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| Las dinastías están ligadas a un legado específico. Foto: BAER |
1. Desde la lejanía. Pensar en un grupo familiar capaz de eternizarse en una práctica o un puesto, es algo difícil porque aunque lleven la misma sangre, no hay garantía de que les guste lo mismo, pero también hay coincidencias felices fuera de ámbitos forzosos como la política o la economía en los que la línea va alargándose en el tiempo hasta cubrir un lapso importante; por lo general, cada miembro suele mantener la fama de su dinastía por motivos diversos, buenos o malos, lo importante es que sus acciones afectarán a un buen número de personas (contadas por miles, por supuesto) y hablamos de afectación porque los resultados no suelen ser los mismos siempre puesto que los intereses, las actitudes y las aceptaciones grupales cambian conforme van sustituyéndose las generaciones.
2. Asunto familiar. Cuando oímos hablar de dinastías, inmediatamente nos remitimos a los grandes imperios de la antigüedad principalmente el egipcio, pero es una costumbre (la de heredar los tronos) que se repite en Babilonia, China y Sumeria; por supuesto que en las monarquías posteriores hasta llegar al punto de afirmar que la reina Victoria era la abuela de Europa, lo cual es cierto. Los tronos estaban (y creo que aún lo están) ocupados por una lista interminable de sucesiones de padres, hijos, tíos, primos y demás combinaciones con las cuales se intentaba mantener «pura» la línea de sangre, con las consabidas consecuencias.
3. Por coincidencias internas. El conocimiento o la afición por alguna ciencia o práctica, ha hecho que personas que nada tienen que ver entre sí, de pronto finquen verdaderas dinastías que se vuelven desde hegemonías deportivas hasta sellos comerciales; a quienes les gusta el deporte, pueden ubicar a los Raiders de Oakland en el fútbol americano, a los equipos cuatro por cien femeniles de los Estados Unidos y Jamaica en el atletismo, a los Bulls de Chicago en el básquetbol y varios otros en épocas distintas que establecieron condiciones en sus respectivas disciplinas; y qué decir del Bolshói ruso, que ha dado al mundo varias generaciones de buenos bailarines. Hacia el interior de muchas corporaciones de libreros, también podemos afirmar algo semejante, por ejemplo, Porrúa.
4. Los Díaz Pavia. Quizás esos apellidos juntos no les suenen conocidos ya que Andrés, Domingo, Mercedes, Julián y Fernando no los usaron, ya que en su época era usual que los actores y actrices se cambiaran el nombre, seguramente con esa pista habrán dado con quienes se trata, por supuesto de los Soler. Se habla de que formaron una dinastía porque además de ellos, sus hijos y algunos de sus nietos optaron por seguir la carrera de la actuación, pero suman más sus alumnos; tradicionalmente hemos visto a la cabeza a don Fernando seguido por don Andrés del cual una academia lleva (o llevó) su nombre, además de que han servido como referentes sobre cómo hay que plantarse en un escenario, lo que podríamos llamar, junto con sus películas, su legado para las siguientes generaciones. Salud.
Beto

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