martes, 21 de octubre de 2025

Movimiento cultural

No vale decir «no me enteré». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Despertar a los creativos. En las semanas anteriores me encontré con la novedad de que los creativos ya están despiertos, que su producción es copiosa y que han logrado colocar sus textos en editoriales importantes tanto en el estado como en el país; la ciudad es un campo de cultivo para la creación literaria, pero adolece de un buen sistema de difusión, lo cual se nota por las apariciones esporádicas en eventos especiales de aquellos, nuevos o viejos, dedicados a la pluma. Las ferias de libros no bastan (aquí han mejorado), es necesario que esos escritores de mantengan presentes todos los días, que todos sepamos que existen y que están produciendo; la librería Emma Godoy hace buena parte de esa difusión que, insisto, aún no alcanza para tener presentes a los creadores locales y sentir en consecuencia, que hay aquí un movimiento cultural.

2. Convencernos de participar. Una cosa es que haya oferta de cultura y otra, que los de a pie vayamos a consumirla; podemos pretextar costos, falta de información, grandes ocupaciones o, incluso, la clase de los eventos ofertados, ninguno estará a la altura de ellos por una sencilla razón, todavía quedan restos de ignorancia clasista que se conforma con explicaciones vanas como «es que aquí nadie lee» o «este pueblo es de apáticos», sin pensar que cuando decimos oraciones así, sólo estamos reflejando lo que somos a nivel individual. Nuestra adolescencia social nos impone criticar y quejarnos sin saber, pero está en nosotros el cambiar la dinámica y hacernos responsables de nuestra información, la cual no debería tener complicaciones, sólo hay que regular nuestro consumo en redes.

3. ¿Qué más hay? Una pregunta semejante a «aquí nunca hay qué hacer» que escuché cotidianamente de mis alumnos de Silao, Irapuato, León y ¡Guanajuato!, allá entre los años ochenta y el inicio del nuevo milenio; ¿por qué el desdén manifiesto? Podría argumentar ignorancia, pero ¿¡en la capital!? Donde casi todo el estado sabe lo que se puede hacer, parece inconcebible que no tuvieran idea; ellos decían estar hartos de lo que tenían que pasar en los festivales, sin embargo, si dependían de ello para vivir todo el año, lo mínimo que podían hacer era, al menos, disfrutarlo. En las otras ciudades, si de verdad prevalece la ignorancia, entonces, lo mínimo que deberían hacer, sería averiguar sobre sus atractivos y en una de ésas, hasta descubren nuevas tradiciones.

4. Lo que debería ser. En un sistema de información guanajuatense ideal, tanto en los periódicos (los que queden), la radio y canal cuatro, deberían tener un espacio para dar a conocer las carteleras culturales de los municipios, con la anticipación necesaria para que los usuarios tuviéramos la oportunidad de calcular las posibilidades de asistir a los de nuestra localidad o a los de otros municipios, tomando en cuenta los tiempos de traslado para cada ubicación, es decir, si radicamos en Uriangato, a lo mejor podría sernos útil un día antes, que habrá una muestra gastronómica, pero para los habitantes de Ocampo les sería totalmente inútil si no se les avisara al menos con una semana de anticipación. Mantener una economía activa no sólo se trata de producir carros o zapatos, la cultura también vende. Salud.

Beto

martes, 14 de octubre de 2025

Uno más para la reconciliación

Es bueno contar con creadores
tan cercanos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Descubriendo otras plumas. El pasado 12 de julio, la licenciada Rodríguez y un servidor, tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación del libro «La mujer que amaba los insectos» de la autora Zyanya Mariana en la librería Emma Godoy del CREA; un evento que superó nuestras expectativas dado que en las presentaciones a las que asistimos anteriormente, la figura del escritor se mostraba distante, casi inaccesible aunque hubiera firma de libros, en esta ocasión fue lo contrario, una parte porque el espacio se presta para que todos estemos a la misma altura y otra, porque la cercanía no fue incómoda de ninguna manera; Zyanya tuvo el tino de ser ella, lo sé no porque la conozca, sino porque en ningún momento apareció su charola de escritora, lo cual para alguien casi antisocial como un servidor, resulta muy valioso.

