martes, 24 de junio de 2025

Del gozo al pozo


Hay que cavar bastante para encontrar
lo que se busca. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Importa a la vista. En una de las múltiples ocasiones en las que escuché que había que respetar a las obras literarias o cinematográficas (por lo que debían leerse y verse hasta el final sin importar que fueran de nuestro gusto o no), no imaginé que eso me traería tres malos momentos, el primero sucedió en una de las salas de los antiguos cinemas gemelos, se estrenaba una de las últimas cintas dirigidas por Emilio «El Indio» Fernández, «Erótica», protagonizada por Rebeca Silva, actriz salida de la barra de comedia de Televisa. Creo que el Indio no alcanzó a ver el bodrio que estaba produciendo, traicionando todo lo que había aprendido sobre cine desde su incursión en Hollywood, hasta las producciones nacionales de la post guerra, lo que llamamos el cine de oro.

2. Importa el tiempo nalga. Sentarnos a leer u observar una película requiere de cierta disciplina de modelado de la superficie en la que posaremos nuestra zona glútea pues hay ocasiones en que la inmovilidad pareciera querer ser permanente por el entumecimiento que aparece cuando la postura o dicha superficie no es muy cómoda; podríamos estar muy entretenidos, pero un ligero piquete en las pompas o a media pierna, basta para sacarnos de concentración, esto dicho como una somera advertencia para tomarse en cuenta durante el tiempo que pasamos sentados y por lo cual, debemos valorar si es prudente seguir con un libro o una cinta que no nos parecen buenos o que, por su narrativa, sean muy densos cuando tenemos el ánimo muy ligero, lo bueno es que ya no es mal visto dejarlos a medias cuando no son de nuestro agrado.

3. La producción es difícil. Como hemos apuntado en otros momentos, escribir no es difícil aunque debe ser sencillo; esta afirmación parece contradictoria, pero trata de ilustrar el proceso que va del plasmar el pensamiento en papel, al ser comprensible en la lectura, cuando el diálogo virtual entre personajes cobra sentido y se cierra en la mente de otro; siguiendo con la idea del chef Custeau de que cualquiera puede cocinar (y la reflexión final), podríamos decir que cualquiera puede escribir, pero no cualquiera se anima a exponerse al escrutinio ajeno para ser calificado y los que nos animamos, nos aprovechamos de esa precisa circunstancia para no cejar en nuestro empeño. Hay el que afirma que quien se dedica al oficio de escritor, se atreve porque ha pasado la mayor parte de su vida en silencio, pero ahora le toca «hablar».

4. La comprensión. Ser consciente de lo que implica la producción literaria, nos hace comprender que lo que leemos, además de tiempo, llevó el abandono de algunos momentos posiblemente significativos para quienes escriben, no, no se trata de que lamentes el no salir, asistir a lugares públicos o buscarse citas, en realidad disfrutan su trabajo y nunca se arrepienten de ello. Eso es porque al escribir realidades alternas, están poniendo a la consideración de sus lectores la comprensión que tienen de su entorno para hacerlo más llevadero a los demás, podemos intuir el riesgo implícito al exponer a nuestro trabajo ante los ojos de desconocidos, pero en el fondo comprendemos que es precisamente ésa la razón por la cual alguien toma la pluma y ofrece sus servicios de observador externo para que los demás se enteren de lo que pasa. Salud.

Beto

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