martes, 24 de junio de 2025

Del gozo al pozo


Hay que cavar bastante para encontrar
lo que se busca. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Importa a la vista. En una de las múltiples ocasiones en las que escuché que había que respetar a las obras literarias o cinematográficas (por lo que debían leerse y verse hasta el final sin importar que fueran de nuestro gusto o no), no imaginé que eso me traería tres malos momentos, el primero sucedió en una de las salas de los antiguos cinemas gemelos, se estrenaba una de las últimas cintas dirigidas por Emilio «El Indio» Fernández, «Erótica», protagonizada por Rebeca Silva, actriz salida de la barra de comedia de Televisa. Creo que el Indio no alcanzó a ver el bodrio que estaba produciendo, traicionando todo lo que había aprendido sobre cine desde su incursión en Hollywood, hasta las producciones nacionales de la post guerra, lo que llamamos el cine de oro.

2. Importa el tiempo nalga. Sentarnos a leer u observar una película requiere de cierta disciplina de modelado de la superficie en la que posaremos nuestra zona glútea pues hay ocasiones en que la inmovilidad pareciera querer ser permanente por el entumecimiento que aparece cuando la postura o dicha superficie no es muy cómoda; podríamos estar muy entretenidos, pero un ligero piquete en las pompas o a media pierna, basta para sacarnos de concentración, esto dicho como una somera advertencia para tomarse en cuenta durante el tiempo que pasamos sentados y por lo cual, debemos valorar si es prudente seguir con un libro o una cinta que no nos parecen buenos o que, por su narrativa, sean muy densos cuando tenemos el ánimo muy ligero, lo bueno es que ya no es mal visto dejarlos a medias cuando no son de nuestro agrado.

3. La producción es difícil. Como hemos apuntado en otros momentos, escribir no es difícil aunque debe ser sencillo; esta afirmación parece contradictoria, pero trata de ilustrar el proceso que va del plasmar el pensamiento en papel, al ser comprensible en la lectura, cuando el diálogo virtual entre personajes cobra sentido y se cierra en la mente de otro; siguiendo con la idea del chef Custeau de que cualquiera puede cocinar (y la reflexión final), podríamos decir que cualquiera puede escribir, pero no cualquiera se anima a exponerse al escrutinio ajeno para ser calificado y los que nos animamos, nos aprovechamos de esa precisa circunstancia para no cejar en nuestro empeño. Hay el que afirma que quien se dedica al oficio de escritor, se atreve porque ha pasado la mayor parte de su vida en silencio, pero ahora le toca «hablar».

4. La comprensión. Ser consciente de lo que implica la producción literaria, nos hace comprender que lo que leemos, además de tiempo, llevó el abandono de algunos momentos posiblemente significativos para quienes escriben, no, no se trata de que lamentes el no salir, asistir a lugares públicos o buscarse citas, en realidad disfrutan su trabajo y nunca se arrepienten de ello. Eso es porque al escribir realidades alternas, están poniendo a la consideración de sus lectores la comprensión que tienen de su entorno para hacerlo más llevadero a los demás, podemos intuir el riesgo implícito al exponer a nuestro trabajo ante los ojos de desconocidos, pero en el fondo comprendemos que es precisamente ésa la razón por la cual alguien toma la pluma y ofrece sus servicios de observador externo para que los demás se enteren de lo que pasa. Salud.

Beto

martes, 17 de junio de 2025

Así nos gusta

Error el hacer cosas buenas que parezcan malas,
pero al contrario es peor. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Lisonjeros pero altaneros. Como naturalmente tenemos dos flancos, así también nos dominan dos caras básicas para relacionarnos con superiores y subalternos, a los que servimos y de quienes nos servimos, porque hemos estado escuchando toda nuestra vida que «hay que aprovechar las oportunidades», pero dependiendo del contexto, es como la interpretamos; la idea de aprovechar tiene dos sentidos, en tercera persona (o impersonal) parece bueno pues sugiere valerse por los propios medios para avanzar y desarrollarse, sin embargo, si a la acción le ponemos un blanco subrayando a la primera persona (aprovéchate de) entonces lo emprendido se corrompe porque supone la ignorancia de quien será o fue objeto de ese aprovechamiento; o bien, si nos aprovechamos de los objetos, será mucho menos señalado que si lo hacemos de las personas.