2. La obra. Hasta donde iba en el momento de escribir estas líneas, los personajes resultan entrañables, las ficciones en las que la autora inserta a Magdalena, Hiparquía y Marilyn nos ofrecen tal cercanía que no nos queda de otra que hacernos cómplices, porque la testificación muda no es bien recibida por las abejas en las que ha convertido a sus palabras y no, no es de ellas -las abejas- de las que habla en «La mujer que amaba los insectos», lo hace de unos animalitos que no gozan de muy buena fama que son las chinches. Son muy buen pretexto para ubicarnos en el entendido de que es muy importante atender a las enseñanzas ancestrales para poder vivir en armonía con la naturaleza, fuera de la moda de lo «orgánico»; me faltan páginas, pero creo que me encontraré gratamente con la misma línea narrativa.

3. Los personajes. La imaginación reposará en la realidad pero no estará de ociosa, provocará a aquella para que revele todo eso que, fuera de la embriaguez literaria, no se atrevería a decir; Marilyn abre su corazón para mostrar al mundo de lo que es capaz, para mostrar que la valentía no sólo es la ausencia de miedos (en plural, porque los orígenes son diversos) sino la reiteración de un yo que, a pesar de la ignorancia de los demás, siempre estará aferrada a defender lo que es; Magdalena se fue, no parece haber querido dejar rastro, podríamos asegurar que el pie del cual se prendió le cantó al oído para que los más grandes misterios del mundo le fueran revelados al ritmo del danzón, por lo que es lógico que un escalón abajo de un salón de baile, se encuentre un burdel de pies, historia que se abre más allá de una foja del ministerio público.

4. Esfuerzo a compartir. Descubrir que, a pesar de que mantenemos la idea de que somos un pueblo que no lee, hay plumas empecinadas en que haya letras al alcance de cualquier mano y presupuesto, es digno de admirarse y Zyanya nos devuelve la confianza de que es bueno hacerlo y vale la pena el esfuerzo; seguramente tendremos otras oportunidades de coincidir con ella y con otros autores que nos saquen del marasmo en que parece estamos. Se preguntarán por qué no sigo comentando el libro, bueno, son dos razones la primera, para no cometer la grosería de contarles todo y la segunda, porque al momento de escribir estas líneas, aún no terminaba de leerlo; podría prometerles el conseguir más títulos de ella u otros creadores para contarles porqué me gustan o no, ya veremos cómo ando de ánimo. Salud.

Beto

martes, 7 de octubre de 2025

Talleres de escritores

Si llegara a colarse un error en una publicación,
existe la fe de erratas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No todos. Quien piense en participar en un taller de escritura creativa debe despojarse de la idea de que va a adquirir con su cuota, una forma mágica de escribir y contar historias, pues como la palabra lo indica, es un taller y por lo tanto, hay que meter las manos, hacer el trabajo que de cualquier manera es lo divertido en un evento así; también sería prudente aclarar que en un taller se puede encontrar un estilo claro, la mayoría de nosotros no lo buscamos conscientemente, pero sí es deseable no copiar todo un formato ajeno, claro, sin condenar la búsqueda por medio de referencias literarias. Una consideración más, tampoco hay garantía de que el asistir a todas las sesiones de un taller convertirá a todos en escritores, también surgen de ellos, buenos lectores y críticos literarios.

2. Trabajo mental. Dos trabajos hay que superar al momento de considerar una participación en un taller de escritores, el primero tiene que ver con suponer que no somos buenos para ello, ya que eso no es requisito y si resulta que teníamos razón, entonces sirvió para quitarnos la duda; el segundo, suponer que lo que vayamos a escribir debe ser perfecto y nada hay más alejado de la realidad, ni siquiera Heminway hizo que todos sus escritos fueran best sellers; el trabajo mental previo se basa en ubicar que en un taller se aprende cometiendo errores y ésos los realizamos de manera natural con la única consecuencia de que debemos remediarlos, lo mejor de todo es que los errores literarios en un taller no tienen graves consecuencias, ya que la sangre que corre en las páginas, no es necesario que se limpie.

3. Aprendiendo al mostrar. En un taller se espera que cada tallerista se convenza de que no existe tal cosa como «escribir para uno», que muy en el fondo todos escribimos para que nos lean; la humildad está bien, pero no al momento de dar a conocer la obra, en ese instante hay que ser generosos con la cercanía, ser accesibles con los lectores para que haya una asociación de esa actitud con el texto. Y más que las ventas, está el aprendizaje sobre los temas que el gran público (en algunos casos es un número reducido de personas) acepta o rechaza, hacia dónde dirige su curiosidad y con qué ahínco muestra inconformidad. Es sumamente importante que haya otros ojos sobre las líneas escritas por nuestra mano sin que esto signifique que mágicamente vamos a hacer narraciones impecables, pero seguramente con sus comentarios, nos pondrán en ese camino.

