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| Todos supieron que las causas de su muerte, tuvieron que ver con él. Foto: BAER |
martes, 9 de febrero de 2021
La familia Grande 8a. entrega
martes, 2 de febrero de 2021
La familia Grande 7a. entrega
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| “... seré tu amigo para lo que necesites”. Foto: BAER |
“No tengo idea del porqué lo hiciste, pero de verdad te lo agradezco. Me salvaste la vida”. Las palabras de Luis sonaron como las de alguien que acababa de ser liberado del cadalso. “No creo que sea para tanto” fue la escueta respuesta de quien aún no se calmaba del todo por sospechar de una trampa. Luis no dejó de hablar poniéndolos al tanto de lo sucedido una vez que el Gato había salido de la oficina y el miedo que le causaba la posibilidad de ser enviado, como su hermano, a un internado militar., lo que habría acabado con su precaria condición emocional, pues pensaba que era responsable de la enfermedad de su madre, la que a la postre, sería la causa de su deceso unos años después.
Pero en ese momento aún no lo sabían, sólo que el muchacho había escuchado la plática de su padre con el médico que la atendía, sugiriendo que el mal que la aquejaba, lo había contraído desde el embarazo de su segundo hijo y que lo único que quedaba por hacer, era procurarle los cuidados necesarios para que tuviera la mejor calidad de vida posible, algo de lo que se encargarían su abuela y una tía, hermana de su papá por turnos durante los días que duró su postración. Algo de esas responsabilidades le tocaban a Luis que siempre se guardó la culpabilidad que sentía y la rabia de no poder solucionarlo, por lo que algunas veces, trataba de desfogarlas con arranques como el que había protagonizado esa vez.
Virginia se había unido a la plática escuchando atentamente las palabras que intercambiaban aquellos que horas antes estuvieran a punto de romperse la cabeza, “eso sí, me diste un buen golpe”, dijo Luis señalándose la nariz aún roja por el impacto, “pero no te fuiste limpio” dijo también, tomando la parte manchada de la camisa del Gato. Los seis chamacos rieron a carcajadas por la ocurrencia y una vez pasada la momentánea euforia, Luis adoptó una expresión muy seria, algo sumamente extraño para un niño de su edad. Volvió a mirar a los ojos a Efraín, le tomó por el hombro y le dijo: “juro que después de esto que hiciste por mí, seré tu amigo para todo lo que necesites”. Continuará. Salud.
Beto
martes, 26 de enero de 2021
La familia Grande 6a. entrega
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| “Sin gesticular, le pidió a Efraín que saliera de la dirección...”. Foto: BAER |
Después de todo lo que parecía haber acumulado por días, el director por fin dirigió su mirada al Gato quien, a pesar de mantenerse de pie sin ninguna expresión visible, por dentro el miedo lo invadía de pies a cabeza, amenazando con hacerlo caer desmayado justo frente al escritorio. Luego de algunos segundos densos para todos los presentes, simplemente preguntó su nombre, a lo que el muchacho contestó con una seguridad que estaba lejos de sentir: “Efraín Grande, señor”. Volvió a clavar la mirada en los ojos del infante mostrando cierto interés en lo que acababa de escuchar. “Habrá sufrido varias bromas por ello, ¿no?” dijo el docente con cierta sorna que no se permitía con cualquiera.
“No entiendo la pregunta, señor” contestó el Gato tratando de adivinar la intención de tales palabras, “olvídalo” dijo el director inquiriendo sobre los detalles del encuentro con su hijo. Sin saber porqué, el chamaco asumió la responsabilidad total y aseguró que Luis nada había tenido que ver. Cualquier expresión que pudiera haber provocado ese arranque de arrojo brilló por su ausencia, dejando en el director una especie de máscara de cera; sin gesticular, le pidió a Efraín que saliera de la dirección y se dirigiera a su salón, que lo llamaría después. tras de sí, se cerró la puerta y un susurro se perdió después del click del cerrojo. Sin comprender del todo, pero sin vacilar, obedeció la orden.
Media hora después, Luis pidió autorización para ingresar a la clase; por todo el trayecto hasta su banca fue acompañado por el murmullo de sus compañeros y la mirada fija del Gato que no alcanzó a descifrar el gesto de ese niño que hacía apenas un rato había intentado romperle la cabeza. Ya se había limpiado la cara, pero las huellas de la escaramuza seguían en su camisa. Las clases continuaron sin mayor contratiempo; el timbre del patio sonó anunciando la salida y cada niño se apresuró a guardar en sus mochilas de cuero, los cuadernos y libros usados ese día. En la puerta del edificio, Efraín y Sergio esperaban a Virginia cuando vieron a Luis acercárseles junto a dos de sus incondicionales. Continuará. Salud.
