Ahora bien, aunque hay cambios que suelen hacer atractivas las producciones literarias, no todo atrevimiento es digno de admiración como en el caso de las novelas de José Agustín, que al utilizar el intento de adjetivo de uno de sus personajes, queda en algo ridículo.

Si hay alguien seguidor del recientemente fallecido autor, que me perdone pero su personaje Oliverio dista una enormidad de ser clásico como para calificar de «olivérico» su hombro, la verdad, fue más un truco barato. El lado contrario y en un género musical, si escuchamos las composiciones de Chava Flores, con un uso magistral del lenguaje popular y las imágenes que logra con su libre uso de los ritmos de narración y palabras de uso cotidiano que, a pesar del tiempo, siguen estando vigentes. Podríamos pensar que tener un estilo definido es sólo para aquellos que tienen un gran talento pero no es así, como un pequeño secreto, los que nos iniciamos en el oficio de la pluma, comenzamos trazando las primeras líneas tal y cual solemos hablar cotidianamente.

Debe ser muy gratificante saber que alguien que lea nuestros ensayos, novelas, cuentos o poemas, sepa identificarnos en ellos, que cuando sea calificada su calidad, nuestra imagen sea un detonante para que puedan disfrutarlos y que si los van a recomendar, nuestro nombre vaya incluido. Ambicionar algo menos que eso, sería casi perder el tiempo; nuestra firma como nuestro nombre deben pesar lo mismo que nuestra obra como una pequeña contribución al bienestar de los demás que fuera por información, enseñanza o entretenimiento. Es entonces el cómo se maneja la información más que el insertarse en un género determinado lo que llamaremos estilo y es en donde se establezcan los diálogos entre nuestras letras y las distintas imaginaciones de los lectores. Salud.

Beto

martes, 26 de marzo de 2024

Seguir las recetas

Las extravagancias lingüísticas se dan más
por ignorancia que por conocimiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Salvo la vez que el Gabo afirmó que sería buena idea no respetar las reglas de ortografía porque el contexto es el que da el significado a las palabras, he estado de acuerdo en todo lo que sugieren las grandes plumas para escribir; las reglas están hechas por algo, aunque hagamos el favor diario de completar ideas de los que suelen hablar con oraciones mochas, cambiar mentalmente las palabras que otros dijeron equivocadamente o corregir la acentuación discretamente, es cierto que llega a confundir que nos tomemos tantas libertades que podrían destrozar la estructura del idioma, nótese aquí mi intento de ser condescendiente ya que, por supuesto y aunque me sé todas las malas palabras proferibles hasta el momento, pienso que su uso indiscriminado sólo muestra falta de vocabulario.

Las reglas gramaticales se establecieron por algo, se estructuraron según las circunstancias que rodeaban al idioma en el siglo XVI, después aparece la RAE para darle formalidad al asunto (aunque a veces parezca que sufren de demencia senil), durante mucho tiempo dio la impresión de que, para que se produjeran cambios en las estructuras o palabras, se estudiaban los usos en los grupos sociales y después se decidía si era prudente registrarlos en las enciclopedias, actualmente pareciera que nada más se requiere que durante un corto tiempo, mucha gente diga algo (aunque esté errado) para registrarlo como bueno. Quizá ya estén muy viejitos los miembros de la Academia, pues qué otra cosa puede ser, porque resulta inexplicable que acepten sin más, una expresión como “wey”.

Aún recuerdo el libro «Ejercicios ortográficos» que llevamos en sexto año de primaria, al cual dábamos el ínfimo valor de una simple obligación escolar, cuando en realidad, era una de las mejores armas para tener una buena expresión escrita. De haber entendido la oportunidad de esas páginas nos brindaban, no estaríamos despotricando en contra de los textos que recibimos todos los días en las redes sociales con el pretexto de la eficiencia y el ahorro del tiempo, quizá para el que redacta, no así para el que lee. Una regla no escrita (para la escritura ¡qué redundancia!) afirma que el texto debe facilitar la lectura y no al revés, ni siquiera por querer parecer erudito o enigmático, pues eso se logra con la profundidad de los conceptos que usamos no con lo rebuscado de las palabras.