4. El pánico. No se dará en un escenario pero es igual de impactante el enfrentar una hoja en blanco debido a que solemos pensar que si no podemos escribir en ella, de nada sirvió todo lo que escuchamos y dijimos haber aprendido; la hoja en blanco abre sus fauces dispuesta a tragarse todas las palabras que se nos ocurran hasta dejarnos secos del cerebro, pero no cuenta con que el idioma es un recurso renovable que produce más ideas conforme se le explota más. No obstante, tras de sí vienen otras hojas níveas, inmaculadas que retan a la pluma a dejar sus marcas, entendibles para muchos o para pocos, es lo de menos, el punto está en terminar el juego donde el ganador siempre es un tercero; la escritura lleva a la lectura y ésta, a su vez, exige un nuevo repaso sobre las palabras conocidas, para traer nuevas ideas. Salud.

Beto

martes, 30 de septiembre de 2025

Hacer historia

Hacer historia requiere de la paciencia
de un monje. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. ¿Cómo financiarla? No debe resultar sencillo ser historiador a menos que quien decida serlo tenga una beca de Conahcyt (la «h» es uno de esos cambios inútiles de la 4T) o haya sido contratado por una empresa que tenga departamento de divulgación cultural como BBVA o TAC, de lo contrario, el historiador como muchos otros profesionistas, debe proponerse a sí mismo como una empresa con la posibilidad de crear productos para la divulgación de su materia, ya sea porque teorice en su práctica o porque le interese una etapa o un personaje en particular; esa empresa podría tener éxito en cualquier lugar y con cualquiera que realice investigaciones serias, debido a que a los mexicanos nos encanta que nos cuenten historias y si éstas están llenas de misterio, intriga y traición, pues qué mejor.

2. Ahorro como no gasto. Lejos del «aprovechar ofertas», ahorrar implica el tratar de mantener la capacidad de compra del dinero y eso no se logra gastando ni poco ni mucho; la respuesta está en la inversión, con el cuidado que merece el esfuerzo de haber juntado el dinero en la cantidad que sea, pues representa lo mismo el perder mil que un millón de pesos si es lo único con lo que se cuenta. Ahora bien, el simplemente guardarlo también representa una pérdida ya que las monedas (todas) se deprecian a diario desde que no se rigen por el oro, aunque todos los países deben tenerlo como respaldo. Por otro lado, el hecho de que en este tiempo las economías estén basadas en la producción, nos pone en un panorama en el que la fluctuación de las monedas fuertes, se llevan de corbata a las economías emergentes.

3. ¿Qué consideramos importante? Historiar también implica un ahorro en las palabras que van a usarse en uno de sus relatos, es decir, de tratar de mantener la atención del lector o escucha en una narrativa que le informe con la mayor verosimilitud posible con las palabras adecuadas ya que, para ser sinceros, lo que se narra es resultado de que ese episodio en particular le es importante a alguien con poder, ya sea desde la óptica gubernamental o la de una fundación particular; a la historia no la escriben nada más los vencedores (porque eso implicaría que todos los que la hacen han estado luchando todo el tiempo contra alguien más) sino también sus herederos, que su único mérito es tratar de mantener lo conquistado por sus antecesores. Esa tendencia ha dejado la sensación, por el centralismo con que se maneja, de que no todos estamos considerados en ella.

4. Alternativas. Si pudiéramos, le preguntaríamos al historiador Alejandro Rosas, qué opciones hay en una ciudad como la nuestra para que las indagaciones en documentos y la creación de nuevos tengan la mayor credibilidad posible. Supongo que su sugerencia iría por establecer el rigor al momento de consultar cada foja o libro que asegure haber registrado un momento de la vida local y que pudiera ser de interés general, susceptible de una narrativa coherente y verosímil. Esto supone un gran trabajo de indagación y el establecimiento de una cronología no lineal como forma de entender las coincidencias hacia el interior del municipio y hacia el exterior del mismo. No tenemos a la mano a Alejandro, pero  hay esfuerzos individuales que han establecido bases para aquellos que deseen aclarar o dar a conocer un detalle de nuestra historia. Salud.