Beto
martes, 19 de enero de 2021
La familia Grande 5a. entrega
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| “Un llamado a la dirección era como una sentencia de muerte”. Foto: BAER |
En una ocasión debió evadir un ataque de un botellazo, la fama del quinto grado no era satisfactoria en ningún año de la primaria Carlos A. Carrillo de la calzada de Tlalpan en la ciudad de México, lugar donde don Efraín debía cumplir con un compromiso por dos años, pero que se extendió por casi treinta; a sus diez años, el Gato no había tenido más que provocaciones y pequeñas escaramuzas que solía solventar de la mejor manera para él y sus hermanos, blancos de la comparación y la territorialidad que habían dejado como herencia los mayores.. Pero en un ataque de intensidad como se le presentó con el hijo del director por la disputa de una canicas, no lo había pasado.
A sus habilidades atléticas se le sumaban una gran capacidad de observación y la paciencia para aguardar el momento oportuno para realizar sus movidas en cualquier competencia, por lo que evadir el golpe de izquierda con el casco de Pepsi fue la muestra de que a cualquiera le sería difícil siquiera tocarlo. Después de escuchar el zumbido por encima de su cabeza, el Garo propinó un certero derechazo directo a la nariz de su agresor de la que de inmediato manó la sangre, manchando ambas camisas, hasta ese momento blancas; el niño se tambaleó un poco antes de caer de sentón en el piso del pasillo donde una bola de chiquillos gritaban enardecidos.
El caído reprimió al mismo tiempo el llanto como las ganas de levantarse a cobrar el golpe, quizá suponiendo que no aguantaría otro; de la nada, apareció el maestro de educación física, jadeando pues evidentemente había corrido desde la cafetería donde estaba por comerse una gran torta de aguacate, para imponer el orden mandó de regreso a todos a sus salones excepto a los dos rijosos que ya sostenía de los cuellos de las camisas. Al verlos entrar por la puerta, el director no ocultó su disgusto al enterarse de que su propio hijo se había involucrado en una riña, mucho menos en las circunstancias en las que el profesor estaba narrando a detalle. Continuará. Salud.
Beto
martes, 12 de enero de 2021
La familia Grande 4a entrega
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| “Los mayores saldrían pronto de la casa para hacer su vida”. Foto: BAER |
Todo lo contrario de Pedro y Mónica quienes, quizá por su corta edad en ese momento, aún no procesaban su repentina orfandad y el llegar a la casa donde habían pasado gratos momentos, les parecía más una aventura con un montón de niños tan inquietos como ellos, bueno, menos el Gato que en todo momento permaneció callado, pero nunca hizo un gesto de desaprobación ni pronunció ni una palabra en contra. Además, Carlota no había criado niños mal educados, así que todos se dieron la bienvenida con un abrazo comunal y se prometieron siempre verse como una única familia, igual que cuando llegaron Jacinto, Virginia y Laura, aunque por ser consanguíneos, representaban un esfuerzo menor.
Tuvieron que alargar la mesa y transformar parte de la sala en una extensión del comedor, los cuartos destinados a las mujeres, compartidos por parejas y por edades, se mantuvieron casi intactos mientras que a los hombres se les acondicionó una especie de galera comunal, pues sus padres consideraban que, al menos los mayores, saldrían pronto de la casa para hacer su vida, al menos ése era un pensamiento generalizado en 1957, aunque en su caso, bastante optimista pues Teresa cursaba apenas el cuarto año de primaria y Efraín acababa de ingresar a primero. Juan y Mariano cursaban juntos el segundo por un contratiempo que tuvieron con el extravío de papeles en la escuela.
Al menos ésa era la versión que daba Carlota, ya que sabía que si su marido se enteraba de que Juan había reprobado el año, lo hubiera molido a palos olvidándose por completo de lo apacible de su apariencia; si algo no perdonaba, era el incumplimiento de las obligaciones en el trabajo, mucho menos en su familia. Por supuesto, Carlota tuvo que convencer a su sobrino Jacinto, que entró en la misma escuela al llegar a la familia, de guardar el secreto lo que éste cumplió, pues en el fondo creía que era una ventaja tener a Juan en el mismo salón y en el mismo equipo de fútbol, por su parte, Virginia empezaba la aventura escolar al mismo tiempo que el Gato. Continuará. Salud.