2. Cualquier medio. El interés puede ser una motivación muy fuerte como para intentar todo lo posible para conseguir lo que queremos; considerando que hay medios lícitos e ilícitos y suponiendo que la mayoría optaríamos por los primeros en la realidad, la ficción ofrece otra perspectiva; la atracción por los personajes que infringen la ley aunque sea por motivos nobles. Son sumamente atractivos por ejemplo, Edmond Dantes quien por venganza, roba y mata; Chris Vaughn se convierte a su regreso a su pueblo natal en sheriff, pero sus métodos para imponer el orden son algo dudosos o Fantomas (la amenaza elegante) que en los cómics como cualquier Chucho «el Roto» roba a los ricos, pero no da a los pobres así nada más, sino que busca instituciones a las cuales ayudar.

3. Siguiendo los pasos de Robin. Mencioné a Chucho, pero este personaje debe haberse basado en Robin Hood, un noble caballero medieval que al regresar de una cruzada a la cual respondió por la convocatoria del rey Ricardo «Corazón de León», se encontró con una realidad muy distinta de la Inglaterra que había dejado; el príncipe Juan había implantado un gobierno de terror y altos impuestos, lo que tenía a la población sumida en la pobreza, pero lo importante de la historia es el planteamiento de que, ante el absolutismo, hay que oponer la delincuencia, pues no hay medios legales ni ideológicos de los cuales echar mano primero, porque un sistema así invariablemente se impone por la fuerza y segundo, ante tal situación de no tener alternativa, la gente termina creyendo que es natural por lo que acepta su miseria.

4. Incógnitos unos, reconocidos otros. Las dualidades son pan de todos los días, mentes piadosas que explotan a sus trabajadores a gran escala, grandes títulos que resultan inútiles para encontrar trabajo, una piedad pregonada que sirve para calificar de «tarugo» al piadoso, el bien triunfante que todos los días es derrotado por el mal... los buscadores de fórmulas fáciles dirán «es la naturaleza humana» o si son regionalistas, «así somos los mexicanos» con lo que creen justificar sus acciones además de sus proyectos, porque se pueden declarar libres de hacer, pero al llevarlo a cabo, apelan al determinismo, con lo que suponen quedar sin culpa alguna. Los demás tenemos un juego mental similar el cual vemos plasmado en lo que leemos, pues al no entender porqué pasan las cosas, nuestro último recurso es la voluntad divina. Salud.

Beto

martes, 10 de junio de 2025

El lugar adecuado

La gran creadora de súper héroes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Nuestra propia creación. Decían mis viejos maestros que donde hubiera un profesor y un niño, allí habría una escuela; lo mismo podría decirse de un lector y un libro, con la diferencia de que esa relación crea santuarios por los cuales el conocimiento tiene retos para evidenciar las posibilidades de crear sabiduría; si hemos pensado que los lugares idóneos para leer tienen que ver con una playa remota, una cabaña extraviada en lo más profundo de un bosque o a las orillas de un lago, será porque esas referencias las hemos tomado de algunas vacaciones, las pláticas entre amigos u otras lecturas, sin embargo, la imaginación puede crearnos esos espacios idílicos casi en cualquier lugar, a pesar del ruido circundante, el tránsito vehicular y peatonal o la curiosidad por ver a quiénes tenemos en nuestro entorno.

2. La nariz pegada al vidrio. La elección de un espacio cualquiera tiene el atractivo de un aparador de chocolates, quizá sea así con todos, pero cuando se trata del lugar donde dedicaremos tiempo para la lectura, el sabor, los olores, las texturas, son importantes pues puede parecer exagerado, pero todo influye en la lectura; si nos vamos al extremo, imaginen tratar de leer en un lugar en donde sólo haya una piedra para sentarse, se escuchen tracto camiones en el entorno cercano y huela a caño. Un lugar para leer se volverá todo lo contrario a la descripción anterior, por el detalle de sentirnos a gusto en él y no es el espacio el que lo determina, sino la voluntad de estar allí en repetidas ocasiones, de convertirlo en la nave exploradora que nos lleve a los parajes más recónditos del mundo y el universo.

3. Dentro de la pecera. Una vez iniciada la lectura, no queda de otra que hacernos parte de la historia que el autor está compartiéndonos y es ahí donde comenzamos a ver al mundo como si estuviéramos dentro de un aparato que nos aísla del ruido pero que nos permite ver el entorno sin ser observados, para ello, utilizamos a la comparación de las referencias como instrumento de acercamiento permitiéndonos a la vez, notar detalles que de otra manera, nos hubiera costado más trabajo o no los hubiéramos visto. Puede ser una fantasía recurrente para niños o investigadores, el ser invisible y poder caminar por la calle sin ser notados, un libro permite eso de manera virtual, teniendo los controles en la memoria, llenos de luces y palancas para una mejor manipulación y gobierno de los movimientos.