Beto

martes, 23 de septiembre de 2025

Las vacas sagradas

Las opiniones de una gran pluma
siguen vigentes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Cuando la palabra es ley. Hay frases que en los labios indicados pueden revivir o aplastar a pueblos enteros, basta con que un grupo numeroso compre la idea de que una persona es enviado y habla en representación de un ser superior para que de manera «patriótica» defienda una posición o para que, convertida en una turba iracunda, linche a todo aquel que no comulgue con sus ideas. Por fortuna, los episodios de esa índole se han reducido (aunque no las guerras) y han dado paso a la literatura para retratarlos. En otro sentido, cuando un escritor reputado habla sobre el trabajo que realiza, parece dictar cátedra para que los demás aumentemos nuestros referentes y así comprender mejor nuestro entorno, su credibilidad se ve aumentada en relación a sus publicaciones, principalmente en libros.

2. Aunque no siempre haya razón. En algún momento, allá por mediados de los noventa, tuve la oportunidad de leer en un cartel, una declaración de Gabriel García Márquez sobre «liberarnos» del uso de las tildes en el español, puesto que se había visto que en otros idiomas (que yo sepa, sólo en el inglés) que las palabras adquirían su significado por el contexto de la oración. ¿Tenía razón? Sí, en parte, pero hay un detalle que no tomó en cuenta y es que en nuestro idioma hay palabras que se significan a sí mismas mediante las tildes como el pronombre «él», por lo tanto dentro del texto, es importante facilitar la comprensión del lector no confundiéndolo con palabras similares que tienen distinto significado. Supuse que en el fondo, el Gabo tenía mala ortografía y era su editor el que se aventaba largas jornadas corrigiéndolo.

3. Desde París. En entrevista con el periodista James R. Fortson, Carlos Fuentes dicta sus impresiones sobre lo que le vendría a la ciudad de México como capital y al país entero si las tendencias de ese ya lejano diciembre de 1973 seguían vigentes y algo de eso podemos constatar en nuestros días; Fortson pudo sacar las, hasta ese momento, opiniones más significativas sobre la situación que prevalecía en las letras, la política y la economía nacionales que el futuro embajador mexicano en Francia podía externar y aunque el encuentro con el escritor le costó mil dólares, la publicación en la revista Eros (censurada y cerrada por Luis Echeverría) que después publico en formato de libro con el nombre de «Perspectivas mexicanas desde París, un diálogo con Carlos Fuentes», le valió su primer premio nacional de periodismo.

4. ¿Qué dijo? Con su entrevista, James R. Fortson sacó una cara que el mismo Fuentes pudo haber ensayado la noche anterior a que se llevara a cabo, pero establece dos puntos importantes, el que en la lengua española se escribe una única novela y cada escritor plasma en su obra un capítulo de ella y que la escritura, como oficio y acto común, no es una práctica natural, yo agregaría que lo es como afirma, pero no nada más por «estar doblado dibujando patas de mosca», sino tampoco porque moldea la manera de pensar incluso por el instrumento de escritura que se utilice; para colmo de males, es una actividad tan a contra natura (según Carlos) que requiere de una compensación física, la suya era hacer el amor, ya que no gustaba de deporte alguno, ni siquiera de caminar. Salud.

Beto

martes, 16 de septiembre de 2025

Literatura de la independencia

Escribir es una forma de encontrar
el «yo». Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Autores poco nombrados. Las páginas que se escribieron con sus rúbricas dejaron de circular con la frecuencia que debieran, su valor radica en un punto que debería importarnos porque son la muestra del pensamiento decimonónico aún inyectado del costumbrismo del siglo anterior y con el que nos daríamos cuenta si el actual ha evolucionado de verdad o sólo ha cambiado superficialmente; sólo puedo imaginar el grado de compromiso que sintieron escritores como Anastasio de Ochoa (1783-1833), Andrés Quintana Roo (1787-1851), Francisco Sánchez de Tagle (1782-1847), José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827) quienes venían observando los tiempos convulsos que les tocó vivir en su juventud y que, cada uno desde su práctica literaria, retrataron para acercarlos a las masas.

2. La invasión de los héroes. Una vez inventados, además de alhóndigas o sanjuanesdeulúa, los héroes patrios sitian nuestros cerebros con actuaciones inmaculadas donde «agarraron gachupines» o salvaron la vida porque «los valientes no asesinan» se prestan a aumentar las barricadas para mantener a su grupo como un club social al que el ingreso será bastante difícil. El manejo maniqueo al que se han sometido a las figuras históricas mundiales mantiene en una plataforma de casi santidad a unos y guardianes del infierno a otros dando pie a que con esas historias supongamos que la vida cotidiana es igual, lo malo es que como están contadas, pareciera que todo lo sucedido es producto de la casualidad o de la fatalidad, aumentado la idea de que somos telenoveleros y melodramáticos.

