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| Más que olvidar, pareciera que nuestro cerebro se mete en un frasco con humo. Foto: BAER |
1. Magia y melancolía. Es una etapa pasada en la historia de la humanidad, mantenida vigente por medio de casualidades en la realidad y fantasías arrancadas de los más oscuros miedos; para poder sostener el discurso han tenido que inventarse formatos de interpretación, como paliativo para medio aliviar errores de interpretación. Se dividió arbitrariamente (como todo lo que hacemos) en buena y mala, blanca y negra, magia y hechicería, que más que comprenderla, se buscaban pretextos para usarla como un arma condenatoria; pero algún atractivo debió tener pues en los discursos literarios se le dio un lugar entrañable por lo que se convirtió en un elemento indispensable en ciertos géneros, principalmente en los dedicados al público infantil.
2. Evolución histórica. La imaginación produce cualquier cosa, sólo necesita una pequeña referencia para volar sin restricción ni fronteras por un mundo creado para ser totalmente libre; de ella surgen inventos e inventores como si se tratara de un gran titiritero que dicta lo que ha de escribirse y lo que pasará en el escrito porque su hermana gemela, la que vive en la lectura, hará lo propio haciéndose dueña de todas las historias que lleguen a sus terrenos. Así, la creadora y la lectora llegan a la complicidad que sólo el anonimato puede proveer ya que, aunque nunca llegan a tener un contacto formal, sí que lo tienen en los espacios que van desenvolviéndose como en los que se producen con los espejos encontrados. No es raro que se produzcan coincidencias cuando la imaginación es una.
3. Historicidad remota. Nuestro cerebro trabaja por presuntas referencias interconectadas, como cuando no nos aprendemos una dirección pero podemos identificar lo que hay al rededor, por lo que decimos que sabemos llegar pero no sabemos el nombre de las calles, así nos creamos imágenes y no textos para aprender a ubicarnos; en historia, las fechas en abstracto carecen de sentido y los cuentos se amarran a nuestra cabeza con tres nudos ciegos, pero eso no significa que no se muevan, suelen hacerlo jugándonos mil y una travesuras que nos harán confundir los datos; las escenas cambian junto con los personajes teniendo la coherencia que se ajusta a cada instante de nuestras vidas y aun las filmáramos, en nuestros recuerdos no serían así.
4. Recuerdos para repetir. Si lo que almacenamos en nuestra memoria tiene un grado importante de invención, ¿cómo es que distinguimos lo real de lo que no lo es?; prácticamente nos encontraremos en una disyuntiva al momento de discernir si recordamos algo o no, por ejemplo, una fecha importante, los gustos de alguien que nos importa o cómo debíamos vestir para una reunión específica. La temporalidad nos sirve de referencia tanto como nos confunde al momento de tratar de integrarla como si fuera un rompecabezas; hay prácticas dentro de la educación en general que ya no utilizamos para aprender, sino para recordar, aspecto que en la lectura se hace cada vez más relevante conforme alargamos nuestra estancia en este mundo. Salud.
Beto

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