martes, 13 de febrero de 2024

Un instante, una eternidad

También la pluma puede dar un
soplo divino. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las narraciones fantásticas, aparte del contenido, logran su magia mediante el manejo del tiempo, donde un minuto puede durar una década o cien años un instante; la relatividad del tiempo toma forma en las narraciones pues la velocidad en que transcurren no es necesariamente la misma en la que se reproducen los cuadros en cada cabeza que las perciben, es decir, avanzarán más o menos rápido según sean los detalles que más llamen la atención de los lectores, escuchas o videntes. Si se juega a la vez con dos tiempos básicos, el que transcurre en el relato y el de lectura, (de los cuales se desprenden otros tantos) pues si la segunda nos atrapa, el tiempo de ésta pasará inadvertido y el de la narración podría durar “mucho” si nos adentramos en los detalles o “poco” si nos deslizamos en la trama.

Podríamos introducir la variable de la edad; recordemos que cuando niños, las esperas nos parecían eternas y ahora ya mayores, sentimos que el tiempo nunca alcanza, no voy a meterme en cuestiones neurológicas porque no soy autoridad en ello, sin embargo, coincidiremos en que así nos pasa a todos con aquello que nos es significativo y de ello ¿qué es lo que solemos presumir? En términos generales, deseamos que los demás se enteren de lo que nos gusta y usamos el porqué para revestir de importancia cada una de nuestras palabras, el tiempo que nos toma el escribirlo se ve compensado con la réplica del mismo a la hora de la lectura, físicamente no tienen la misma duración, pero la historia se compactará para que ambas partes puedan relacionarse.

En física se afirma que, al menos en nuestra realidad tridimensional, nada hay más rápido que la luz, sin embargo, en términos literarios lo es mucho más la imaginación; con ella podemos viajar por el cosmos sin necesidad de un cohete o de un traje espacial, podemos desplazarnos hasta donde se encuentra el objeto de nuestro deseo o el ser amado en un segundo, cruzamos las épocas hasta un pasado remoto o un futuro idílico mucho antes de poder describirlo. Por el contrario, estaríamos en disposición de ver pasar cada etapa de la historia de la humanidad, basados en una fantástica idea de inmortalidad, lo que nos convierte en viajeros en el tiempo sin la necesidad de ortopedias tecnológicas que sólo representan contratiempos.

Ejemplos los tenemos variados que responden a los designios de la imaginación desde los súper héroes de los cómics, hasta los protagonistas de novelas de aventuras, de ciencia ficción o románticas quienes pueden tener una larga vida ya sea en las mismas narraciones como en el Retrato de Dorian Grey o en la memoria de los lectores como Feneas Fogg y Paspartú; leer y escribir es la oportunidad de compartir con esos personajes sus andanzas, imaginar cómo lo haríamos en su lugar e inventarnos reacciones ajenas acordes a los que nuestra voluntad vaya transformando. Lo más cerca de la creación divina no está en lo raros, fantásticos, hermosos o repugnantes que describamos a los personajes y lugares, sino en el ejercicio de esa voluntad para que sean tan eternos como mortales. Salud.

Beto

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