martes, 26 de marzo de 2024

Seguir las recetas

Las extravagancias lingüísticas se dan más
por ignorancia que por conocimiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Salvo la vez que el Gabo afirmó que sería buena idea no respetar las reglas de ortografía porque el contexto es el que da el significado a las palabras, he estado de acuerdo en todo lo que sugieren las grandes plumas para escribir; las reglas están hechas por algo, aunque hagamos el favor diario de completar ideas de los que suelen hablar con oraciones mochas, cambiar mentalmente las palabras que otros dijeron equivocadamente o corregir la acentuación discretamente, es cierto que llega a confundir que nos tomemos tantas libertades que podrían destrozar la estructura del idioma, nótese aquí mi intento de ser condescendiente ya que, por supuesto y aunque me sé todas las malas palabras proferibles hasta el momento, pienso que su uso indiscriminado sólo muestra falta de vocabulario.

Las reglas gramaticales se establecieron por algo, se estructuraron según las circunstancias que rodeaban al idioma en el siglo XVI, después aparece la RAE para darle formalidad al asunto (aunque a veces parezca que sufren de demencia senil), durante mucho tiempo dio la impresión de que, para que se produjeran cambios en las estructuras o palabras, se estudiaban los usos en los grupos sociales y después se decidía si era prudente registrarlos en las enciclopedias, actualmente pareciera que nada más se requiere que durante un corto tiempo, mucha gente diga algo (aunque esté errado) para registrarlo como bueno. Quizá ya estén muy viejitos los miembros de la Academia, pues qué otra cosa puede ser, porque resulta inexplicable que acepten sin más, una expresión como “wey”.

Aún recuerdo el libro «Ejercicios ortográficos» que llevamos en sexto año de primaria, al cual dábamos el ínfimo valor de una simple obligación escolar, cuando en realidad, era una de las mejores armas para tener una buena expresión escrita. De haber entendido la oportunidad de esas páginas nos brindaban, no estaríamos despotricando en contra de los textos que recibimos todos los días en las redes sociales con el pretexto de la eficiencia y el ahorro del tiempo, quizá para el que redacta, no así para el que lee. Una regla no escrita (para la escritura ¡qué redundancia!) afirma que el texto debe facilitar la lectura y no al revés, ni siquiera por querer parecer erudito o enigmático, pues eso se logra con la profundidad de los conceptos que usamos no con lo rebuscado de las palabras.

Debería ser hora de que pretextos como «es que está escrito en mayúsculas» o «pero me entendiste» prescriban al uso inadecuado de la lengua que, heredada o impuesta, es con la que nos levantamos en la mañana pensando en lo que haremos en el día y con la que nos acostamos en la noche planeando los días futuros; de jóvenes nos hacía gracia el inventar palabras o usar vocablos insultantes pues suponíamos que con ello adquiriríamos respeto, ni hablar de anglicismos o galicismos (exageré, nadie pela el francés), práctica posiblemente copiada de una deficiencia académica de aquellos que se van a los Estados Unidos de braceros, gente con una adolescencia tardía y crónica cuyos lenguajes no han madurado lo suficiente como para hablar correctamente dos idiomas. Puedo equivocarme. Salud.

Beto

martes, 19 de marzo de 2024

¿Existe la especialización temática?

La memoria no es exacta pero contamos
con casi el mismo entusiasmo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Agatha Chritie diría, con una amplia sonrisa, que sí y detrás de ella todos los autores de novelas de misterio y de terror, con lo que yo estaría de acuerdo pero la pregunta importante sería ¿cómo se llega a la especialización? La respuesta corta: escribiendo de todo. Ya lo habrán intuido, si tenemos un abanico amplio de posibilidades, es probable que encontremos un tema que nos guste por encima de los demás. La selección inicial puede ser algo complicada puesto que implica poner atención especial en aquello que suponemos debe ser de interés para los demás también, pero si lo pensamos de esa manera, nos costará más trabajo que si optamos que nos sea satisfactorio y sólo explicamos  y narramos porqué lo es, para lo que las anécdotas o los cuentos suelen ser de utilidad.

