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| Todos supieron que las causas de su muerte, tuvieron que ver con él. Foto: BAER |
Don Efraín tampoco se caracterizaba por ser explosivo, pero sus miradas podían desarmar cualquier argumento, incluso de su mujer que ya era mucho decir; en el momento en que el Gato percibió cierta decepción en su padre, deseó no haber escuchado esas palabras que lo acompañaron por toda su vida, ya que su permanencia en la casa familiar desde ese momento, se vio marcada por un distanciamiento silencioso entre ambos hombres. Carlota se limitó a vigilar que la separación no se hiciera irreversible confiando en que, en algún momento, los dos se darían cuenta de que estaban más cercanos de lo que querían aceptar. Pero las palabras se grabaron como con un hierro al rojo vivo en el cerebro del muchacho: “es por demás contigo”.
Le fue difícil a Efraín Grande aceptar que, además del nombre y otras afinidades, su hijo debía tener diferencias con respecto a sus expectativas; por su parte el Gato, tardó en comprender que su padre no intentaba moldearlo a su imagen y semejanza atentando en contra de su individualidad. Ese lejano 1957 ya nada tenía que ver con su realidad en el 2015, pero con sesenta y cuatro años, podía comprender algunos comportamientos de su progenitor que él mismo había repetido en innumerables ocasiones con sus hermanos menores, sus sobrinos o subalternos. Distaba mucho de tener una imagen paternal, sin embargo, el distanciamiento que mantenía, le hacía tener mucho de respeto.
Pocos habrían tenido la oportunidad de verlo sonreír o perder los estribos, su ecuanimidad se volvió legendaria, lo que le hacía acreedor también de confianza inclusive de extraños que llegaron a platicarle pasajes de sus vidas por el simple hecho de coincidir en el transporte público o en la banca de un parque, seres que ignoraban por completo la naturaleza de su trabajo, basada precisamente en esa manera discrecional de conducirse, pero que en el ámbito en el que se manejaba, le pondría constantemente en peligro. Por demás, era la razón por la que a diario se repetía que el optar por quedarse solo, era lo mejor, aunque no resultó del todo bien para su familia que pagó algunos de sus errores.
La ignorancia de ello, mantenía a Carlota tranquila pero sin dejar de preguntarse sobre las actividades de su hijo, tan parecido a su marido en una versión renovada. Sabía en el fondo que el instinto protector en ambos era muy fuerte, que lo expresaban de diferentes maneras pero que en cualquier situación de riesgo, ellos serían los primeros en responder. Esa confianza torturó al Gato toda su vida pues siempre supo que todos sus esfuerzos por mantenerlos fuera de peligro fueron en vano y a pesar del silencio, de alguna manera, cada uno de sus hermanos y sus padres posteriormente, supieron que las causas de las muertes de cada uno habían tenido que ver con él. Continuará. Salud.
Beto

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