Beto
martes, 5 de enero de 2021
La familia Grande 3a entrega
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| Los recuerdos se agolpaban unos sobre otros. Foto: BAER |
Las dos únicas veces en que se atrevió a preguntarle, recibió como respuesta una mirada fría y fija y un “no se preocupe, no es nada malo”; como para confirmar su apodo, realizaba diariamente una rutina de ejercicios después de haber corrido cinco kilómetros que lo mantenían en una condición física envidiable y una agilidad felina. En algún momento, dos de sus hermanos, Juan y Mariano mayores que él, quisieron unirse, pero sus ansias de futbolistas no les alcanzaban para las exigencias propias de un gimnasta. Su físico era la consecuencia lógica de tanta preparación, como labrado a cincel y martillo, despertaba el interés de más de una de las vecinas de su cuadra, sin importar estado civil.
No se le conoció novia alguna hasta que llegaba con matrimonio consumado, las tres veces; tuvo suerte de que las tres mujeres hubieran caído bien en el ánimo familiar, a pesar de las carencias iniciales y la posterior bonanza que lo sacó de la casa paterna. Justo donde se entrenaba, mirando por la ventana, escuchando el tráfico, sabiendo que no encajaba en la vida estandarizada de esos seres que corrían por las calles detrás del transporte público que los acercaría a las oficinas donde dejaban parte de su vida haciendo cosas para satisfacer necesidades ajenas e ignorantes de que, parte de la precaria sensación de seguridad que los rodeaba, dependía justo de que él realizara bien sus tareas.
El riesgo intrínseco le obligaba a mantener en silencio su agenda, consideraba que con ello mantendría cierto margen de seguridad para los suyos aunque con el tiempo, sabría que eso no sería del todo cierto. Los recuerdos se agolparon en su cabeza como tratando de ocupar el mayor espacio posible uno sobre otro; detuvo su introspección en cuanto ubicó el día en que sus padres las informaron que la vida como la conocían, daría un giro con la llegada de nuevos integrantes a la casa. Tanto él como sus hermanos y sus primos, no daban crédito a lo que escuchaban, pero cualquier reclamo se ahogó en las juveniles gargantas en el momento en que su madre tomó la palabra. Salud.
Beto
martes, 29 de diciembre de 2020
La familia Grande 2a entrega
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| Encontrar un sobrenombre no es cosa fácil. Foto: BAER |
Bueno, hasta don Efraín su marido, había tenido que sufrir las consecuencias de alguna falta de su parte, nunca se supo la naturaleza de los castigos porque eso era asunto privado, pero se notaba en la cara del señor que nada bien la había pasado cuando le tocaba. Tampoco se quejó pues decía que ante todo, un caballero debía aceptar con estoicismo sus errores y él lo era, por supuesto. Más que un matrimonio, Efraín y Carlota tenían un contubernio en el que ambos compartían lo compartible y mantenían ciertos espacios para sí mismos como pareja y como individuos. De esa manera los habían criado, desde la mayor hasta el menor, con la única distinción que a las mujeres debía concedérseles.
El matriarcado se hizo extensivo a las jóvenes que formaban el ramillete de bellezas que todos los caballeros de la colonia deseaban conquistar, lo que les trajo a los hombres de la casa no menos de un pleito por cabeza. Él mismo había tenido que sacar a flote sus dotes boxísticas porque el honor familiar así lo exigía, además de portar el mismo nombre de su padre, algo en lo que su progenitor no estuvo de acuerdo, pero la voluntad de Carlotita no consideraba oposiciones, quizá le encantaba decir dos veces “Efraín”. A su hermana mayor le causaba gracia que era al único al que no se le había encontrado un diminutivo que le quedara bien y que ayudara a facilitar su identidad con sus conocidos.
Porque, ¡ah, qué lata era el tener que aclarar de cuál Efraín hablaba su mamá! Entonces tuvieron que recurrir al apodo; buscaron en sus características físicas, en sus comportamientos, en sus gustos, en fin, en todo lo visible, con lo que se dieron cuenta de que lo conocían muy poco, ya que su discreción le permitió pasad inadvertido la mayor parte del tiempo. Teresa, la mayor, hasta organizó una junta para proponer y votar por alguno que fuera adecuado al fantasmal hermano que les había tocado. Después de los manoteos, gritos como de feria, risotadas, optaron por el menos complicado que hiciera alusión a lo callado y enigmático de su proceder, así fue rebautizado como “el Gato”. Salud.
