martes, 6 de agosto de 2024

La virtualidad

¿De verdad no nos es posible separa la ficción
de la realidad? Foto: BAER

Irapuato, Gto. Es posible que estemos viéndola como la nueva realidad y no como una alterna que, imagino, había sido concebida como complemento a las dinámicas que establece la post modernidad. ¿Cómo es posible que la aceptemos tan fácilmente? Hay que recordar que nosotros somos lo que el exterior (los demás) perciben de nuestro entorno y ese «ser interior» al que llamamos conciencia, es una parte que en alguna etapa de nuestra vida, nos hace creer que estamos «viviendo» la vida de otro. Las series de radio, los programas de televisión, las películas y las novelas realizan un fenómeno similar en nuestro cerebro al identificarnos con los protagonistas de esas historias y son historias también las que consumimos en las nuevas tecnologías de la información en la red.

El mismo servicio que intentamos satanizar porque «los jóvenes están siendo mal influenciados por los mensajes que ahí consumen» sin entender que en nuestro ámbito educativo (casa) no hemos puesto en claro los parámetros que deben regir los consumos, tanto de los equipos móviles como de los contenidos; esto se ha dado por una simple razón: hemos dado por entendido que manejamos los mismos conceptos de comportamiento, dejando que términos como «emergencia» o «necesidad» queden flotando sin ninguna aclaración de lo que deben representar para cada familia y menos en la escuela. Otro sobre entendido es que ésta última deberá corregir los vicios con los que enviamos a los niños a las aulas «pero sin que traumen a los querubines».

Existir «como si viviéramos» es la verdadera virtualidad y tan la encontramos en las pantallas como en las hojas impresas de un libro, las revistas o los periódicos y ni siquiera me refiero a inserciones literarias, sino a las notas «pelonas» que retratan de la manera más cruda lo que sucede en el mundo, pero como son realidades en las que sólo podemos presentar empatía, pasan a las filas de lo virtual que, desde un punto de vista platónico, será tratada como una realidad alterna, ya que si lo piensas existe. Habrá quien piense que los mundos virtuales son una proyección de lo que deseamos, no sólo como creadores sino como consumidores de mensajes también, de ahí sale la identificación con los personajes y la búsqueda de similitud con los espacios.

Vivir la virtualidad es hacer como que se vive, ya ni siquiera es ponerse en los zapatos de otro sino el «trasladar» nuestro ser a una realidad alterna por medio de avatares o como sea que se llamen esos personajes que corren en nuestro lugar, que batallan en parajes inhóspitos o tiran de balazos a diestra y siniestra acabando con todo lo que se les atraviesa; no caeré en la tentación de echarle la culpa a los video juegos de hacer que aumente la violencia, pero quizá sí de normalizarla, un argumento con el cual no estuve de acuerdo en los setenta cuando se acusó al programa Ultramán de volver agresivos a los niños, pero entonces teníamos conciencia de que era otro el que actuaba, mientras que en los video juegos, es una representación personal la que dispara. Salud.

Beto

martes, 30 de julio de 2024

La vida ilustrada

La imitación es muy efectiva, ¿podría usarse
en el cómic para aprender? Foto: BAER

Irapuato, Gto. Quisiera referirme a la costumbre de buscar información para formar una imagen de sabiduría, pero no es así, la verdad mi primer impulso fue referirme al cómic pues hay ilustraciones que por sus líneas, pueden pasar por obras de arte tanto por la maestría en los trazos como en lo complejo de algunas historias; leer cómics requiere de cierta disciplina comparable al consumo cinematográfico, por así decirlo, sería una especie de story board de un guión para la realización de un largometraje, no por nada han proliferado las películas de súper héroes. Las formas técnicas de encuadres, «movimientos de cámara», posturas de los personajes y varias otras cosas, nos facilitan la comprensión rápida en ambos medios, quizá porque se adaptan al movimiento natural de nuestros ojos.