3. De propio puño y letra. Nunca he podido explicarme el porqué no leímos en la primaria, la secundaria o la preparatoria «Los sentimientos de la Nación» o «Los tratados de las Cortes de Cádiz» o todos esos textos que fueron dando forma a la idea de independencia como país soberano y, sobre todo, ¿por qué hemos hecho de la lectura de las Constituciones algo aburrido? ¿Acaso no sería interesante interpretar los artículos? ¿O poder analizar el pensamiento de intelectuales como Andrés Quintana Roo? Sé que está en cada quien el atender a lecturas como ésas, pero tampoco se encuentran en cualquier estanquillo, así que se requiere de una buena búsqueda para tener un compendio (si existe) o las obras sueltas de los escritores de la época de independencia, empezando por las biografías, que es otro cantar.

4. Manuel Payno. Varios escritores del siglo XIX apuntaron hacia el costumbrismo mexicano pero pocos tan prolíficos como Manuel Payno, militar, periodista, político y diplomático que colaboró para periódicos como El Ateneo Mexicano, El Siglo Diez y Nueve, El Año Nuevo, El Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística, El Federalista y Don Simplicio, además de ser miembro de la Real Academia Española. En su obra podemos contar El fistol del diablo, El hombre de la situación, Los bandidos de Río Frío (escrita bajo el seudónimo de «Un ingenio mexicano») y la muy afamada María. Al parecer, Payno resume en sus escritos el sentimiento del naciente mexicano a la vida independiente que antes debe resolver, en un cuestionamiento colectivo, la eterna pregunta: «¿quién soy?». Salud.

Beto

martes, 9 de septiembre de 2025

Leyes de Asimov

Suplirán todo lo manual, pero nunca
lo afectivo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. No hacer daño a un humano. Aunque quizás a este gran escritor de ciencia ficción no le interesara realizar jurisprudencia, sí que su propuesta de leyes para los robots sentaron las bases para nuestra relación con las máquinas; por supuesto, Asimov debe haber partido de la base instintiva de los seres vivos para preservar su existencia, aunque las presenta al revés por tratarse de reglas en defensa de los seres humanos, pero hay al menos dos implicaciones semi ocultas en la primera ley. Si advierte el no dañar está dando un margen amplio de decisión a algo que está programado, segundo, hay el supuesto de que al creador de la máquina aplicará a su creación la posibilidad de actuar para bien o para mal en su convivencia con los humanos, si no fuera así, ¿para qué la advertencia?

2. Cumplir órdenes. Es posible que no lleguemos a ver máquinas que cumplan órdenes como lo exige el concepto, es decir, que sean conscientes de la satisfacción que deben producir al realizar una tarea que les encomendemos pues, hasta el día de hoy con todo y las inteligencias artificiales y las fisonomías antropomórficas, requieren de comandos específicos para moverse, éstos diseñados por un ser humano. Dicho de otra manera, una máquina no hará nada más allá de lo que le fue programado según los lenguajes que utilice. No va a sentir pena u orgullo por terminar los pasos de una receta y obtener un pastel, lo bueno o malo que le salga dependerá de qué tan claras hayan sido nuestras instrucciones o que me desmientan los usuarios de Alexa.

3. Proteger su propia existencia. Esta parte es más novelesca, no porque las anteriores tengan menos programación, sino todo lo contrario, existe la parte en la que una máquina difícilmente tendrá la capacidad de discernir cuándo una situación le es tan desfavorable que pinga en riesgo su integridad, dado que por mucho que una persona o equipo de personas pueda imaginar un buen número de situaciones de peligro, nunca podrán cubrir todas las posibilidades puesto que las hay tantas como seres humanos hay en el mundo. Es cierto, existen coincidencias, pero tan sólo por variantes culturales, las cantidades los rebasarían completamente; lo anterior implica lo que el manejo de la ciencia ficción ha tratado en múltiples obras, que las inteligencias artificiales se defenderán de los seres humanos, pero ¿cómo interpretarían el peligro?