4. La creación. No sé cómo haya sido en el génesis o en cualquiera de los libros sagrados en los que se basaron para hacerlo, pero pensemos en crear un espacio más simple que el paraíso terrenal; curioso es que haya en cada uno en los que las historias tienen su nudo, indicios de aquel en el que Adán y Eva fueron acusados de desobediencia. ¿Qué hay que ponerle a un lugar para que encaje en nuestros relatos? La respuesta simple está dada en sus generalidades y el detalle principal se encuentra en el árbol del bien y del mal, es decir, deba haber algo que despierte curiosidad, ambición, codicia, envidia o cualquier sentimiento que oponga a las partes para que sus acciones se dirijan a poseerlo, administrarlo o destruirlo para un fin mayor, generalmente cargado hacia los intereses del protagonista, no sin antes ser robado por el antagonista. Salud.

Beto

martes, 3 de junio de 2025

Tiempos para leer

Para todo hay tiempo cuando se repasan
las páginas de un libro. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Los famosos peros. Quienes hemos usado los pretextos para salir al paso de problemitas (en diminutivo porque para esos menesteres la apreciación es fundamental), sabemos que a quien será el depositario del garlito, no le importará mucho esperar un tiempecito más, decía que la valoración es importante porque para que un pretexto surta efecto, ambas partes deben tener una sintonía semejante sobre lo que urge y lo que no, principalmente en el evento que esté por ocurrir. El problema está cuando debemos aplicar la estratagema contra nosotros mismos, pues al no haber negociación de por medio, los límites no parecen estar cerca lo que impide razonar cobre la conveniencia de mantenernos alejados de las responsabilidades y, de cierta forma, la lectura lo es, una que contraemos con la sociedad entera al comprender las grafías.

2. ¿Qué les importa a los demás? Podría parecer un asunto personal donde nadie más tiene cabida, a menos que pongamos en común lo leído, lo cual es el meollo del asunto; aprender a leer refiere a la comunicación y sí, ya sé que he dicho que es un circuito por el cual, si falta un elemento éste no se cumple, pero en la lectura sucede un contacto virtual que no se da en ningún otro medio ya que el escritor piensa de alguna manera en sus lectores y en qué posibilidad hay de que imaginen sus palabras tal y como él lo hizo (cosa improbable) y por su parte, el lector dará seguramente mil posibles escenarios al texto en sus manos, con lo que el diálogo se dará sin importar cuántas veces recorra nuestra mirada cada uno de esos renglones, por así decirlo, se trata de una relación muy íntima.

3. La decisión de esperar por «el libro». Si el decidir empezar a leer es complicado cuando no lo hicimos por contagio en la niñez, tratar de encontrar el libro con el cual vamos a identificarnos es una misión casi imposible; el lector se hace porque el leer es un hábito basado en una actividad antinatural. Los niños nacen pateando, manoteando y observando imágenes que le dan sentido inmediato a su entorno; no lo amamanta la palabra mamá, no le habla con tiples la palabra tía, no le hace caras graciosas la palabra papá, son las personas cuyas imágenes se prenden de su cerebro las que realizan esas acciones, que le muestran otras imágenes y con ellas, accede también a las producidas por su imaginación. El ser humano entiende y se explica su realidad en imágenes, las palabras en los libros son un medio artificial para recrearlas.

4. Descubrirnos lectores. La imaginación requiere un permiso que se tramita una vez cumplida la mayoría de edad, en las oficinas del pragmatismo y debe renovarse cada cierto tiempo, según las necesidades de cada uno; llegando ese punto, el goce de la imaginación de forma gratuita ha quedado atrás para dar paso a las obligaciones cotidianas, a las necesidades básicas y las suntuarias pagadas por uno mismo. La satisfacción ya no es un asunto personal, pasó a ser un patrimonio social (siempre lo fue) del que no tuvimos conciencia hasta haber recibido el primer sueldo serio; leer por gusto debe entonces postergarse, debe permitir que las «cosas importantes» se hagan cargo de nuestras vidas, a menos que el lector dentro de nosotros se rebele y exija para sí, el espacio que por derecho le corresponde. Salud.

