martes, 30 de enero de 2024

Famosos por suerte

Ser famoso en la actualidad es relativamente
fácil. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Ser conocido es tan adictivo como el escribir, tal vez tenga que ver con la firma de autógrafos; no es que me haya sucedido más de una ocasión y ésa la considero más una anécdota que un estilo de vida; sin que de alguna manera fuera mi aspiración (al menos no por la vía de la literatura), un reconocimiento de vez en cuando no le cae mal a nadie, excepto si se trata de algo por lo cual no se trabajó. El tema de los seguidores, en estos días se ha vuelto algo cotidiano y cualquier hijo de vecino puede presumir de una falta relativa de anonimato, lo que se comprueba fácilmente si observamos las redes sociales, un numerito delata la cantidad de gente que presuntamente consume los mensajes que producimos y publicamos diariamente, sean o no interesantes para algunos sectores de la sociedad.

Ahora bien, esas producciones han tomado un derrotero que sobrecogedoramente nos muestra una cara de la realidad que consume nuestras neuronas con un uso casi irracional del tiempo; el esquema diversión por dinero sigue funcionando aunque el consumo se ha ubicado en cosas virtuales con mayor énfasis, equiparable al que se hace de cigarrillos por parte de los fumadores gracias a las mencionadas redes sociales. El gasto en un video mediante ese sistema se diferencia de la televisión abierta, es que ha creado la esperanza de la reciprocidad pues todos entendemos que ahora en cada equipo telefónico hay un estudio de grabación en potencia, así que al igual que como se sigue o se apoya a otros, se espera que los demás nos apoyen, lo cual no sucede de manera automática.

La fama es un bien no reproducible por sí misma desde la perspectiva de la vigencia, es algo en lo que debe trabajarse continuamente aunque el producto sea uno solamente, la idea es hacer que ese producto es tan bueno que haría que la vida cambiara. Claro está, también cuenta la visión de quienes recibirán ese producto, si así no lo fuera, las carreras de varios cantantes actuales ni siquiera hubiera despegado; la suerte está entonces, en caerle bien al gran público, ése que deja las monedas en la bandeja de la entrada esperando ser satisfecho con lo que escuchará, leerá o mirará. El proceso interno de tal aceptación es algo que sucede en cada cabeza, con los mismos argumentos, pero con diferentes proporciones, lo que resulta es una pléyade de razones para justificar el gusto por tal o cual intérprete.

Y bueno, lo que llamamos fama, es la manifestación de un gusto contagioso que tiene un significativo porcentaje de casualidad y otro mayor de imitación basado en la relación más cercana que tengamos, preferentemente antes de entrar a la universidad, después de eso lo demás son coincidencias. No es que nunca vuelva a suceder, pero resultan más espaciadas cada vez pues los gustos se afirman y las influencias pasan por una mayor cantidad de filtros. Los nuevos famosos deben sentirse afortunados pues el ajuste en los gustos del gran público responden a formatos supuestamente más libres, de poca exigencia y de una conceptualización ambigua de modernidad, que sólo les basta un “cambio de vestuario” y un nuevo nombre de lo que siempre recibe para aceptar cualquier cosa, aunque tenga un pobre contenido. Salud.

Beto

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