martes, 3 de octubre de 2023

Entre planes

Nadie sabe lo que pasará mañana. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No tengo idea de cómo lo habrá pensado John Lennon, pero sus ocurrencias han tenido cierto impacto en mí, como creo que en todos los que escuchamos su música desde niños; en una de sus más famosas composiciones ya como solista dice “la vida es eso que pasa mientras haces otros planes” pero, con toda mi admiración tendría que objetar algo, por desgracia no nos brinda una definición de lo que es entonces. Esto, por supuesto, lo tomo como un reto, como si Lennon nos hubiera puesto un acertijo para que cada uno lo resolviéramos con nuestras armas, así que, manos a la obra y a alistar bolígrafos porque esto se puede poner bueno, así que comenzaremos con la interpretación de la letra, que dejo que cada uno de ustedes la consigan porque aquí tengo muy poco espacio para reproducirla.

La letra en cuestión es de la canción “Beautiful boy (darling boy)” del álbum Double fantasy de 1980; lo llamativo de ella es que en una oración muy sencilla, logró resumir la dinámica en la que a diario nos metemos por tratar de mantener un status y una imagen, olvidándonos de apreciar lo que hay en el entorno, tanto los objetos naturales como las personas. Ya había tenido, en algún momento, una discusión sobre si era mejor planear lo que se haría en el día o esperar a que las cosas se den, contra todo pronóstico que pudieran pensar aquellos que me conocieron en ese tiempo, estuve a favor de la planeación, claro está, abierto a cualquier cambio que pudiera presentarse ya que la rigidez nunca me fue atractiva, ni cuando alguien con su buena voluntad, me rompía los planes.

Planear tiene un estigma que varias rebabas del hippismo se han encargado de boicotear con un concepto ambiguo que dice que hay que vivir el momento, sin considerar que parte de la vida también es hacer planes, incluso los anacoretas deben preguntarse qué se llevarán a la boca y resolver esa cuestión con un buen plan, ni siquiera el estar quieto escapa del esquema de la planificación. La mente suele traicionarnos aunque nos propongamos estar en plena contemplación (más que nada en la cultura occidental), el tiempo transcurrirá ideando sobre lo que podríamos hacer con lo que contemplamos, ya sea porque nos evocó alguna situación, le encontramos parecido con otro objeto o persona o de plano, la naturaleza distraída de nuestra cultura impone sus ritmos.

Los periodos se inventaron para que mantengamos un orden, por ello tenemos intercalados los laborales y escolares con los vacacionales y, según sea nuestro giro, será el orden de ese esquema; los más afortunados compaginarán sus vacaciones con las de sus hijos, al menos una semana o dos si son empleados, si son los dueños del negocio, todo dependerá de las ganancias que cada uno desee obtener. La aspiración de planear se complementa con la prevención, una especie de control anticipado que nos permite imaginar cómo podrían ser los eventos futuros pero que, a pesar de su vulnerabilidad, no requieren de una vigilancia estrecha ni crea una insufrible frustración, por eso, cada plan tiene como colchón aspectos que pueden anticiparse, para que los resultados incompletos no nos resulten muy pesados. Salud.

Beto

martes, 26 de septiembre de 2023

Ser lector

Hasta se ven bonitos juntos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En otro momento habíamos establecido que leer es más que repasar la mirada sobre letras y repetir mentalmente lo que está escrito, ahora nos avocaremos a la avidez que provoca la lectura en serio; no implico que haya lectura en broma, ya que hasta la compilación de chistes requiere de seriedad en su lectura, según sea la intención pues la comedia es algo serio. Ser lector de tiempo completo requiere de habilidades que se adquieren con el tiempo y van transformándose conforme cambian nuestros intereses pues compramos libros, percibimos actitudes, medimos velocidades y pesamos actitudes con el cambio de empleo o de círculo de amistades; sopesamos las oportunidades de mantenernos en un nuevo lugar siendo como somos y/o aplicamos los cambios que sean necesarios.

Los espacios se especializan según las creencias que adquirimos, las personas con las que convivimos y las actividades que realizamos; en la casa por lo general, además de los usos comunes, cada espacio se valora por los recuerdos que van formando, si llegamos a tener uno especial para la lectura, la intimidad generada se vuelve una inversión que afectará continuamente el estado de ánimo en el que nos encontremos, para bien o para mal. La base de esos cambios es el diálogo que llevamos a cabo con cada libro, cuya personalidad se adaptará a lo que vayamos percibiendo de él que, curiosamente, también cambia con cada lectura ya que encontraremos cosas distintas en cada ocasión y, aunque no lo parezca, cada vez que compartimos con alguien más, esas impresiones.