Beto

martes, 27 de mayo de 2025

El lenguaje personal

Y todos me entienden. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Como tarjeta de presentación. Es un subproducto, claro está, pero es otro elemento que en nuestra vida nos define como un segundo juego de huellas dactilares; hay frases que se adhieren a la memoria de los demás con las cuales suelen identificarnos, ya sea por la continuidad de su uso o por la oportunidad en las que fueron pronunciadas, lo más seguro es que haya sido por ambas causas combinadas pues suelen funcionar como fórmulas para ilustrar cada aspecto a aclarar o ejemplificar en una plática; a pesar de que al usar un lenguaje manejado de distinta manera, nos permitimos ciertas licencias, la verdad es que no podemos desligarnos de las reglas universales de la lengua con la cual nos comunicamos, pues hasta un hablante yucateco se toma el tiempo para explicar la forma en la que está usando sus palabras en maya.

2. Deben compartirse. Es obvio si se piensa que el lenguaje es un medio de comunicación y ésa es la razón por la que la fórmula inventada por un individuo deja de ser personal, al igual que los valores sociales, si no se comparte el lenguaje, de nada sirve; más de alguno de ustedes habrá usado el de la «f» (efe) «nufuncafa efestafaráfas a gufustofo cofon tigofo mifismofo nifi cofon nafadiefe» y habrán sobrevivido para contarlo pues se habrán dado cuenta de que era muy difícil que se desarrollara si no había suficientes hablantes con los cuales usarlo y, si bien, se trataba de un experimento social divertido, también era cierto que no facilitaba la comunicación fluida por lo tanto, al poco tiempo se abandonaba por ser poco práctico para las prisas que íbamos adquiriendo.

3. El cuerpo. Es extremadamente difícil dejar de expresar, dado que existe algo que se llama lenguaje corporal que tiene un componente involuntario que, por desgracia, es el que está más cargado de información, nada más que para estudiarlo u observarlo al menos, debe tenerse un nivel de atención mayor que el promedio, lo que no significa que no lo entendamos, por el contrario, reaccionamos a él de manera correcta en un noventa y cinco por ciento, sólo es que nos toma más tiempo el tratar de explicarlo. Gestos y movimientos pueden ser tan sutiles como contundentes y suelen no dejar dudas sobre el efecto que buscan producir, por ello la pantomima sigue siendo un espectáculo muy apreciado, considerada en sí misma un lenguaje universal de fácil acceso.

4. Palabras distintivas. Funcionan como huellas dactilares e identificamos con ellas a las personas que las usan para las ocasiones aparentemente oportunas; pueden ser sentencias (tuve un amigo, que en paz descanse, así empezó, con una tos como ésa), advertencias (tú porque poco has visto...), aclaraciones (ahora sí, soy tu payaso) o incredulidad (¿cómo voy a creer eso?); el último ejemplo ha ido transformándose (o reduciéndose) como tantas otras cosas en esta vida y ha pasado de esa primera forma a ¿cómo voy a creer?, ¡voy a creer! hasta llegar a sólo ¡¿voooy!?, con las cuales podríamos distinguir regiones o épocas. En diversas ocasiones son producto de la moda, las cuales por cuestión de espacio, no voy a citar, pero confío en que las tendrán muy en mente. Éso, éso, éso. Salud.

Beto

martes, 20 de mayo de 2025

La ortopedia

¿Un nuevo iphone? ¡Viva!. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. Lo físico y las máquinas. A la mayoría nos quedará claro que los instrumentos manuales de escritura han cedido terreno a la maquinaria electrónica para producir textos, los argumentos pueden ser muy variados, pero la razón que solemos exponer como la principal es la rapidez; es cierto, incluso los menos diestros en el arte de la mecanografía, suelen perder menos tiempo al escribir, sin embargo, también se pierde algo de intimidad al no tener un contacto directo con la hoja en la que se plasmarán las palabras. Utilizar una pluma estilográfica o un bolígrafo, nos permite dejar parte de nosotros, identificable en las variaciones de tamaño, forma e intensidad en el trazo de nuestra letra; sí, es nuestra porque fuimos nosotros quienes la plasmamos, no así la hecha en impresora que hasta suele llevar el nombre de su creador.

