martes, 29 de julio de 2025

Los referentes

Falta algo de justicia para este
prócer de las letras. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Héroes de acción. En broma o en serio, muchos han afirmado que los judíos fueron los primeros en sentar las bases para la creación de súper héroes, aunque ya desde Babilonia o Sumeria se habían establecido varias características que copiaron después Grecia y Roma; el camino para su creación parece lógico, si hay cosas en el mundo que se salen del control humano, entonces debe haber alguien que lo haga, principalmente cuando esas cosas se presentan en grandes cantidades. El esquema mental basado en el control trajo como consecuencia la comparación entre lo que el hombre podía manejar y lo que la naturaleza hacía en estado «salvaje», pero como era imposible un descontrol absoluto ya que nosotros, simples mortales dominábamos ciertas cantidades, a las grandes debían gobernarlas dioses.

2. Inteligencias superiores.

Ser sabio también es motivo de admiración, las armas no serán súper poderes (a menos que seas X-Avier) pero con respuestas rápidas y certeras se pueden derrotar a imperios igual que a un oponente en ajedrez, aquellos considerados inteligentes no se distinguen por la cantidad de información sino por el uso puntual que hacen de ella. Los personajes que suelen tener sus planes en el misterio, manejan acertijos o se dedican a resolverlos, tienen un atractivo especial porque se prestan para estar en los polos opuestos de las historias presentando batallas épicas donde, a pesar de la tradición, flota en el ambiente la posibilidad de que los «malos» ganen. Tan buenos son unos como los otros en lo que hacen y la idea de estar en uno u otro bando seduce.

3. La gracia ante todo. Ser un agraciado en las historias transmitidas en los medios electrónicos o impresos, es un requisito para los personajes que requieren trascender; es una gran excepción tener a Pito Pérez como el principal pareciendo un individuo sin oficio ni beneficio y aun su imagen, también tiene algo que ofrecer, por lo que es preferible pensar en personajes con brillo particular como Robert de Locksley, Ivanhoe, Judá Ben-Hur, don Alonso Quijano y muchos otros que mantendrán casi intacta e impoluta su imagen; incluso los antihéroes manejan una escala de valores y creen en la lealtad aunque en su muy retorcida forma, como Arsene Lupin del escritor Maurice Leblane, quien siendo ladrón, resuelve casos criminales ayudando a la policía.

4. Los literatos. Mi primer contacto con Juan José Arreola se dio en el exilio, así es como llamo a un breve distanciamiento de mi terruño adoptivo para llegar a Ciudad Juárez; allá, mientras encontraba empleo, tuve la oportunidad de leer un compendio de cuentos del autor al que sólo había visto en un programa televisivo conducido por Jorge Saldaña y mi impresión sobre él no podía ser exacta, pues mi ignorancia adolescente no me permitía ni un ápice de paciencia. En un segundo momento frente a la pantalla, por desgracia lo colocaron a un lado de Thalía, varios años después; no pude más que concordar con un cronista de La Jornada de que eso fue un total desacierto, el permitirme entonces leer ese libro y ahora el «Confabulario», lo puso en la dimensión que merece en mi mente. Salud, maestro.

Beto

martes, 22 de julio de 2025

Las dinastías

Las dinastías están ligadas a un
legado específico. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Desde la lejanía. Pensar en un grupo familiar capaz de eternizarse en una práctica o un puesto, es algo difícil porque aunque lleven la misma sangre, no hay garantía de que les guste lo mismo, pero también hay coincidencias felices fuera de ámbitos forzosos como la política o la economía en los que la línea va alargándose en el tiempo hasta cubrir un lapso importante; por lo general, cada miembro suele mantener la fama de su dinastía por motivos diversos, buenos o malos, lo importante es que sus acciones afectarán a un buen número de personas (contadas por miles, por supuesto) y hablamos de afectación porque los resultados no suelen ser los mismos siempre puesto que los intereses, las actitudes y las aceptaciones grupales cambian conforme van sustituyéndose las generaciones.

2. Asunto familiar. Cuando oímos hablar de dinastías, inmediatamente nos remitimos a los grandes imperios de la antigüedad principalmente el egipcio, pero es una costumbre (la de heredar los tronos) que se repite en Babilonia, China y Sumeria; por supuesto que en las monarquías posteriores hasta llegar al punto de afirmar que la reina Victoria era la abuela de Europa, lo cual es cierto. Los tronos estaban (y creo que aún lo están) ocupados por una lista interminable de sucesiones de padres, hijos, tíos, primos y demás combinaciones con las cuales se intentaba mantener «pura» la línea de sangre, con las consabidas consecuencias.