Prácticamente todo puede ser descrito, lo mejor de ello es que las bases de una buena descripción son móviles y variadas, lo que las hace si no infinitas en número, sí muy accesibles para cualquiera por la misma razón; los colores, las formas, la amplitud o lo estrecho de un espacio, la cantidad y variedad de plantas, las cicatrices en la cara o el cuerpo son material de primera para iniciar cualquier texto, tampoco hay un orden estricto para realizarlas así que, haciendo uso de la imaginación, cualquiera con un sincero interés por crear para los demás las escenas que les lleven por mundos alternos, puede convertirse en un gran exponente de la pluma. Buenas noticias, nunca un escritor más es demasiado, sólo hay por así decirlo, escasez de lectores.

Si en lugar de objetos tangibles optamos por sentimientos, la profundidad de la narración nos llevará por caminos más personales en los que el único responsable de los resultados es el lector, pues confiamos en que su interpretación lógica y racional, guiará (pero no determinará sus sentires; cuando encontramos un tema que nos apasiona y del cual podemos escribir sin restricciones, se crea un vínculo en el cual pareciera que nos enfrentamos a un reflejo de nosotros mismos al tiempo en que transformamos el compromiso por compartirlo con los demás en diversión. Es común que el tema sirva como tarjeta de presentación de escritores famosos como Loret de Mola, Sergio Sarmiento o Denisse Dresser con la política o a Catón y Germán Dehesa en la parte chusca.

Sin pretender que todos crean que hay una fórmula secreta para encontrar el tema que nos viene bien, sí podríamos pensar en un esquema básico de búsqueda y encuentro en, al menos, tres pasos. El primero tiene que ver con la lectura y el saber sobre los géneros literarios, para saber mucho hay que leer mucho; el segundo, identificar las obras que más llamaron nuestra atención por cualquier detalle, sin involucrar el gusto; y tercero, ¿qué tanto sabemos de esos datos y cuáles otros conocemos que se manejen de formas similares. Con estar tres pistas podemos tener conciencia sobre cómo vamos formando nuestras preferencias, las cuales seguramente se han mantenido como consumidores, lo que falta es convertirnos en seres a los que les gusta contar historias. Salud.

Beto

martes, 12 de marzo de 2024

La verosimilitud para el novelista

Como con los objetos, con las palabras también
encontramos similitudes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Fuera de la práctica de humanización de objetos y animales, jugar con los tiempos y los espacios ponen límites (aunque muy amplios) al ejercicio de la fantasía en la literatura o la producción de medios audiovisuales, pero incluso los monstruos, las hadas, los duendes y los ogros tienen sus límites lógicos; la razón de ello es que no tendría chiste el que todos fueran Supermán y aún él tiene aspectos que lo hacen mortal. La variedad es lo que hace interesantes a los personajes y entre más complejos sean, es más probable que la historia a contar sea buena; aparte de la temporalidad vital, las fortalezas y las debilidades van moldeando el carácter de los protagonistas y los apoyos que enfrentarán los problemas y a los antagonistas y sus apoyos en los lugares específicos que se narren.

Algunas de nuestras convicciones se dan por “contagio” al entrar en contacto con una persona o un grupo significativos que las tienen, por lo que para encajar, las adoptamos; habrá situaciones o personajes en nuestras lecturas que aceptamos sin reparo, pero otras nos saltarán por su propia coherencia; es posible aceptar la existencia literaria de animales parlantes, objetos animados, dragones escupe fuego, gnomos cuidadores de bosques, hadas que cumplen deseos y una infinidad de lugares que nos hacen abrir los ojos, pero no porque pensemos que fueron sacados de una realidad remota o alterna, sino porque se crearon con antelación, los códigos de comportamiento de cada uno de ellos por lo que pensar en monstruos benefactores, alimañas salvadoras o hechiceros que hacen el bien, requiere de una descodificación.

En los últimos tiempos hemos sido testigos de situaciones que antaño nos hubieran parecido extrañas o aberrantes (como ha sucedido en casi todas las épocas y casi por los mismos motivos) pero aún quedan algunas posibilidades de ficción, es decir, latrocinio, asalto, asesinato, fraude, corrupción, siempre han existido así como la bondad, la solidaridad, el trabajo, la cooperación y todos esos conceptos suelen dar temas para la escritura tan variados como la existencia de seres humanos en el mundo. En cada cultura, la fantasía juega un papel primordial, pero son las referencias en las que crecimos lo que le dará verosimilitud a una narración; dado que en casi todo el mundo tenemos nociones de lo que es un tótem, nos resulta creíble escuchar una historia donde un zorro tiene una plática con un cuervo.

