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| La memoria no es exacta. Foto: BAER |
He tenido que hacer varios ejercicios de lectura de obras realizadas por novelistas de la historia (si me permiten el término) como Juan Miguel Zunzunegui, Pedro Fernández, Francisco Martín Moreno y Paco Ignacio Taibo II para entender que no se traiciona a la nación, si se hace buena ficción basándose en hechos históricos, lo importante es no hacer de la cronología, un motivo de falseamiento ni mucho menos, como diría el buen Juen Elías Cordero, matar vivos y revivir muertos en las épocas sobre las que se vaya a escribir pero, si la ficción lo permite dándole coherencia a la historia ¿por qué no? Desde los diálogos de Platón, el permiso o libertad literaria se utiliza para dar un marco entendible a la teoría que desea enseñarse a una colectividad.
La historia es como se recuerda, tan exacta como los datos olvidados y tan precisa como los lugares confundidos; aquellos con una memoria fotográfica que se unen con los que la basan en sus oídos y en los que recuerdan las transformaciones en su entorno, logran tener un panorama global que ilustra lo mejor posible cualquier narración, ésta es una buena pista para quien quisiera hacer una novela tomando como escenario su propia ciudad ya que las historias de vida suelen conformar un banco de datos sumamente prolífico para tomar referencias de posibles personajes, lugares y situaciones, además, cada localidad de este país cuentan con sujetos que mantienen en su memoria, anécdotas que les gustaría contar. Los pueblos y las ciudades pequeñas rebozan de esas piezas de historia valiosas para todos.
Los nombres de las calles, las bancas de ciertas plazas, las tienditas de abarrotes o las rutas de autobuses van tejiendo cuentos, novelas o poemas que sólo necesitan un par de ojos que los identifiquen para escribirlas y hasta uno que otro guión para audio o video saltaría de algún rincón. ¿Qué es lo que contaríamos si tuviéramos la oportunidad? Pero lo importante es cómo lo contaríamos, ¿sería una historia de terror? ¿Romance? ¿Ciencia ficción? ¿Para qué dan los espacios que nos rodean? Y las personas que habitan esos espacios ¿quiénes son? Seguramente cada uno es la prueba viviente de los cambios que ha experimentado la ciudad, puede ser que varios de ustedes como un servidor, hayan vivido en más de una localidad, lo cual aumenta exponencialmente las historias potenciales. Salud.
Beto

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