El cómic ha sido admitido en el mundo educativo intermitentemente, algo así como una herramienta didáctica menor, su potencial ha sido estudiado y se han reiterado las bondades que posee para explicar hechos históricos, descubrimientos físicos o químicos o ilustrar viajes desde un punto de vista geográfico, sin embargo, al igual que en todos los medios masivos de información, el estigma de considerarlos más un medio de entretenimiento, los pone en un nivel de distractores sin hacer caso al fenómeno persistente de que la población aprende más fácilmente aquello que la divierte que aquello que la aburre y, sinceramente, los contenidos manejados con la solemnidad trasnochada del aula, dista mucho de ser entretenida para la mayoría.

Por otro lado, el refuerzo negativo de ofrecer diversión a cambio de aprender una lección o hacer la tarea, no ayuda mucho que digamos, lo menciono por las cantidades tan dispares de uno y de otro tipo; los medios cumplen con protegerse diciendo que producen cierto tipo de programas porque «es lo que la gente pide» y, que yo recuerde, nunca ningún medio me ha preguntado por los videos o los audios que me gusta consumir. Posiblemente basen esa afirmación en algunas encuestas respondidas por algunas personas que consumen ciertos medios pero, ¿el número de ellas será representativo comparado con los ciento treinta millones que somos? Lo dudo, pero también dudo que hayan averiguado si se mantiene cierto gusto por la historieta.

A pesar de lo escrito por Matterlart y Dorfman, por Rius, Guerra, Gubern, Gallo o Masotta, las historias con grabados tienen el encanto de servir como guía para entender relaciones y movimientos entre personajes que, dirigidos por la introspección, logran resolver los problemas (por muy básicos que sean) a los que se enfrentan. Son, si me permiten el comparativo, una amalgama en dibujos del drama y la cinematografía, algunos de ellos magistralmente logrados desde la simpleza del entintado lineal, hasta el bombazo de color hecho por grandes diseñadores; su potencial informativo sigue latente y así como en el cine o la televisión, cualquier tema cabe, ya sea para educar y crear conciencia o para divertir, aunque no creo que ambas intenciones estén peleadas entre sí. Salud.

Beto

martes, 23 de julio de 2024

Lecturas poco costosas

Vente manito, ése anda muy alzado. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Exceptuando las especializadas, las revistas suelen ser sinónimo de entretenimiento y aunque la división que hice no es exacta (porque dentro del entretenimiento también hay especializaciones) debo decir que todas tienen algo de diversión; las hay científicas, de arte, deportiva y casi de todo lo que involucre alguna actividad humana; son catalogadas en su mayoría como lecturas ligeras (quizá por culpa de las que están dedicadas a temas supuestamente de espectáculos) pero sabemos que eso está alejado de la realidad puesto que hay las que, por su contenido científico o filosófico así como las literarias, nos ponen a pensar en las posibilidades de aumentar los potenciales que tenemos. A pesar de ser un medio masivo de información, tiene la peculiaridad de ser tratada como una impresión personalizada.

Como en todo, existen ediciones de lujo y ediciones populares que, al parecer, condicionen las lecturas posiblemente por el cuidado que debemos tener con los empastados de lujo o por la practicidad que representan las pastas flexibles, a unos no quisiéramos que ni les diera el sol, los otros deben cargar con el estigma de ser «de uso diario». Pero la valoración del objeto en realidad nada aporta a la comprensión de las historias que contienen pues las mismas palabras están en una edición del mismo libro de quinientos pesos que en otra de ciento cincuenta; es posible que el leer en una edición de lujo sea un obstáculo pues nunca es deseable maltratar un objeto tan apreciable que inclusive podría aumentar su valor conforme pase el tiempo, en lo económico o en lo estimativo.

Una buena lectura puede tener una pasta poco costosa, pero una pasta costosa rara vez contendrá una mala lectura, las ventajas de un pensamiento económico se reflejan en el evitar el desperdicio de papel, para el caso de una editorial; el mismo pensamiento se requiere para poner al alcance de todos, aquello que vale la pena leerse, por ejemplo, las ediciones del Fondo de Cultura Económica o las de Ediciones El Caballito han capturado por décadas, la atención de los lectores ávidos de textos que reten a su imaginación pero que no se les vaya su presupuesto vital en el intento. Claro, a todos nos gustan las cosas caras, pero por otro lado, está el obstáculo que impide que invirtamos en ellas que es la fama de lectores pobres que tenemos.