La magia comienza con la primera palabra que pasa por nuestros ojos, la necesidad de contar historias con la disposición de ser engañados se unen como dos eslabones de una gran cadena que comenzó desde la invención de la escritura. Las necesidades se engarzan no como la simple unión de individualidades, sino como las piezas dependientes de un todo; la simbiosis se complementa en cada evento, un escritor no existe sin un lector ni éste sin aquel; la lectura convierte a los desdoblamientos en aventuras catárticas, a las evasiones en la percepción de las debilidades humanas; por así decirlo, cada lectura es un curso intensivo de cómo se reacciona en diferentes circunstancias, con diferentes personas o mejor dicho, personajes que mantienen intereses muy diversos.

Más que una afición, la lectura podría ser una forma de convivencia entre seres reales y ficticios que se sirven de sus propias experiencias para proponerse como espejo el uno del otro, compartir los escenarios y sus amistades, rara vez concordarán en todo lo que piensan pero cuando lo hacen, no habrá conexión más fuerte que ésa, ni en la ficción ni en la realidad. La infidelidad no existe en el acto de leer, el libro es un gran amante al que no le importa la promiscuidad de un librero ni sus páginas se corrompen con la proximidad de otros, sus lomos ofrecen un atractivo más a las paredes de cualquier recinto cantando sus títulos las veinticuatro horas del día. Sus contenidos, como el ave Fénix, podrán olvidarse o perecer, pero estará latente la oportunidad de resurgir. Salud.

Beto

martes, 19 de septiembre de 2023

El estilo del tío Lolo

No deberíamos necesitarlos,
sólo son una carga. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Parecía burla pues una vez hecha la declaración en su mañanera, me asaltó la pregunta, ¿qué les van a revisar, si ya les encontraron errores? Hablaré como editor independiente y les diré que en un trabajo cualquiera, el protocolo incluye la revisión de la obra por parte de agentes externos a su producción, puesto que ojos ajenos pueden ser capaces de detectar los posibles errores que lleven sus páginas, obviamente es una tarea que deben llevar a cabo expertos. Si con todo eso llegara a colarse uno que otro y se llega a la parte de la encuadernación, una de dos, el cliente prueba que hubo un fallo y rechaza el trabajo, por lo que la editorial asume el costo o se llega a un acuerdo y se adhiere una fe de erratas, también costeada por la editorial, así que el “vamos a revisar los libros” salió sobrando.

Prevaleció el estilo de la 4T, poner parches a lo hecho a medias y al vapor y más que libros de textos, resultaron guías de estudio, lo cual es bueno si aceptaran las cosas como son pues este gobierno de austeridad nos hubiera ahorrado varios pesos si en lugar del formato de libro, se hubieran impreso folletos con bibliografía de consulta, la explicación de lo que llaman campos de conocimiento y cómo debe ser la participación de los padres de familia. Como plan es casi una genialidad, pero creo que los teóricos que participaron en la creación de material, no tomaron en cuenta las condiciones laborales de los proveedores en cada núcleo familiar, tanto laborales como de transporte para llegar y regresar de sus fuentes de empleo y la figura del tutor es casi inexistente.

Posiblemente, cuando se den cuenta de la precariedad de muchas de las familias del país, parafraseen a María Antonieta para que, en lugar de usar sus libros, les digan que consulten todo en la red, pues el menor de los problemas que representan su uso es el hecho de que “fueron elaborados con base en programas sintéticos y analíticos” según la titular de la SEP, Leticia Ramírez Amaya, lo que quizá quiera decir que la información contenida en los libros de texto es casi nula, por lo que fuerza a los maestros y padres de familia a consultar otras fuentes pero, ¿y los que no cuentan con recursos para comprar libros o no poseen una biblioteca o no pueden acceder a una pública? Ni hablar de los que no tienen tiempo para visitar amigos con recursos materiales o electrónicos.

