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| Y de pronto, ¡zaz! que aparece el petróleo. Foto: BAER |
En la cotidianidad, la convivencia con los hidrocarburos, aunque normalizada, también es dañina en cuanto a la calidad de vida que suponemos tener, dado que con la comodidad en los traslados vienen aparejadas las afecciones respiratorias, la conjuntivitis y los padecimientos gastrointestinales por la cantidad de desechos sólidos y humo que flotan en el aire y que respiramos a diario; el panorama así no pinta muy bien, eso sin contar con que la industria farmacéutica sigue produciendo medicamentos para males específicos pero que tienden a descomponer otros órganos en el proceso, por ejemplo, generalmente los medicamentos dirigidos a calmar los síntomas de la gripe, suelen lastimar la flora intestinal, más cuando se toman sin vigilancia médica y por consejo de un bienintencionado compadre.
Creen en que la crisis se acabará por vías del petróleo es como confiar en que la Revolución de verdad fue un movimiento popular para reivindicar a las clases menesterosas; nada de lo que se ha emprendido como país ha visto por los más necesitados, cuando mucho, son tomados en cuenta en los periodos electorales o como carne de cañón para los conflictos entre sectores partidistas. En este sentido, la expropiación del hidrocarburo no ha servido (aparte de enriquecer a unos cuantos) para crear una lógica demagógica que para nada ha ayudado en lo referente a traer bienestar ala población, por el contrario, por sobre el robo a despoblado que significa mantener a la petrolera monopólica Pemex, tenemos que soportar el huachicol, presumiblemente perpetrado desde las entrañas mismas de la paraestatal con la mayor de las impunidades.
Hace algunos lustros se vaticinaba que para estas fechas, el petróleo del subsuelo mexicano ya se habría agotado, por lo que tímidamente se empezó a trabajar en la implementación de energías limpias y renovables, pero a tan sólo unos meses de aparecida la noticia, salió otra afirmando que se habían encontrado nuevos mantos y que tendríamos hidrocarburo para unas décadas más; la paranoia y el sospechosismo se imponen pues resulta curioso que cuando afirmamos sobre buscar alternativas que nos pusieran a la vanguardia de la producción de energía, de pronto no se terminara el petróleo y lo eólico, la energía solar y el agua dejaron de ser atractivos nuevamente, así como cuando el anterior mandatario calificó de feas a las torres eólicas. Salud.
Beto

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