4. Futuros usos de la robótica. Su utilidad es innegable, la discusión sobre si debe suplir la mano de obra humana está de más porque la tendencia es ésa precisamente, lo que nos dejaría un tiempo mayor para dedicar al divino ocio, sin embargo, la tecnología crece a pasos agigantados pero la conciencia social no; la verdad, en ninguna parte del mundo (quizás excepto en Suecia) tenemos una economía que garantice el bienestar de todos los miembros del grupo, por el contrario, ha servido como instrumento de dominación de unos sobre otros, con inversiones que priorizan el consumo por sobre el trabajo y leyes que no buscan la justicia; dentro de este panorama, la tecnología no es otra cosa que una mercancía más cuyo uso lleva el riesgo, no de enajenarla y esclavizarnos a ella, sino de mantenernos subordinados a quienes las producen. Salud.

Beto

martes, 2 de septiembre de 2025

Paramnesia

Lo malo está en que la tecnología
también se extravía. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Término nuevo. Al menos lo es en mi mente ya que, cuando aprendí su contraparte en francés, supuse que era uno de esos términos que adoptamos sin que haya una traducción, además, debemos aceptar que hay algo en los extranjerismos que nos hace sentir que de verdad sabemos mucho, aunque sea en detrimento de nuestro idioma; en mi caso, me da mucho gusto haberme topado con la palabra «paramnesia», porque me crea el mismo efecto nada más que al revés, ahora podré mencionarla y a quien no sepa de qué se trata, le explicaré que es el equivalente de «deja vú», claro está, también debo tener presente la definición, puesto que nadie fuera de la psicología tiene la obligación académica de saberla, sin embargo, sí sería mía por mi presunción de corregirla o afirmarla.

2. No cualquier recuerdo. No es necesario hacer referencia a «La interpretación de los sueños» para sentir que ya hemos vivido algo, esa sensación la presentamos debido a más de un factor que inciden en nuestra memoria que, por fortuna, mayormente son agradables; rara vez si no es que nunca, he escuchado que alguien se refiera a un evento desastroso como algo que ya le hubiera pasado, mucho menos que se refiera a él como un evento digno de sorpresa o siquiera de mención en el momento. Algo digno de traer al presente por medio de una paramnesia deberá componerse de eventos significativos y evocadores, para invertir el tiempo en tratar de describirlo pues, sin que necesariamente haya ocurrido en ese preciso lugar, debe ser el indicativo de que una parte de ello es de nuestro agrado.

3. ¿Premonición? Para nada. Si la paramnesia no es necesariamente haber estado (astralmente) en un lugar con antelación, mucho menos es una premonición; lo más cercano a las dos sería nuestra capacidad de asociar datos para conformar escenarios mentales semejantes y ubicarlos en el tiempo que vivimos; así, una casa que visitamos de niños cuya arquitectura pertenece a las edificadas en las décadas de los cuarenta o cincuenta, pudo dejarnos una impresión grande por los ambientes producidos por cómo reflejaba la luz al atardecer y si ese ambiente llegara a repetirse en otro lado sin que recordáramos a detalle las distribuciones, las dimensiones o los colores, nuestro cerebro sólo traerá al presente la sensación de estar en ese lugar semejante y el ánimo con el que lo guardamos.

4. Registro mental. Los recuerdos de base apoyan todo eso que nos definen como seres inacabados, los sueños podrían ser la búsqueda inconsciente de eso que nos hace falta, por tanto, la paramnesia sería algo así como la proyección de lo que queremos ser o donde queremos estar; lo cierto es que con el acervo acumulado en nuestras cabecitas a lo largo de los años, es muy probable que podamos mezclar imágenes que nos trasladen a diversos espacios con la sensación de haber estado allí en varias ocasiones. La memoria en sí se ha devaluado un poco debido a que hay rubros de la vida cotidiana que hemos reservado a la tecnología, como los números telefónicos, direcciones, horarios, hasta escritos cortos que sirven de recordatorio para tareas o apuntes de historias; esta tendencia nos obliga a buscarle a nuestras neuronas otro tipo de actividades. Salud.

Beto

martes, 26 de agosto de 2025

Los cambios de formato

«No me parecieron conocidos, Sancho».
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Escoger la historia. Una historia llamativa va a tener una carga afectiva que cada lector adaptará a sus circunstancias personales; para el caso de éste que escribe, las narraciones que más aprecié en su momento, vinieron del formato impreso más humilde que pudiera haber que era el cómic o historieta para los mexicanos, tbo’s para los españoles y con otras denominaciones para el resto de la América Hispana. Dije humilde no por su elaboración que es bastante compleja, sino por sus contenidos que, según la imagen popular, eran para las mentalidades infantiles, ya que una lectura adulta no debía incluir dibujitos; algo debía objetar don Eduardo del Río con todas las obras que produjo durante más de cincuenta años y cuyos temas variados, solían ser bastante densos y profundos.

