martes, 25 de julio de 2023

Ser justos

El escritor debe pretender ser maestro
de la retórica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El concepto puede que sea absoluto, pero su uso cotidiano, no; apelamos a la justicia cuando detectamos una carencia exigiendo su solución respecto de lo más relativo que tenemos convirtiéndolo antes en algo ambiguo, que es el tiempo. No hay -en los seres humanos- un tiempo justo para madurar, no lo hay para solucionar problemas sociales, menos podemos tener justo un vaso de agua porque siempre lo “llenamos” hasta antes del borde, no se diga una copa de vino porque ésta quedará siempre a la mitad. Para ser sinceros, tampoco nos medimos a la hora de ser generosos pues toda la vida daremos el “pilón” ya que “¿qué tanto es tantito?” y “pocas veces se tiene de eso” por lo que hay que aprovechar y agradecer que podamos tener la oportunidad de darnos cuenta de todo ello.

La justicia en este país se maneja como el chiste del pato: “¿qué hace con una pata?” ¡Cojea! Así México al enfrentar actos delictivos en general y disimulos en lo particular; dar con cosas robadas se torna imposible, aunque sepamos a dónde van a dar; encontrar asesinos también lo es, debido a que sus familiares y amigos los esconden; los asaltantes gozan de pases automáticos en las cárceles, lo que les permite ser libres a las pocas horas de haber sido detenidos y todos hemos normalizado esas situaciones porque vemos inútiles los esfuerzos por mejorar las cosas, ya que entendemos que los procesos legales están hechos para cansar a los denunciantes y abandonen o, en el peor de los casos, su acusación se revierta en su contra y pasen a ser acusados.

Si ser justo es un término relativo, ¿cuáles son los puntos en común que nos hacen llegar a acuerdos entre todos? Ya medio mencionamos las escalas que identificamos en términos generales, como pesos y medidas (lineales y de volumen) y si en todo lo medible puede haber discrepancias, imaginemos en lo abstracto; las conceptualizaciones, como prácticas definitorias, han venido apoyándose en una interpretación vaga de lo relativo, confundiéndolo generalmente con la ambigüedad. Cuando se trata de temas escolares, hasta dan para el juego y la imaginación, pero si nos ubicamos en algo práctico como el sistema legal, la cosa cambia porque entonces pensamos en los derechos humanos de seres que, al delinquir, renunciaron a ellos.

La literatura (o la manufactura de ella) no puede estar alejada de estas consideraciones, si acaso el grupo social al que pertenecemos tiende a la supuesta “relativización” de su accionar, el escritor debe observar los cambios para apoyar los que benefician el entendimiento de la realidad y obstaculizar los que lo deterioran o pretenden imponer ambigüedades que impidan el desarrollo social. De cierta manera el escritor es un vigilante que retratará o denunciará, según sea el caso, aquello que llame su atención y crea que concentre el interés social, con el fin de establecer parámetros de decisión popular, es decir, propondrá posibilidades y dejará que el publico decida sobre lo que haría con su vida. Se puede ser convincente pero nunca determinante. Salud.

Beto

martes, 18 de julio de 2023

Los valores al escribir

Los personajes se comportarán de acuerdo
a los valores manejados. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Cualquiera de las perspectivas por las que observáramos el ejercicio de la pluma, tendría forzosamente que considerar el régimen de los valores en el orden que se desee, pero su presencia es indiscutible; incluso si el escrito a realizar tenga como esencia, el transgredir la escala prevaleciente. El valor rector de un escritor es la libertad tanto de pensamiento como de expresión, conmemorada el pasado siete de junio, representa asimismo el compromiso y la responsabilidad de exponer ideas claras y útiles para los demás puesto que, esgrimir un bolígrafo, suele ser tan peligroso como portar un arma de fuego, más en estos tiempos en que hay quienes ponen el pecho a las balas aunque el disparo no fuera dirigido a ellos y luego se quejan y acusan abuso.

