martes, 27 de mayo de 2025

El lenguaje personal

Y todos me entienden. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Como tarjeta de presentación. Es un subproducto, claro está, pero es otro elemento que en nuestra vida nos define como un segundo juego de huellas dactilares; hay frases que se adhieren a la memoria de los demás con las cuales suelen identificarnos, ya sea por la continuidad de su uso o por la oportunidad en las que fueron pronunciadas, lo más seguro es que haya sido por ambas causas combinadas pues suelen funcionar como fórmulas para ilustrar cada aspecto a aclarar o ejemplificar en una plática; a pesar de que al usar un lenguaje manejado de distinta manera, nos permitimos ciertas licencias, la verdad es que no podemos desligarnos de las reglas universales de la lengua con la cual nos comunicamos, pues hasta un hablante yucateco se toma el tiempo para explicar la forma en la que está usando sus palabras en maya.

2. Deben compartirse. Es obvio si se piensa que el lenguaje es un medio de comunicación y ésa es la razón por la que la fórmula inventada por un individuo deja de ser personal, al igual que los valores sociales, si no se comparte el lenguaje, de nada sirve; más de alguno de ustedes habrá usado el de la «f» (efe) «nufuncafa efestafaráfas a gufustofo cofon tigofo mifismofo nifi cofon nafadiefe» y habrán sobrevivido para contarlo pues se habrán dado cuenta de que era muy difícil que se desarrollara si no había suficientes hablantes con los cuales usarlo y, si bien, se trataba de un experimento social divertido, también era cierto que no facilitaba la comunicación fluida por lo tanto, al poco tiempo se abandonaba por ser poco práctico para las prisas que íbamos adquiriendo.

3. El cuerpo. Es extremadamente difícil dejar de expresar, dado que existe algo que se llama lenguaje corporal que tiene un componente involuntario que, por desgracia, es el que está más cargado de información, nada más que para estudiarlo u observarlo al menos, debe tenerse un nivel de atención mayor que el promedio, lo que no significa que no lo entendamos, por el contrario, reaccionamos a él de manera correcta en un noventa y cinco por ciento, sólo es que nos toma más tiempo el tratar de explicarlo. Gestos y movimientos pueden ser tan sutiles como contundentes y suelen no dejar dudas sobre el efecto que buscan producir, por ello la pantomima sigue siendo un espectáculo muy apreciado, considerada en sí misma un lenguaje universal de fácil acceso.

4. Palabras distintivas. Funcionan como huellas dactilares e identificamos con ellas a las personas que las usan para las ocasiones aparentemente oportunas; pueden ser sentencias (tuve un amigo, que en paz descanse, así empezó, con una tos como ésa), advertencias (tú porque poco has visto...), aclaraciones (ahora sí, soy tu payaso) o incredulidad (¿cómo voy a creer eso?); el último ejemplo ha ido transformándose (o reduciéndose) como tantas otras cosas en esta vida y ha pasado de esa primera forma a ¿cómo voy a creer?, ¡voy a creer! hasta llegar a sólo ¡¿voooy!?, con las cuales podríamos distinguir regiones o épocas. En diversas ocasiones son producto de la moda, las cuales por cuestión de espacio, no voy a citar, pero confío en que las tendrán muy en mente. Éso, éso, éso. Salud.

Beto

martes, 20 de mayo de 2025

La ortopedia

¿Un nuevo iphone? ¡Viva!. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. Lo físico y las máquinas. A la mayoría nos quedará claro que los instrumentos manuales de escritura han cedido terreno a la maquinaria electrónica para producir textos, los argumentos pueden ser muy variados, pero la razón que solemos exponer como la principal es la rapidez; es cierto, incluso los menos diestros en el arte de la mecanografía, suelen perder menos tiempo al escribir, sin embargo, también se pierde algo de intimidad al no tener un contacto directo con la hoja en la que se plasmarán las palabras. Utilizar una pluma estilográfica o un bolígrafo, nos permite dejar parte de nosotros, identificable en las variaciones de tamaño, forma e intensidad en el trazo de nuestra letra; sí, es nuestra porque fuimos nosotros quienes la plasmamos, no así la hecha en impresora que hasta suele llevar el nombre de su creador.