2. Escoger el formato. Si partimos de la base de que los libros son el origen de todas las historias (porque los guiones de radio, cine y televisión lo son) tendremos a los medios electrónicos de difusión como los alternativos para presentar un trabajo, sin olvidar al teatro; cada uno de ellos tiene un lenguaje específico al que hay que atender para aprovechar las bondades de cada uno sin perder la esencia de la historia que va a transmitirse. La lógica indica que debemos escoger el medio que mejor entendemos y manejamos, sin embargo, abordar cualquier otro sólo requiere de tener algo que decir de la mejor y más clara manera posible, la parte técnica es relativamente sencilla de aprender si tomamos en cuenta que casi todos se basan en el audio y lo visual, todo en imágenes.

3. Pertinencia de la técnica. Así como hay un lenguaje para cada medio, también existen técnicas para lograr las impresiones buscados con las imágenes y los sonidos; éstas deben conjugar el uso de onomatopeyas, encuadres, planos, diálogos y efectos que, junto con colores y tonos, mantengan la coherencia en el mensaje a transmitir; pensemos en dos producciones, una para radio y otra para televisión, podría tratarse de la misma historia, por ejemplo, «Corazón salvaje» de la mexicana Caridad Bravo Adams, novela publicada en 1957 y adaptada para cine y televisión, así como en fragmentos para radio. En los medios audiovisuales podemos ver, mediante movimientos de cámara y encuadres los paisajes, los desplazamientos y gesticulaciones de los personajes y los sonidos ambientales, en audio, todo debe ser producido con herramientas sonoras.

4. El tono. Se plasma con varias perspectivas y aunque una sea dominante, pueden presentarse todas en una misma obra, la cual pudiera ser solemne, crítica, irónica o humorística, usando como herramientas los sentimientos cotidianos como la ira, el deseo, la frustración, etc. Es algo así como el papel de envoltura con el que vamos a presentar el escrito de una adaptación, por lo que podemos ver puestas en escena o películas de obras clásicas u originales, por ejemplo, sátiras de la guerra de las galaxias, de don Quijote de la Mancha o de los miserables. Los resultados de tales adaptaciones (como de los originales también) dependerá de las actuaciones y la inteligencia al plasmar las emociones, para no caer en exageradas redundancias. Salud.

Beto

martes, 19 de agosto de 2025

Letras muy cercanas

Blandear la pluma es como
ahuyentar demonios. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Tocan el corazón. Aquellos a quienes les guste leer y tengan un gato van a comprenderlo muy bien; un libro y un felino nos ofrecen relaciones similares, nos ronronean historias, se acurrucan con nosotros, nos avisan cuando quieren ser atendidos y nos repelen cuando no, lo mejor de toda esa relación es que se forma una complicidad que en los libros se repite con cada volumen que cae en nuestras manos y el gato nunca es el mismo, algo de esquizofrenia quizá. El libro también nos muestra muchas caras, varios estados de ánimo y las diferentes formas de abordarlo, pero nos da la libertad de escoger la que más nos atraiga; la ventaja principal que tiene sobre el gato, es que no hay que alimentarlo salvo con nuestra imaginación. Ambos se alegran si hablamos bien de ellos y nos recompensan con creces en cada nuevo contacto.

2. Un regalo muy querido. La ventaja de regalar un libro, es que no hay que esforzarse demasiado en la envoltura, ya que su portada trae consigo los elementos necesarios como ilusión y sorpresa, como para emocionar a quien lo recibe; un libro se convierte así, en un vínculo entre el obsequiante y el obsequiado donde ambos se verán tratados y retratados según la visión que tengan el uno del otro. No sólo el festejado será romántico, aventurero, curioso, investigador, misterioso o racional como el libro que reciba, sino quien se lo obsequie tendrá las mismas características por haber escogido tal lectura entre muchas del mismo tipo. Dentro de la ficha bibliográfica debería haber el apartado «regalado por», ya que facilitaría la ubicación de esa persona y el pensar en una obra si se le quiere devolver el favor.