Beto
martes, 22 de diciembre de 2020
La familia Grande 1a entrega
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| La colilla entre sus dedos quemó un poco de piel. Foto: BAER |
Lejos habían quedado los gritos de su padre para levantar a las seis y media de la mañana, a toda “la tropa” como llamaba a todos sus hijos “de riego y de temporal”, broma que a su mujer no le hacía mucha gracia pues, de los seis que fueron de sangre, se sumaban tres primos hijos de una hermana que falleció en circunstancias extrañas, a decir de las autoridades, dos de un trabajador de la obra en la que había trabajado de capataz y otros dos de un compadre que salió del país huyendo por haber matado a su esposa. Eso sí, todos adoptados según la ley, favorecidos por la ayuda de un conocido bien posicionado en la política nacional que los inscribió a todos en un programa gubernamental de asistencia.
La colilla entre sus dedos quemó un poco de piel obligándolo a dar un manotazo para deshacerse del dolor; levantó las cobijas dispuesto ya a levantarse pensando en el regaño que le hubiera dado su madre de haberlo encontrado otra vez con ese mal hábito de fumar en la cama. Parecía oírla: “mal amaneciendo Dios, ya estás con esa porquería”; terminó por levantarse no muy convencido de lo que iba a hacer. Aún mantenía la sensación de esperar turno para bañarse, a pesar de haber vivido solo los últimos cinco años, pues su vida de casado (en tres ocasiones) sólo fue un continuo de la vorágine en que cada día despertaba en la casa paterna, una edificación tan grande como vetusta.
Debió ser que su primer matrimonio lo pasó allí, al menos una buena parte, lo que le dejó varias marcas en el alma; bien dicen que no hay amor que soporte extremas carencias y la principal, dado que para ese entonces ya contaba con empleo y un sueldo decente, era la privacidad. Sin luna de miel, tuvo que compartir desde el primer día la recámara de sus hermanas menores, pues era la que más se prestaba para dividirla con un lazo y una colcha atravesados de pared a pared, pero como era imposible meter otra cama, Sofi tuvo que cederles la suya y compartir con Laura, aprovechando que ambas eran de corta estatura, aunque juntas no eran dechados de discreción ni de confiabilidad. Continuará. Salud.
Beto
martes, 15 de diciembre de 2020
Las clases de civilidad
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| Nos ofendemos más con las formas que con lo que tienen de fondo. Foto: BAER |
Defenderse está bien y es eventual, lo malo es estar permanentemente a la defensiva; es un estado enfermizo de rasgos paranoides que impide pensar positivamente de cualquier situación. Es además, un estado mental histórico que está enfocado al regodeo del sentimiento derrotista grabado en nuestra piel con el hierro candente del mito del país conquistado: “Este complejo está determinado por nuestra visión de la historia que nos identifica como descendientes de aztecas conquistados”. (Zunzunegui, 2020) y no sólo eso, el determinismo resultante que intenta explicar nuestra postura de eternas víctimas de todos los países, otorga un buen pretexto para justificar el miedo al triunfo.
La civilidad nacional tiene como pilar a la pobreza como virtud; ser pobre pero honrado ha sido una tarjeta de presentación explotadas en la historias de consumo en el cine y la televisión -y últimamente por el gobierno federal- pero esa uniformidad supuestamente deseable por ciertas divinidades fuera de sustentar la conformidad, provoca que la mayor parte del tiempo nos quejemos por no tener dinero y obliga a algunos a dedicarse a la delincuencia. Las contradicciones acentúan las desesperanzas añejadas en barricas de mal entendida estoicidad y resignación punzante que se encaja en las rodillas de un pueblo penitente que finge fortaleza en un caparazón de simulación.
La convivencia está condenada a una ficción políticamente correcta, sin convicción ni ganas de volver a un esquema de honorabilidad guardada para las películas de los hermanos Soler; ya no se puede levantar la voz porque un grupo se espanta, la crítica es siempre un ataque a la sensibilidad de otro, el señalamiento es censura y la piel de los habitantes de este país es cada vez más delgada. Lo que parecía una fábula o novela de marcianos, se ha vuelto realidad; las verdaderas ofensas como la pobreza extrema, la discriminación irracional, la falta de condiciones para la libre empresa o cualquier otra lindura con la que nos han gobernado, amenazan con posicionarse para siempre. Salud.
