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| La memoria no es exacta pero contamos con casi el mismo entusiasmo. Foto: BAER |
Prácticamente todo puede ser descrito, lo mejor de ello es que las bases de una buena descripción son móviles y variadas, lo que las hace si no infinitas en número, sí muy accesibles para cualquiera por la misma razón; los colores, las formas, la amplitud o lo estrecho de un espacio, la cantidad y variedad de plantas, las cicatrices en la cara o el cuerpo son material de primera para iniciar cualquier texto, tampoco hay un orden estricto para realizarlas así que, haciendo uso de la imaginación, cualquiera con un sincero interés por crear para los demás las escenas que les lleven por mundos alternos, puede convertirse en un gran exponente de la pluma. Buenas noticias, nunca un escritor más es demasiado, sólo hay por así decirlo, escasez de lectores.
Si en lugar de objetos tangibles optamos por sentimientos, la profundidad de la narración nos llevará por caminos más personales en los que el único responsable de los resultados es el lector, pues confiamos en que su interpretación lógica y racional, guiará (pero no determinará sus sentires; cuando encontramos un tema que nos apasiona y del cual podemos escribir sin restricciones, se crea un vínculo en el cual pareciera que nos enfrentamos a un reflejo de nosotros mismos al tiempo en que transformamos el compromiso por compartirlo con los demás en diversión. Es común que el tema sirva como tarjeta de presentación de escritores famosos como Loret de Mola, Sergio Sarmiento o Denisse Dresser con la política o a Catón y Germán Dehesa en la parte chusca.
Sin pretender que todos crean que hay una fórmula secreta para encontrar el tema que nos viene bien, sí podríamos pensar en un esquema básico de búsqueda y encuentro en, al menos, tres pasos. El primero tiene que ver con la lectura y el saber sobre los géneros literarios, para saber mucho hay que leer mucho; el segundo, identificar las obras que más llamaron nuestra atención por cualquier detalle, sin involucrar el gusto; y tercero, ¿qué tanto sabemos de esos datos y cuáles otros conocemos que se manejen de formas similares. Con estar tres pistas podemos tener conciencia sobre cómo vamos formando nuestras preferencias, las cuales seguramente se han mantenido como consumidores, lo que falta es convertirnos en seres a los que les gusta contar historias. Salud.
Beto

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