Supongamos por un momento que todos nos manejamos con escalas de valores semejantes, para no decir iguales, que dichas escalas preponderan la verdad o la verosimilitud al menos, la coherencia y la libertad de expresión, por señalar algunos, el compromiso adquirido entre escritores y lectores se fundamentará en la confianza de que el primero ofrecerá historias memorables y el segundo, toda su atención; esa especie de contrato se adquiere al momento de pagar el costo y se hace efectivo cuando se abren las páginas; convierte a ambos actores en cómplices de un mismo plan para el uso de la imaginación. La valoración que haga el escritor de su lector será un acto de fe, por su parte, el lector tendrá en sus manos la prueba de su propia valoración.

¿Qué cosas de valor se utilizan o se retratan en un escrito? La intrepidez o el coraje, para crear expectación y admiración por lo hecho por los personajes; la bondad o el estoicismo, para crear vínculos; el compañerismo o la amistad, posiblemente para justificar esas relaciones en el entorno inmediato. Las escalas expuestas podrán tener cualquier orden y un análisis psicológico de la obra nos haría entender muchas cosas sobre el autor, pero la aplicación real de los valores por parte del lector, se hará según sus propias referencias y lo que suela identificar en cada lectura que haga, además del momento que esté viviendo. Quien no esté inmerso en un ambiente amoroso, se le dificultará no reparará en los pasajes de esa índole en una novela de aventuras o ciencia ficción.

Optar por una u otra obra dependerá de la situación en la que se encuentre el lector, obligado o no por circunstancias que dependan de su tiempo, ocupación y gustos arraigados; la pericia del escritor será preponderante al momento de elegir con qué valores se manejarán sus personajes y con cuáles de ellos llamará la atención de su posible público. Los indicadores como status, edad, escolarización, sirven para los estudios estadísticos, sin embargo, no se escribe pensando en ellos, pues es el lector el que decide en qué va a utilizar su tiempo, así que un público puede estar compuesto por adolescentes clasemedieros de secundaria, ancianos proletarios sin escolarización alta o adultos pudientes con maestría que tendrán diferentes opiniones sobre la misma obra aunque de diferentes pasajes. La importancia del valor. Salud.

Beto

martes, 11 de julio de 2023

Mirar el entorno

Cada espacio es un laboratorio para experimentar
la visión. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es el segundo escalón en la función que tienen nuestros ojos para desenvolvernos en este mundo; poner atención en lo que se ve sin analizarlo, sólo por el hecho de disfrutar sus colores, dimensiones o formas apunta hacia el disfrute de lo mirado. Pareciera una etapa del enamoramiento y es quizá por ello, que decidimos escribir, dibujar, pintar o fotografiar lo que miramos. Porque ya pusimos atención y comenzamos a valorar los detalles que vamos descubriendo, aquello que es útil, lo que embellece o lo que se dispone a señalar algo de interés; lo capturamos por distintas razones y el medio para hacerlo, dictará las maneras y proporcionará los formatos para que queden a nuestro gusto y puedan agradarles a los demás.

lo que nos rodea, si no ha pasado al baúl de lo poco interesante, con sus cambios puede invadirnos con sus historias llenas de costumbre que tienen la magia de funcionar como los espejos distorsionados de las ferias de los pueblos; los colores pueden ser los de siempre, pero con cada cambio de iluminación, toman diferentes brillos y texturas; si hay letreros temporales, pasarán por momentos a ser parte del paisaje pero el viento los moverá de maneras diversas cada día; lo cotidiano se transforma en novedoso una vez que cambiamos las gafas con las cuales verlo, para después absorberlo en la costumbre nuevamente, dando como resultado un juego mediante el cual mantenemos en forma nuestra capacidad de asombro, el único rasgo infantil que vale la pena seguir conservando.

Las sorpresas pueden aparecer donde menos imaginemos, dicen los entusiastas que han encontrado un nuevo sentido a su vida o aquellos que reciben un sueldo por fingir que son felices vendiendo ollas y sartenes por televisión, pero la esencia de la frase recupera su vigencia cuando la aplicamos a nuestro diario acontecer, sin permitir influencias comercializadoras ni querer influir en los demás cual predicador-cambaceador; si soportamos un momento la tentación de presumir que somos capaces de ver lo que los demás no perciben, nuestras acciones se encargarán de hacerlo por nosotros y habrá mas de uno que nos pregunte al respecto, con lo que aseguraremos que nuestras palabras sean tomadas en cuenta y valoradas en su justa dimensión.