2. Lo químico y la mente. Todo aquello que ingresando a nuestros cuerpos afecte al sistema nervioso central y cambie nuestros comportamientos, es considerado una droga; las hay para calmarnos, para activarnos, para mejorar el rendimiento tanto físico como intelectual, para abrir el apetito, para inhibirlo, psicotrópicos y no sé para qué más, pero se supone que todas y cada una tienen su razón de ser, benéfica y saludable si son prescritas y vigiladas por un médico, pero ahí es donde la puerca tuerce el rabo, porque en este pueblo estamos acostumbrados a seguir los pasos del melatismo como método y el rumor compadrístico como solución. No están de más ni el mágico tecito ni el profiláctico menjurge para alegrar los corazones y meter la cabeza en la psicodelia, hacen falta los aditivos etílicos para las letras.

3. Convalecencia o cruda. Las ayudas externas suelen ser muy demandantes al mismo tiempo que ineficientes, no resulta lógico que haya que recurrir a «muletas mentales» cuando se necesita ser creativo, debido a que en cada evento, es imperioso aumentar el estímulo para al menos, alcanzar el nivel de la primera vez; los periodos de abstinencia vienen acompañados de culpa pues, en el fondo, sabemos que hicimos mal al recurrir a estimulantes para creernos creativos y en el peor de los casos, ni siquiera para eso sino para evadirnos de aquello que no hemos sabido manejar, intentando mostrar un aire de suficiencia pues tan fuertes somos, que podemos parar cuando queramos y no nos damos cuenta que la actividad creativa en sí misma ya es adictiva.

4. Cuidados paliativos. Así como un médico, un contador o un abogado, todos deberíamos tener un ingeniero o un técnico en computación de cabecera, pues la confianza invertida en esos menesteres es equiparable a la del cuidado de la salud, de las finanzas y de los derechos, ahora que, por la poca gravedad en el manejo de los equipos de cómputo (salvo por la urgencia que le imprimimos a lo que hacemos con ellos) aprender a usar un ordenador es una necesidad generacional que va de ser útiles para todo (en los jóvenes) o sólo para algunas cosas en específico (en los adultos). Lo que nos uniforma a veces, es verlos como artículos de entretenimiento, lo que resulta en la suposición de que ya aprendimos a usarlos y que ya nada podría sorprendernos, hasta la aparición de la nueva generación de aparatos. Salud.

Beto

martes, 13 de mayo de 2025

Candados en la mente

Todo mejora con un punto
de vista distinto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Creencia y convicción. Hay ataduras a las que nos acostumbramos más rápido que otras, todo depende del nivel de gratificación que nos representen, unos podrían quedarse en el nivel de costumbre y otros trascenderán hacia la dependencia, sin más argumento que «así deben ser las cosas» que algunas figuras de autoridad utilizan cuando no cuentan con argumentos convincentes para justificar sus actividades; por mucho tiempo, el esclavista se sostuvo por argumentos sobre el destino dictado por los dioses (en plural), el señor feudal, por la voluntad de un único dios (un cambio de rostro) y el capitalista, por un destino manifiesto, curiosamente, todos apoyados por un mejor armamento comparado con los pueblos con los que buscaban tener conflictos, claro ejemplo de ello se dio con las cruzadas, por un problema comercial.

2. El tiempo y la madurez social. Sabemos que estamos listos para la vida social cuando ya no nos incomoda todo el tiempo la presencia de la gente; no nos hagamos, a veces la adolescencia regresa a recordarnos cómo se percibe que ni la ropa nos siente bien; tanto estas sensaciones como lo que sustentamos como sistema de creencias, lo transportamos a nuestros escritos, a veces de manera inconsciente, acto que los lectores más versados pueden captar sin la necesidad de un análisis lingüístico o psicológico, tan sólo requieren de su intuición para captar con qué ánimo aporreamos el teclado de nuestra máquina. Un ensayista promedio sabrá bien dosificar sus emociones, mientras que un cuentista, poeta o novelista, las usará como materia prima para medir los terrenos que están pisando.

3. Despertares a fuerza. Las contradicciones en las que nos vemos envueltos comienzan cuando niños porque queremos ser grandes para poder hacer lo que queremos y nos gusta, sin que estén vigilando nuestros pasos, ya de grandes, queremos volver a ser niños para que esa vigilancia no sea tan pesada, total, que no solemos ser libres ni en lo que pensamos en esto que llamamos realidad siendo esto, lo que plasmamos en los escritos que salen de nuestra imaginación, sin importar que los productos sean fantásticos o cotidianos; en el contexto periodístico la realidad golpea nuestro rostro inmisericordemente, mostrando una crudeza que no nos da margen a imaginar cómo podrían ser las cosas si no estuviéramos en estas circunstancias, los reportes diarios nos mantienen con «el agua hasta el cuello» sin poder relajarnos.

