martes, 5 de marzo de 2024

La verdad es para el periodista

Dos caras que ahora se presumen antagónicas.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En un juego centenario entre flexibilidad y rigidez, las páginas periodísticas tratan de ser la narración fiel de sucesos cotidianos que los ejecutores de los teclados suponen son dignos de ser tratados como algo importante para su difusión y eso está totalmente determinado por el criterio del investigador, bueno eso era hasta hace tiempo, porque ahora las directrices están determinadas por las agencias de noticias. Cualquier argumento a favor de la centralización del servicio (como en cualquier otro) se disipa en cuanto entendemos que eso no es otra cosa que una forma de control y se desea salir de ese esquema, habría que pagar un servicio adicional para saber qué acontece en el mundo además de bombazos, atentados, robos, alza de precios, inseguridad, decisiones gubernamentales absurdas y cuantas linduras más.

La verdad se ha convertido en el santo grial del periodismo puesto que queda claro que no es un lugar al cual llegar, sino porque con cada generación se vuelve más inaccesible; sin mencionar nombres se han señalado a varios periodistas como depositarios del sacro santo “chayote” para acallar sus conciencias o para mantenerse con vida o ambas. Si un argumento verdadero está compuesto por un consenso, esto significa que las afirmaciones expuestas en un medio de información deben ser comprobadas o comparadas con las fuentes; la práctica actual ha dejado de lado esos detalles porque pocas veces se ponen en duda las notas enviadas por las agencias de noticias por un lado, por el otro, el creciente e invasivo amarillismo que copa todos los espacios.

La verdad se fabrica al mismo tiempo que la veracidad se vuelva moneda de cambio para subir escaños, imponer una opinión o marcar tendencia; un medio que se vende por su veracidad supone que tendrá entre sus filas a un personal que nunca miente o eso es lo que dicta la teoría. Los casos de “chayote” copan a una larga lista que, por supuesto, yo no tengo en mis manos pero dos ejemplos (uno a favor y otro en contra) ilustran esa actividad en la que realidad se expone o se fabrica a conveniencia, el primero de ellos es Manuel Buendía, michoacano, escritor de una columna en el periódico Excelsior llamada “Red Privada” en la que abordaba temas como el narcotráfico, la corrupción gubernamental y la presencia de la CIA en el país.

Hasta la fecha, se tiene a José Antonio Zorrilla Pérez, el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad, como el autor intelectual del asesinato del periodista aquel 30 de mayo de 1984 ya que era objeto de investigación por parte de Buendía, por posibles vínculos con el crimen organizado. El segundo, Jacobo Zabludovsky, varias veces señalado como el vocero oficial (por parte de Televisa) de los gobiernos de la República, desde Luis Echeverría hasta Ernesto Zedillo, ya que por iniciativa de Emilio Azcárraga Jean, el noticiero 24 horas dejó de transmitirse el 19 de enero de 1998 por el canal 2 para trasladarse a Unicable hasta su renuncia el 29 de marzo del 2000. El primero por buscar la verdad fue asesinado, el segundo, por ocultarla, fue cesado cuando ya no sirvió para ello. Salud.

Beto

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