Incluso, los propios cuestionamientos cambiarán del “¿por qué todo está mal?” al “¿qué puedo hacer para mejorar?”

Incluso, los propios cuestionamientos cambiarán del “¿por qué todo está mal?” al “¿qué puedo hacer para mejorar?” Obviamente, habrá que medir nuestras fuerzas porque no todas las batallas están a nuestro alcance ni son factibles de ser ganadas; el conocimiento juega un papel importante para adaptar la visión a lo acontecido diariamente, el saber implica la detección del más mínimo cambio y su valoración sobre la pertinencia de abordarlos. Ser conocedor del entorno nos hace voceros de lo nuevo, conservadores de lo viejo y quienes mejor disfrutan del presente; no nos proveerá de una plataforma que nos haga parecer superiores, pero sí nos mantendrá alertas, a la disposición de quienes quieran sumarse a la contemplación de lo que nos rodea, enriqueciendo así a la colectividad. Salud.

Beto

martes, 4 de julio de 2023

El reto de la mejora

A veces hay que cambiar por completo
para mejorar. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En alguna oportunidad tuve el privilegio de guiar a un grupo de jóvenes universitarios en una materia que la institución dio en llamar “Creatividad”; mi primera reacción fue preguntarme “¿cómo demonios voy a enseñarles a tener creatividad?” Suponía que eso era una facultad con la que se nacía o no, por otro lado, ¿por qué yo? Si hasta ese momento no me había visto como alguien creativo, pero otro sí lo pensó y ¡zaz! Que me dan la clase. Debo decir que al menos pasé dos noches en vela imaginando cómo sería la clase, máxime que se trataba de la carrera de Comunicación; no podía darme el lujo de ser mediocre; por supuesto, tampoco contaba con bibliografía ni una idea clara de dónde conseguirla, así que ése sería mi primer reto creativo, conseguir textos que hablaran al respecto.

Porque imaginativo sí soy, así que me propuse a indagar al respecto pero lo que encontré, debía ser interpretado desde varios puntos de vista, entendiendo de que nada de lo que había leído me sacaría del atolladero en el corto plazo. Para colmo de males, una vez iniciadas las hostilidades, mis “alumnillos de Indias” pensaron que se trataba de una materia de relleno y no se aplicaron como yo suponía debían hacerlo. Por ahí dicen que no se aprende realmente hasta que se enseña y el tener que preparar actividades que para ellos les despertara su imaginación, terminó por hacerme entender que si bien no les enseñaría a ser creativos, sí podía ayudarles a agudizar algunos sentidos para que pudieran crear a partir de elementos propuestos de diferentes calidades y los más diversos orígenes.

Usamos papel, cartón, plástico vasos y platos desechables y piezas de metal que conseguí en un deshuesadero; como dije, las cosas no caminaban a buen ritmo por lo que tuve que cambiar varias veces de estrategia, nada más que no se me ocurriera dejar tareas porque entonces sí, la puerca torcía el rabo. Tuve que hacer acopio de mi total paciencia las ocasiones en las que tuvieron a bien salir con la vieja frase confiable de “¡Ay! Se me olvidó”. Y claro que tenía actividades para contingencias como ésas, pero por muy eficaz que fuera el dalai en mí, también tengo mis límites y apliqué la de Dios es grande; excuso decirles que sí hay cabezas que funcionan bajo presión y la que ejercí sobre ellos dio frutos, ¡hasta pude presumir en la dirección que trabajaron solos!

Con lo anterior no quiero decir que la coerción sea el detonante idóneo para que la creatividad se dispare, que si bien la amenaza de reprobación funcionó en ese momento, bien pudo ser contraproducente y dejarme sin resultados que reportar a la institución; lo que aprendí es que como en todo, el convencimiento es esencial para que nos volvamos productivos utilizando la imaginación, que esa cualidad se haga transformadora del entorno y que ese lugar en donde se aplicará tenga permanencia prolongada para que pueda hablarse de cierta validez universal, cosas que constituyen la creatividad. Ser creativo, entonces, no es nacer con un don, sino un proceso donde nuestros sentidos filtrarán la información que nos rodea para mejorar en todo lo posible donde vivimos y lo que usamos. Salud.