4. Queda la literatura. Los espacios creados en una obra literaria nos permiten aspirar a abarcar más terreno del que ya manejamos, imaginar que podemos volar con la fuerza que nos permite la voluntad, solos o acompañados, considerando que nuestro primer compañero es el autor mismo, como guía que prestó su voz a distintos personajes que en todo momento intercambian con él sus roles para contar su versión de la historia, sin más conflicto que el que podamos sus lectores imputarles. Los temores se disipan en cuanto desciframos las combinaciones representadas en las relaciones plasmadas en las obras, la incertidumbre se disipará puesto que para ocupar su lugar, estará al pendiente la pertenencia. Salud.

Beto

martes, 6 de mayo de 2025

El protagonista que quiero

Sólo se distinguía una arte de su ser. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Grandioso a fuerza. Ni don Alonso Quijano, el capitán Nemo, Aquiles o Sandokán se imaginan la que se les viene encima, de entre todos los que movemos la pluma a diario va a surgir el personaje que va a revolucionar las letras nacionales; será grandioso que tenga las facultades mentales de Sherlock Holmes, Hércules Poirot, o Augusto Dupin, la valentía de doña Leonor, Jane Eyre o Jane Adler, la astucia de miss Marple, Pepe Carvalho o el padre J. Brown pero con la ternura que emana de Ender Wiggin, sin olvidar el misticismo de Kalimán por supuesto. Pero para no vernos muy ostentosos, ese personaje maravilloso debe residir en el cuerpo de un vendedor de fayuca de Tepito o en el de una verdulera de La Merced, para que no digan que va a ser igual de fresa que la bibliotecaria pueblerina Aurora Teagarden.

2. Que enternezca. Líneas arriba mencioné a Eder Wiggin, pero creo que lo buena onda lo capté del actor Asa Butterfield; para el cine suele ser sencillo causar estados de ánimo dado que tiene recursos que potencializan los efectos. Los libros, en cambio, requieren de la ayuda y complicidad del lector, por mucho que hayan sido escritos por grandes talentos. La lectura será la dinámica que decida si seguir o no, el camino trazado por el texto, pero éste debe especificar una tendencia. El triunfo de cualquier obra literaria va más allá de las ventas de copias, se encuentra en las recomendaciones y comentarios de los lectores que coinciden entre sí, los sentimientos desarrollados por el paso de las páginas.

3. Búsqueda dirigida. Aunque está claro el camino del héroe o viaje del héroe, establecido por Joseph Campbell en 1949, algunas veces suelo complicar las historias tratando de simplificar a los personajes intentando, en el fondo, salirme de esa estructura de las tres etapas y de los doce pasos (aportación de Christopher Vogler en los noventa), para darme cuenta después, que repetía invariablemente el mismo entarimado. Pues bien, dicho viaje tratado en sus tres partes (planteamiento, nudo, desenlace) se dividirá en: mundo ordinario; llamada a la aventura; rechazo a la llamada; encuentro con el maestro; cruce del primer umbral; pruebas, aliados y enemigos; acercamiento a la caverna más profunda; prueba suprema; recompensa; el camino de vuelta; resurrección; regreso con el elixir. Estructura usada en todo tipo de historias, tanto en cine como en impresos.

4. Un antihéroe. Cuando en un ejercicio Héctor Gómez Várgas nos preguntó sobre algún personaje que nos gustaría ser, yo pensé en dos, el primero quizá no era tan importante puesto que ni recuerdo la razón por la que lo mencioné, lo que sí puedo decir es que era todo lo contrario del segundo, éste era un vagabundo que tomaba camino para, a ratos, lamentar su situación, en otro momento, alegrarse por no tener presiones de dinero ni tener que preocuparse por la suerte de los demás, alguien cuyo pasado pudo ser próspero pero que su presente era el reflejo de un desencanto por lo que en su tiempo llamaban sociedad, pero que no alcanzaba a tocar un ápice su enamoramiento por la vida, encanto que no podía compartir, así era Pito Pérez. Salud.