2. Lo químico y la mente. Todo aquello que ingresando a nuestros cuerpos afecte al sistema nervioso central y cambie nuestros comportamientos, es considerado una droga; las hay para calmarnos, para activarnos, para mejorar el rendimiento tanto físico como intelectual, para abrir el apetito, para inhibirlo, psicotrópicos y no sé para qué más, pero se supone que todas y cada una tienen su razón de ser, benéfica y saludable si son prescritas y vigiladas por un médico, pero ahí es donde la puerca tuerce el rabo, porque en este pueblo estamos acostumbrados a seguir los pasos del melatismo como método y el rumor compadrístico como solución. No están de más ni el mágico tecito ni el profiláctico menjurge para alegrar los corazones y meter la cabeza en la psicodelia, hacen falta los aditivos etílicos para las letras.

3. Convalecencia o cruda. Las ayudas externas suelen ser muy demandantes al mismo tiempo que ineficientes, no resulta lógico que haya que recurrir a «muletas mentales» cuando se necesita ser creativo, debido a que en cada evento, es imperioso aumentar el estímulo para al menos, alcanzar el nivel de la primera vez; los periodos de abstinencia vienen acompañados de culpa pues, en el fondo, sabemos que hicimos mal al recurrir a estimulantes para creernos creativos y en el peor de los casos, ni siquiera para eso sino para evadirnos de aquello que no hemos sabido manejar, intentando mostrar un aire de suficiencia pues tan fuertes somos, que podemos parar cuando queramos y no nos damos cuenta que la actividad creativa en sí misma ya es adictiva.

4. Cuidados paliativos. Así como un médico, un contador o un abogado, todos deberíamos tener un ingeniero o un técnico en computación de cabecera, pues la confianza invertida en esos menesteres es equiparable a la del cuidado de la salud, de las finanzas y de los derechos, ahora que, por la poca gravedad en el manejo de los equipos de cómputo (salvo por la urgencia que le imprimimos a lo que hacemos con ellos) aprender a usar un ordenador es una necesidad generacional que va de ser útiles para todo (en los jóvenes) o sólo para algunas cosas en específico (en los adultos). Lo que nos uniforma a veces, es verlos como artículos de entretenimiento, lo que resulta en la suposición de que ya aprendimos a usarlos y que ya nada podría sorprendernos, hasta la aparición de la nueva generación de aparatos. Salud.

Beto

martes, 13 de mayo de 2025

Candados en la mente

Todo mejora con un punto
de vista distinto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Creencia y convicción. Hay ataduras a las que nos acostumbramos más rápido que otras, todo depende del nivel de gratificación que nos representen, unos podrían quedarse en el nivel de costumbre y otros trascenderán hacia la dependencia, sin más argumento que «así deben ser las cosas» que algunas figuras de autoridad utilizan cuando no cuentan con argumentos convincentes para justificar sus actividades; por mucho tiempo, el esclavista se sostuvo por argumentos sobre el destino dictado por los dioses (en plural), el señor feudal, por la voluntad de un único dios (un cambio de rostro) y el capitalista, por un destino manifiesto, curiosamente, todos apoyados por un mejor armamento comparado con los pueblos con los que buscaban tener conflictos, claro ejemplo de ello se dio con las cruzadas, por un problema comercial.

2. El tiempo y la madurez social. Sabemos que estamos listos para la vida social cuando ya no nos incomoda todo el tiempo la presencia de la gente; no nos hagamos, a veces la adolescencia regresa a recordarnos cómo se percibe que ni la ropa nos siente bien; tanto estas sensaciones como lo que sustentamos como sistema de creencias, lo transportamos a nuestros escritos, a veces de manera inconsciente, acto que los lectores más versados pueden captar sin la necesidad de un análisis lingüístico o psicológico, tan sólo requieren de su intuición para captar con qué ánimo aporreamos el teclado de nuestra máquina. Un ensayista promedio sabrá bien dosificar sus emociones, mientras que un cuentista, poeta o novelista, las usará como materia prima para medir los terrenos que están pisando.

3. Despertares a fuerza. Las contradicciones en las que nos vemos envueltos comienzan cuando niños porque queremos ser grandes para poder hacer lo que queremos y nos gusta, sin que estén vigilando nuestros pasos, ya de grandes, queremos volver a ser niños para que esa vigilancia no sea tan pesada, total, que no solemos ser libres ni en lo que pensamos en esto que llamamos realidad siendo esto, lo que plasmamos en los escritos que salen de nuestra imaginación, sin importar que los productos sean fantásticos o cotidianos; en el contexto periodístico la realidad golpea nuestro rostro inmisericordemente, mostrando una crudeza que no nos da margen a imaginar cómo podrían ser las cosas si no estuviéramos en estas circunstancias, los reportes diarios nos mantienen con «el agua hasta el cuello» sin poder relajarnos.

