martes, 8 de abril de 2025

El ataque al realismo mágico

Los charros usaban las canciones para enamorar,
no para disertar. Foto: BAER

Irapuato, Gto. 

1. Las suposiciones. Como especialista en temas pasados, estuve dándole vueltas sobre si dar mi opinión a cerca de una producción cinematográfica que, desde el nombre, mostró la poca imaginación para tocar unos temas que no dudo que se relacionen en la realidad, pero que metiéndolos en poco más de noventa minutos, resultó en algo muy desafortunado, por no decir una verdadera porquería. Aclararé dos cosas, no fui a verla pero sí pude acceder a varios avances y a algunas críticas de personas que respeto mucho, tampoco me mueve ningún tipo de nacionalismo puesto que comencé defendiéndola antes de saber de ella lo suficiente ya que el mal acento de Selena Gómez o el que los personajes no fueran hechos por actores mexicanos no se me hacían suficientes argumentos para condenarla, como si nosotros nunca lo hubiéramos hecho.

2. La malformada realidad. Entonces sucumbí a la curiosidad, me apoyé en la opinión de los que saben, porque se han dedicado a ver cine y a emitir su visión sobre él, exponentes de diferentes edades con gustos distintos, bueno, hasta Álvaro de la Cueva pasó por la revisión. Emilia Pérez no pasó ninguna de las pruebas a las que fue sometida y por mucho que el actor protagonista se la haya pasado defendiéndola (al igual que de la Cueva, tratándonos de ignorantes) desde sus pobres argumentos como soy más mexicano que los nopales, la verdad es que su postura resultó tan falsa como el supuesto de que es mujer, ya que si fuera tan mexicano como afirmó, debió darse cuenta desde el primer instante de que esa producción ni siquiera entra en el rubro de la farsa.

3. Tirando hacia la caricatura. Los estereotipos caricaturizan, mediante la exageración, aquello a lo que apuntan con sus descripciones, utilizando aquellos rasgos que, según la visión a la que responden (generalmente sesgada), ayudarán a evidenciar lo más grotesco o lo más ridículo con el supuesto de hacer un retrato fiel para uso de los demás. Por mucho tiempo (y quizá todavía), gracias al cine de temática rural, el mundo supuso que en México sólo había charros a caballo que solucionaban sus problemas a balazos, desde los noventa, el paisaje mexicano presenta para el colectivo, un sepia impuesto por Hollywood y ahora, en el culmen de la ignorancia, se pretende que nuestras historias giren en torno a los narcotraficantes, pero sin una averiguación de por medio.

4. Y los musicales. No sé a cuántos de ustedes les suceda lo mismo pero a mí los musicales me causan pereza, salvo por uno o dos segmentos en películas específicas y eso que el cine de oro mexicano en su mayoría era musical y sin el afán de ser patriotero, agradezco que en nada se pareciera lo producido aquí, a las películas de Hollywood, al menos así lo creo. La razón es muy simple, si algo que sale de tu cabeza en una plática normal debe ser cantado totalmente, ahí hay un problema, porque sí he estado en charlas donde para afirmar algo se utiliza un segmento de una canción (no me digas que te vas), pero ya que se hace todo un discurso cantado en lugar de hablar simplemente, es seguro que me pierden, más si usan palabras repetitivas. Cada medio es completo en sí mismo. Salud.

Beto

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