Beto

martes, 29 de abril de 2025

La investigación en la escritura

Cómo se cuente algo, será la base
de su éxito. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Saber para divulgar. La lectura es indispensable, es un principio que nadie quien quiera escribir sobre algo que le llama la atención puede negar, pero si hablamos de investigación se impone más una lectura dirigida, lo que se logra sabiendo hacer preguntas; pareciera extraño que, fuera del primero o segundo año de primaria, tuviéramos que aprender a preguntar pero así es, tanto si vamos a entrevistar a alguien como si vamos a hacer una investigación de campo o documental, tampoco es igual cuestionar a un documento que a una persona, evidentemente por la cualidades de las respuestas que podamos obtener, así distinguimos también el ánimo de cada una de ellas, por así decirlo, de un documento se percibe mayor neutralidad y de una persona, más estados de ánimo.

2. Línea documental. La calidad de la información puede medirse por el tiempo que se mantiene vigente en los distintos archivos de uso común, es decir, los medios impresos de difusión; el orden en que serán mencionados se establecerá de menor a mayor permanencia empezando pro los periódicos cuya información tiene vigencia de veinticuatro horas, les siguen las revistas generales, entre un mes y una semana, la revistas especializadas, entre seis meses y un mes, los estados del conocimiento que son la antesala de las enciclopedias pueden durar entre uno y cinco años y de aquellas hay generales de entre cinco y diez años y las temáticas con la misma duración, casi. Con esta referencia, podemos establecer un ritmo de consulta para cualquier investigación documental.

3. Búsqueda dirigida. Los perfiles de los personajes, los parajes y las ciudades que estarán de fondo, las culturas en general, merecen ser tratados con respeto, por lo tanto, a diferencia de cierto cineasta francés, debemos averiguar sobre las condiciones que privan en los países, las regiones o los poblados, así como la gente y sus costumbres a los que va a hacerse referencia en un escrito. Hay grados de conocimiento, esto es porque la profundidad de lo averiguado depende del tipo de texto que va a producirse, ya que sería ilógico poner un artículo de diez páginas en un cuento corto. Peor sería que tratáramos de sustentar una novela histórica sobre la vida de José María Morelos con una estampita comprada en la papelería de la esquina o quedarnos con la información de wikipedia.

4. Tener qué contar. No todo lo que está en nuestra mente es digno de ser contado, a menos que podamos encontrar la oportunidad y la pertinencia para hacerlo; puede ser que no toda anécdota sea bien recibida si la intención al contarla es mostrar una moraleja cuando estamos en una reunión informal cuyo fin es divertirse, quizá sea mejor recibido un chiste en un velorio en ciertos momentos de éste; el problema al escribir no es si se tiene algo que contar, sino el cómo contarlo para que sea interesante tanto a uno mismo como a los demás. Si consultáramos un manual sobre cómo escribir, lo que encontraríamos serían sugerencias basadas en reglas gramaticales, sin embargo, si lo que necesitamos es la orientación para hacerlo de forma amena, lo que queda es observar las reacciones de los demás a lo que decimos. Salud.

Beto

martes, 22 de abril de 2025

Vuelos no contemplados

Los simples mortales invocamos
a lo que aprendimos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. El costo de la fortuna. En cierto sentido, la imaginación se activa más rápido y más fácilmente cuando nos encontramos en tiempos de crisis, al parecer, la angustia que provoca hace que nuestras neuronas busquen enlaces entre ellas sin ningún tipo de trabas, por lo que la espectacularidad de los resultados es de llamar la atención; la novela de nuestros sueños, la pintura que nos abre la puerta del éxito, el invento que atraerá los grandes capitales, están por ahí, agazapados en un rincón de nuestro cerebro esperando a que tengamos una situación emergente y entonces salir con bombo y platillo a salvar la situación, pero como la atención del gran público suele ser adictiva, nuestro nuevo status se vuelve una exigencia que a la larga, terminará minando nuestra salud.

2. Me gusta todo lo bueno. El pertenecer a una clase social es un accidente, lo único que podemos controlar frente a los demás es nuestro comportamiento; un tema de educación, es cierto, puesto que la ropa, el auto que conducimos, los accesorios o cualquier otro adorno que tengamos o no, son sólo indicativos de la posesión o falta de dinero, sin embargo, los buenos modales son los que nos hacen atractivos al trato. «Lo bueno», lo valioso y lo costoso no siempre son la misma cosa para todos ya que están sumidas esas palabras en un mar de ambigüedades conceptuales debido a la apreciación eventual (si me permiten el término) que desarrollemos a la par de nuestra propia evolución, es decir, las cosas y las personas adquieren más o menos valor según haya o no los insumos para desenvolvernos.