La humanización, antropomorfización y adjudicación de valores a los objetos y animales en el mundo literario son prácticas heredadas de los grandes mitos emanados de las religiones y las historias épicas, los escritores no estamos ajenos a la cultura general, por el contrario, con nuestros trabajos tratamos de apuntalarla con un manejo complementario de las costumbres y tradiciones que nos identifican como pobladores de una región determinada. Son todos esos datos con los que logramos hacer creíbles las historias, haciendo coherente la fantasía teniendo como cómplice al imaginario colectivo; ahí donde la pluma deje huecos, llegará el lector a completarlos con la libertad y autoridad que le da el ejercicio pleno de sus facultades para leer. Salud.

Beto

martes, 5 de marzo de 2024

La verdad es para el periodista

Dos caras que ahora se presumen antagónicas.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En un juego centenario entre flexibilidad y rigidez, las páginas periodísticas tratan de ser la narración fiel de sucesos cotidianos que los ejecutores de los teclados suponen son dignos de ser tratados como algo importante para su difusión y eso está totalmente determinado por el criterio del investigador, bueno eso era hasta hace tiempo, porque ahora las directrices están determinadas por las agencias de noticias. Cualquier argumento a favor de la centralización del servicio (como en cualquier otro) se disipa en cuanto entendemos que eso no es otra cosa que una forma de control y se desea salir de ese esquema, habría que pagar un servicio adicional para saber qué acontece en el mundo además de bombazos, atentados, robos, alza de precios, inseguridad, decisiones gubernamentales absurdas y cuantas linduras más.

La verdad se ha convertido en el santo grial del periodismo puesto que queda claro que no es un lugar al cual llegar, sino porque con cada generación se vuelve más inaccesible; sin mencionar nombres se han señalado a varios periodistas como depositarios del sacro santo “chayote” para acallar sus conciencias o para mantenerse con vida o ambas. Si un argumento verdadero está compuesto por un consenso, esto significa que las afirmaciones expuestas en un medio de información deben ser comprobadas o comparadas con las fuentes; la práctica actual ha dejado de lado esos detalles porque pocas veces se ponen en duda las notas enviadas por las agencias de noticias por un lado, por el otro, el creciente e invasivo amarillismo que copa todos los espacios.

La verdad se fabrica al mismo tiempo que la veracidad se vuelva moneda de cambio para subir escaños, imponer una opinión o marcar tendencia; un medio que se vende por su veracidad supone que tendrá entre sus filas a un personal que nunca miente o eso es lo que dicta la teoría. Los casos de “chayote” copan a una larga lista que, por supuesto, yo no tengo en mis manos pero dos ejemplos (uno a favor y otro en contra) ilustran esa actividad en la que realidad se expone o se fabrica a conveniencia, el primero de ellos es Manuel Buendía, michoacano, escritor de una columna en el periódico Excelsior llamada “Red Privada” en la que abordaba temas como el narcotráfico, la corrupción gubernamental y la presencia de la CIA en el país.

Hasta la fecha, se tiene a José Antonio Zorrilla Pérez, el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad, como el autor intelectual del asesinato del periodista aquel 30 de mayo de 1984 ya que era objeto de investigación por parte de Buendía, por posibles vínculos con el crimen organizado. El segundo, Jacobo Zabludovsky, varias veces señalado como el vocero oficial (por parte de Televisa) de los gobiernos de la República, desde Luis Echeverría hasta Ernesto Zedillo, ya que por iniciativa de Emilio Azcárraga Jean, el noticiero 24 horas dejó de transmitirse el 19 de enero de 1998 por el canal 2 para trasladarse a Unicable hasta su renuncia el 29 de marzo del 2000. El primero por buscar la verdad fue asesinado, el segundo, por ocultarla, fue cesado cuando ya no sirvió para ello. Salud.

