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| En el fondo, todos los escritores tienen algo de magos Foto: BAER |
1. Justo por lo irreal. Posiblemente sea porque, gracias a que nada en la ficción puede afectarnos (a menos que así lo queramos), es que las lecturas sobre las leyendas nos son tan atractivas, sin importar que se trate de un pueblo entero, una calle, un barrio o una casa, tampoco si se trata de todos los pobladores o una sola persona, a todos los cubriría un halo de misterio, lo cual nos incita a tratar de develarlo o a sumergirnos en la trama para convertirnos en una parte de ellos. Algo similar pasa con los dibujos animados, las fábulas, los cuentos de terror y las novelas románticas en los cuales sabemos que lo narrado sólo cuenta con cierta verosimilitud y nuestra complicidad para dejarnos engañar, pues con esa relación tenemos permitido probar qué tan volátil es nuestra imaginación y cuánto nos animamos a volver a ser niños.
2. ¿Complicidad de ser engañados? En cualquiera de los medios que tengamos a la mano para escuchar historias, el gozo se encuentra en nuestra disposición a ser engañados, pues desde el principio se nos advirtió que lo contado es ficción, que si acaso tenemos algo que aprender, será la utilidad sin embargo, habría que tener cuidado a la hora de querer aplicarlo en la realidad. Lo mejor de esa relación es que no importa la edad que tengamos, hay historias adecuadas para cada etapa, hay caricaturas y series infantiles y juveniles, de aventuras y ciencia ficción, telenovelas y ¡hasta noticieros! Perdón, me ofusqué, pero también hay películas con las mismas denominaciones y cada una responde a las necesidades de todos con los lenguajes adecuados o eso es en lo que confiamos.
3. De regreso al realismo. Sufridores, lo que se dice sufridores no somos, pero fiesteros... tampoco; es mentira, nos encanta el drama para después tener el pretexto y festejar tres días por lo menos, pero como nada es para siempre, en cada pachanga tenemos implícita la idea de regresar a nuestra realidad, por muy cruda que ésta sea, en la literatura hispana, después del revuelo por el realismo mágico, viene la vuelta a un realismo más parco y en momentos, más crudo quizá motivado por un periodismo que lleva al menos tres décadas de haberse vuelto una nota roja global, tan áspera como comer un nopal sin limpiar, mucha fibra, pero nada benéfica para nuestros intestinos por su casi nula digestión. Escribir de manera realista tampoco implica que esté exenta de ficción, hay siempre un grado de mentira.
4. ¿Y la magia? Se cuela por la pluma o el teclado hasta el papel pasando por una punta de metal, tipos retráctiles o circuitos electrónicos, mueve la mano, mueve los dedos realizando una serie de malabares con los que fabricará cada tanto, un lazo a la medida de cada par de ojos que se animen a ver los resultados y es entonces y sólo entonces, cuando al magia hará acto de presencia; el talento del escritor hará su parte, pero es en la lectura cuando la sierra del cerebro hará los cortes necesarios en el texto para recrear los espacios, los perfiles y las situaciones con los que se cerrará el círculo de la creación. No son necesarias pócimas, hechizos ni varitas mágicas, los verdaderos conjuros se harán cuando las palabras se repitan en un dueto partícipe de un coro virtual a distancia. Salud.
Beto

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