3. Y tendrán que soportarme. O en la batalla me muero, sin mayor reserva que la que haya en las barricas; activarnos siempre ha requerido de algún «aditivo», la diferencia se encuentra en cuánto queremos el efecto y por cuánto tiempo, lo que estará delimitado por la importancia o por las urgencia que nos invada. La vida creativa requiere a veces de «empujones» anímicos, de los cuales algunos son legales y otros no; lo ideal sería no tener que recurrir a alguno, pero un café sí que cae bien en esos días en los que las ideas deciden embotellarse en las autopistas mentales y no atinamos a poner a punto otras vialidades. Otros tendrán la oportunidad de utilizarlo también como parte de su imagen cuando salgan a derrochar su talento a algún establecimiento especializado en esas infusiones.

4. Nada más un simple mortal. Dado entonces que no somos capaces de producir la suficiente dopamina para mantenernos estables por mucho tiempo, necesitamos de «aditivos» que lo hagan por nosotros, desde los más inocuos brebajes caseros hasta elíxires de Baco; habrá quienes opten por seguir los pasos de María Sabina o el novelado don Juan, pero sé que la mayoría preferimos prescindir de la ortopedia de cualquier tipo, porque de esa manera, podemos sentir que aquello creado es verdaderamente nuestro, de nada serviría producir algo maravilloso, si tratar de replicarlo requeriría el uso de «muletas» cada vez más grandes; echar a volar la imaginación no necesariamente requiere de los artilugios de Ícaro, ya de sí es volátil como el aire. Salud.

Beto

martes, 15 de abril de 2025

Inmersos en el éter

Más que olvidar, pareciera que nuestro cerebro
se mete en un frasco con humo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. Magia y melancolía. Es una etapa pasada en la historia de la humanidad, mantenida vigente por medio de casualidades en la realidad y fantasías arrancadas de los más oscuros miedos; para poder sostener el discurso han tenido que inventarse formatos de interpretación, como paliativo para medio aliviar errores de interpretación. Se dividió arbitrariamente (como todo lo que hacemos) en buena y mala, blanca y negra, magia y hechicería, que más que comprenderla, se buscaban pretextos para usarla como un arma condenatoria; pero algún atractivo debió tener pues en los discursos literarios se le dio un lugar entrañable por lo que se convirtió en un elemento indispensable en ciertos géneros, principalmente en los dedicados al público infantil.

2. Evolución histórica. La imaginación produce cualquier cosa, sólo necesita una pequeña referencia para volar sin restricción ni fronteras por un mundo creado para ser totalmente libre; de ella surgen inventos e inventores como si se tratara de un gran titiritero que dicta lo que ha de escribirse y lo que pasará en el escrito porque su hermana gemela, la que vive en la lectura, hará lo propio haciéndose dueña de todas las historias que lleguen a sus terrenos. Así, la creadora y la lectora llegan a la complicidad que sólo el anonimato puede proveer ya que, aunque nunca llegan a tener un contacto formal, sí que lo tienen en los espacios que van desenvolviéndose como en los que se producen con los espejos encontrados. No es raro que se produzcan coincidencias cuando la imaginación es una.

3. Historicidad remota. Nuestro cerebro trabaja por presuntas referencias interconectadas, como cuando no nos aprendemos una dirección pero podemos identificar lo que hay al rededor, por lo que decimos que sabemos llegar pero no sabemos el nombre de las calles, así nos creamos imágenes y no textos para aprender a ubicarnos; en historia, las fechas en abstracto carecen de sentido y los cuentos se amarran a nuestra cabeza con tres nudos ciegos, pero eso no significa que no se muevan, suelen hacerlo jugándonos mil y una travesuras que nos harán confundir los datos; las escenas cambian junto con los personajes teniendo la coherencia que se ajusta a cada instante de nuestras vidas y aun las filmáramos, en nuestros recuerdos no serían así.

4. Recuerdos para repetir. Si lo que almacenamos en nuestra memoria tiene un grado importante de invención, ¿cómo es que distinguimos lo real de lo que no lo es?; prácticamente nos encontraremos en una disyuntiva al momento de discernir si recordamos algo o no, por ejemplo, una fecha importante, los gustos de alguien que nos importa o cómo debíamos vestir para una reunión específica. La temporalidad nos sirve de referencia tanto como nos confunde al momento de tratar de integrarla como si fuera un rompecabezas; hay prácticas dentro de la educación en general que ya no utilizamos para aprender, sino para recordar, aspecto que en la lectura se hace cada vez más relevante conforme alargamos nuestra estancia en este mundo. Salud.