O quizá repliquen el gesto de su jefe, el del 16 de agosto, cuando fingió no escuchar los cuestionamientos de la prensa (quiero pensar) que no funge como su palero y al otro día fingió dar razón de lo sucedido mientras los acusaba de perversos porque él nunca se atrevería a burlarse de la desgracia ajena. La única explicación lógica que encuentro es que la locura senil lo invade porque ni siquiera le daría el beneficio de la compañía del “alemán”, una enfermedad que ya no existe para un mitómano olvidadizo. Las siguientes administraciones pintan igual, por ende, las dependencias a su cargo se harán tontas incumpliendo con sus obligaciones; si no fuera porque llevamos cargando una larga historia de desconfianza entre nosotros, propondría una autogestión total. Salud.

Beto

martes, 12 de septiembre de 2023

El mecanismo de la adhesión

¿Cómo prepararnos para encajar?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Muchos de los conceptos que utilizamos cotidianamente, son parte de una familia de significación escalafonaria que implica que cada uno presenta distintos grados de involucramiento e intensidad; pertenecer a un grupo activa o pasivamente, requiere de cumplir con los requisitos básicos que éste exige pero que no representan el porcentaje total de la pertenencia puesto que el complemento se encuentra en el convencimiento del aspirante a querer cumplirlos. Los pasos que habría que cubrir en su mente, irían desde la identificación en dos pasos 1) saber de la existencia del grupo y 2) saber qué le hace semejante a él; pasaría por la afinidad, también en dos fases 1) comprobación de la funcionalidad de las semejanzas y 2) el sentirse identificado (perteneciente); hasta la adhesión o involucramiento total.

Lo que hay que saber de cada grupo de nuestro interés es si a eso que se dedica lo evidencia de alguna manera, es decir, si da a conocer sus actividades con lo cual comprobar si es lícito, de asistencia social, deportivo, etc., pero el simple interés no basta, habría que observar si sus métodos, filosofías y metas son alcanzables y podemos ajustarnos a ellas. Una vez establecidas, que lo que nos atrajo nos sirva para mantenerlos funcionando por un tiempo prudente para que el sentido de pertenencia sea factible de heredarse a otras generaciones con el conocimiento de causa suficiente para sentir orgullo de ello. La pertenencia implica siempre un escalafón, se aspire a escalarlo o no aun la respuesta sea negativa, va a afectar a todos los miembros del grupo en sus aspiraciones.

Así como la identificación grupal es importante, la individual nos proveerá de la seguridad suficiente como para presentar una buena argumentación de lo que se es para con el grupo, es decir, dar razón de lo productiva que es nuestra participación hacia el interior; funciona tanto para la filiación deportiva como para la presunción del gentilicio, teniendo ambas como base la dinámica tribal. Pertenecemos porque somos y viceversa, sería el grito de batalla de cada agrupación a la que perteneciéramos, fácilmente observable en la escuela cuando compiten los del cuarto “A” contra los del “B” en equipos deportivos, en las empresas y hasta en los departamentos que la componen, lo cual nos involucra al grado de invertir emociones y hasta nuestros sentimientos llegando a considerarnos parte de diversas familias.

La sobrevivencia no es la misma que en los primeros momentos de la humanidad, pero es igual de letal desde el establecimiento del sedentarismo y las clases sociales pues aunque la mayoría de las intrigas no resultan en la pérdida de la vida, sí se pierde presencia y se deteriora la imagen que se haya forjado; el respeto de las formas debería ser la única garantía de permanencia en cualquier asociación, sin embargo, nos hemos encargado de enturbiar todo tipo de relaciones, exentándolas de la honorabilidad que debería privar por el hecho de considerar a todo ser humano como igual. Sabemos que no ha sido así y que lo escrito desde la ilustración es casi letra muerta en la práctica, no queda más que confiar en los microuniversos, aportando eso de lo que hemos carecido históricamente, poco a poco. Salud.

Beto

martes, 5 de septiembre de 2023

La búsqueda de símbolos

Para cada uno hay un símbolo y lo interpreta
según sus circunstancias. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los aprendizajes van moldeando la imagen que deseamos que los demás observen de nosotros; lo que sabemos lo adquirimos desde lugares disímbolos aunque amalgamados en eso que llamamos cultura. Un principio de identidad nos conduce a buscar afinidades que pueden ser mediados por objetos significativos de carácter comunal, objetos que hagan factibles las cercanías. A diferencia del ícono (tildada la “i” por su uso en América) los símbolos tomarán el lugar del objeto o la idea que representen sin que tengan que ver con la imagen original, lo que los hace una abstracción que vale por sí misma al alcanzar cierta autonomía de eso que sustituye. El escudo nacional, por sus componentes y la conjugación de los mismos, nada tienen que ver con el contenido total de lo que llamamos México.

