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| Lo escrito representa algo más propio por salir a buscarlo. Foto: BAER |
Hay fragmentos de la naturaleza o de lo fabricado por el hombre que valen por sí solos; cuando descubrimos uno, “editamos” el panorama para descubrir las maravillas que se presentan en un nivel en el que lo cotidiano, con sus prisas, deja pasar porque sucede todos los días. Lo cotidiano apacigua así, nuestras ansias por saber, ya que a éste le urge el compromiso que toma las formas más variadas en las edades en que podemos soportarlas, la belleza se toma entonces un descanso aunque reaparece algo somnolienta de vez en cuando en las figuras a las que nos damos permiso de admirar. Es en algunas coincidencias como ésas, en las que nos da por querer atraparlas para que formen parte de nuestra memoria fotográfica, audiovisual o escrita.
En el detalle se gesta el análisis de lo que se observa, con cada punto de interés se va formando un criterio que puede variar según su avance, por ejemplo, cuando se describe un automóvil, de inmediato saltan a la vista las formas, los colores, la potencia del motor encendido, la anchura de las llantas, la textura de los asientos o el tamaño del volante; cada uno de esos elementos fincará la unidad y el carácter de un objeto que, de esa manera, adquirirá una valoración propia pues, aunque tuviéramos dos carros prácticamente iguales, el detalle que los diferenciara nos haría valorarlos distinto, según las circunstancias; pensemos en un rayón en la portezuela izquierda, en una compra-venta, su valor monetario disminuiría drásticamente, pero ¿qué pasaría en una exhibición de cine?
Dicen los que saben que las partes del automóvil en el que se mató James Dean, fueron subastadas pagándose sumas considerables por ellas, lo que nos indica que el valor de algo es subjetivo. En palabras llanas diríamos que, lo que para unos es basura, para otros es un tesoro; cada valoración responderá a diferentes necesidades y los detalles reflejarán los intereses que nos movieron a su apreciación, las relaciones que vayan inundando nuestra imaginación y la transformación a la que sometamos a cada objeto. Pues nada será igual una vez que desmenucemos lo que percibimos en nuestro entorno ni para nosotros, ni para aquellos que lean nuestros relatos; por así decirlo, recrearemos a la naturaleza desde las entrañas de las cosas. Salud
Beto

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