3. Por coincidencias internas. El conocimiento o la afición por alguna ciencia o práctica, ha hecho que personas que nada tienen que ver entre sí, de pronto finquen verdaderas dinastías que se vuelven desde hegemonías deportivas hasta sellos comerciales; a quienes les gusta el deporte, pueden ubicar a los Raiders de Oakland en el fútbol americano, a los equipos cuatro por cien femeniles de los Estados Unidos y Jamaica en el atletismo, a los Bulls de Chicago en el básquetbol y varios otros en épocas distintas que establecieron condiciones en sus respectivas disciplinas; y qué decir del Bolshói ruso, que ha dado al mundo varias generaciones de buenos bailarines. Hacia el interior de muchas corporaciones de libreros, también podemos afirmar algo semejante, por ejemplo, Porrúa.

4. Los Díaz Pavia. Quizás esos apellidos juntos no les suenen conocidos ya que Andrés, Domingo, Mercedes, Julián y Fernando no los usaron, ya que en su época era usual que los actores y actrices se cambiaran el nombre, seguramente con esa pista habrán dado con quienes se trata, por supuesto de los Soler. Se habla de que formaron una dinastía porque además de ellos, sus hijos y algunos de sus nietos optaron por seguir la carrera de la actuación, pero suman más sus alumnos; tradicionalmente hemos visto a la cabeza a don Fernando seguido por don Andrés del cual una academia lleva (o llevó) su nombre, además de que han servido como referentes sobre cómo hay que plantarse en un escenario, lo que podríamos llamar, junto con sus películas, su legado para las siguientes generaciones. Salud.

Beto

martes, 15 de julio de 2025

Viajes astrales

Los símbolos nacionales
se sustentan solos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La forma en que hablas. «... no ha mucho tiempo vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.» (Don Quijote de la Mancha); si los acentos identifican regiones, también lo hacen con los tiempos, como podemos darnos cuenta con el fragmento de inicio de este párrafo tanto con las palabras (¿qué diablos es una adarga?) como con las construcciones gramaticales. Hablar nos remite inmediatamente a la atención auditiva, escuchamos lo que decimos y lo que dicen los demás; al leer hacemos lo mismo, pero con una voz interna, como desdoblándonos para no vernos a nosotros mismos en una situación ridícula, como si estuviéramos inmiscuyéndonos en un monólogo ajeno, pero ya «desdoblados», accedemos a un diálogo, aunque sea en solitario.

2. El cómo vives. La normalidad viaja en una carretera muy ancha en donde muchas formas de expresión caben sin ningún problema o porque ha aumentado el desinterés en el otro; no es aceptación, ni siquiera tolerancia, la verdad es que venimos dejando pasar algunas situaciones más por ignorarlas que por no entenderlas. Es a veces una lucha de razones entre sordos, pues los argumentos de las partes involucradas son válidos, tanto como la creencias de que todas tienen la verdad, unos porque valoran el vivir al límite y otros porque piensan que lo mejor es tener un tiempo para todo; la indicación aquí es observar la tendencia hacia un conflicto generacional que, curiosamente, se repite conforme una generación va dejando su lugar a otra en ciclos interminables.

3. Qué costumbres tienes. Habituarse a cualquier cosa es un asunto personal, hay a quienes les cuesta mucho trabajo lograrlo y hay otros que les basta un guiño; deshabituarse es otro cantar, aunque la fórmula más utilizada para dejar una costumbre atrás es encontrar otra que la sustituya dado que nuestro cerebro no es un recipiente al que podamos vaciar y volver a llenar a placer. Las rutinas se adoptan y se abandonan de la misma manera, paulatinamente, lo que es lógico porque funcionamos bajo un esquema que prioriza la estabilidad, incluso cuando nuestros ritmos se rigen por el caos; al trasladarnos de un lado a otro, lo que deseamos es que transcurra el tiempo lo más apaciblemente posible para que podamos apreciar cada paisaje que el trayecto ofrece a los ojos curiosos.