Trataré de explicarme, el laurel y el olivo no son plantas endémicas de estos lares, pero en sí mismas guardan un significado heredado de Europa; al nopal, como cactácea, lo encontramos también en distintas latitudes, pero lo adecuamos a nuestros sentires como nación; águilas y serpientes habitan un gran porcentaje del mundo, sin embargo, nos apropiamos de sus significados hasta convertirlos en algo que nos representa exclusivamente a nosotros como país; lo mismo pasa con el traje de charro o las suertes a caballo que ellos hacen. Cada símbolo aparecido en este mundo, es una apropiación de la adecuación de significados a una identidad ideológica, que logra reunir por convicción, a un gran número de personas en cada región de este planeta.

Pero antes de encontrarlos, ¿nos preguntamos qué queremos simbolizar? ¿Para qué queremos esos símbolos? ¿Nos sentiremos adaptados, acogidos o medianamente incluidos si portamos un símbolo? Dado que las personas no son factibles de convertirse en símbolos, pero la imagen que nos creamos de ellas sí, no es raro encontrarnos son efigies de gente conocida estampadas en playeras o accesorios que nos brindan cierto status ante los demás, al menos eso creemos. Por así decirlo, adquirimos algunas características de los símbolos que portamos puesto que, al llevarlos a todos lados, hacemos de la suposición de los demás que los consumimos, como el vestir una prenda que ostente a los personajes de Mafalda, el rostro del Che Guevara o la cara de Sheldon Cooper queriendo parecer con ello intelectuales-activistas pero gracioso.

Una vez encontrado, el símbolo permite una identificación tácita, ya no es necesario gritar a los cuatro vientos lo que pretendemos ser o parecer; una cruz, un azadón con martillo o una estrella de David, nos ahorran el tiempo de dar explicaciones sobre nuestras convicciones aunque algunos sólo sean resultado de alguna moda o gusto estético, el caso es que con ellos, los demás ya se hicieron una idea completa de nuestra imagen, aunque posiblemente esté errada. En esa búsqueda va intrínseca la fabricación misma de un símbolo pues cada uno está supeditado a la interpretación, individual o colectiva, de lo que va a representar efectivamente; si bien una svástica no presenta más que dos variables, la imagen de Maradona podría dispararse en varias direcciones, según la perspectiva que se tenga de su vida. Salud.

Beto

martes, 29 de agosto de 2023

Ejercicio de identidad

Hay de todo, ¿irapuatenses ilustres
que conozcan?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pararse en cualquier lugar del extranjero y afirmar que se es mexicano, requiere de todo un trabajo de autoaceptación para el cual no estamos realmente preparados; las afinidades se acentúan con las ausencias, al faltar un miembro familiar, al perder un objeto obsequiado por alguien muy querido o al poner distancia del lugar de origen (en palabras llanas, “el síndrome del Jamaicón”); la identidad personal está íntimamente ligada a la de pertenencia a un grupo pues requerimos de afinidades que nos den certeza de quienes somos y para qué servimos. Estas identidades se ejercitan a diario con nuestras actividades cotidianas, independientemente del giro de éstas, pues los temas que se tratan no son siempre al cien por ciento exclusivos de dichas actividades, dando paso a intercambios de opiniones y apreciaciones.

Tan sólo por no andar de ocioso improductivo, pensaré en qué puntaje alcanzaría si me aplicara un cuestionario de identidad regional o nacional y, como no tengo uno a la mano, me inventaré algunas preguntas que me guíen por el camino de la participación en aspectos culturales. Las primeras que se me ocurren tienen que ver con el consumo local: 1) ¿Cuantos platillos conoces que estén hechos con su producto agrícola local); 2) ¿Sabes en qué terrenos comenzó su producción?; 3) ¿Quiénes fueron los que iniciaron su producción?; las siguientes observan la geografía: 4) ¿Cómo se llama la zona que habitas?; 5) ¿Tuvo algún otro nombre en la antigüedad?; 6) ¿Qué significa el nombre de tu ciudad?; por último, sobre el ofrecimiento: 7) ¿Hay lugares en tu ciudad que, al tener visitas, les presumas de primera instancia?