Beto

martes, 27 de febrero de 2024

Letras mexicanas

Quizá encontremos a la nueva Sor Juana.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No se trata de un caso de nacionalismo a ultranza, ni de la búsqueda de artistas perdidos, sólo es una pequeña revisión de la obra de algunas plumas nacidas en el territorio que me han significado mucho a lo largo de mi vida lectora, pensar en mexicanos que escriben es meternos en un mundo surrealista dentro de otro igual que presumimos como nuestra realidad, donde impera el “así somos y qué”. Las plumas nacionales exploran un basto espectro de posibilidades de creación, los universos se renuevan en ciclos que vuelven a topar con búsquedas ancestrales que mantienen vigente el deseo de tener identidad propia, un poco más alejado de lo que vamos descubriendo a diario. Podríamos tomar los ejemplos de Rulfo, Fuentes, Novo, Guzmán, De Asbaje o Garro para abrir boca.

Tan mexicanas son también las producidas por personas poco conocidas que escriben para un número reducido de lectores tomándose la libertad de observar e interpretar su entorno para hacer eco del sentir de su población. Podemos encontrarlos en los diferentes medios locales de cada ciudad, principalmente los diarios, por desgracia éstos se han transformado en vehículos del amarillismo y la nota roja, sin dar mucha oportunidad a sus escritores de explorar otras áreas, además de que las agencias de noticias tienen acaparado un buen porcentaje de sus espacios, por lo que es más factible ubicar a columnistas o editorialistas del centro del país, que a los propios; es un panorama injusto que se replica por todos lados aunque los medios de información se hayan democratizado con la red.

Porque es cierto, ahora todos tenemos la oportunidad de tener un canal de televisión o uno de radio o un periodiquito, pero la centralización es una práctica muy arraigada; aquellos que gozan de la aceptación de más de un millar de seguidores son los mismos que, desde los canales tradicionales de televisión han aprovechado su fama para llamar la atención, lo cual también centraliza la misma en la capital de la República, claro está, con excepciones muy buenas que migraron de la red a las televisoras. Los más profesionales siguieron los esquemas impuestos por las grandes cadenas y producen con los guiones escritos por especialistas pagados, lo que hace más creíbles sus historias, lo cual no significa que sean verdad, sólo que literariamente son suficientemente coherentes para ponerles atención.

Nuestra cultura, nuestras tradiciones, se prestan mucho para crear historias y están a la espera de quien desea sacarlas a la luz y pasen a formar parte de eso que nos es significativo, encontrarlas es el verdadero reto en un tiempo en el que prevalecen otras prioridades menos importantes pero más urgentes. Desde cronistas hasta novelistas, habrá que descubrir sus paraderos y entonces convencerlos de que aporten su punto de vista sobre lo que ha sido su estancia en este mundo, qué les ha significado la complejidad de su grupo social y a quiénes creen que debe hacerles partícipes de eso que quieren contar, tarea noble que desde hace algún tiempo, varios entusiastas del pasado han realizado con un éxito respetable. Salud.

Beto

martes, 20 de febrero de 2024

El cuento como herramienta didáctica

El día de hoy les voy a contar... Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Ponemos atención an cuanto algo se cuece en patio ajeno, el drama se vive en tercera persona pues esto nos permite emitir una opinión sin más compromiso que el abonar para la especulación, lo que pueda pasar será mucho más manejable en cuanto que podamos emitir un juicio sin que eso afecte nuestro accionar, por lo cual, la enseñanza usando historias resulta mucho más interesante para quien va a escucharlas. Basta recordar a los practicantes de las normales del país de nuestro tiempo, cuando iban a las aulas y al explicar un problema o un hecho histórico, utilizaban cuentos que, unidos a las melodiosas voces con las que los ambientaban, lograban más que la atención de los niños que desde entonces ocupábamos las bancas de dos en dos en las cinco o seis filas que apuntaban hacia el frente.

Lo mejor de ello era salir del rutinario discurso de clases sin importar el grado en el que nos encontráramos; además de las practicantes en la primaria, recuerdo en la secundaria a la maestra de biología, que se tomaba su tiempo, de vez en cuando, para contarnos cómo vivían los científicos como Mendel en la época en la que realizaron sus descubrimientos o al de geografía que tuvo algunos detalles, aunque nunca logró mantener un ritmo. Pero al que más ubico como un buen narrador, quizá por la naturaleza de su materia, es al licenciado José Héctor Arturo González Solís, quien nos daba la clase de historia y tenía la facilidad de convertir en episodios novelados, las vidas de los héroes nacionales, dejando de lado la memorización a ultranza de fechas y lugares.