Debería ser hora de que pretextos como «es que está escrito en mayúsculas» o «pero me entendiste» prescriban al uso inadecuado de la lengua que, heredada o impuesta, es con la que nos levantamos en la mañana pensando en lo que haremos en el día y con la que nos acostamos en la noche planeando los días futuros; de jóvenes nos hacía gracia el inventar palabras o usar vocablos insultantes pues suponíamos que con ello adquiriríamos respeto, ni hablar de anglicismos o galicismos (exageré, nadie pela el francés), práctica posiblemente copiada de una deficiencia académica de aquellos que se van a los Estados Unidos de braceros, gente con una adolescencia tardía y crónica cuyos lenguajes no han madurado lo suficiente como para hablar correctamente dos idiomas. Puedo equivocarme. Salud.

Beto

martes, 19 de marzo de 2024

¿Existe la especialización temática?

La memoria no es exacta pero contamos
con casi el mismo entusiasmo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Agatha Chritie diría, con una amplia sonrisa, que sí y detrás de ella todos los autores de novelas de misterio y de terror, con lo que yo estaría de acuerdo pero la pregunta importante sería ¿cómo se llega a la especialización? La respuesta corta: escribiendo de todo. Ya lo habrán intuido, si tenemos un abanico amplio de posibilidades, es probable que encontremos un tema que nos guste por encima de los demás. La selección inicial puede ser algo complicada puesto que implica poner atención especial en aquello que suponemos debe ser de interés para los demás también, pero si lo pensamos de esa manera, nos costará más trabajo que si optamos que nos sea satisfactorio y sólo explicamos  y narramos porqué lo es, para lo que las anécdotas o los cuentos suelen ser de utilidad.

Prácticamente todo puede ser descrito, lo mejor de ello es que las bases de una buena descripción son móviles y variadas, lo que las hace si no infinitas en número, sí muy accesibles para cualquiera por la misma razón; los colores, las formas, la amplitud o lo estrecho de un espacio, la cantidad y variedad de plantas, las cicatrices en la cara o el cuerpo son material de primera para iniciar cualquier texto, tampoco hay un orden estricto para realizarlas así que, haciendo uso de la imaginación, cualquiera con un sincero interés por crear para los demás las escenas que les lleven por mundos alternos, puede convertirse en un gran exponente de la pluma. Buenas noticias, nunca un escritor más es demasiado, sólo hay por así decirlo, escasez de lectores.

Si en lugar de objetos tangibles optamos por sentimientos, la profundidad de la narración nos llevará por caminos más personales en los que el único responsable de los resultados es el lector, pues confiamos en que su interpretación lógica y racional, guiará (pero no determinará sus sentires; cuando encontramos un tema que nos apasiona y del cual podemos escribir sin restricciones, se crea un vínculo en el cual pareciera que nos enfrentamos a un reflejo de nosotros mismos al tiempo en que transformamos el compromiso por compartirlo con los demás en diversión. Es común que el tema sirva como tarjeta de presentación de escritores famosos como Loret de Mola, Sergio Sarmiento o Denisse Dresser con la política o a Catón y Germán Dehesa en la parte chusca.

Sin pretender que todos crean que hay una fórmula secreta para encontrar el tema que nos viene bien, sí podríamos pensar en un esquema básico de búsqueda y encuentro en, al menos, tres pasos. El primero tiene que ver con la lectura y el saber sobre los géneros literarios, para saber mucho hay que leer mucho; el segundo, identificar las obras que más llamaron nuestra atención por cualquier detalle, sin involucrar el gusto; y tercero, ¿qué tanto sabemos de esos datos y cuáles otros conocemos que se manejen de formas similares. Con estar tres pistas podemos tener conciencia sobre cómo vamos formando nuestras preferencias, las cuales seguramente se han mantenido como consumidores, lo que falta es convertirnos en seres a los que les gusta contar historias. Salud.