¿Qué hay de las rutas de tránsito para llegar a los lugares de interés? ¿Conoces la mayoría o unas cuantas? ¿A qué tipos de lugares te conectan? Si los hay, ¿cuáles son los pueblos mágicos? Claro que nadie, además de mí, está obligado a contestar estas preguntas, pero si tienen las respuestas, me gustaría conocerlas, sólo recuerden anotarlas en la caja de comentarios que se encuentra ubicada abajo de estas líneas con su nombre y lugar de procedencia, será un placer leerlos. Por lo que a mí respecta, aunque mis recorridos han sido muy variados, me temo que tocaría lugares comunes que cualquier irapuatense nombraría sin pestañear, aunque sí podría aportar mi impresión personal de lo que significa tenerlos en la localidad esperando hacerles justicia.

Empezaría por una salsa de fresa que tengo en mente, que lleve cebolla, un poco de ajo y chile habanero, con lo que espero que lo agridulce de la frutilla se sienta potenciado con los demás ingredientes, y una vez que logre cuajarla, con gusto compartiré la receta, no podría recitar de memoria cómo es que la trajeron pero tengo una idea de dónde la habrían plantado siguiendo el antiguo lecho del río Silao que solía “bañar” los terrenos de lo que se llamó alguna vez Eratzicutzio, cuyo significado (al menos el que me gusta) es: “lugar donde la luna baja a mirarse”, retratado por el maestro Almaráz en su mural de la escalinata de Presidencia Municipal. Lo anterior sería un buen pretexto para implementar mi tour “negro” sobre la historia de Fresópolis. Salud.

Beto

martes, 22 de agosto de 2023

¿Qué solemos exponer?

Terminamos ofendiendo queriendo parecer
“buena onda”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Posiblemente sea una cuestión de edad o de grado académico, pero nos resulta históricamente más difícil exponer lo que sabemos que lo que conocemos; el saber es una certeza, el conocer tiene que ver con las evidencias, lo que a su vez son el conjunto de certezas que forman un consenso. Cuando en una plática exponemos lo que sabemos, nuestra palabra es el único aval con el que contamos, sin embargo, cuando se trata de lo que conocemos, hay todo un bagaje social detrás de nosotros. Las exposiciones académicas se basan en el conocimiento, las demás en lo que sabemos; por otro lado, la sabiduría nos vuelve una autoridad ante los demás gracias al trabajo que hayamos realizado y que haya solucionado algún problema de carácter social aunque sólo sea en un radio muy pequeño.

La vida cotidiana es el escenario donde nos exponemos ante los demás y al mismo tiempo, somos los espectadores de las exposiciones de ellos; exponemos lo que nos interesa, lo que nos gusta, lo que nos es importante, lo que nos hace personas; dicen los amantes de los animales que en la manera en que los tratamos es la misma en la que nos conducimos con las personas, afirmación que podríamos hacer extensiva a las plantas y objetos, pues aunque no protesten evidentemente, funcionan como espejo de nuestra esencia, en palabras sencillas, depende a lo que nos comprometamos será la manera en la que seremos percibidos. Así, nos esforzamos por presentar nuestra mejor cara en los inicios de cada relación sin importar el tipo de éstas, lo que puede cambiar al paso del tiempo.

Y no sólo cambian por el tipo de personas con las cuales nos relacionamos, sino por los cambios que adoptamos con la edad; al paso del tiempo, junto con la seguridad que adquirimos, revaloramos nuestras formas de expresión y, en palabras de Niz (mi abuela) hasta nos volvemos imprudentes para hablar. No creo que sea porque ya no nos importe la opinión de los demás, sino porque en los ajustes que hicimos a lo largo del tiempo, supimos que algunas de ellas nos lo hacían perder y, para evitar hacer lo mismo, nos volvemos más directos y casi sin filtros. Si a eso le sumamos que cada vez tenemos menos horas para compartir, entonces debemos hacer resúmenes de lo que pensamos en el mismo momento en que vamos a hablar, ya que los demás siempre tienen prisa, quién sabe porqué.