Beto

martes, 8 de abril de 2025

El ataque al realismo mágico

Los charros usaban las canciones para enamorar,
no para disertar. Foto: BAER

Irapuato, Gto. 

1. Las suposiciones. Como especialista en temas pasados, estuve dándole vueltas sobre si dar mi opinión a cerca de una producción cinematográfica que, desde el nombre, mostró la poca imaginación para tocar unos temas que no dudo que se relacionen en la realidad, pero que metiéndolos en poco más de noventa minutos, resultó en algo muy desafortunado, por no decir una verdadera porquería. Aclararé dos cosas, no fui a verla pero sí pude acceder a varios avances y a algunas críticas de personas que respeto mucho, tampoco me mueve ningún tipo de nacionalismo puesto que comencé defendiéndola antes de saber de ella lo suficiente ya que el mal acento de Selena Gómez o el que los personajes no fueran hechos por actores mexicanos no se me hacían suficientes argumentos para condenarla, como si nosotros nunca lo hubiéramos hecho.

2. La malformada realidad. Entonces sucumbí a la curiosidad, me apoyé en la opinión de los que saben, porque se han dedicado a ver cine y a emitir su visión sobre él, exponentes de diferentes edades con gustos distintos, bueno, hasta Álvaro de la Cueva pasó por la revisión. Emilia Pérez no pasó ninguna de las pruebas a las que fue sometida y por mucho que el actor protagonista se la haya pasado defendiéndola (al igual que de la Cueva, tratándonos de ignorantes) desde sus pobres argumentos como soy más mexicano que los nopales, la verdad es que su postura resultó tan falsa como el supuesto de que es mujer, ya que si fuera tan mexicano como afirmó, debió darse cuenta desde el primer instante de que esa producción ni siquiera entra en el rubro de la farsa.

3. Tirando hacia la caricatura. Los estereotipos caricaturizan, mediante la exageración, aquello a lo que apuntan con sus descripciones, utilizando aquellos rasgos que, según la visión a la que responden (generalmente sesgada), ayudarán a evidenciar lo más grotesco o lo más ridículo con el supuesto de hacer un retrato fiel para uso de los demás. Por mucho tiempo (y quizá todavía), gracias al cine de temática rural, el mundo supuso que en México sólo había charros a caballo que solucionaban sus problemas a balazos, desde los noventa, el paisaje mexicano presenta para el colectivo, un sepia impuesto por Hollywood y ahora, en el culmen de la ignorancia, se pretende que nuestras historias giren en torno a los narcotraficantes, pero sin una averiguación de por medio.

4. Y los musicales. No sé a cuántos de ustedes les suceda lo mismo pero a mí los musicales me causan pereza, salvo por uno o dos segmentos en películas específicas y eso que el cine de oro mexicano en su mayoría era musical y sin el afán de ser patriotero, agradezco que en nada se pareciera lo producido aquí, a las películas de Hollywood, al menos así lo creo. La razón es muy simple, si algo que sale de tu cabeza en una plática normal debe ser cantado totalmente, ahí hay un problema, porque sí he estado en charlas donde para afirmar algo se utiliza un segmento de una canción (no me digas que te vas), pero ya que se hace todo un discurso cantado en lugar de hablar simplemente, es seguro que me pierden, más si usan palabras repetitivas. Cada medio es completo en sí mismo. Salud.

Beto

martes, 1 de abril de 2025

Hacer pan

Es hora de hornear un libro. Foto: BAER

Irapuato, Gto.

1. La pre masa. Escribir es como hacer pan, los pasos que hay que dar sin que se trate de una ley inamovible, están perfectamente identificados; podría haber dicho el símil con el método científico, hay más puntos lógicos en ello, pero no sería igual de sabroso. Si empiezo con algo preconcebido, no es porque con ello ya tenga la idea completa, sin al igual que la masa madre (que es en realidad la masa fermentada de un día anterior, quizá sobrante) una idea preconcebida podría servirnos para muchos relatos, pues se trata de una guía (o trama) a la que se le pueden agregar desde los mismos componentes, hasta otros que parecieran no combinar pero que, al final, le vendrán a dar el sabor especial que requiere el producto y el toque personal del panadero-escritor.