4. Adónde los llevas. No podría ser de otra manera, cada uno de nosotros es un embajador en potencia pues reunimos todo lo que cada región tiene y si se trata del país entero, los mexicanos nos pintamos solos para presumir lo que poseemos en nuestras arcas culturales; si se oye un mariachi, zapateamos, si hay pozole, dobleteamos, si hay pirámides, presumimos. Si lo mexicano es un constructo social (como todos los nacionalismos), podemos integrar los elementos que creamos pertinentes porque, afortunadamente, nuestros regionalismos en el extranjero desaparecen con un par de tequilas. Dependiendo de donde estemos, seremos más o menos efusivos para gritar con la garganta bien abierta y a todo pulmón «viva México, cabritos» o decir la misma oración a manera de susurro amigable. Salud.

Beto

martes, 8 de julio de 2025

Érase que se era

No sólo se escribe, se crean
nuevos universos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Los primeros cuentos. Acostados en la cama, a punto de quedarnos dormidos, cada palabra era bebida por esos oídos ávidos de ser entretenidos como preámbulo del próximo viaje onírico; las preguntas no tardaban en aparecer, siempre las mismas aunque la historia también lo fuera. Lo importante no era lo sucedido sino el refuerzo del vínculo que se estaba formando al margen de la lectura; la costumbre ancestral de contarnos historias nos anima a poner atención en lo que sucede en torno a nuestra condición social, para cuando sea nuestro turno, tengamos algo dignos que contar, por supuesto está también la parte en que sabemos escuchar y distinguir qué tipo de relatos nos gustan o apreciamos mejor, ya sea por su estructura, ya por las cualidades de sus personajes o por lo inesperado de sus giros, el caso es que nos sorprendan.

2. La violencia de los Grimm. Los siglos XVIII y XIX produjeron cambios violentos en el ritmo de vida de los habitantes de muchas zonas del planeta, pero quizá no tanto como los que se plasmaron en las letras europeas de los siglos anteriores, principalmente en los cuentos para niños; lo convulso de los siglos posteriores a la Edad Media se mantuvo y se concentró en lecturas que aún en el siglo XX, servían para hacer dormir a los infantes, ¿nos hemos preguntado qué sentido tenía que esos cuentos fueran tan violentos? Recordemos que todo responde a su tiempo y escuchar la Cenicienta hace doscientos años tenía por cometido prepararnos para estar alerta a los peligros que aún prevalecían, lo mismo con Caperucita Roja y otros, sin embargo, no habría razón actual de ser, por ello las adaptaciones.

3. Personajes memorables. Es una clasificación que responde a cada lector por cada género al que se haya aficionado, arbitraria sí, pero con un sentido particularmente coherente; el que un personaje sea memorable no significa que lo tengamos siempre presente, sino que haya situaciones en la que lo tomemos como referencia para explicarlas. En este momento yo mismo recordaría a la agente de policía Carrie Wells interpretada para la serie de televisión Unforgetable (Inolvidable) por la actriz Poppy Montgomery, un personaje que por una condición cerebral, recuerda todo lo que le suceda con lujo de detalles; para la capacidad de observación existen Holmes, Dupin y Poirot, los tres detectives con sus particulares características y así podríamos encontrar personajes para cada punto de interés.

4. Un nicho de creatividad. Me atreveré a afirmar que el máximo origen de las historias escritas hasta la actualidad es la propia experiencia del escritor, haya vivido el hecho o no; parece contradictorio, pero trataré de ser claro, en cuanto a lo vivido en directo no creo que haya duda, ahora bien, cabe la posibilidad de que haya leído o escuchado en una reunión otras historias, eso que otros vivieron y que son factibles de hacerlas propias no porque las haya memorizado y transcrito, sino porque pasará esas palabras por el tamiz de sus propias referencias para crear algo suyo, con lo cual creará la complicidad más duradera de todos los tiempos en la escritura mundial, en otras palabras, la historia personal es la historia del mundo. Salud.

Beto

martes, 1 de julio de 2025

Interés legendario

En el fondo, todos los escritores
tienen algo de magos Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Justo por lo irreal. Posiblemente sea porque, gracias a que nada en la ficción puede afectarnos (a menos que así lo queramos), es que las lecturas sobre las leyendas nos son tan atractivas, sin importar que se trate de un pueblo entero, una calle, un barrio o una casa, tampoco si se trata de todos los pobladores o una sola persona, a todos los cubriría un halo de misterio, lo cual nos incita a tratar de develarlo o a sumergirnos en la trama para convertirnos en una parte de ellos. Algo similar pasa con los dibujos animados, las fábulas, los cuentos de terror y las novelas románticas en los cuales sabemos que lo narrado sólo cuenta con cierta verosimilitud y nuestra complicidad para dejarnos engañar, pues con esa relación tenemos permitido probar qué tan volátil es nuestra imaginación y cuánto nos animamos a volver a ser niños.