Beto

martes, 27 de junio de 2023

Gestión de una idea

Desde una idea, podemos convertir
a cualquiera en doctor. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hace siglos se pensaba en la inspiración como un don o una concesión de divinidades a las que había que honrar para seguir gozando de sus favores, los románticos del siglo XVIII mantuvieron esa idea, pensando en las musas quizá ya no como seres extraterrestres nada más, sino que alguna mortal podía acceder a esa categoría por alguna gracia que el aspirante a artista descubriera en ella. De mediados del siglo veinte a la fecha, se hacían menciones a ellas más como una pose o indicativo de que las habían estudiado y que el don se entendía más como un talento emanado de la propia condición como poeta, escritor o músico en la que entró además, la concepción del trabajo. Entendemos ahora que la combinación de la capacidad de sentir con la de razonar es la que da los resultados.

Puede sonar muy simplista, pero el proceso no parte del mismo punto en ninguno. ¿Cuánto sentimiento y cuánto razonamiento se requieren para componer una canción o escribir un poema? La prioridad de una u otra determinará por fuerza el resultado, ahora que, pareciera que algunas producciones carecen de los dos, principalmente en la música actual; si confiamos en que todo creador hará caso de lo que sabe y lo que siente, tendríamos que poner atención en si su obre explica ese sentimiento o qué es lo que siente a partir de lo que pensó, eso nos dará pie a un análisis muy cercano al entendimiento de lo que dio origen a su escrito u obra musical desde varias perspectivas o áreas del conocimiento, es decir, ciencias.

La producción literaria se basa en lo cotidiano, en el pensamiento llano, en la simpleza de los detalles a fin de convertirlos en una fuente inagotable de ideas donde las relaciones sociales se retraten de maneras verosímiles, independientemente de si se trata de una obra de ficción o costumbrista, en el fondo, el ser humano es el mismo si se encuentra explorando el espacio exterior o recibe la visita de un personaje entrañable en la vecindad donde vive; puede disfrazarse de profesionista, religioso, loco o lo que le venga en gana y la sofisticación de sus modales y preferencias, sólo será un adorno con el que aderece su trato con los demás. El seguimiento de las reacciones se dará en el marco de la trama que, por lo general, será la responsable de la identificación.

Las ideas no son ocurrencias, son pensamientos procesados para poder contarse, para hacer que los que escuchen o lean, caminen junto con los personajes a los lugares que visitarán, los manjares que prueben pasen por los paladares de todos los involucrados y que las personas con las que compartamos, también sean parte de la historia. Somos capaces de crear un mundo platónico-interdimensional en el que la realidad se confunda con la ficción pero que no produzca dudas sobre el destino de cada lugar o personajes retratados en él; por así decirlo, cada obra literaria es depositaria de los sentimientos, sensaciones y pensamientos producto de una lectura simbiótica que irremediablemente, se plasmen o no, será creadora de nuevas ideas. Salud.

Beto

martes, 20 de junio de 2023

Todo tiene un tiempo

El futuro nunca ha sido cierto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En alguna ocasión, a mis alumnos de periodismo trataba de explicarles la naturaleza de los géneros que componen dicha disciplina, topamos con la columna y al mencionarles sus características, algunos se sorprendieron cuando les dije que un buen columnista se hace con los años, es decir, los mejores columnistas del país y del mundo, son viejos. Su asombro no paró ahí, afirmé también que era casi imposible que un joven hiciera una columna al menos decente. Unos casi se me van a la yugular pues supusieron que estaba minimizando su capacidad de escribir y debo confesar que tuve la tentación de contestarles con la grosería de hacerles patente su mala ortografía para empezar, pero en alguiendebía caber la prudencia y callé.

Un repostero o un panadero entienden mejor los tiempos de la masa, por hacer un símil con la encefálica, por hacer un símil con la encefálica, las neuronas dicen los que saben, que también deben tener un tiempo de maduración por lo que habrá actividades, lecturas, riesgos y asociaciones que podrán o deberán tomar los infantes y otros que no, ¿qué pasa? ¿Se les atrofia el cerebro? No tengo la respuesta exacta para esa pregunta, pero sí puedo imaginar que el menos de los males es que mal interpreten los contenidos -al no tener las referencias suficientes- y crezcan con una idea equivocada, por lo que en su futuro no sean capaces de entablar relaciones sanas con los demás, lo que deriva en una sociedad enferma, errática, eternamente adolescente que su máximo logro será encontrar culpables para todo.