Beto

martes, 12 de marzo de 2024

La verosimilitud para el novelista

Como con los objetos, con las palabras también
encontramos similitudes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Fuera de la práctica de humanización de objetos y animales, jugar con los tiempos y los espacios ponen límites (aunque muy amplios) al ejercicio de la fantasía en la literatura o la producción de medios audiovisuales, pero incluso los monstruos, las hadas, los duendes y los ogros tienen sus límites lógicos; la razón de ello es que no tendría chiste el que todos fueran Supermán y aún él tiene aspectos que lo hacen mortal. La variedad es lo que hace interesantes a los personajes y entre más complejos sean, es más probable que la historia a contar sea buena; aparte de la temporalidad vital, las fortalezas y las debilidades van moldeando el carácter de los protagonistas y los apoyos que enfrentarán los problemas y a los antagonistas y sus apoyos en los lugares específicos que se narren.

Algunas de nuestras convicciones se dan por “contagio” al entrar en contacto con una persona o un grupo significativos que las tienen, por lo que para encajar, las adoptamos; habrá situaciones o personajes en nuestras lecturas que aceptamos sin reparo, pero otras nos saltarán por su propia coherencia; es posible aceptar la existencia literaria de animales parlantes, objetos animados, dragones escupe fuego, gnomos cuidadores de bosques, hadas que cumplen deseos y una infinidad de lugares que nos hacen abrir los ojos, pero no porque pensemos que fueron sacados de una realidad remota o alterna, sino porque se crearon con antelación, los códigos de comportamiento de cada uno de ellos por lo que pensar en monstruos benefactores, alimañas salvadoras o hechiceros que hacen el bien, requiere de una descodificación.

En los últimos tiempos hemos sido testigos de situaciones que antaño nos hubieran parecido extrañas o aberrantes (como ha sucedido en casi todas las épocas y casi por los mismos motivos) pero aún quedan algunas posibilidades de ficción, es decir, latrocinio, asalto, asesinato, fraude, corrupción, siempre han existido así como la bondad, la solidaridad, el trabajo, la cooperación y todos esos conceptos suelen dar temas para la escritura tan variados como la existencia de seres humanos en el mundo. En cada cultura, la fantasía juega un papel primordial, pero son las referencias en las que crecimos lo que le dará verosimilitud a una narración; dado que en casi todo el mundo tenemos nociones de lo que es un tótem, nos resulta creíble escuchar una historia donde un zorro tiene una plática con un cuervo.

La humanización, antropomorfización y adjudicación de valores a los objetos y animales en el mundo literario son prácticas heredadas de los grandes mitos emanados de las religiones y las historias épicas, los escritores no estamos ajenos a la cultura general, por el contrario, con nuestros trabajos tratamos de apuntalarla con un manejo complementario de las costumbres y tradiciones que nos identifican como pobladores de una región determinada. Son todos esos datos con los que logramos hacer creíbles las historias, haciendo coherente la fantasía teniendo como cómplice al imaginario colectivo; ahí donde la pluma deje huecos, llegará el lector a completarlos con la libertad y autoridad que le da el ejercicio pleno de sus facultades para leer. Salud.

Beto

martes, 5 de marzo de 2024

La verdad es para el periodista

Dos caras que ahora se presumen antagónicas.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En un juego centenario entre flexibilidad y rigidez, las páginas periodísticas tratan de ser la narración fiel de sucesos cotidianos que los ejecutores de los teclados suponen son dignos de ser tratados como algo importante para su difusión y eso está totalmente determinado por el criterio del investigador, bueno eso era hasta hace tiempo, porque ahora las directrices están determinadas por las agencias de noticias. Cualquier argumento a favor de la centralización del servicio (como en cualquier otro) se disipa en cuanto entendemos que eso no es otra cosa que una forma de control y se desea salir de ese esquema, habría que pagar un servicio adicional para saber qué acontece en el mundo además de bombazos, atentados, robos, alza de precios, inseguridad, decisiones gubernamentales absurdas y cuantas linduras más.