4. Queda la literatura. Los espacios creados en una obra literaria nos permiten aspirar a abarcar más terreno del que ya manejamos, imaginar que podemos volar con la fuerza que nos permite la voluntad, solos o acompañados, considerando que nuestro primer compañero es el autor mismo, como guía que prestó su voz a distintos personajes que en todo momento intercambian con él sus roles para contar su versión de la historia, sin más conflicto que el que podamos sus lectores imputarles. Los temores se disipan en cuanto desciframos las combinaciones representadas en las relaciones plasmadas en las obras, la incertidumbre se disipará puesto que para ocupar su lugar, estará al pendiente la pertenencia. Salud.

Beto

martes, 6 de mayo de 2025

El protagonista que quiero

Sólo se distinguía una arte de su ser. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Grandioso a fuerza. Ni don Alonso Quijano, el capitán Nemo, Aquiles o Sandokán se imaginan la que se les viene encima, de entre todos los que movemos la pluma a diario va a surgir el personaje que va a revolucionar las letras nacionales; será grandioso que tenga las facultades mentales de Sherlock Holmes, Hércules Poirot, o Augusto Dupin, la valentía de doña Leonor, Jane Eyre o Jane Adler, la astucia de miss Marple, Pepe Carvalho o el padre J. Brown pero con la ternura que emana de Ender Wiggin, sin olvidar el misticismo de Kalimán por supuesto. Pero para no vernos muy ostentosos, ese personaje maravilloso debe residir en el cuerpo de un vendedor de fayuca de Tepito o en el de una verdulera de La Merced, para que no digan que va a ser igual de fresa que la bibliotecaria pueblerina Aurora Teagarden.

2. Que enternezca. Líneas arriba mencioné a Eder Wiggin, pero creo que lo buena onda lo capté del actor Asa Butterfield; para el cine suele ser sencillo causar estados de ánimo dado que tiene recursos que potencializan los efectos. Los libros, en cambio, requieren de la ayuda y complicidad del lector, por mucho que hayan sido escritos por grandes talentos. La lectura será la dinámica que decida si seguir o no, el camino trazado por el texto, pero éste debe especificar una tendencia. El triunfo de cualquier obra literaria va más allá de las ventas de copias, se encuentra en las recomendaciones y comentarios de los lectores que coinciden entre sí, los sentimientos desarrollados por el paso de las páginas.

3. Búsqueda dirigida. Aunque está claro el camino del héroe o viaje del héroe, establecido por Joseph Campbell en 1949, algunas veces suelo complicar las historias tratando de simplificar a los personajes intentando, en el fondo, salirme de esa estructura de las tres etapas y de los doce pasos (aportación de Christopher Vogler en los noventa), para darme cuenta después, que repetía invariablemente el mismo entarimado. Pues bien, dicho viaje tratado en sus tres partes (planteamiento, nudo, desenlace) se dividirá en: mundo ordinario; llamada a la aventura; rechazo a la llamada; encuentro con el maestro; cruce del primer umbral; pruebas, aliados y enemigos; acercamiento a la caverna más profunda; prueba suprema; recompensa; el camino de vuelta; resurrección; regreso con el elixir. Estructura usada en todo tipo de historias, tanto en cine como en impresos.

4. Un antihéroe. Cuando en un ejercicio Héctor Gómez Várgas nos preguntó sobre algún personaje que nos gustaría ser, yo pensé en dos, el primero quizá no era tan importante puesto que ni recuerdo la razón por la que lo mencioné, lo que sí puedo decir es que era todo lo contrario del segundo, éste era un vagabundo que tomaba camino para, a ratos, lamentar su situación, en otro momento, alegrarse por no tener presiones de dinero ni tener que preocuparse por la suerte de los demás, alguien cuyo pasado pudo ser próspero pero que su presente era el reflejo de un desencanto por lo que en su tiempo llamaban sociedad, pero que no alcanzaba a tocar un ápice su enamoramiento por la vida, encanto que no podía compartir, así era Pito Pérez. Salud.