Lo he afirmado en otras oportunidades (Cultura Mexicana No. 25 ene ‘23), somos un país adolescente llenos de Peters Pan que pretenden encontrar a sus Wendys para que nada cambie, sin tener la obligación de dar ni pedir cuentas de sus actos. Las instituciones estorban porque no confiamos en ellas; al parecer, crecemos con la idea de que estamos rodeados de taimados que sólo existen para aprovecharse de nuestra buena voluntad, ah porque nada más los nuestros y nosotros somos buenos, confiables y casi inmaculados, la “gente” es la mala. Y como todos pensamos igual, los acercamientos se darán por conveniencia en el mayor de los casos, no infiero que no exista la amistad entre nosotros, sino que los orígenes de ella son muy variados y difícilmente surge por sí misma, nunca es pura pues.

Si lo anterior fuera cierto, en tiempo país nos faltarían aproximadamente cincuenta años para alcanzar la mayoría de edad; algunos no lo veremos y los que lleguen, habrán tenido que zafarse de actitudes y comportamientos bastante infantiles de los que entonces serán sus abuelos. El 2073 parece muy lejano, lo mismo que en 1973 nos parecía el 2000; tecnológicamente casi alcanzamos a los Súper Sónicos, pero al igual que ellos, seguimos repitiendo esquemas que nos colocan entre una paleta de caramelo y un cigarrillo. ¿Qué dejaremos tras de nosotros? ¿Seguiremos esperanzados a un más allá? Mientras esto sucede, es el tiempo de reacomodar nuestra existencia para que no nos sorprendamos con cualquier cambio. Salud.

Beto

martes, 13 de junio de 2023

Quitar la paja

Mucha concentración para que la edición
salga bien. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los trabajos de edición se prestan para que, quien los realiza,  ponga a prueba facultades y conocimientos sobre el cómo cebe apreciarse el entorno; por supuesto que para ello debe apoyarse en teorías estéticas, sociales y en preferencias personales. Al final, ese tercer punto es el que cuenta puesto que los gustos determinan los caminos que seguiremos en cualquier ámbito tomando en cuenta las relaciones que se hayan establecido con la familia y el entorno. Lo que discriminamos parte de ahí, asumimos que las utilidades son evidentes porque existen coincidencias con algunos elementos de otros grupos, sin tomar en cuenta que esos rasgos han ido definiendo el perfil nacional, las variantes se presentarán por el tipo de flora y fauna que se desarrollen en cada tipo de terreno.

Lo que solemos contarnos entonces, se basa en lo anterior y con el tiempo vamos cambiando las versiones tratando de no tergiversar la esencia, como lo que sucede con el mito de la llorona que pareciera que cada pueblo del centro de la República tiene la suya, se aparecerá con distintas ropas, en distintos momentos, pero seguirá siempre lamentándose de la misma forma. En cuestión del trabajo de edición de un libro, un programa de radio, de televisión o una película, el responsable se encargará de preservar la esencia de esos mensajes quitando todo aquello que resulte redundante, que nada aporte a la historia o tergiverse lo que se está narrando, con el fin de no hacer “perder el tiempo” a lectores, escuchas o videoescuchas, garantizando en lo posible, su mejor captación.

Compromiso y credibilidad deben estar avalados con trabajo y un resultado atractivo que si bien, sabemos que toda producción humana es perfectible, al menos ofrezca una permanencia significativa en el gusto del público; hacer a un lado la “paja”, fue para los estudiantes de comunicación de la década de los ochenta, la piedra (una de ellas) medular para sus producciones en cualquiera de los medios a su disposición los cuales, eran muy pocos. La mayoría debíamos trabajar con la imaginación puesto que la cantidad de equipos no era el único impedimento para un desarrollo continuo, sino también el tiempo en que éstos estaban disponibles, pues su uso requería de un periodo largo no existente aunque se acortara la duración de la historia.