2. ¿Complicidad de ser engañados? En cualquiera de los medios que tengamos a la mano para escuchar historias, el gozo se encuentra en nuestra disposición a ser engañados, pues desde el principio se nos advirtió que lo contado es ficción, que si acaso tenemos algo que aprender, será la utilidad sin embargo, habría que tener cuidado a la hora de querer aplicarlo en la realidad. Lo mejor de esa relación es que no importa la edad que tengamos, hay historias adecuadas para cada etapa, hay caricaturas y series infantiles y juveniles, de aventuras y ciencia ficción, telenovelas y ¡hasta noticieros! Perdón, me ofusqué, pero también hay películas con las mismas denominaciones y cada una responde a las necesidades de todos con los lenguajes adecuados o eso es en lo que confiamos.

3. De regreso al realismo. Sufridores, lo que se dice sufridores no somos, pero fiesteros... tampoco; es mentira, nos encanta el drama para después tener el pretexto y festejar tres días por lo menos, pero como nada es para siempre, en cada pachanga tenemos implícita la idea de regresar a nuestra realidad, por muy cruda que ésta sea, en la literatura hispana, después del revuelo por el realismo mágico, viene la vuelta a un realismo más parco y en momentos, más crudo quizá motivado por un periodismo que lleva al menos tres décadas de haberse vuelto una nota roja global, tan áspera como comer un nopal sin limpiar, mucha fibra, pero nada benéfica para nuestros intestinos por su casi nula digestión. Escribir de manera realista tampoco implica que esté exenta de ficción, hay siempre un grado de mentira.

4. ¿Y la magia? Se cuela por la pluma o el teclado hasta el papel pasando por una punta de metal, tipos retráctiles o circuitos electrónicos, mueve la mano, mueve los dedos realizando una serie de malabares con los que fabricará cada tanto, un lazo a la medida de cada par de ojos que se animen a ver los resultados y es entonces y sólo entonces, cuando al magia hará acto de presencia; el talento del escritor hará su parte, pero es en la lectura cuando la sierra del cerebro hará los cortes necesarios en el texto para recrear los espacios, los perfiles y las situaciones con los que se cerrará el círculo de la creación. No son necesarias pócimas, hechizos ni varitas mágicas, los verdaderos conjuros se harán cuando las palabras se repitan en un dueto partícipe de un coro virtual a distancia. Salud.

Beto

martes, 24 de junio de 2025

Del gozo al pozo


Hay que cavar bastante para encontrar
lo que se busca. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Importa a la vista. En una de las múltiples ocasiones en las que escuché que había que respetar a las obras literarias o cinematográficas (por lo que debían leerse y verse hasta el final sin importar que fueran de nuestro gusto o no), no imaginé que eso me traería tres malos momentos, el primero sucedió en una de las salas de los antiguos cinemas gemelos, se estrenaba una de las últimas cintas dirigidas por Emilio «El Indio» Fernández, «Erótica», protagonizada por Rebeca Silva, actriz salida de la barra de comedia de Televisa. Creo que el Indio no alcanzó a ver el bodrio que estaba produciendo, traicionando todo lo que había aprendido sobre cine desde su incursión en Hollywood, hasta las producciones nacionales de la post guerra, lo que llamamos el cine de oro.

2. Importa el tiempo nalga. Sentarnos a leer u observar una película requiere de cierta disciplina de modelado de la superficie en la que posaremos nuestra zona glútea pues hay ocasiones en que la inmovilidad pareciera querer ser permanente por el entumecimiento que aparece cuando la postura o dicha superficie no es muy cómoda; podríamos estar muy entretenidos, pero un ligero piquete en las pompas o a media pierna, basta para sacarnos de concentración, esto dicho como una somera advertencia para tomarse en cuenta durante el tiempo que pasamos sentados y por lo cual, debemos valorar si es prudente seguir con un libro o una cinta que no nos parecen buenos o que, por su narrativa, sean muy densos cuando tenemos el ánimo muy ligero, lo bueno es que ya no es mal visto dejarlos a medias cuando no son de nuestro agrado.

