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| Solemos burlarnos del diferente, sin saber qué es lo que lo motiva. Foto: BAER |
Sentirse ajeno es cuestión de trabajo mental basado en los valores inculcados desde casa, el exterior influye en la medida en que lo permitimos, de otra manera sólo por amenazas; para los extranjeros perpetuos (los que nos la pasamos un buen tiempo cambiando de domicilio y ciudad), la sobrevivencia mediante la adaptación se vuelve un estilo de vida que así como puede set una ventaja para desarrollarnos donde sea, también puede ser una contra para comprometernos abiertamente por no sentirnos parte de la comunidad. Hay algunos trucos que podemos utilizar para encajar, dependiendo de la dinámica que se lleve a cabo cotidianamente; una buena idea cuando el grupo es dado a externar sus ideas hablando, es quedarse callado al principio para comprender lo mejor posible los tópicos que tratan y así poder definir en qué tema podemos participar.
Obviamente, sólo hay que participar en cuanto se nos solicite hasta tener ganado un espacio propio y poder dirigir las pláticas, si eso es lo que buscamos; no creo que haya grupos silentes excepto algunos monjes con votos así, pero por la naturaleza de sus trabajos pudieran serlo y aquí, por muy contradictorio que pareciera, no vamos a convertirnos en el parlanchín bajo ese ambiente, no pasaríamos de ser impertinentes. A lo que quiero llegar es que no siempre la misma fórmula (el ser o hacer lo contrario) va a funcionar en todos lados; si podemos hacer un símil con el cajón de herramientas, entenderemos que no podemos aflojar un tornillo a martillazos, así nuestras capacidades de socialización, no van a apreciarse igual en los distintos grupos en los que estemos desenvolviéndonos, por mucho que nos esforcemos en mantenerlos homogéneos.
Pero eso anterior es aprendido, claro que por naturaleza tendemos a agruparnos y a tratar de agradar, por lo que lo que debería imperar en nuestras relaciones, es el desarrollar las habilidades necesarias para que no se nos dificultara el encajar en ningún lado; sin embargo, algunos preferiremos que la convivencia sea eventual, algo así como una concesión que brindamos a los demás para que sepan que, a pesar del supuesto alejamiento, cuentan con nosotros para todo lo posible, porque lo imposible podría tomarnos más tiempo. En algún momento volverá (si es que se ha ido) la sensación de no pertenecer y no es que nos neguemos, simplemente nuestra naturaleza se rebelará ante lo que pudiera parecernos una imposición; no sólo es pensar distinto, es también pensar atemporalmente y aun así, tratar de encajar. Salud.
Beto

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