Por ello, esas historias debían valer la pena en su esfuerzo e inversión, debíamos contar historias que todo el mundo tuviera curiosidad por ver, que nos hicieran sentir orgullosos suponiendo que lo grabado estaba hecho conforme a los cánones de entonces. La edición era concienzuda y no se le encargaba a cualquiera puesto que no bastaba saber manejar los reproductores o la consola sino tener además, un sentido claro de la continuidad, esa aptitud que nos permite hacer coherente cualquier relato aunque no se narre de manera lineal. Lo superfluo, repetitivo, impreciso o redundante sobran cuando lo que se pretende es que un mensaje se entienda a la primera, con mayor razón cuando ese mensaje es motivo de un desembolso. Salud.

Beto

martes, 6 de junio de 2023

Escribir para el conocimiento

Aunque parezca eterno, todo tiene una vida útil.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- De todo lo que sabemos, debemos discriminar lo que no es importante de lo que sí lo es, un trabajo que de pequeños no ejercíamos debido a que todo parecía novedoso, aunque ya lo hubiéramos experimentado; es imperioso mantener la capacidad de asombro para poder expresar en palabras todo eso que nos rodea y que, a medida que crecemos va volviéndose invisible. Los intereses cambian, por supuesto, pero sería bueno que mantuviéramos algo de esa capacidad infantil de sorprenderse hasta de lo más mínimo, la sensibilidad a los estímulos es mayor por lo que, cual gatos, nos pondríamos a perseguir un rayito de luz, una hebra, un trozo de madera o cualquier material que encienda la imaginación, un patrimonio valioso en sí mismo que se incrementa con su ejercicio.

La invención de los signos lingüísticos vino a facilitar el registro de lo acontecido en lo cotidiano para la preservación de la memoria, lo que en un principio se centró en la parte espiritual, después se enfocó en la práctica científica; en ambos casos significó un ahorro de tiempo en la experimentación de algunos pasos para llegar a la trascendencia. Todo escrito significa plasmar una experiencia, aunque se trate de un dictado en la primaria, pues éste se trata de un acercamiento al reflejo de nuestro ser en cada dibujo de cada signo utilizado, es decir, que hasta en la caligrafía damos noción de quiénes somos, algo que explica con detenimiento la grafología, que es el estudio de los rasgos de cada letra o palabra dibujada por cada individuo.

Cuando nos animamos (o nos refuerzan) a plasmar con oraciones lo que pensamos, escalamos un nivel en el desarrollo de nuestra escritura, pues además de que cuidamos de que el texto sea flexible, debemos procurar que nuestras ideas sean lo suficientemente claras para que quien lo lea, no caiga en malos entendidos, lo que implicaría una mala calificación, un rechazo o una práctica errónea, así se trate de una simple instrucción para limpiar un juego de cubiertos de plata. Un estudio sobre el comportamiento humano, un ensayo que trate sobre la molécula de Dios o un tratado sobre la extinción de los dinosaurios, exigirá además las pruebas suficientes para considerar a cada uno como pertinente, veraz y útil dentro de un marco temporal.

Cada escrito tendrá por fuerza su fecha de caducidad pues al menos pasará por el tamiz de dos pares de ojos, quien lo escribió y quien va a leerlo; la segunda revisión establecerá el tiempo de vida del texto con un simple mecanismo: la recomendación. Eso en el mayor de los casos pues hablaríamos del placer que produjo al leerlo, sin embargo, un segundo escalón sería la obligatoriedad académica, en la que las pruebas roban la atención al placer de la escritura. Al final, el único legado que podemos dejar sin temor a que desaparezca sin más, es el registro de lo que pensamos, extensivo a lo que piensan los demás. Seguramente todos tenemos la inquietud de escribir o algún familiar o conocido que escribe, ¿qué tal si lo alentamos a hacerlo? Salud.

Beto

martes, 30 de mayo de 2023

Herramientas de escritura

Escribir rápido no es sinónimo
de escribir bien. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Aunque un hombre muy religioso haya dicho que el título de creador es sólo aplicable a Dios, me tomaré la libertad de contradecirlo con argumentos emanados de la biblia, pues se supone que el hombre está hecho a imagen y semejanza y podríamos decir que varios escalones abajo, pero el ser humano también es creador, no desde la nada, pero sí de objetos nuevos. Supongo que lo único que quedaría, sería recomendarle la consulta de un diccionario para que complete su definición del verbo crear. Dejando atrás esta breve cápsula informativa, pero siguiendo con el concepto de creación, el fabricarnos herramientas adecuadas de escritura es importante puesto que, desde ellas, comienza el proceso creativo de imágenes que se convertirán posteriormente en palabras y oraciones.