La preparatoria nos obligó a dar un giro pues nuestros docentes parecían no querer “perder” el tiempo pues la información que manejaban era demasiado importante como para andar contando cuentitos, excepto en el propedéutico, en la materia de biología (curioso), el titular no sólo se tomaba el tiempo de contarnos historias, sino que nos conminaba a que también nosotros las construyéramos para repasar la información; en ese entonces estaba lejos de imaginar que dedicaría tres décadas de mi vida a la docencia y tomaría como referencia varias de las pláticas con las que el “Motor” nos enseñó su materia y de eso, sólo me separaban dos años. Posiblemente en mi pequeño tour por el Cemsi, los mismos maestros de la Oficial se relajaban un poco y mostraban otra cara y aunque no contaban cuentos, sí algunos chistes.

Bien manejado, un cuento tiene los elementos necesarios para presentar una enseñanza práctica, pues involucra en su trama a quien lo escucha, le plantea un problema a resolver y sugiere una posible solución, no sin antes proporcionar alternativas que lleven a distintos puntos de vista sobre el resultado obtenido; las reflexiones éticas van incluidas junto con las valoraciones sobre la lógica, la pertinencia y el método de la argumentación. Por así decirlo, cada cuento se plantea a sí mismo como un manual de procedimientos para situaciones de la vida diaria y, parafraseando al dicho popular, todo cabe en un cuentito sabiéndolo acomodar. Por el lado lúdico, es una buena oportunidad para hacer de cualquier materia algo divertido explotando nuestra vena literaria. Salud.

Beto

martes, 13 de febrero de 2024

Un instante, una eternidad

También la pluma puede dar un
soplo divino. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las narraciones fantásticas, aparte del contenido, logran su magia mediante el manejo del tiempo, donde un minuto puede durar una década o cien años un instante; la relatividad del tiempo toma forma en las narraciones pues la velocidad en que transcurren no es necesariamente la misma en la que se reproducen los cuadros en cada cabeza que las perciben, es decir, avanzarán más o menos rápido según sean los detalles que más llamen la atención de los lectores, escuchas o videntes. Si se juega a la vez con dos tiempos básicos, el que transcurre en el relato y el de lectura, (de los cuales se desprenden otros tantos) pues si la segunda nos atrapa, el tiempo de ésta pasará inadvertido y el de la narración podría durar “mucho” si nos adentramos en los detalles o “poco” si nos deslizamos en la trama.

Podríamos introducir la variable de la edad; recordemos que cuando niños, las esperas nos parecían eternas y ahora ya mayores, sentimos que el tiempo nunca alcanza, no voy a meterme en cuestiones neurológicas porque no soy autoridad en ello, sin embargo, coincidiremos en que así nos pasa a todos con aquello que nos es significativo y de ello ¿qué es lo que solemos presumir? En términos generales, deseamos que los demás se enteren de lo que nos gusta y usamos el porqué para revestir de importancia cada una de nuestras palabras, el tiempo que nos toma el escribirlo se ve compensado con la réplica del mismo a la hora de la lectura, físicamente no tienen la misma duración, pero la historia se compactará para que ambas partes puedan relacionarse.

En física se afirma que, al menos en nuestra realidad tridimensional, nada hay más rápido que la luz, sin embargo, en términos literarios lo es mucho más la imaginación; con ella podemos viajar por el cosmos sin necesidad de un cohete o de un traje espacial, podemos desplazarnos hasta donde se encuentra el objeto de nuestro deseo o el ser amado en un segundo, cruzamos las épocas hasta un pasado remoto o un futuro idílico mucho antes de poder describirlo. Por el contrario, estaríamos en disposición de ver pasar cada etapa de la historia de la humanidad, basados en una fantástica idea de inmortalidad, lo que nos convierte en viajeros en el tiempo sin la necesidad de ortopedias tecnológicas que sólo representan contratiempos.

Ejemplos los tenemos variados que responden a los designios de la imaginación desde los súper héroes de los cómics, hasta los protagonistas de novelas de aventuras, de ciencia ficción o románticas quienes pueden tener una larga vida ya sea en las mismas narraciones como en el Retrato de Dorian Grey o en la memoria de los lectores como Feneas Fogg y Paspartú; leer y escribir es la oportunidad de compartir con esos personajes sus andanzas, imaginar cómo lo haríamos en su lugar e inventarnos reacciones ajenas acordes a los que nuestra voluntad vaya transformando. Lo más cerca de la creación divina no está en lo raros, fantásticos, hermosos o repugnantes que describamos a los personajes y lugares, sino en el ejercicio de esa voluntad para que sean tan eternos como mortales. Salud.

