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| La escritura a mano suele ser muy satisfactoria. Foto: BAER |
Hay un vínculo muy fuerte entre un manuscrito y la mirada que en él se posa, casi como el que se da con los pincelazos en una pintura, los rasgos de cada letra, de cada palabra, nos cuentan un mete discurso paralelo a la historia que contienen sus páginas, por lo cual una carta era tan íntima entre dos seres que se amaban, tan intimidante entre otros en conflicto, tan reveladora entre quienes se dedicaron a revelar los secretos de la ciencia o de la naturaleza humana pues, escribiendo a mano, es inevitable transmitir a la hoja el ímpetu, la pasión o la melancolía del momento en que se redacta. Si existe algo como el alma, seguro queda plasmada en un escrito a mano, independientemente de que lo redactado sea bueno o sea malo, por lo que la raíz del compromiso contraído por una pluma, está en plasmar lo que somos.
Si es un don o una capacidad es lo que menos importa, lo interesante de plasmar nuestros pensamientos a través de un bolígrafo, un marcador o una estilográfica teniendo un real estilo de escritura, algo que con las máquinas (quizá por su marcada perfección) no puede lograrse por mucho que hagamos malabares con las tipografías; sería muy fácil afirmar que escribir a mano es más personal y ya, pero el para qué, en este tiempo tan tecnologizado, estaría dándonos vueltas en la cabeza y por mucho que lo haya plasmado entre líneas anteriormente, quedaría el intento de convencernos de hacerlo por las razones adecuadas que nada tienen que ver con la rapidez o con la exactitud en la métrica, tan sólo con las sensaciones producidas por el contacto de la bolita metálica con el papel y los sentimientos que afloran por cualquier motivo.
Aparte de todo lo anterior, creo que deba haber algo de desfachatez para permitirnos trabajar de manera retro, pero en realidad, como he venido diciendo desde hace algún tiempo, mi memoria suele traicionarme de vez en cuando así que el uso de la libreta y el bolígrafo no me representa un trabajo doble, sino el primer paso del proceso de publicación de mis escritos en esta plataforma; ahora que, ¿para qué hacer toda esta presunción? Pues, si me lo permiten, yo la consideraría una tímida invitación a que ustedes, mis diez lectores, se animen a hacerlo y así tener un pretexto para intercambiar impresiones sobre los pros y los contras de intentarlo, seguramente entre todos los que estemos en contacto encontraríamos motivos para exponer nuestras ideas, un último motivo sería que se compadecieran de esta alma solitaria que no quiere escribir para sí mismo. Salud.
Beto

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