Beto
Para saber más:
Zunzunegui, Juan Miguel. (2020). Los mitos que nos dieron traumas. México, De Bolsillo.
miércoles, 9 de diciembre de 2020
La textura de la tinta
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| No te muevas, no te va a doler. Foto: BAER |
Los retratos y paisajes resultantes de los trazos en las líneas guía, tienen el cometido de replicar sus rasgos en cada masa encefálica que acepta el reto de mimetizarse por unos momentos con realidades alternas visualizadas desde diversos aprendizajes; algunos informarán, otros acusarán, los más servirán de distracción de las labores impuestas por la fuerza de la costumbre. Algunos derramarán la tinta, otros la colocarán cuidadosamente en el albo de la superficie sacada de las entrañas de los añosos árboles que encuentran así, una versión alterna de la eternidad, ésta compartida mediante un acuerdo en el que se entregaron resignados a ser mutilados por sierras carentes de todo pudor.
Surco a surco las páginas se llenan de recuerdos o ficciones, crean mundos enteros en complicidad con aquellos dispuestos a dejarse llevar figurativamente por la fantasía; pero también la contundente realidad tiene cabida y se cuela sin importar el color del pigmento que se use, el efecto de semi rigidez no reconoce cromaticidad pero sí se alivia un poco con el peso de las páginas. La mano hiere y rasga, la hoja recibe el estímulo sin protesta, pero exigiendo la formalidad total de las convenciones caligráficas ya que en sí misma, si se carece del mínimo cuidado, se transformará su intención inicial en perenne reclamo, en denuncia infinita de lo irrespetuoso de nuestro proceder.
Al llegar al último renglón, se tiene la oportunidad de cambiar de hoja o de concluir la idea, sin embargo, si lo que se termina es la tinta, todo afán termina con ella, no puede separarse de donde fue colocada, no pueden cambiarse las formas dibujadas, nunca volverá a ser potencial insumo, ya se transformó en producto, ya cumplió un cometido. Cambió su líquida esencia en un sinfín de rayas cuya coherencia queda a consideración de personas ajenas al proceso inicial pero que amenazan con convertirse en parte integrante de una nueva dinámica que resulta auto renovable con cada nueva vista, conformando así, una complicidad que espera ser heredada. Salud.
Beto
martes, 1 de diciembre de 2020
Exlibris
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| Cada rasgo en cada imagen sirve para identificar a un ente especial. Foto: BAER |
Las firmas o mejor dicho, las rúbricas y los logotipos aún presentan una utilidad generalizada; documentos, peliculas, programas de televisión, automóviles, en fin, la cantidad de objetos susceptibles de propiedad individual o corporativa se identifican con algún signo que, de alguna manera, resume la identidad de su fabricante o su dueño. En el caso de los libros, el signo de propiedad individual de mayor elegancia es el exlibris; de diseño único, su dibujo puede estar impreso mediante un sello o sobre una cartulina adherible, generalmente puesto en la página inicial de una obra que se quiere mostrar que pertenece a alguien en particular, ya sea porque se adquirió mediante un pago o por regalo.
Por mucho tempo fueron motivo de cierto barroquismo por parte de sus creadores, al grado de ser una explosión visual de colores y formas que, si bien resultaban atractivas, dificultaban la distinción de sus componentes. Éstos podían variar según el gusto del portador y contener aves, plantas, animales mitológicos o lugares de interés que hicieran referencia a una zona geográfica, a la nobleza del identificado o a alguna parte de un escudo de armas. Las dimensiones también cambiaban según fuera el formato de los libros a “sellar”, pero sus proporciones debían corresponder armónicamente con la hoja que ocuparán, para no tener que aumentar la imagen o rellenarla.
Aunque en la actualidad sólo algunos interesados hacen uso de él, la imagen del exlibris mantiene esa imagen de distinción por la creación de figuras más elaboradas que hacen referencia a personas especiales interesadas en la conservación de sus archivos bibliográficos. Además, la creación de un exlibris es un ejercicio mental que obliga a plasmar en una imagen la manera en la que nos gustaría que nos percibieran todos aquellos que se dieran el tiempo de asomarse a nuestra biblioteca. Si acaso pensáramos que no es un trabajo en el que nos fuera bien porque dibujar no está entre nuestras fortalezas, para eso nos serviría contratar los servicios de un diseñador gráfico y así de paso, nos enteramos que realmente son útiles. Salud.
Beto
Como hacer zapatos
Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...
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Los universos se vuelven uno. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. E litismo y no. La novela caballeresca, además de la aventura, dejó establecidas...
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La única manera de evitar la incomunicación es tener medios compatibles. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. U na carta a un pariente lejano. Escr...










