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| No porque la tecnología lo permita, significa que estamos usándola bien. Foto: BAER |
Alguien dedicado a la educación -de cualquier índole- tendrá en sus manos la responsabilidad de la coherencia del trabajo bajo su cargo, esto es, vigilará que cualquiera que lea, escuche o vea el trabajo final, entienda el contenido de la obra, el mensaje que va a consumir; la tarea no es tan difícil como suena, pero sí laboriosa y al menos, el titular debe tener conocimientos básicos de manejo de lenguajes ya sean visuales, auditivos y escritos con sus posibles combinaciones para prensa, radio o televisión. La práctica cotidiana, por su inmediatez y accesibilidad tecnológica, no nos permite detenernos a pensar en aspectos que los mismos medios exigen (o exigían) para su uso en la emisión de programas como la sintaxis, la dicción o el encuadre, todo se ha vuelto intuitivo.
La profesionalización ya no se centrará en la producción de mensajes, sino en la edición y el análisis de los mismos que es en realidad, el motivo de la práctica de un comunicólogo, por lo tanto, no será raro encontrar profesionales de la comunicación en esa fase de las producciones literaria, radiofónica, televisiva o cinematográfica, si no es que ya las tomaron por asalto. Las credenciales en este caso, parecerán irrelevantes, sin embargo, está en los que nos dedicamos al análisis de datos que mantengamos un pie en las áreas en las que los mensajes deben estar bien elaborados y, por muy intuitivos que sean los aficionados, los profesionales deberemos dictar las reglas. Los espacios en los que desarrollamos nuestras labores requieren algunas veces de una visión especializada.
La visión del editor tiene la ventaja de abarcar puntos que los demás -incluso otros editores no ven, por así decirlo cada editor es único e irrepetible en sus concepciones sobre lo que debe ser su labor, en su forma más básica, un editor es un ordenador de información que varía su percepción de la realidad en cada obra que atiende, pues le es más importante la esencia de la misma que la verdad que la circunda; también puede ser tratado como guardián de la fantasía, sea él o no aficionado o entusiasta, su investidura no es sagrada pero influye directamente en la percepción de los que quieren ver sus palabras impresas puesto que pareciera que hace lo imposible, posible. Presenta un respeto equivalente por la obra de otras personas, como si él lo hubiera escrito porque, de alguna manera, adopta sus obras. Salud.
Beto

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