3. La producción es difícil. Como hemos apuntado en otros momentos, escribir no es difícil aunque debe ser sencillo; esta afirmación parece contradictoria, pero trata de ilustrar el proceso que va del plasmar el pensamiento en papel, al ser comprensible en la lectura, cuando el diálogo virtual entre personajes cobra sentido y se cierra en la mente de otro; siguiendo con la idea del chef Custeau de que cualquiera puede cocinar (y la reflexión final), podríamos decir que cualquiera puede escribir, pero no cualquiera se anima a exponerse al escrutinio ajeno para ser calificado y los que nos animamos, nos aprovechamos de esa precisa circunstancia para no cejar en nuestro empeño. Hay el que afirma que quien se dedica al oficio de escritor, se atreve porque ha pasado la mayor parte de su vida en silencio, pero ahora le toca «hablar».

4. La comprensión. Ser consciente de lo que implica la producción literaria, nos hace comprender que lo que leemos, además de tiempo, llevó el abandono de algunos momentos posiblemente significativos para quienes escriben, no, no se trata de que lamentes el no salir, asistir a lugares públicos o buscarse citas, en realidad disfrutan su trabajo y nunca se arrepienten de ello. Eso es porque al escribir realidades alternas, están poniendo a la consideración de sus lectores la comprensión que tienen de su entorno para hacerlo más llevadero a los demás, podemos intuir el riesgo implícito al exponer a nuestro trabajo ante los ojos de desconocidos, pero en el fondo comprendemos que es precisamente ésa la razón por la cual alguien toma la pluma y ofrece sus servicios de observador externo para que los demás se enteren de lo que pasa. Salud.

Beto

martes, 17 de junio de 2025

Así nos gusta

Error el hacer cosas buenas que parezcan malas,
pero al contrario es peor. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Lisonjeros pero altaneros. Como naturalmente tenemos dos flancos, así también nos dominan dos caras básicas para relacionarnos con superiores y subalternos, a los que servimos y de quienes nos servimos, porque hemos estado escuchando toda nuestra vida que «hay que aprovechar las oportunidades», pero dependiendo del contexto, es como la interpretamos; la idea de aprovechar tiene dos sentidos, en tercera persona (o impersonal) parece bueno pues sugiere valerse por los propios medios para avanzar y desarrollarse, sin embargo, si a la acción le ponemos un blanco subrayando a la primera persona (aprovéchate de) entonces lo emprendido se corrompe porque supone la ignorancia de quien será o fue objeto de ese aprovechamiento; o bien, si nos aprovechamos de los objetos, será mucho menos señalado que si lo hacemos de las personas.

2. Cualquier medio. El interés puede ser una motivación muy fuerte como para intentar todo lo posible para conseguir lo que queremos; considerando que hay medios lícitos e ilícitos y suponiendo que la mayoría optaríamos por los primeros en la realidad, la ficción ofrece otra perspectiva; la atracción por los personajes que infringen la ley aunque sea por motivos nobles. Son sumamente atractivos por ejemplo, Edmond Dantes quien por venganza, roba y mata; Chris Vaughn se convierte a su regreso a su pueblo natal en sheriff, pero sus métodos para imponer el orden son algo dudosos o Fantomas (la amenaza elegante) que en los cómics como cualquier Chucho «el Roto» roba a los ricos, pero no da a los pobres así nada más, sino que busca instituciones a las cuales ayudar.

3. Siguiendo los pasos de Robin. Mencioné a Chucho, pero este personaje debe haberse basado en Robin Hood, un noble caballero medieval que al regresar de una cruzada a la cual respondió por la convocatoria del rey Ricardo «Corazón de León», se encontró con una realidad muy distinta de la Inglaterra que había dejado; el príncipe Juan había implantado un gobierno de terror y altos impuestos, lo que tenía a la población sumida en la pobreza, pero lo importante de la historia es el planteamiento de que, ante el absolutismo, hay que oponer la delincuencia, pues no hay medios legales ni ideológicos de los cuales echar mano primero, porque un sistema así invariablemente se impone por la fuerza y segundo, ante tal situación de no tener alternativa, la gente termina creyendo que es natural por lo que acepta su miseria.

4. Incógnitos unos, reconocidos otros. Las dualidades son pan de todos los días, mentes piadosas que explotan a sus trabajadores a gran escala, grandes títulos que resultan inútiles para encontrar trabajo, una piedad pregonada que sirve para calificar de «tarugo» al piadoso, el bien triunfante que todos los días es derrotado por el mal... los buscadores de fórmulas fáciles dirán «es la naturaleza humana» o si son regionalistas, «así somos los mexicanos» con lo que creen justificar sus acciones además de sus proyectos, porque se pueden declarar libres de hacer, pero al llevarlo a cabo, apelan al determinismo, con lo que suponen quedar sin culpa alguna. Los demás tenemos un juego mental similar el cual vemos plasmado en lo que leemos, pues al no entender porqué pasan las cosas, nuestro último recurso es la voluntad divina. Salud.

