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| Todo mejora con un punto de vista distinto. Foto: BAER |
1. Creencia y convicción. Hay ataduras a las que nos acostumbramos más rápido que otras, todo depende del nivel de gratificación que nos representen, unos podrían quedarse en el nivel de costumbre y otros trascenderán hacia la dependencia, sin más argumento que «así deben ser las cosas» que algunas figuras de autoridad utilizan cuando no cuentan con argumentos convincentes para justificar sus actividades; por mucho tiempo, el esclavista se sostuvo por argumentos sobre el destino dictado por los dioses (en plural), el señor feudal, por la voluntad de un único dios (un cambio de rostro) y el capitalista, por un destino manifiesto, curiosamente, todos apoyados por un mejor armamento comparado con los pueblos con los que buscaban tener conflictos, claro ejemplo de ello se dio con las cruzadas, por un problema comercial.
2. El tiempo y la madurez social. Sabemos que estamos listos para la vida social cuando ya no nos incomoda todo el tiempo la presencia de la gente; no nos hagamos, a veces la adolescencia regresa a recordarnos cómo se percibe que ni la ropa nos siente bien; tanto estas sensaciones como lo que sustentamos como sistema de creencias, lo transportamos a nuestros escritos, a veces de manera inconsciente, acto que los lectores más versados pueden captar sin la necesidad de un análisis lingüístico o psicológico, tan sólo requieren de su intuición para captar con qué ánimo aporreamos el teclado de nuestra máquina. Un ensayista promedio sabrá bien dosificar sus emociones, mientras que un cuentista, poeta o novelista, las usará como materia prima para medir los terrenos que están pisando.
3. Despertares a fuerza. Las contradicciones en las que nos vemos envueltos comienzan cuando niños porque queremos ser grandes para poder hacer lo que queremos y nos gusta, sin que estén vigilando nuestros pasos, ya de grandes, queremos volver a ser niños para que esa vigilancia no sea tan pesada, total, que no solemos ser libres ni en lo que pensamos en esto que llamamos realidad siendo esto, lo que plasmamos en los escritos que salen de nuestra imaginación, sin importar que los productos sean fantásticos o cotidianos; en el contexto periodístico la realidad golpea nuestro rostro inmisericordemente, mostrando una crudeza que no nos da margen a imaginar cómo podrían ser las cosas si no estuviéramos en estas circunstancias, los reportes diarios nos mantienen con «el agua hasta el cuello» sin poder relajarnos.
4. Queda la literatura. Los espacios creados en una obra literaria nos permiten aspirar a abarcar más terreno del que ya manejamos, imaginar que podemos volar con la fuerza que nos permite la voluntad, solos o acompañados, considerando que nuestro primer compañero es el autor mismo, como guía que prestó su voz a distintos personajes que en todo momento intercambian con él sus roles para contar su versión de la historia, sin más conflicto que el que podamos sus lectores imputarles. Los temores se disipan en cuanto desciframos las combinaciones representadas en las relaciones plasmadas en las obras, la incertidumbre se disipará puesto que para ocupar su lugar, estará al pendiente la pertenencia. Salud.
Beto

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