Beto

martes, 6 de febrero de 2024

Remembranzas y narrativa

La memoria no es exacta. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En el pasado he vuelto a recorrer calles que transitaba en mi niñez o en mi juventud en las distintas ciudades en las que viví y los ejercicios mentales a los que me sometí, trajeron a mi memoria situaciones que me gustaría repetir y otras que francamente quisiera haber olvidado de una buena vez; cuando inicié en el oficio de la pluma, mi máxima preocupación era el tener mis recuerdos lo más intactos posible pues estaba imponiendo mi yo periodista a mi yo literario, lo cual era lógico, venía de un gran ciclo de clases de comunicación, de haber retomado los blogs con los que mantenía mi mente activa y de considerar el integrarme a alguno de los medios escritos locales, incluso le envié algunos textos a Martha Acevedo a su sistema de noticias de la red, los cuales me hizo el favor de publicar.

He tenido que hacer varios ejercicios de lectura de obras realizadas por novelistas de la historia (si me permiten el término) como Juan Miguel Zunzunegui, Pedro Fernández, Francisco Martín Moreno y Paco Ignacio Taibo II para entender que no se traiciona a la nación, si se hace buena ficción basándose en hechos históricos, lo importante es no hacer de la cronología, un motivo de falseamiento ni mucho menos, como diría el buen Juen Elías Cordero, matar vivos y revivir muertos en las épocas sobre las que se vaya a escribir pero, si la ficción lo permite dándole coherencia a la historia ¿por qué no? Desde los diálogos de Platón, el permiso o libertad literaria se utiliza para dar un marco entendible a la teoría que desea enseñarse a una colectividad.

La historia es como se recuerda, tan exacta como los datos olvidados y tan precisa como los lugares confundidos; aquellos con una memoria fotográfica que se unen con los que la basan en sus oídos y en los que recuerdan las transformaciones en su entorno, logran tener un panorama global que ilustra lo mejor posible cualquier narración, ésta es una buena pista para quien quisiera hacer una novela tomando como escenario su propia ciudad ya que las historias de vida suelen conformar un banco de datos sumamente prolífico para tomar referencias de posibles personajes, lugares y situaciones, además, cada localidad de este país cuentan con sujetos que mantienen en su memoria, anécdotas que les gustaría contar. Los pueblos y las ciudades pequeñas rebozan de esas piezas de historia valiosas para todos.

Los nombres de las calles, las bancas de ciertas plazas, las tienditas de abarrotes o las rutas de autobuses van tejiendo cuentos, novelas o poemas que sólo necesitan un par de ojos que los identifiquen para escribirlas y hasta uno que otro guión para audio o video saltaría de algún rincón. ¿Qué es lo que contaríamos si tuviéramos la oportunidad? Pero lo importante es cómo lo contaríamos, ¿sería una historia de terror? ¿Romance? ¿Ciencia ficción? ¿Para qué dan los espacios que nos rodean? Y las personas que habitan esos espacios ¿quiénes son? Seguramente cada uno es la prueba viviente de los cambios que ha experimentado la ciudad, puede ser que varios de ustedes como un servidor, hayan vivido en más de una localidad, lo cual aumenta exponencialmente las historias potenciales. Salud.

Beto

martes, 30 de enero de 2024

Famosos por suerte

Ser famoso en la actualidad es relativamente
fácil. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Ser conocido es tan adictivo como el escribir, tal vez tenga que ver con la firma de autógrafos; no es que me haya sucedido más de una ocasión y ésa la considero más una anécdota que un estilo de vida; sin que de alguna manera fuera mi aspiración (al menos no por la vía de la literatura), un reconocimiento de vez en cuando no le cae mal a nadie, excepto si se trata de algo por lo cual no se trabajó. El tema de los seguidores, en estos días se ha vuelto algo cotidiano y cualquier hijo de vecino puede presumir de una falta relativa de anonimato, lo que se comprueba fácilmente si observamos las redes sociales, un numerito delata la cantidad de gente que presuntamente consume los mensajes que producimos y publicamos diariamente, sean o no interesantes para algunos sectores de la sociedad.