Y apoyamos y protestamos y nos afiliamos desde una plataforma donde los sobreentendidos se agazapan y saltan cuando menos se les espera; posiblemente nos satisfaga lo que a nivel individual hacemos, sin embargo, lo social siempre nos deja dudas respecto de los rumbos que decidimos tomar; en términos retóricos, amalgamamos ethos y pathos principalmente para ubicarnos como seres con emociones que, consciente o inconscientemente, esperan su turno para expresar lo que pensamos o sentimos respecto de los que nos rodea sin que esto signifique que confiemos en que nuestra opinión, por muy acertada y verdadera que sea, no vaya a herir a nuestros interlocutores. Que de la gesticulación no somos del todo responsables y a veces una levantada de ceja puede traicionarnos. Salud.

Beto

martes, 15 de agosto de 2023

Codificación del saber

Hasta las tareas más simples requieren
de explicación. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como patrimonio individual, saber algo es susceptible de ser cambiado en un corto plazo, porque cuando afirmamos que algo se sabe, la pregunta inmediata es “¿quién lo sabe?”, es decir, podemos personalizar el saber; incluso su expresión, aunque acorde o igual que otros saberes, es totalmente personal; la semana antepasada hacía la distinción con el conocimiento (El salón de Beto, 2 de agosto), la segunda que haré refiere a cómo buscamos alternativas para dar a entender eso que hemos descubierto de nuestro entorno, usando la información que el conocimiento nos proporciona y que tenemos almacenado en libros, revistas, periódicos y ordenadores, así como los lugares propios para guardarlos como bibliotecas o hemerotecas en la ciudad.

Saber tiene una concepción de acumulación, no de inversión (para eso utilizamos otras herramientas) por lo que los archivos mentales que nos fabricamos (la memoria) son pasto del olvido. Generalmente no llevamos un registro de lo que sabemos porque la parte académica está impresa en documentos socialmente aceptados como libros o enciclopedias, la parte utilitaria la tenemos aprendida de manera mecánica y lo cotidiano suele considerársele trivial, así que escribir suele ser también, una actividad accesoria. Pero el saber es importante, aun antes de convertirse en sabiduría, pues la experiencia toma valor en cuanto sirve para otros, como sucede con las recetas de cocina que se pasan entre generaciones por amistad o, incluso, como moneda de cambio.

En esa misma línea de pensamiento, al pasar una receta no podemos asegurar el resultado debido al talento y al seguimiento de las instrucciones que den los demás, pero tendríamos que responsabilizarnos de la manera en que el mensaje fuera elaborado, las palabras a utilizar y el medio en el que éste fuera transmitido, ya que no es lo mismo explicar algo verbalmente en persona que por mensaje de texto en un móvil. Si pensamos en que lo que compartimos es una versión propia de algo que está registrado en el conocimiento universal, la adaptación de los ingredientes que no se encuentren de manera cotidiana en nuestro lugar de origen, los tiempos de cocción por el clima, los utensilios a usar y otras diferencias, marcarán la elaboración de lo que vaya a producirse.

Porque no es lo mismo hacer un pastel de tres leches como lo hacen en Pakistán, que hacerlo con las condiciones prevalecientes en el Bajío; si esos cuidados hay que tener con algo ya establecido, imaginemos el tratar de adaptar una novela, implementar un programa de transporte urbano o descubrir la cura para una enfermedad. Se trata de traducir un conocimiento general a un saber particular, algo que parece dedicado a momentos especiales pero que en realidad realizamos todos los días en cada una de las actividades que llevamos a cabo y en donde debemos buscar y aplicar las palabras adecuadas para que el saber que portamos, les sea claro a los demás. Uno nunca sabe, quién quita y una de las maneras que solemos aplicar para la elaboración de cremas faciales, se registre en las enciclopedias. Salud.

Beto

martes, 8 de agosto de 2023

Libreta multipropósito

Anotar para no tener que guardar todo
en la memoria. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Algunas veces no escribimos sobre lo que sabemos sino sobre lo que nos gustaría saber, así que las dudas no quedan en el aire y las capturamos de manera que puedan retomarse cuando estemos preparados para disiparlas; una buena herramienta para que las ideas emergentes no se pierdan en el olvido, es una libreta donde lo que menos importe sea el orden estricto o la extensión de los textos, ni siquiera debe ser de gran formato, tan sólo debe permitir la escritura cómoda y fluida en cualquier lugar donde estemos y si es de las que tienen un espacio para colocar el bolígrafo de nuestra preferencia, mucho mejor. Si somos de los escritores que no tienen un lugar específico para trabajar, que viajan continuamente o que prefieren los exteriores, una libreta así es ideal.

