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| El día de hoy les voy a contar... Foto: BAER |
Lo mejor de ello era salir del rutinario discurso de clases sin importar el grado en el que nos encontráramos; además de las practicantes en la primaria, recuerdo en la secundaria a la maestra de biología, que se tomaba su tiempo, de vez en cuando, para contarnos cómo vivían los científicos como Mendel en la época en la que realizaron sus descubrimientos o al de geografía que tuvo algunos detalles, aunque nunca logró mantener un ritmo. Pero al que más ubico como un buen narrador, quizá por la naturaleza de su materia, es al licenciado José Héctor Arturo González Solís, quien nos daba la clase de historia y tenía la facilidad de convertir en episodios novelados, las vidas de los héroes nacionales, dejando de lado la memorización a ultranza de fechas y lugares.
La preparatoria nos obligó a dar un giro pues nuestros docentes parecían no querer “perder” el tiempo pues la información que manejaban era demasiado importante como para andar contando cuentitos, excepto en el propedéutico, en la materia de biología (curioso), el titular no sólo se tomaba el tiempo de contarnos historias, sino que nos conminaba a que también nosotros las construyéramos para repasar la información; en ese entonces estaba lejos de imaginar que dedicaría tres décadas de mi vida a la docencia y tomaría como referencia varias de las pláticas con las que el “Motor” nos enseñó su materia y de eso, sólo me separaban dos años. Posiblemente en mi pequeño tour por el Cemsi, los mismos maestros de la Oficial se relajaban un poco y mostraban otra cara y aunque no contaban cuentos, sí algunos chistes.
Bien manejado, un cuento tiene los elementos necesarios para presentar una enseñanza práctica, pues involucra en su trama a quien lo escucha, le plantea un problema a resolver y sugiere una posible solución, no sin antes proporcionar alternativas que lleven a distintos puntos de vista sobre el resultado obtenido; las reflexiones éticas van incluidas junto con las valoraciones sobre la lógica, la pertinencia y el método de la argumentación. Por así decirlo, cada cuento se plantea a sí mismo como un manual de procedimientos para situaciones de la vida diaria y, parafraseando al dicho popular, todo cabe en un cuentito sabiéndolo acomodar. Por el lado lúdico, es una buena oportunidad para hacer de cualquier materia algo divertido explotando nuestra vena literaria. Salud.
Beto

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