La verdad se ha convertido en el santo grial del periodismo puesto que queda claro que no es un lugar al cual llegar, sino porque con cada generación se vuelve más inaccesible; sin mencionar nombres se han señalado a varios periodistas como depositarios del sacro santo “chayote” para acallar sus conciencias o para mantenerse con vida o ambas. Si un argumento verdadero está compuesto por un consenso, esto significa que las afirmaciones expuestas en un medio de información deben ser comprobadas o comparadas con las fuentes; la práctica actual ha dejado de lado esos detalles porque pocas veces se ponen en duda las notas enviadas por las agencias de noticias por un lado, por el otro, el creciente e invasivo amarillismo que copa todos los espacios.

La verdad se fabrica al mismo tiempo que la veracidad se vuelva moneda de cambio para subir escaños, imponer una opinión o marcar tendencia; un medio que se vende por su veracidad supone que tendrá entre sus filas a un personal que nunca miente o eso es lo que dicta la teoría. Los casos de “chayote” copan a una larga lista que, por supuesto, yo no tengo en mis manos pero dos ejemplos (uno a favor y otro en contra) ilustran esa actividad en la que realidad se expone o se fabrica a conveniencia, el primero de ellos es Manuel Buendía, michoacano, escritor de una columna en el periódico Excelsior llamada “Red Privada” en la que abordaba temas como el narcotráfico, la corrupción gubernamental y la presencia de la CIA en el país.

Hasta la fecha, se tiene a José Antonio Zorrilla Pérez, el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad, como el autor intelectual del asesinato del periodista aquel 30 de mayo de 1984 ya que era objeto de investigación por parte de Buendía, por posibles vínculos con el crimen organizado. El segundo, Jacobo Zabludovsky, varias veces señalado como el vocero oficial (por parte de Televisa) de los gobiernos de la República, desde Luis Echeverría hasta Ernesto Zedillo, ya que por iniciativa de Emilio Azcárraga Jean, el noticiero 24 horas dejó de transmitirse el 19 de enero de 1998 por el canal 2 para trasladarse a Unicable hasta su renuncia el 29 de marzo del 2000. El primero por buscar la verdad fue asesinado, el segundo, por ocultarla, fue cesado cuando ya no sirvió para ello. Salud.

Beto

martes, 27 de febrero de 2024

Letras mexicanas

Quizá encontremos a la nueva Sor Juana.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No se trata de un caso de nacionalismo a ultranza, ni de la búsqueda de artistas perdidos, sólo es una pequeña revisión de la obra de algunas plumas nacidas en el territorio que me han significado mucho a lo largo de mi vida lectora, pensar en mexicanos que escriben es meternos en un mundo surrealista dentro de otro igual que presumimos como nuestra realidad, donde impera el “así somos y qué”. Las plumas nacionales exploran un basto espectro de posibilidades de creación, los universos se renuevan en ciclos que vuelven a topar con búsquedas ancestrales que mantienen vigente el deseo de tener identidad propia, un poco más alejado de lo que vamos descubriendo a diario. Podríamos tomar los ejemplos de Rulfo, Fuentes, Novo, Guzmán, De Asbaje o Garro para abrir boca.

Tan mexicanas son también las producidas por personas poco conocidas que escriben para un número reducido de lectores tomándose la libertad de observar e interpretar su entorno para hacer eco del sentir de su población. Podemos encontrarlos en los diferentes medios locales de cada ciudad, principalmente los diarios, por desgracia éstos se han transformado en vehículos del amarillismo y la nota roja, sin dar mucha oportunidad a sus escritores de explorar otras áreas, además de que las agencias de noticias tienen acaparado un buen porcentaje de sus espacios, por lo que es más factible ubicar a columnistas o editorialistas del centro del país, que a los propios; es un panorama injusto que se replica por todos lados aunque los medios de información se hayan democratizado con la red.

Porque es cierto, ahora todos tenemos la oportunidad de tener un canal de televisión o uno de radio o un periodiquito, pero la centralización es una práctica muy arraigada; aquellos que gozan de la aceptación de más de un millar de seguidores son los mismos que, desde los canales tradicionales de televisión han aprovechado su fama para llamar la atención, lo cual también centraliza la misma en la capital de la República, claro está, con excepciones muy buenas que migraron de la red a las televisoras. Los más profesionales siguieron los esquemas impuestos por las grandes cadenas y producen con los guiones escritos por especialistas pagados, lo que hace más creíbles sus historias, lo cual no significa que sean verdad, sólo que literariamente son suficientemente coherentes para ponerles atención.