Podrán decirme que ya hay ordenadores compactos o tabletas manuables, pero la magia de la escritura a mano no puede ser sustituida debido a la conexión que la pluma nos permite con el papel; nada más hay que pensar en el gasto de energía que significa el cargar un aditamento electrónico, mientras que portar un encuadernado de 10 x 15 cm, permite escribir sobre cualquier superficie, de manera relajada, sabiendo que las palabras dibujadas son enteramente de nuestra propiedad; escribir sobre una superficie de papel con un bolígrafo suele ser liberador y si se realiza en una libreta en la que se puede disponer tanto del espacio como del orden, el ejercicio se vuelve más interesante dado que lo plasmado será, de alguna manera, un pensamiento algo más puro.

La efectividad de una libreta no especializada, radica en que tenemos la conciencia de que lo anotado allí va a servirnos en algún momento y no tendremos la necesidad de memorizarlo, con la ventaja de que, al tratarse de cosas que se nos ocurrieron en un instante no específico, podrían servirnos en varias ocasiones para ilustrar algo más amplio o profundo. No requiere ser un receptáculo de la sabiduría ancestral, cualquier pensamiento lógico tiene cabida puesto que más que un ejercicio de memoria o prueba de inteligencia, se trata de mejorar nuestra capacidad de expresión y tener en cuenta con humildad que hay aspectos del saber que no están claros del todo, pero que es factible de aumentarse o definirse mediante una consulta.

Una libreta de tales características puede transformarse en una caja de sorpresas, ya que con lo volátiles que suelen ser algunas notas, los temas que de ahí pudieran surgir tendrían un abanico muy amplio de posibilidades; lo importante es no caer en angustias por no recordar cuál era el propósito de la anotación, pues podría evocarnos otros episodios que bien nos servirían para el nuevo texto. Las posibilidades se amplían un poco más, si las anotaciones van conformando una especie de “circuito de conocimiento”, es decir, de contener esas frases u oraciones que juntas integren la parte del conocimiento universal que más nos llame la atención y si esas anotaciones son de nuestra autoría, la cosa redunda en un manual de procedimientos de redacción. Salud.

Beto

martes, 1 de agosto de 2023

Aprender a ser políticamente correctos

Terminamos ofendiendo queriendo parecer
“buena onda”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las escalas de valores han venido adaptándose a los tiempos que mal vivimos, puesto que no se pierden, sólo cambian el orden de importancia que les damos, así entonces, la honradez ha perdido algunos escalones y la comercialización toma la punta; la oportunidad de revertir el proceso que tenemos actualmente, se va diluyendo conforme aflojamos las perspectivas. Hay una holgura que ha sido abusada debido a un discurso trasnochado de defensa de derechos que para nada toca las obligaciones, tendencia que sólo ah servido para deteriorar relaciones y los propios lenguajes utilizados en ellas, por ejemplo, atacar la violencia contra la mujer está muy bien, pero que algunos usen ese discurso para calificar cualquier tontería como violencia, es un abuso.

La corrección y las buenas maneras son un constructo que vamos aceptando conforme nos son de utilidad, es decir, cuando vemos que van a ayudarnos a encajar en un grupo al que deseamos pertenecer, antes de eso, todo es una imposición educativa. En este punto estarán imaginándose que transito por el lado oscuro de la conveniencia, pero díganme si no todo lo que hacemos se busca que sea conveniente; con ello apelo a la equidad, que convenga a las partes involucradas y creo que ahí está el secreto del cómo nos hemos dejado arrastrar por una visión parcializada de una expresión cultural. En lo particular me choca que me corrijan sin sentido lo que por costumbre he expresado desde que era niño y a nadie le importaba.