Beto

martes, 10 de junio de 2025

El lugar adecuado

La gran creadora de súper héroes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Nuestra propia creación. Decían mis viejos maestros que donde hubiera un profesor y un niño, allí habría una escuela; lo mismo podría decirse de un lector y un libro, con la diferencia de que esa relación crea santuarios por los cuales el conocimiento tiene retos para evidenciar las posibilidades de crear sabiduría; si hemos pensado que los lugares idóneos para leer tienen que ver con una playa remota, una cabaña extraviada en lo más profundo de un bosque o a las orillas de un lago, será porque esas referencias las hemos tomado de algunas vacaciones, las pláticas entre amigos u otras lecturas, sin embargo, la imaginación puede crearnos esos espacios idílicos casi en cualquier lugar, a pesar del ruido circundante, el tránsito vehicular y peatonal o la curiosidad por ver a quiénes tenemos en nuestro entorno.

2. La nariz pegada al vidrio. La elección de un espacio cualquiera tiene el atractivo de un aparador de chocolates, quizá sea así con todos, pero cuando se trata del lugar donde dedicaremos tiempo para la lectura, el sabor, los olores, las texturas, son importantes pues puede parecer exagerado, pero todo influye en la lectura; si nos vamos al extremo, imaginen tratar de leer en un lugar en donde sólo haya una piedra para sentarse, se escuchen tracto camiones en el entorno cercano y huela a caño. Un lugar para leer se volverá todo lo contrario a la descripción anterior, por el detalle de sentirnos a gusto en él y no es el espacio el que lo determina, sino la voluntad de estar allí en repetidas ocasiones, de convertirlo en la nave exploradora que nos lleve a los parajes más recónditos del mundo y el universo.

3. Dentro de la pecera. Una vez iniciada la lectura, no queda de otra que hacernos parte de la historia que el autor está compartiéndonos y es ahí donde comenzamos a ver al mundo como si estuviéramos dentro de un aparato que nos aísla del ruido pero que nos permite ver el entorno sin ser observados, para ello, utilizamos a la comparación de las referencias como instrumento de acercamiento permitiéndonos a la vez, notar detalles que de otra manera, nos hubiera costado más trabajo o no los hubiéramos visto. Puede ser una fantasía recurrente para niños o investigadores, el ser invisible y poder caminar por la calle sin ser notados, un libro permite eso de manera virtual, teniendo los controles en la memoria, llenos de luces y palancas para una mejor manipulación y gobierno de los movimientos.

4. La creación. No sé cómo haya sido en el génesis o en cualquiera de los libros sagrados en los que se basaron para hacerlo, pero pensemos en crear un espacio más simple que el paraíso terrenal; curioso es que haya en cada uno en los que las historias tienen su nudo, indicios de aquel en el que Adán y Eva fueron acusados de desobediencia. ¿Qué hay que ponerle a un lugar para que encaje en nuestros relatos? La respuesta simple está dada en sus generalidades y el detalle principal se encuentra en el árbol del bien y del mal, es decir, deba haber algo que despierte curiosidad, ambición, codicia, envidia o cualquier sentimiento que oponga a las partes para que sus acciones se dirijan a poseerlo, administrarlo o destruirlo para un fin mayor, generalmente cargado hacia los intereses del protagonista, no sin antes ser robado por el antagonista. Salud.

Beto

martes, 3 de junio de 2025

Tiempos para leer

Para todo hay tiempo cuando se repasan
las páginas de un libro. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Los famosos peros. Quienes hemos usado los pretextos para salir al paso de problemitas (en diminutivo porque para esos menesteres la apreciación es fundamental), sabemos que a quien será el depositario del garlito, no le importará mucho esperar un tiempecito más, decía que la valoración es importante porque para que un pretexto surta efecto, ambas partes deben tener una sintonía semejante sobre lo que urge y lo que no, principalmente en el evento que esté por ocurrir. El problema está cuando debemos aplicar la estratagema contra nosotros mismos, pues al no haber negociación de por medio, los límites no parecen estar cerca lo que impide razonar cobre la conveniencia de mantenernos alejados de las responsabilidades y, de cierta forma, la lectura lo es, una que contraemos con la sociedad entera al comprender las grafías.

