martes, 23 de enero de 2024

Los arreos de trabajo

Hacer papel es tan importante como escribir.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El tener una pluma, un lápiz, bolígrafo, libreta o cualquier instrumento de escritura nos hace pensar en cómo vamos a utilizarlos, me refiero después de la escuela, ya que supuestamente somos dueños de nuestro tiempo; en el trabajo o en el aula no tienen otra función que cumplir con las tareas encomendadas. Los valores intrínsecos van evidenciándose conforme la práctica docente va alejándose en el tiempo y la necesidad de trascender aumenta. Hay emoción en ver cómo va acabándose la tinta en un bolígrafo, la tecnología lo permite gracias al manejo de materiales plásticos como el acrílico transparente, también la hay en cada dibujo de cada letra que nos sale bien o las líneas que nos quedan derechas sin la ortopedia de las rayas preimpresas desde fábrica que tampoco les son obligatorias a algunos.

Lo importante, como nos hicieron entender en la carrera, no es el medio sino el saber con qué llenarlo pero, claro está, una buena pluma o una espectacular libreta interceden por nosotros ante las musas para que éstas nos brinden algo de inspiración. Aunque habría que recuperar el respeto por los sistemas de escritura y ya que cada uno de ellos tiene su encanto, deberíamos repasar tanto sus formas de uso como el adaptarlos a las concepciones de escritura actuales; dejaré de lado tanto a la máquina de escribir como al ordenador electrónico, cada una con sus peculiaridades, pero que aún están en su etapa obrera. Además, escribir es una labor manual, si se plasman letras y oraciones por otros medios tendrá otro nombre el resultado, como mecanografiar o linotipia.

Parece chiste que a la evolución le haya tomado tanto tiempo que fuéramos capaces de usar nuestras manos, para que ahora prefiramos (por una idea macabra de perfección, supongo) que las máquinas lo hagan por nosotros; en el caso de la escritura, ninguna tipografía refleja el carácter de una persona como los trazos de una buena pluma o un bolígrafo operados por una mano que convierte la fuerza en palabras que van a conmover a un destinatario especial o a disparar la imaginación de otro que desea saber cómo es el espacio que habitamos o a convertir en cómplice de correrías a ávidos lectores de aventuras ajenas. Los pretextos para escribir sobran tanto como los deseos de adquirir una pluma de lujo como si fuera el único que tendremos en mucho tiempo, que los otros se volverán accesorios.

Así como las plumas, el papel debe tener también un espacio especial en nuestra atención, de hecho, es el marco en el que nuestros escritos obtendrán la validez que buscamos y el impacto que deseamos provocar en el otro; fuera de los membretes (que serían tema de otra ocasión), el color, la textura, el tamaño y su combinación con la tinta, dan de primera vista la razón por la que está hecho un escrito, por ejemplo, no se puede tomar muy en serio una carta de amor hecha a máquina, no podemos vender algo con un escrito con letra de molde o sería poco práctico hacer notas con florituras y todo lo anterior se vería raro si no usamos la tinta adecuada. Escribir a mano va convirtiéndose en una artesanía, si eso es cierto, habría que hacerlo con toda dignidad. Salud.

Beto

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