La moda del “ya no se dice así” ha venido a trastocar nuestros lenguajes sin haber una explicación lo suficientemente clara como para satisfacer la curiosidad general, sólo se sabe que algunas expresiones pasaron a ser ofensivas ¿para quién? A alguna señora copetona de sociedad, con marido influyente, se le habrá ocurrido que era buena idea seguir la tendencia de algunos sectores de la comunidad gringa de sentirse mal en pasado, como si nosotros no supiéramos lo que es guardar rencores por siglos. Esa misma señora agarró las mismas causas y decidió aplicarlas, sin realizar un estudio previo para comprobar la pertinencia de hacerlo, en “defensa” de los más desfavorecidos, aunque no sean iguales a los que producen los Estados Unidos en sus histerias colectivas.

Estamos aprendiendo a ser frágiles, pero no a manejar esa fragilidad; nos regodeamos repitiendo nuevas conceptualizaciones, pero no averiguamos sus significados ni menos sus implicaciones; debido a lo anterior, desde esta aguerrida tribuna, reclamos el derecho a seguir llamando “negro” al negro que más estimo, porque decirle “güero” a un blanco a nadie ofende; deseo poder usar la palabra “maricón” porque sé que con ella me refiero a la persona que “tira la piedra y esconde la mano” y nada tiene que ver con su preferencia de expresión de la sexualidad; por último, quiero que antes de censurar y ofendernos por algo, averigüemos si estamos hablando desde nuestra estupidez. Es más ofensivo usar indiscriminadamente el “wey” creyendo que sabemos cuál es su origen. Salud.

Beto

martes, 25 de julio de 2023

Ser justos

El escritor debe pretender ser maestro
de la retórica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El concepto puede que sea absoluto, pero su uso cotidiano, no; apelamos a la justicia cuando detectamos una carencia exigiendo su solución respecto de lo más relativo que tenemos convirtiéndolo antes en algo ambiguo, que es el tiempo. No hay -en los seres humanos- un tiempo justo para madurar, no lo hay para solucionar problemas sociales, menos podemos tener justo un vaso de agua porque siempre lo “llenamos” hasta antes del borde, no se diga una copa de vino porque ésta quedará siempre a la mitad. Para ser sinceros, tampoco nos medimos a la hora de ser generosos pues toda la vida daremos el “pilón” ya que “¿qué tanto es tantito?” y “pocas veces se tiene de eso” por lo que hay que aprovechar y agradecer que podamos tener la oportunidad de darnos cuenta de todo ello.

La justicia en este país se maneja como el chiste del pato: “¿qué hace con una pata?” ¡Cojea! Así México al enfrentar actos delictivos en general y disimulos en lo particular; dar con cosas robadas se torna imposible, aunque sepamos a dónde van a dar; encontrar asesinos también lo es, debido a que sus familiares y amigos los esconden; los asaltantes gozan de pases automáticos en las cárceles, lo que les permite ser libres a las pocas horas de haber sido detenidos y todos hemos normalizado esas situaciones porque vemos inútiles los esfuerzos por mejorar las cosas, ya que entendemos que los procesos legales están hechos para cansar a los denunciantes y abandonen o, en el peor de los casos, su acusación se revierta en su contra y pasen a ser acusados.

Si ser justo es un término relativo, ¿cuáles son los puntos en común que nos hacen llegar a acuerdos entre todos? Ya medio mencionamos las escalas que identificamos en términos generales, como pesos y medidas (lineales y de volumen) y si en todo lo medible puede haber discrepancias, imaginemos en lo abstracto; las conceptualizaciones, como prácticas definitorias, han venido apoyándose en una interpretación vaga de lo relativo, confundiéndolo generalmente con la ambigüedad. Cuando se trata de temas escolares, hasta dan para el juego y la imaginación, pero si nos ubicamos en algo práctico como el sistema legal, la cosa cambia porque entonces pensamos en los derechos humanos de seres que, al delinquir, renunciaron a ellos.

La literatura (o la manufactura de ella) no puede estar alejada de estas consideraciones, si acaso el grupo social al que pertenecemos tiende a la supuesta “relativización” de su accionar, el escritor debe observar los cambios para apoyar los que benefician el entendimiento de la realidad y obstaculizar los que lo deterioran o pretenden imponer ambigüedades que impidan el desarrollo social. De cierta manera el escritor es un vigilante que retratará o denunciará, según sea el caso, aquello que llame su atención y crea que concentre el interés social, con el fin de establecer parámetros de decisión popular, es decir, propondrá posibilidades y dejará que el publico decida sobre lo que haría con su vida. Se puede ser convincente pero nunca determinante. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...