Ahora bien, esas producciones han tomado un derrotero que sobrecogedoramente nos muestra una cara de la realidad que consume nuestras neuronas con un uso casi irracional del tiempo; el esquema diversión por dinero sigue funcionando aunque el consumo se ha ubicado en cosas virtuales con mayor énfasis, equiparable al que se hace de cigarrillos por parte de los fumadores gracias a las mencionadas redes sociales. El gasto en un video mediante ese sistema se diferencia de la televisión abierta, es que ha creado la esperanza de la reciprocidad pues todos entendemos que ahora en cada equipo telefónico hay un estudio de grabación en potencia, así que al igual que como se sigue o se apoya a otros, se espera que los demás nos apoyen, lo cual no sucede de manera automática.

La fama es un bien no reproducible por sí misma desde la perspectiva de la vigencia, es algo en lo que debe trabajarse continuamente aunque el producto sea uno solamente, la idea es hacer que ese producto es tan bueno que haría que la vida cambiara. Claro está, también cuenta la visión de quienes recibirán ese producto, si así no lo fuera, las carreras de varios cantantes actuales ni siquiera hubiera despegado; la suerte está entonces, en caerle bien al gran público, ése que deja las monedas en la bandeja de la entrada esperando ser satisfecho con lo que escuchará, leerá o mirará. El proceso interno de tal aceptación es algo que sucede en cada cabeza, con los mismos argumentos, pero con diferentes proporciones, lo que resulta es una pléyade de razones para justificar el gusto por tal o cual intérprete.

Y bueno, lo que llamamos fama, es la manifestación de un gusto contagioso que tiene un significativo porcentaje de casualidad y otro mayor de imitación basado en la relación más cercana que tengamos, preferentemente antes de entrar a la universidad, después de eso lo demás son coincidencias. No es que nunca vuelva a suceder, pero resultan más espaciadas cada vez pues los gustos se afirman y las influencias pasan por una mayor cantidad de filtros. Los nuevos famosos deben sentirse afortunados pues el ajuste en los gustos del gran público responden a formatos supuestamente más libres, de poca exigencia y de una conceptualización ambigua de modernidad, que sólo les basta un “cambio de vestuario” y un nuevo nombre de lo que siempre recibe para aceptar cualquier cosa, aunque tenga un pobre contenido. Salud.

Beto

martes, 23 de enero de 2024

Los arreos de trabajo

Hacer papel es tan importante como escribir.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El tener una pluma, un lápiz, bolígrafo, libreta o cualquier instrumento de escritura nos hace pensar en cómo vamos a utilizarlos, me refiero después de la escuela, ya que supuestamente somos dueños de nuestro tiempo; en el trabajo o en el aula no tienen otra función que cumplir con las tareas encomendadas. Los valores intrínsecos van evidenciándose conforme la práctica docente va alejándose en el tiempo y la necesidad de trascender aumenta. Hay emoción en ver cómo va acabándose la tinta en un bolígrafo, la tecnología lo permite gracias al manejo de materiales plásticos como el acrílico transparente, también la hay en cada dibujo de cada letra que nos sale bien o las líneas que nos quedan derechas sin la ortopedia de las rayas preimpresas desde fábrica que tampoco les son obligatorias a algunos.

Lo importante, como nos hicieron entender en la carrera, no es el medio sino el saber con qué llenarlo pero, claro está, una buena pluma o una espectacular libreta interceden por nosotros ante las musas para que éstas nos brinden algo de inspiración. Aunque habría que recuperar el respeto por los sistemas de escritura y ya que cada uno de ellos tiene su encanto, deberíamos repasar tanto sus formas de uso como el adaptarlos a las concepciones de escritura actuales; dejaré de lado tanto a la máquina de escribir como al ordenador electrónico, cada una con sus peculiaridades, pero que aún están en su etapa obrera. Además, escribir es una labor manual, si se plasman letras y oraciones por otros medios tendrá otro nombre el resultado, como mecanografiar o linotipia.