2. ¿Qué les importa a los demás? Podría parecer un asunto personal donde nadie más tiene cabida, a menos que pongamos en común lo leído, lo cual es el meollo del asunto; aprender a leer refiere a la comunicación y sí, ya sé que he dicho que es un circuito por el cual, si falta un elemento éste no se cumple, pero en la lectura sucede un contacto virtual que no se da en ningún otro medio ya que el escritor piensa de alguna manera en sus lectores y en qué posibilidad hay de que imaginen sus palabras tal y como él lo hizo (cosa improbable) y por su parte, el lector dará seguramente mil posibles escenarios al texto en sus manos, con lo que el diálogo se dará sin importar cuántas veces recorra nuestra mirada cada uno de esos renglones, por así decirlo, se trata de una relación muy íntima.

3. La decisión de esperar por «el libro». Si el decidir empezar a leer es complicado cuando no lo hicimos por contagio en la niñez, tratar de encontrar el libro con el cual vamos a identificarnos es una misión casi imposible; el lector se hace porque el leer es un hábito basado en una actividad antinatural. Los niños nacen pateando, manoteando y observando imágenes que le dan sentido inmediato a su entorno; no lo amamanta la palabra mamá, no le habla con tiples la palabra tía, no le hace caras graciosas la palabra papá, son las personas cuyas imágenes se prenden de su cerebro las que realizan esas acciones, que le muestran otras imágenes y con ellas, accede también a las producidas por su imaginación. El ser humano entiende y se explica su realidad en imágenes, las palabras en los libros son un medio artificial para recrearlas.

4. Descubrirnos lectores. La imaginación requiere un permiso que se tramita una vez cumplida la mayoría de edad, en las oficinas del pragmatismo y debe renovarse cada cierto tiempo, según las necesidades de cada uno; llegando ese punto, el goce de la imaginación de forma gratuita ha quedado atrás para dar paso a las obligaciones cotidianas, a las necesidades básicas y las suntuarias pagadas por uno mismo. La satisfacción ya no es un asunto personal, pasó a ser un patrimonio social (siempre lo fue) del que no tuvimos conciencia hasta haber recibido el primer sueldo serio; leer por gusto debe entonces postergarse, debe permitir que las «cosas importantes» se hagan cargo de nuestras vidas, a menos que el lector dentro de nosotros se rebele y exija para sí, el espacio que por derecho le corresponde. Salud.

Beto

martes, 27 de mayo de 2025

El lenguaje personal

Y todos me entienden. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Como tarjeta de presentación. Es un subproducto, claro está, pero es otro elemento que en nuestra vida nos define como un segundo juego de huellas dactilares; hay frases que se adhieren a la memoria de los demás con las cuales suelen identificarnos, ya sea por la continuidad de su uso o por la oportunidad en las que fueron pronunciadas, lo más seguro es que haya sido por ambas causas combinadas pues suelen funcionar como fórmulas para ilustrar cada aspecto a aclarar o ejemplificar en una plática; a pesar de que al usar un lenguaje manejado de distinta manera, nos permitimos ciertas licencias, la verdad es que no podemos desligarnos de las reglas universales de la lengua con la cual nos comunicamos, pues hasta un hablante yucateco se toma el tiempo para explicar la forma en la que está usando sus palabras en maya.

2. Deben compartirse. Es obvio si se piensa que el lenguaje es un medio de comunicación y ésa es la razón por la que la fórmula inventada por un individuo deja de ser personal, al igual que los valores sociales, si no se comparte el lenguaje, de nada sirve; más de alguno de ustedes habrá usado el de la «f» (efe) «nufuncafa efestafaráfas a gufustofo cofon tigofo mifismofo nifi cofon nafadiefe» y habrán sobrevivido para contarlo pues se habrán dado cuenta de que era muy difícil que se desarrollara si no había suficientes hablantes con los cuales usarlo y, si bien, se trataba de un experimento social divertido, también era cierto que no facilitaba la comunicación fluida por lo tanto, al poco tiempo se abandonaba por ser poco práctico para las prisas que íbamos adquiriendo.

3. El cuerpo. Es extremadamente difícil dejar de expresar, dado que existe algo que se llama lenguaje corporal que tiene un componente involuntario que, por desgracia, es el que está más cargado de información, nada más que para estudiarlo u observarlo al menos, debe tenerse un nivel de atención mayor que el promedio, lo que no significa que no lo entendamos, por el contrario, reaccionamos a él de manera correcta en un noventa y cinco por ciento, sólo es que nos toma más tiempo el tratar de explicarlo. Gestos y movimientos pueden ser tan sutiles como contundentes y suelen no dejar dudas sobre el efecto que buscan producir, por ello la pantomima sigue siendo un espectáculo muy apreciado, considerada en sí misma un lenguaje universal de fácil acceso.

