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| Escribir rápido no es sinónimo de escribir bien. Foto: BAER |
La primera de ellas se alimenta de todas las imágenes que hemos acumulado en nuestro años de vida, algunas se mantendrán nítidas y otras requerirán una “manita de gato” que vuelva a hacerlas presentes, algo así como una “edición”, que sería la segunda herramienta, una muy práctica ya que con ella ejercitamos nuestra habilidad para acomodar los datos como complemento o sustitución. La tercera sería la clasificación de los mismos quizá por fechas, por lugares, por aficiones o los tópicos que a cada uno nos acomode, con lo que casi se completa la parte creativa; para la parte técnica, debemos partir desde las bases que son la gramática y la lingüística, no para volvernos especialistas necesariamente, sino para tener las nociones suficientes con las cuales estar seguros de hacerlo bien.
En las tres, la memoria juega un papel preponderante sin importar que ésta sea la propia capacidad de retener información o el uso de ortopedias electrónicas, ambas requieren de un manejo lógico sistemático que las haga funcionales en cualquier momento; y hablando de sistematización, el ejercicio memorístico que requerimos en estos días, es el de la manipulación de botones tanto en sus usos, como en sus ordenamientos; los teclados han pasado a formar parte de nuestras vidas, fundamentalmente por las ventajas que ofrecen en la redacción, el diseño y el envío de información. Los escritorios han cambiado sus formas para priorizar el uso de las máquinas por encima de las hojas de papel, siendo las causas desde la perspectiva ecológica hasta la comodidad ergonómica.
A partir de las máquinas de escritorio Olivetti, pasando por las Chandler o las del sistema Off Set hasta las grandes rotativas, la nostalgia va capturando cada tecnología insertándola, salvo por algunos usuarios empecinados, en la obsolescencia o en alguna sala de museo para que su utilidad mute pero no se pierda del todo; la ley a la que sometemos a los aparatos, los pone en un periodo de transición donde todos los que fueron bien cuidados funcionan, pero ya no sirven. Esta era de cibertextos ha aumentado la eficacia del envío, pero no de la redacción como tal, puesto que la llenamos de distractores o de fórmulas de todo uso, evitando con ello el encontrar nuestros propios formatos y modos de expresión olvidando de a poco que se debe dar mantenimiento a la herramienta principal que es el cerebro. Salud
Beto

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