2. Los ingredientes. La trama es como la harina, la materia que va a moldearse para conseguir con las formas obtenidas, el gusto por parte del lector, la textura que logre dirigirá el tacto con el cual se tratará la obra en la que el protagonista irá dejando rastros de su presencia en todo el proceso. En toda receta, el agua es el vehículo en el que todo fluye, así como hace la historia con los personajes involucrados; ésta suele fluir según el recipiente que la contenga, el cual puede parecer tan apacible como una palangana, tan caprichosa como un río o tan poderosa como el mar. Algo debe hacer que la harina-trama reaccione y sucedan cosas en las que las relaciones-levadura, provoque que la química haga lo suyo. Por último, quienes darán el sabor como la sal de la historia serán los personajes.

3. El amasado. En el símil que intento establecer, esta parte tendría que ver con dos momentos, la escritura como tal y la revisión y corrección del texto; las consistencias de los lugares, los personajes y las situaciones son importantes para mantener la coherencia en la obra pues eso será precisamente lo que permitirá agarrarle el sabor a los que estamos leyendo. Cada personaje requiere de un tratamiento especial pues los tiempos de «fermentación» serán particulares debido a que, aunque se hornearán en «el mismo horno», no están hechos con la misma pasta y pues, se toman su tiempo. y ese tiempo sirve para reflexionar y saber si los dobleces a la masa o los sesgos de los moldes van a darnos un buen «pan», con el cual acompañar el chocolatito que saldrá de la lectura.

4. El horneado. Es hora de embarrar de tinta las hojas, de herirlas con el estilete caligráfico y ver cómo danzan las palabras a un ritmo que complazca al ejecutor de tan despiadado acto amoroso; las temperaturas aumentan y disminuyen según lo requiera la masa fermentada en la imaginación. Habrá algunas que se cocinen perfectamente en veinte minutos, otras exigirán tres horas diarias por algunas semanas, eso depende de por cuánto tiempo pretende alimentar el autor a sus lectores. Un biscocho-cuento puede ser el complemento de una banquete-novela, tan sofisticados o simples como detectemos a sus ingredientes, porque los chiles verdes combinados con aguacate, se percibirán solos de manera distinta que si van acompañando a un trozo de hígado encebollado. Salud.

Beto

martes, 25 de marzo de 2025

La industriosa revolución

Diría Manolito que aquí hay libertad
de cultos. Foto: BAER

Irapuato, Gto. En espera de una nueva racha de inspiración, me encuentro admirando un trozo de este mundo que pareciera querer rebelarse en contra de lo que hemos venido haciéndole desde hace ya más de un siglo; los documentos fílmicos de finales del siglo XIX nos muestran un ambiente de novedad irresponsable por ignorancia, causada ésta por la ilusoria abundancia que estaba obteniéndose con la recién descubierta producción en serie. Lejos estaban los residentes del Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y todo el bloque que conocemos como el primer mundo, de saber todo el daño que estaban causando al agua, al aire, a la flora y a la fauna silvestre con toda la contaminación producida por las fábricas con las que transformaban materias primas en productos, dejando la solución del problema para cuando se hiciera urgente, algo que no llegaron a ver.

El mundo tuvo que acoplarse al ritmo que impusieron esos países que iniciaron el cambio en las concepciones del planeta, lo que no significó alcanzar la igualdad, sino una nueva forma de dominación; cambiaron asimismo conceptos como comodidad, clase, calidad, modernidad y los trabajos pasaron a industrializarse, apareció la clase obrera mientras la patronal diversificó sus modos de entradas de dinero que al fin y al cabo, es a lo que se reduce todo el capitalismo. Pero no sólo las monedas se volvieron capital de cambio, también la escolarización se adhirió a la idea de la riqueza contable por medio de títulos y certificados, aunque pocas veces se cumple el adagio de que «los estudios dan un buen trabajo» y, por ende, un buen sueldo. Historias de éxito comenzaron a aparecer pero los protagonistas de ellas difícilmente eran reconocidos en su comunidad.

El detalle estaba ahí, sólo unos cuantos podían acceder a buenos empleos pero no era por su esfuerzo y trabajo arduo como pregona el individualismo, sino por las relaciones que podían hacer, por pertenecer a una familia adinerada de origen o por mero accidente como el hacer «un favor» a un rico o sacarse la lotería, materias primas éstas de películas que nada más refuerzan la fantasía de volverse millonario sin mayor esfuerzo. Es posible que, si bien es cierto que por ley de probabilidades sugiere que pueda suceder, también lo es que la inmensa mayoría no está ni cerca de tener en las manos un billete, mucho menos un flujo de efectivo que siquiera le permita holgura en su vida cotidiana, a pesar de lo que percibimos, seguimos creyendo en esos golpes de suerte debido a que no terminamos los ciclos propuestos por el materialismo histórico.