Nuestra cultura, nuestras tradiciones, se prestan mucho para crear historias y están a la espera de quien desea sacarlas a la luz y pasen a formar parte de eso que nos es significativo, encontrarlas es el verdadero reto en un tiempo en el que prevalecen otras prioridades menos importantes pero más urgentes. Desde cronistas hasta novelistas, habrá que descubrir sus paraderos y entonces convencerlos de que aporten su punto de vista sobre lo que ha sido su estancia en este mundo, qué les ha significado la complejidad de su grupo social y a quiénes creen que debe hacerles partícipes de eso que quieren contar, tarea noble que desde hace algún tiempo, varios entusiastas del pasado han realizado con un éxito respetable. Salud.

Beto

martes, 20 de febrero de 2024

El cuento como herramienta didáctica

El día de hoy les voy a contar... Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Ponemos atención an cuanto algo se cuece en patio ajeno, el drama se vive en tercera persona pues esto nos permite emitir una opinión sin más compromiso que el abonar para la especulación, lo que pueda pasar será mucho más manejable en cuanto que podamos emitir un juicio sin que eso afecte nuestro accionar, por lo cual, la enseñanza usando historias resulta mucho más interesante para quien va a escucharlas. Basta recordar a los practicantes de las normales del país de nuestro tiempo, cuando iban a las aulas y al explicar un problema o un hecho histórico, utilizaban cuentos que, unidos a las melodiosas voces con las que los ambientaban, lograban más que la atención de los niños que desde entonces ocupábamos las bancas de dos en dos en las cinco o seis filas que apuntaban hacia el frente.

Lo mejor de ello era salir del rutinario discurso de clases sin importar el grado en el que nos encontráramos; además de las practicantes en la primaria, recuerdo en la secundaria a la maestra de biología, que se tomaba su tiempo, de vez en cuando, para contarnos cómo vivían los científicos como Mendel en la época en la que realizaron sus descubrimientos o al de geografía que tuvo algunos detalles, aunque nunca logró mantener un ritmo. Pero al que más ubico como un buen narrador, quizá por la naturaleza de su materia, es al licenciado José Héctor Arturo González Solís, quien nos daba la clase de historia y tenía la facilidad de convertir en episodios novelados, las vidas de los héroes nacionales, dejando de lado la memorización a ultranza de fechas y lugares.

La preparatoria nos obligó a dar un giro pues nuestros docentes parecían no querer “perder” el tiempo pues la información que manejaban era demasiado importante como para andar contando cuentitos, excepto en el propedéutico, en la materia de biología (curioso), el titular no sólo se tomaba el tiempo de contarnos historias, sino que nos conminaba a que también nosotros las construyéramos para repasar la información; en ese entonces estaba lejos de imaginar que dedicaría tres décadas de mi vida a la docencia y tomaría como referencia varias de las pláticas con las que el “Motor” nos enseñó su materia y de eso, sólo me separaban dos años. Posiblemente en mi pequeño tour por el Cemsi, los mismos maestros de la Oficial se relajaban un poco y mostraban otra cara y aunque no contaban cuentos, sí algunos chistes.

Bien manejado, un cuento tiene los elementos necesarios para presentar una enseñanza práctica, pues involucra en su trama a quien lo escucha, le plantea un problema a resolver y sugiere una posible solución, no sin antes proporcionar alternativas que lleven a distintos puntos de vista sobre el resultado obtenido; las reflexiones éticas van incluidas junto con las valoraciones sobre la lógica, la pertinencia y el método de la argumentación. Por así decirlo, cada cuento se plantea a sí mismo como un manual de procedimientos para situaciones de la vida diaria y, parafraseando al dicho popular, todo cabe en un cuentito sabiéndolo acomodar. Por el lado lúdico, es una buena oportunidad para hacer de cualquier materia algo divertido explotando nuestra vena literaria. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...