martes, 20 de mayo de 2025

La ortopedia

¿Un nuevo iphone? ¡Viva!. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. Lo físico y las máquinas. A la mayoría nos quedará claro que los instrumentos manuales de escritura han cedido terreno a la maquinaria electrónica para producir textos, los argumentos pueden ser muy variados, pero la razón que solemos exponer como la principal es la rapidez; es cierto, incluso los menos diestros en el arte de la mecanografía, suelen perder menos tiempo al escribir, sin embargo, también se pierde algo de intimidad al no tener un contacto directo con la hoja en la que se plasmarán las palabras. Utilizar una pluma estilográfica o un bolígrafo, nos permite dejar parte de nosotros, identificable en las variaciones de tamaño, forma e intensidad en el trazo de nuestra letra; sí, es nuestra porque fuimos nosotros quienes la plasmamos, no así la hecha en impresora que hasta suele llevar el nombre de su creador.

2. Lo químico y la mente. Todo aquello que ingresando a nuestros cuerpos afecte al sistema nervioso central y cambie nuestros comportamientos, es considerado una droga; las hay para calmarnos, para activarnos, para mejorar el rendimiento tanto físico como intelectual, para abrir el apetito, para inhibirlo, psicotrópicos y no sé para qué más, pero se supone que todas y cada una tienen su razón de ser, benéfica y saludable si son prescritas y vigiladas por un médico, pero ahí es donde la puerca tuerce el rabo, porque en este pueblo estamos acostumbrados a seguir los pasos del melatismo como método y el rumor compadrístico como solución. No están de más ni el mágico tecito ni el profiláctico menjurge para alegrar los corazones y meter la cabeza en la psicodelia, hacen falta los aditivos etílicos para las letras.

3. Convalecencia o cruda. Las ayudas externas suelen ser muy demandantes al mismo tiempo que ineficientes, no resulta lógico que haya que recurrir a «muletas mentales» cuando se necesita ser creativo, debido a que en cada evento, es imperioso aumentar el estímulo para al menos, alcanzar el nivel de la primera vez; los periodos de abstinencia vienen acompañados de culpa pues, en el fondo, sabemos que hicimos mal al recurrir a estimulantes para creernos creativos y en el peor de los casos, ni siquiera para eso sino para evadirnos de aquello que no hemos sabido manejar, intentando mostrar un aire de suficiencia pues tan fuertes somos, que podemos parar cuando queramos y no nos damos cuenta que la actividad creativa en sí misma ya es adictiva.

4. Cuidados paliativos. Así como un médico, un contador o un abogado, todos deberíamos tener un ingeniero o un técnico en computación de cabecera, pues la confianza invertida en esos menesteres es equiparable a la del cuidado de la salud, de las finanzas y de los derechos, ahora que, por la poca gravedad en el manejo de los equipos de cómputo (salvo por la urgencia que le imprimimos a lo que hacemos con ellos) aprender a usar un ordenador es una necesidad generacional que va de ser útiles para todo (en los jóvenes) o sólo para algunas cosas en específico (en los adultos). Lo que nos uniforma a veces, es verlos como artículos de entretenimiento, lo que resulta en la suposición de que ya aprendimos a usarlos y que ya nada podría sorprendernos, hasta la aparición de la nueva generación de aparatos. Salud.

Beto

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