La primera de ellas se alimenta de todas las imágenes que hemos acumulado en nuestro años de vida, algunas se mantendrán nítidas y otras requerirán una “manita de gato” que vuelva a hacerlas presentes, algo así como una “edición”, que sería la segunda herramienta, una muy práctica ya que con ella ejercitamos nuestra habilidad para acomodar los datos como complemento o sustitución. La tercera sería la clasificación de los mismos quizá por fechas, por lugares, por aficiones o los tópicos que a cada uno nos acomode, con lo que casi se completa la parte creativa; para la parte técnica, debemos partir desde las bases que son la gramática y la lingüística, no para volvernos especialistas necesariamente, sino para tener las nociones suficientes con las cuales estar seguros de hacerlo bien.

En las tres, la memoria juega un papel preponderante sin importar que ésta sea la propia capacidad de retener información o el uso de ortopedias electrónicas, ambas requieren de un manejo lógico sistemático que las haga funcionales en cualquier momento; y hablando de sistematización, el ejercicio memorístico que requerimos en estos días, es el de la manipulación de botones tanto en sus usos, como en sus ordenamientos; los teclados han pasado a formar parte de nuestras vidas, fundamentalmente por las ventajas que ofrecen en la redacción, el diseño y el envío de información. Los escritorios han cambiado sus formas para priorizar el uso de las máquinas por encima de las hojas de papel, siendo las causas desde la perspectiva ecológica hasta la comodidad ergonómica.

A partir de las máquinas de escritorio Olivetti, pasando por las Chandler o las del sistema Off Set hasta las grandes rotativas, la nostalgia va capturando cada tecnología insertándola, salvo por algunos usuarios empecinados, en la obsolescencia o en alguna sala de museo para que su utilidad mute pero no se pierda del todo; la ley a la que sometemos a los aparatos, los pone en un periodo de transición donde todos los que fueron bien cuidados funcionan, pero ya no sirven. Esta era de cibertextos ha aumentado la eficacia del envío, pero no de la redacción como tal, puesto que la llenamos de distractores o de fórmulas de todo uso, evitando con ello el encontrar nuestros propios formatos y modos de expresión olvidando de a poco que se debe dar mantenimiento a la herramienta principal que es el cerebro. Salud

Beto

martes, 23 de mayo de 2023

La generalidad

Los fenómenos suelen repetirse en
diferentes épocas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Una golondrina no hace primavera, versa el dicho popular, lo que en buen romance significa que lo que le pase a un individuo en particular, no necesariamente le sucederá a todo el mundo; ni siquiera las tendencias afectan a todos. Una visión general de las cosas debe estar compuesta de coincidencias expuestas por un lapso prolongado, repeticiones en un mismo sentido y que den casi los mismos resultados; hay con ello, verdades que no dejan lugar a dudas como el afirmar que a un importante porcentaje de los mexicanos le gusta comer tacos. Pero esa afirmación sería menos general si decimos que hay mexicanos que comen tacos en el desayuno y es posible que se particularice si la afirmación es que a los mexicanos les gustan los tacos de suadero.

Los panoramas generales, así como los paisajes, nos ubican en un lugar o situación donde podemos observar los componentes de un solo golpe de vista; el punto de observación es importante porque nos ofrece una perspectiva especial que favorece la descripción de la estructura y las relaciones que pudieran darse en un problema detectado. Si se trata de una ciudad, una colonia, una empresa o la historia de cada una de ellas, la generalidad nos ayudará a decidir desde dónde lo queremos abordar, por lo cual, esa misma generalidad sin modificarse o modificada, será el punto de partida para sintetizar lo obtenido al final del escrito, una vuelta completa que otorgará la oportunidad de realizar un cambio.