3. La añoranza. La semana pasada redescubrí un libro que me regalaron mis más recientes maestras de inglés cuyo título es «The No. 1 ladies’ detective agency» del zimbabwense, educado en Escocia, Alexander McCall Smith, un libro que me he resistido a terminar por mi marcada tendencia a acumular cosas y a no soltarlas fácilmente; es cierto, también está el hecho de que debo leerlo con un diccionario a la mano, pero eso es otra cosa. He tenido que reiniciarlo una o dos veces, lo cual reafirma mi idea de que las aventuras de Mma Ramotswe son bastante divertidas y su agilidad mental pareciera no ir acorde a su rechoncha figura, según la describe el autor. Lo cierto es que fue un detallazo de su parte el cederme un libro que, con todo y las marcas del uso, se volvió algo entrañable para mí.

4. Conocer al escritor. Mi lista es corta, pero sustanciosa en la que aparecen Luis Fernando Brehm, Héctor Gómez Vargas, Sergio Padilla Jiménez, Francisco Hinojosa, Paco Ignacio Taibo II, Alejandro Aura y Luis Felipe Pérez Sánchez con quienes conviví, escuché atento o crucé al menos unas palabras. Conocer a alguien que invierte su tiempo en crear mensajes por escrito me ha permitido ver a la literatura con una mirada especial, no por la fama que dichos personajes tengan, sino porque su dimensión de seres humanos no se pierde para convertirse en ídolos, por el contrario, se magnifica por desarrollar precisamente esa humanidad en lo que alguna vez fueron hojas en blanco y con su magia, transformaron palabras en nuevas imaginaciones, como los «espadachines» de tinta que son. Salud.

Beto

martes, 12 de agosto de 2025

Crear una biblioteca

Lo importante de una biblioteca personal,
es la utilidad de los títulos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La valoración. En la consideración de acumular libros con un propósito caben posibilidades como el espacio (a veces lo último a definir), los géneros, los títulos y los autores, aunque la verdad, la mayoría las creamos como no queriendo y ya que tenemos un montón, entonces es cuando buscamos la manera de almacenarlos sin que se maltraten, que estén a la mano y, en última instancia, si los prestamos que tengamos un buen control de salidas y entradas. Podrían comprarse estantes o libreros o quizá mandarlos hacer a la medida del espacio a ocupar y del tamaño de los libros, en este punto, es prudente pensar en costos y en nuestro ritmo de compra porque cuando llega la organización, no se deja de adquirir obras, por el contrario, ya definido el espacio, las ganas de tener más aumentan.

2. Con buenos ojos. La creación de una biblioteca personal supone un gusto ya desarrollado aunque con un margen para poder ser flexibles; un gusto base nos permite pensar en afinidades y opciones, en géneros alternativos y en autores preferidos, pero sin tener un yugo irrompible, ya que por mucho que nos apasionemos con ellos, estamos conscientes de la posibilidad de encontrarnos con intereses nuevos; si existe el poliamor, éste debe ser con muchos libros. A riesgo de parecer condescendiente, diría que no existe algo como una mala lectura, simplemente hay unas que me gustan y otras que no, ni siquiera un nivel académico elevado es indicativo de que es obligatorio leer solamente artículos científicos o tener al Aleph como lectura de cabecera nocturna.

3. El número. Biblioteca no es un vocablo que deba definirse ni por la variedad de temas ni por la cantidad de libros que haya en ella, así puedan ser la colección de volúmenes económicos del Fondo de Cultura, todo compendio merece cierta apreciación. Claro que hay compilaciones impresionantes que ocupan las cuatro paredes del techo al suelo, pero hay cajas de madera que contienen unos cuantos que, por la profundidad de lo que tratan, teóricamente pesan lo mismo. Para un lector que además es acumulador compulsivo, entrar a una librería le implica cierta tranquilidad el adquirir algunas obras, pero de ninguna manera quedará satisfecho, llevándolo a sentir la frustración aminorada por el paliativo que significa la compra, podríamos pensar que se trata de una adicción «sana» pero, ¿en realidad una adicción lo es?

4. Temática o ecléctica. El concepto de eclecticismo nos ofrece una ventaja de cierta ambigüedad adaptativa a cualquier forma de definición, con lo cual no quiero decir que no sirva de nada, por el contrario, nos da la oportunidad de tener variedad y si ésta lleva un orden, el espacio al que se destinarán los libros se volverá un punto de atracción de cualquier casa. El tener una biblioteca mono temática pareciera poco práctico, aunque existe la posibilidad de que alguien la haya tenido, lo digo así porque resulta complicado tener un panorama amplio de conocimiento general pues, aunque tuviéramos toda la información de una materia o ciencia, siempre estaríamos carentes de datos pues ya no es posible pensar en ninguna práctica sin el apoyo de otras; las glorias de la multidisciplinariedad. Salud.

Beto

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