martes, 6 de mayo de 2025

El protagonista que quiero

Sólo se distinguía una arte de su ser. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Grandioso a fuerza. Ni don Alonso Quijano, el capitán Nemo, Aquiles o Sandokán se imaginan la que se les viene encima, de entre todos los que movemos la pluma a diario va a surgir el personaje que va a revolucionar las letras nacionales; será grandioso que tenga las facultades mentales de Sherlock Holmes, Hércules Poirot, o Augusto Dupin, la valentía de doña Leonor, Jane Eyre o Jane Adler, la astucia de miss Marple, Pepe Carvalho o el padre J. Brown pero con la ternura que emana de Ender Wiggin, sin olvidar el misticismo de Kalimán por supuesto. Pero para no vernos muy ostentosos, ese personaje maravilloso debe residir en el cuerpo de un vendedor de fayuca de Tepito o en el de una verdulera de La Merced, para que no digan que va a ser igual de fresa que la bibliotecaria pueblerina Aurora Teagarden.

2. Que enternezca. Líneas arriba mencioné a Eder Wiggin, pero creo que lo buena onda lo capté del actor Asa Butterfield; para el cine suele ser sencillo causar estados de ánimo dado que tiene recursos que potencializan los efectos. Los libros, en cambio, requieren de la ayuda y complicidad del lector, por mucho que hayan sido escritos por grandes talentos. La lectura será la dinámica que decida si seguir o no, el camino trazado por el texto, pero éste debe especificar una tendencia. El triunfo de cualquier obra literaria va más allá de las ventas de copias, se encuentra en las recomendaciones y comentarios de los lectores que coinciden entre sí, los sentimientos desarrollados por el paso de las páginas.

3. Búsqueda dirigida. Aunque está claro el camino del héroe o viaje del héroe, establecido por Joseph Campbell en 1949, algunas veces suelo complicar las historias tratando de simplificar a los personajes intentando, en el fondo, salirme de esa estructura de las tres etapas y de los doce pasos (aportación de Christopher Vogler en los noventa), para darme cuenta después, que repetía invariablemente el mismo entarimado. Pues bien, dicho viaje tratado en sus tres partes (planteamiento, nudo, desenlace) se dividirá en: mundo ordinario; llamada a la aventura; rechazo a la llamada; encuentro con el maestro; cruce del primer umbral; pruebas, aliados y enemigos; acercamiento a la caverna más profunda; prueba suprema; recompensa; el camino de vuelta; resurrección; regreso con el elixir. Estructura usada en todo tipo de historias, tanto en cine como en impresos.

4. Un antihéroe. Cuando en un ejercicio Héctor Gómez Várgas nos preguntó sobre algún personaje que nos gustaría ser, yo pensé en dos, el primero quizá no era tan importante puesto que ni recuerdo la razón por la que lo mencioné, lo que sí puedo decir es que era todo lo contrario del segundo, éste era un vagabundo que tomaba camino para, a ratos, lamentar su situación, en otro momento, alegrarse por no tener presiones de dinero ni tener que preocuparse por la suerte de los demás, alguien cuyo pasado pudo ser próspero pero que su presente era el reflejo de un desencanto por lo que en su tiempo llamaban sociedad, pero que no alcanzaba a tocar un ápice su enamoramiento por la vida, encanto que no podía compartir, así era Pito Pérez. Salud.

Beto

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