Parece chiste que a la evolución le haya tomado tanto tiempo que fuéramos capaces de usar nuestras manos, para que ahora prefiramos (por una idea macabra de perfección, supongo) que las máquinas lo hagan por nosotros; en el caso de la escritura, ninguna tipografía refleja el carácter de una persona como los trazos de una buena pluma o un bolígrafo operados por una mano que convierte la fuerza en palabras que van a conmover a un destinatario especial o a disparar la imaginación de otro que desea saber cómo es el espacio que habitamos o a convertir en cómplice de correrías a ávidos lectores de aventuras ajenas. Los pretextos para escribir sobran tanto como los deseos de adquirir una pluma de lujo como si fuera el único que tendremos en mucho tiempo, que los otros se volverán accesorios.

Así como las plumas, el papel debe tener también un espacio especial en nuestra atención, de hecho, es el marco en el que nuestros escritos obtendrán la validez que buscamos y el impacto que deseamos provocar en el otro; fuera de los membretes (que serían tema de otra ocasión), el color, la textura, el tamaño y su combinación con la tinta, dan de primera vista la razón por la que está hecho un escrito, por ejemplo, no se puede tomar muy en serio una carta de amor hecha a máquina, no podemos vender algo con un escrito con letra de molde o sería poco práctico hacer notas con florituras y todo lo anterior se vería raro si no usamos la tinta adecuada. Escribir a mano va convirtiéndose en una artesanía, si eso es cierto, habría que hacerlo con toda dignidad. Salud.

Beto

martes, 16 de enero de 2024

La industria editorial

Comprar un libro también es una inversión.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un mundo fascinante para el cual un reducido sector de la población está dispuesto a invertir tiempo y recursos ya que pareciera que, para todos hay prioridades y el leer no está entre ellas; es una lástima que el pensamiento de grandes escritores se almacene en galeras en las que el olvido amenaza con sentar sus reales, aunque se vez en cuando la muy vituperada moda nos hace un favor y saca de sus almanaques los títulos que debían haber tenido mejor suerte en su tiempo. La parte buena es que hay obras atemporales que ostentan su vigencia en cada nuevo reclamo generacional para imponer lo que suponen es una nueva visión de la vida, aunque no sea otra cosa que una pequeña revolcada a la anterior, eso sí, debido a sus características, en sus páginas cada uno de nosotros encontrará algo útil y personal.

La competencia para la producción de letras impresas apareció en el universo de las inteligencias artificiales, que a decir de algunos, son obras equiparables a las hechas por los seres humanos, algunos otros como el doctor Raúl Trejo Delabre catedrático de la UNAM, en entrevista con Héctor González, afirma que dicha inteligencia puede reproducir técnica, ortografía, tramas pero carece aún del sentimiento que mueve a una persona a escribir, a percibir del entorno aquello que interese por la profundidad de sus concepciones, simplemente se limitará a imitar la obra de algún escritor conocido cambiando posiblemente las palabras y algunos detalles de la trama, lo cual no implica que no vaya a llegar el momento en que pueda “aprender” y logre producir una obra original (si no es que ya la hizo), pero prevaleciendo el detalle del sentimiento.

Parecía que ya teníamos bastante con la digitalización de los libros impresos, pero ahora el pensar que una máquina pueda hacer cosas creativas en lugar nuestro, no es del todo halagüeño; no creo que sea cosa de alarmarse ni de pensar que un medio deba imponerse al otro, pues la experiencia nos ha mostrado que, cuando algo nos es útil, relevante y significativo, prevalece por muchos malos augurios que se le vengan encima. Un libro siempre tendrá un lugar especial en cualquier espacio, sin importar su temática pues hay historias para todos los gustos al igual que precios para todos los bolsillos, lo importante es saber buscarlos, según la casa editora si es que hay preferencias o si bien nos gusta navegar por los distintos sellos que trabajan en nuestro país; la variedad se impone.

En el futuro estará la dificultad de convencer a los posibles escritores a publicar en papel 8o un equivalente), lo que significa un cambio radical en el rol que jueguen las casas editoras porque, para empezar, la clientela tendrá en sus manos la capacidad de comercializar sus obras sin necesidad de intermediarios, a menos que lo soliciten. Estamos en un tiempo en el que la producción literaria se desarrolla de forma alterna a la publicidad que se hace de ella, casi como en un subterfugio anuncia las novedades con las que cuenta, a una población que argumenta tener otras prioridades, lo cual es lógico por el ambiente de incertidumbre en el que debe realizar sus tareas diarias; al menos debemos estar contentos de que la población lectora no se desanima ni disminuye. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...