Beto

martes, 29 de abril de 2025

La investigación en la escritura

Cómo se cuente algo, será la base
de su éxito. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Saber para divulgar. La lectura es indispensable, es un principio que nadie quien quiera escribir sobre algo que le llama la atención puede negar, pero si hablamos de investigación se impone más una lectura dirigida, lo que se logra sabiendo hacer preguntas; pareciera extraño que, fuera del primero o segundo año de primaria, tuviéramos que aprender a preguntar pero así es, tanto si vamos a entrevistar a alguien como si vamos a hacer una investigación de campo o documental, tampoco es igual cuestionar a un documento que a una persona, evidentemente por la cualidades de las respuestas que podamos obtener, así distinguimos también el ánimo de cada una de ellas, por así decirlo, de un documento se percibe mayor neutralidad y de una persona, más estados de ánimo.

2. Línea documental. La calidad de la información puede medirse por el tiempo que se mantiene vigente en los distintos archivos de uso común, es decir, los medios impresos de difusión; el orden en que serán mencionados se establecerá de menor a mayor permanencia empezando pro los periódicos cuya información tiene vigencia de veinticuatro horas, les siguen las revistas generales, entre un mes y una semana, la revistas especializadas, entre seis meses y un mes, los estados del conocimiento que son la antesala de las enciclopedias pueden durar entre uno y cinco años y de aquellas hay generales de entre cinco y diez años y las temáticas con la misma duración, casi. Con esta referencia, podemos establecer un ritmo de consulta para cualquier investigación documental.

3. Búsqueda dirigida. Los perfiles de los personajes, los parajes y las ciudades que estarán de fondo, las culturas en general, merecen ser tratados con respeto, por lo tanto, a diferencia de cierto cineasta francés, debemos averiguar sobre las condiciones que privan en los países, las regiones o los poblados, así como la gente y sus costumbres a los que va a hacerse referencia en un escrito. Hay grados de conocimiento, esto es porque la profundidad de lo averiguado depende del tipo de texto que va a producirse, ya que sería ilógico poner un artículo de diez páginas en un cuento corto. Peor sería que tratáramos de sustentar una novela histórica sobre la vida de José María Morelos con una estampita comprada en la papelería de la esquina o quedarnos con la información de wikipedia.

4. Tener qué contar. No todo lo que está en nuestra mente es digno de ser contado, a menos que podamos encontrar la oportunidad y la pertinencia para hacerlo; puede ser que no toda anécdota sea bien recibida si la intención al contarla es mostrar una moraleja cuando estamos en una reunión informal cuyo fin es divertirse, quizá sea mejor recibido un chiste en un velorio en ciertos momentos de éste; el problema al escribir no es si se tiene algo que contar, sino el cómo contarlo para que sea interesante tanto a uno mismo como a los demás. Si consultáramos un manual sobre cómo escribir, lo que encontraríamos serían sugerencias basadas en reglas gramaticales, sin embargo, si lo que necesitamos es la orientación para hacerlo de forma amena, lo que queda es observar las reacciones de los demás a lo que decimos. Salud.

Beto

martes, 22 de abril de 2025

Vuelos no contemplados

Los simples mortales invocamos
a lo que aprendimos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. El costo de la fortuna. En cierto sentido, la imaginación se activa más rápido y más fácilmente cuando nos encontramos en tiempos de crisis, al parecer, la angustia que provoca hace que nuestras neuronas busquen enlaces entre ellas sin ningún tipo de trabas, por lo que la espectacularidad de los resultados es de llamar la atención; la novela de nuestros sueños, la pintura que nos abre la puerta del éxito, el invento que atraerá los grandes capitales, están por ahí, agazapados en un rincón de nuestro cerebro esperando a que tengamos una situación emergente y entonces salir con bombo y platillo a salvar la situación, pero como la atención del gran público suele ser adictiva, nuestro nuevo status se vuelve una exigencia que a la larga, terminará minando nuestra salud.

2. Me gusta todo lo bueno. El pertenecer a una clase social es un accidente, lo único que podemos controlar frente a los demás es nuestro comportamiento; un tema de educación, es cierto, puesto que la ropa, el auto que conducimos, los accesorios o cualquier otro adorno que tengamos o no, son sólo indicativos de la posesión o falta de dinero, sin embargo, los buenos modales son los que nos hacen atractivos al trato. «Lo bueno», lo valioso y lo costoso no siempre son la misma cosa para todos ya que están sumidas esas palabras en un mar de ambigüedades conceptuales debido a la apreciación eventual (si me permiten el término) que desarrollemos a la par de nuestra propia evolución, es decir, las cosas y las personas adquieren más o menos valor según haya o no los insumos para desenvolvernos.