Aunque esto último no es obligatorio porque podríamos encontrar que las cosas, así como están, funcionan y no requieren ajuste alguno; pero normalmente sí debe hacerlos. Los términos generales no sólo determinan la dinámica de lo que evidentemente abarcan, sino que afectan a otros universos del conocimiento ya que es muy factible encontrar semejanzas, incluso entre las disciplinas de apoyo, por ejemplo, en los objetos de investigación entre la arqueología y la arqueología que hasta resultan complementarios o, en la descripción de situaciones, así la geografía en la que ubicamos personajes -un desierto o en medio del mar- produciría sentimientos semejantes, pues la desesperación reflejada entre un náufrago y un perdido en las dunas, es precisamente la misma.

Una a una podríamos recorrer las manifestaciones sentimentales de los seres humanos en diferentes circunstancias y veríamos coincidencias en los que las provocaron, quién lo hizo o cuántas veces han aparecido, lo que nos permitiría, de alguna manera, establecer patrones que nos lleven a clasificaciones de gran escala, lo mismo los pensamientos o los sentimientos. El hecho de que no existan los derechos de autor para los chistes, es una muestra clara de que hay cosas y casos donde la generalidad se impone, ya que un chiste surge de una circunstancia que atañe a todos y, por lo tanto, todos entendemos, eso hace que pueda surgir simultáneamente en diferentes puntos de una región, un país o el mundo, Registrarlos como propiedad sería imposible. Salud

Beto

martes, 16 de mayo de 2023

El detalle

Lo escrito representa algo más propio
por salir a buscarlo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Seguramente en alguna ocasión nos hemos detenida a observar una puesta de sol, una flor en un cacto, el correr de un caballo o el vuelo de una lechuza lamentando no tener una cámara a la mano, pero lo más lamentable (si lo pensamos) es no tener las palabras para describirlo, carecer del vocabulario o las oraciones pertinentes para atrapar en la memoria esas imágenes, ya ni hablar de papel y pluma. Fijamos la mirada y nos resignamos al placer efímero que logramos con ello. Si tuviéramos a alguien que le gustara escuchar lo que vivimos en el día, ¿con qué deleitaríamos sus oídos? ¿Habremos tenido el tiempo suficiente para ubicar los detalles? Posiblemente tendríamos que desmenuzar nuestro recuerdo y escoger de ello, lo que creyéramos interesante.

Hay fragmentos de la naturaleza o de lo fabricado por el hombre que valen por sí solos; cuando descubrimos uno, “editamos” el panorama para descubrir las maravillas que se presentan en un nivel en el que lo cotidiano, con sus prisas, deja pasar porque sucede todos los días. Lo cotidiano apacigua así, nuestras ansias por saber, ya que a éste le urge el compromiso que toma las formas más variadas en las edades en que podemos soportarlas, la belleza se toma entonces un descanso aunque reaparece algo somnolienta de vez en cuando en las figuras a las que nos damos permiso de admirar. Es en algunas coincidencias como ésas, en las que nos da por querer atraparlas para que formen parte de nuestra memoria fotográfica, audiovisual o escrita.

En el detalle se gesta el análisis de lo que se observa, con cada punto de interés se va formando un criterio que puede variar según su avance, por ejemplo, cuando se describe un automóvil, de inmediato saltan a la vista las formas, los colores, la potencia del motor encendido, la anchura de las llantas, la textura de los asientos o el tamaño del volante; cada uno de esos elementos fincará la unidad y el carácter de un objeto que, de esa manera, adquirirá una valoración propia pues, aunque tuviéramos dos carros prácticamente iguales, el detalle que los diferenciara nos haría valorarlos distinto, según las circunstancias; pensemos en un rayón en la portezuela izquierda, en una compra-venta, su valor monetario disminuiría drásticamente, pero ¿qué pasaría en una exhibición de cine?

Dicen los que saben que las partes del automóvil en el que se mató James Dean, fueron subastadas pagándose sumas considerables por ellas, lo que nos indica que el valor de algo es subjetivo. En palabras llanas diríamos que, lo que para unos es basura, para otros es un tesoro; cada valoración responderá a diferentes necesidades y los detalles reflejarán los intereses que nos movieron a su apreciación, las relaciones que vayan inundando nuestra imaginación y la transformación a la que sometamos a cada objeto. Pues nada será igual una vez que desmenucemos lo que percibimos en nuestro entorno ni para nosotros, ni para aquellos que lean nuestros relatos; por así decirlo, recrearemos a la naturaleza desde las entrañas de las cosas. Salud

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...