Lo peor del caso es que esas historias de fortuna imprevista se quedan en ese momento, pero no sabemos qué sucede después, si de verdad ese trabajador que ni la primaria pudo terminar, administró esos millones y por ello fue feliz para siempre, si abrió fuentes de empleo para las personas que apreció o para explotar a otros como él fue explotado o de plano, encontró «la felicidad» despilfarrándolo todo en vino, mujeres y canto. La sabiduría popular apuntaría a esto último ya que «el que nunca tuvo y de pronto llega a tener, loco se quiere volver»; este repaso por algunas de las formas de pensar que tenemos, debería servirnos para imaginar situaciones ficticias que nos llevarán a una escritura introspectiva sobre lo que suponemos de la propia naturaleza. Salud.

Beto

martes, 18 de marzo de 2025

Oro en vía de extinción

Y de pronto, ¡zaz! que aparece
el petróleo. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Para la literatura, el petróleo no ha tenido un impacto sonado como pudieron tenerlo otros recursos como la electricidad, la tierra o el mar; el «oro negro» quizá por su color, viscosidad o la manera no muy limpia de su extracción, pareciera no inspirar mucho a pesar de sus múltiples utilidades y subproductos; a lo mucho, el plástico fue un referente para calificar algunos comportamientos superfluos o documentales para ilustrar los avances tecnológicos desde el siglo pasado, pero novelas o cuentos basados en temas relacionados, no creo que haya muchos. Cualquier tópico cae en la expropiación, cuya literatura se avoca a los personajes políticos o al hecho mismo, pero no al producto o a los beneficios que su explotación traería al pueblo ¿será quizá porque se trata de una industria secuestrada por los gobiernos de la revolución? El caso es que, por costumbre, la vida de un petrolero no llama la atención.

En la cotidianidad, la convivencia con los hidrocarburos, aunque normalizada, también es dañina en cuanto a la calidad de vida que suponemos tener, dado que con la comodidad en los traslados vienen aparejadas las afecciones respiratorias, la conjuntivitis y los padecimientos gastrointestinales por la cantidad de desechos sólidos y humo que flotan en el aire y que respiramos a diario; el panorama así no pinta muy bien, eso sin contar con que la industria farmacéutica sigue produciendo medicamentos para males específicos pero que tienden a descomponer otros órganos en el proceso, por ejemplo, generalmente los medicamentos dirigidos a calmar los síntomas de la gripe, suelen lastimar la flora intestinal, más cuando se toman sin vigilancia médica y por consejo de un bienintencionado compadre.

Creen en que la crisis se acabará por vías del petróleo es como confiar en que la Revolución de verdad fue un movimiento popular para reivindicar a las clases menesterosas; nada de lo que se ha emprendido como país ha visto por los más necesitados, cuando mucho, son tomados en cuenta en los periodos electorales o como carne de cañón para los conflictos entre sectores partidistas. En este sentido, la expropiación del hidrocarburo no ha servido (aparte de enriquecer a unos cuantos) para crear una lógica demagógica que para nada ha ayudado en lo referente a traer bienestar ala población, por el contrario, por sobre el robo a despoblado que significa mantener a la petrolera monopólica Pemex, tenemos que soportar el huachicol, presumiblemente perpetrado desde las entrañas mismas de la paraestatal con la mayor de las impunidades.

Hace algunos lustros se vaticinaba que para estas fechas, el petróleo del subsuelo mexicano ya se habría agotado, por lo que tímidamente se empezó a trabajar en la implementación de energías limpias y renovables, pero a tan sólo unos meses de aparecida la noticia, salió otra afirmando que se habían encontrado nuevos mantos y que tendríamos hidrocarburo para unas décadas más; la paranoia y el sospechosismo se imponen pues resulta curioso que cuando afirmamos sobre buscar alternativas que nos pusieran a la vanguardia de la producción de energía, de pronto no se terminara el petróleo y lo eólico, la energía solar y el agua dejaron de ser atractivos nuevamente, así como cuando el anterior mandatario calificó de feas a las torres eólicas. Salud.

Beto

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