3. Y tendrán que soportarme. O en la batalla me muero, sin mayor reserva que la que haya en las barricas; activarnos siempre ha requerido de algún «aditivo», la diferencia se encuentra en cuánto queremos el efecto y por cuánto tiempo, lo que estará delimitado por la importancia o por las urgencia que nos invada. La vida creativa requiere a veces de «empujones» anímicos, de los cuales algunos son legales y otros no; lo ideal sería no tener que recurrir a alguno, pero un café sí que cae bien en esos días en los que las ideas deciden embotellarse en las autopistas mentales y no atinamos a poner a punto otras vialidades. Otros tendrán la oportunidad de utilizarlo también como parte de su imagen cuando salgan a derrochar su talento a algún establecimiento especializado en esas infusiones.

4. Nada más un simple mortal. Dado entonces que no somos capaces de producir la suficiente dopamina para mantenernos estables por mucho tiempo, necesitamos de «aditivos» que lo hagan por nosotros, desde los más inocuos brebajes caseros hasta elíxires de Baco; habrá quienes opten por seguir los pasos de María Sabina o el novelado don Juan, pero sé que la mayoría preferimos prescindir de la ortopedia de cualquier tipo, porque de esa manera, podemos sentir que aquello creado es verdaderamente nuestro, de nada serviría producir algo maravilloso, si tratar de replicarlo requeriría el uso de «muletas» cada vez más grandes; echar a volar la imaginación no necesariamente requiere de los artilugios de Ícaro, ya de sí es volátil como el aire. Salud.

Beto

martes, 15 de abril de 2025

Inmersos en el éter

Más que olvidar, pareciera que nuestro cerebro
se mete en un frasco con humo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. Magia y melancolía. Es una etapa pasada en la historia de la humanidad, mantenida vigente por medio de casualidades en la realidad y fantasías arrancadas de los más oscuros miedos; para poder sostener el discurso han tenido que inventarse formatos de interpretación, como paliativo para medio aliviar errores de interpretación. Se dividió arbitrariamente (como todo lo que hacemos) en buena y mala, blanca y negra, magia y hechicería, que más que comprenderla, se buscaban pretextos para usarla como un arma condenatoria; pero algún atractivo debió tener pues en los discursos literarios se le dio un lugar entrañable por lo que se convirtió en un elemento indispensable en ciertos géneros, principalmente en los dedicados al público infantil.

2. Evolución histórica. La imaginación produce cualquier cosa, sólo necesita una pequeña referencia para volar sin restricción ni fronteras por un mundo creado para ser totalmente libre; de ella surgen inventos e inventores como si se tratara de un gran titiritero que dicta lo que ha de escribirse y lo que pasará en el escrito porque su hermana gemela, la que vive en la lectura, hará lo propio haciéndose dueña de todas las historias que lleguen a sus terrenos. Así, la creadora y la lectora llegan a la complicidad que sólo el anonimato puede proveer ya que, aunque nunca llegan a tener un contacto formal, sí que lo tienen en los espacios que van desenvolviéndose como en los que se producen con los espejos encontrados. No es raro que se produzcan coincidencias cuando la imaginación es una.

3. Historicidad remota. Nuestro cerebro trabaja por presuntas referencias interconectadas, como cuando no nos aprendemos una dirección pero podemos identificar lo que hay al rededor, por lo que decimos que sabemos llegar pero no sabemos el nombre de las calles, así nos creamos imágenes y no textos para aprender a ubicarnos; en historia, las fechas en abstracto carecen de sentido y los cuentos se amarran a nuestra cabeza con tres nudos ciegos, pero eso no significa que no se muevan, suelen hacerlo jugándonos mil y una travesuras que nos harán confundir los datos; las escenas cambian junto con los personajes teniendo la coherencia que se ajusta a cada instante de nuestras vidas y aun las filmáramos, en nuestros recuerdos no serían así.

4. Recuerdos para repetir. Si lo que almacenamos en nuestra memoria tiene un grado importante de invención, ¿cómo es que distinguimos lo real de lo que no lo es?; prácticamente nos encontraremos en una disyuntiva al momento de discernir si recordamos algo o no, por ejemplo, una fecha importante, los gustos de alguien que nos importa o cómo debíamos vestir para una reunión específica. La temporalidad nos sirve de referencia tanto como nos confunde al momento de tratar de integrarla como si fuera un rompecabezas; hay prácticas dentro de la educación en general que ya no utilizamos para aprender, sino para recordar, aspecto que en la lectura se hace cada vez más relevante conforme alargamos nuestra estancia en este mundo. Salud.

Beto

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