4. Palabras distintivas. Funcionan como huellas dactilares e identificamos con ellas a las personas que las usan para las ocasiones aparentemente oportunas; pueden ser sentencias (tuve un amigo, que en paz descanse, así empezó, con una tos como ésa), advertencias (tú porque poco has visto...), aclaraciones (ahora sí, soy tu payaso) o incredulidad (¿cómo voy a creer eso?); el último ejemplo ha ido transformándose (o reduciéndose) como tantas otras cosas en esta vida y ha pasado de esa primera forma a ¿cómo voy a creer?, ¡voy a creer! hasta llegar a sólo ¡¿voooy!?, con las cuales podríamos distinguir regiones o épocas. En diversas ocasiones son producto de la moda, las cuales por cuestión de espacio, no voy a citar, pero confío en que las tendrán muy en mente. Éso, éso, éso. Salud.

Beto

martes, 20 de mayo de 2025

La ortopedia

¿Un nuevo iphone? ¡Viva!. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. Lo físico y las máquinas. A la mayoría nos quedará claro que los instrumentos manuales de escritura han cedido terreno a la maquinaria electrónica para producir textos, los argumentos pueden ser muy variados, pero la razón que solemos exponer como la principal es la rapidez; es cierto, incluso los menos diestros en el arte de la mecanografía, suelen perder menos tiempo al escribir, sin embargo, también se pierde algo de intimidad al no tener un contacto directo con la hoja en la que se plasmarán las palabras. Utilizar una pluma estilográfica o un bolígrafo, nos permite dejar parte de nosotros, identificable en las variaciones de tamaño, forma e intensidad en el trazo de nuestra letra; sí, es nuestra porque fuimos nosotros quienes la plasmamos, no así la hecha en impresora que hasta suele llevar el nombre de su creador.

2. Lo químico y la mente. Todo aquello que ingresando a nuestros cuerpos afecte al sistema nervioso central y cambie nuestros comportamientos, es considerado una droga; las hay para calmarnos, para activarnos, para mejorar el rendimiento tanto físico como intelectual, para abrir el apetito, para inhibirlo, psicotrópicos y no sé para qué más, pero se supone que todas y cada una tienen su razón de ser, benéfica y saludable si son prescritas y vigiladas por un médico, pero ahí es donde la puerca tuerce el rabo, porque en este pueblo estamos acostumbrados a seguir los pasos del melatismo como método y el rumor compadrístico como solución. No están de más ni el mágico tecito ni el profiláctico menjurge para alegrar los corazones y meter la cabeza en la psicodelia, hacen falta los aditivos etílicos para las letras.

3. Convalecencia o cruda. Las ayudas externas suelen ser muy demandantes al mismo tiempo que ineficientes, no resulta lógico que haya que recurrir a «muletas mentales» cuando se necesita ser creativo, debido a que en cada evento, es imperioso aumentar el estímulo para al menos, alcanzar el nivel de la primera vez; los periodos de abstinencia vienen acompañados de culpa pues, en el fondo, sabemos que hicimos mal al recurrir a estimulantes para creernos creativos y en el peor de los casos, ni siquiera para eso sino para evadirnos de aquello que no hemos sabido manejar, intentando mostrar un aire de suficiencia pues tan fuertes somos, que podemos parar cuando queramos y no nos damos cuenta que la actividad creativa en sí misma ya es adictiva.

4. Cuidados paliativos. Así como un médico, un contador o un abogado, todos deberíamos tener un ingeniero o un técnico en computación de cabecera, pues la confianza invertida en esos menesteres es equiparable a la del cuidado de la salud, de las finanzas y de los derechos, ahora que, por la poca gravedad en el manejo de los equipos de cómputo (salvo por la urgencia que le imprimimos a lo que hacemos con ellos) aprender a usar un ordenador es una necesidad generacional que va de ser útiles para todo (en los jóvenes) o sólo para algunas cosas en específico (en los adultos). Lo que nos uniforma a veces, es verlos como artículos de entretenimiento, lo que resulta en la suposición de que ya aprendimos a usarlos y que ya nada podría sorprendernos, hasta la aparición de la nueva generación de aparatos. Salud.

Beto

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