A decir de uno de mis maestros de la secundaria, no es cierto que no leamos, lo hacemos y mucho, lo malo está en la calidad de los contenidos que leemos; en esos años el indicativo de ser mal lector era el Alarma, un pasquín de nota roja que optaba por el sensacionalismo en lugar de la información. Ahora no podemos señalar a uno con ese corte porque ¡todos preponderan la nota roja! Es claro que la calidad de las lecturas en los periódicos ha bajado y la tendencia no parece que vaya a revertirse en el corto plazo, es por ellos que como lectores, podríamos darnos a la tarea de buscar y apoyar medios impresos o en línea que estén esforzándose por mantener un nivel digno en las letras y el periodismo nacionales. Salud.

Beto

martes, 16 de julio de 2024

Adictos a las letras

Mejores que los nobiliarios, los títulos de
los libros nos revisten de nobleza. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Pareciera una exageración, pero hay formatos de libros que a primera vista se vuelven favoritos, en ello hay algo de costumbre o de búsqueda de lo nuevo y original, el caso es que comprar una copia se vuelve casi urgente cuando las hojas encuadernadas nos llenan el ojo. Cuando digo formatos, me refiero a los tamaños y aunque los libros grandes son muy llamativos, yo prefiero los tamaños de bolsillo por ser portables y porque no pesan tanto en las manos cuando los leemos fuera de nuestras casas; por el lado de la nostalgia, me recuerdan mis años de universitario, la primera vez que nos encargaron uno así, debo decir que mi primera impresión no fue muy favorable, mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que eran más densos que los que había leído antes.

Los primeros temblores que acompañan a las primeras caricias de las tapas de un buen libro, son signos inequívocos de una muy grata adicción, es imposible resistirse a la textura, los colores, el olor a papel y tinta nuevos esperando a ser explorados. Un libro es un instrumento que envejecerá con nosotros, será una compañía permanente porque trascenderá las páginas hacia nuestra mente y nos susurrará al oído esos datos que necesitaremos en algún momento. Los libros no se almacenan, son quienes le dan la bienvenida a los visitantes exponiendo los pormenores de los dueños del lugar, algo así como una tarjeta de presentación con datos más interesantes que el mostrar nada más una dirección y un teléfono. Mediante los títulos en esos lomos, podemos ver el perfil de la persona con la que vamos a tratar.

La verdad, no conozco a muchas personas que en su vida cotidiana hablen sobre los contenidos de los libros, a menos que se encuentren en circunstancias especiales como en una conferencia, un programa de televisión o de radio o en una clase; sin embargo, los hay (contados) que su mundo, enriquecido por las historias narradas por otros ofrecen una apertura más allá de las páginas que ya hayan leído y entienden muy bien que su papel no es hacernos un resumen de esas novelas o cuentos sino que saben que es más valiosa su experiencia de lectura porque, leer eso que ellos ya leyeron, podemos hacerlo perfectamente por nuestra cuenta. Es ese respeto el que hace a un adicto a las letras, atractivo para tenerlo cerca en las ocasiones en las que necesitamos compañía.

Los lectores tienen fama de introvertidos y lo achacamos a que todo el tiempo están pensando en las cosas que se encontraron en las múltiples páginas que prefirieron leer en lugar de salir con amigos y, aunque esta versión es lógica, no es la correcta, lo que realmente hacen las lecturas es conectar los pensamientos actuales con las referencias que sacan a la luz y con ello crear nuevos conocimientos; esto que afirmo de manera tan simple no es difícil pero requiere de cierto entrenamiento que se hace racionalmente preguntándonos «¿esto qué me recuerda?», las demás cuestiones saldrán de cada uno y de las circunstancias en las que creamos estar. Encontrar la propia fórmula nos garantiza mantener la atención en la siguiente lectura... y la que sigue. Salud.

Beto

martes, 9 de julio de 2024

En busca de inspiración

Los viajes reales dan resultados diferentes
a los viajes virtuales. Foto: BAER

Tequisquiapan, Qro.- Los cambios de aires suelen activar la imaginación porque representan una adaptación eventual a otra realidad, distinta a la que estamos acostumbrados empezando por lo obvio que son los espacios; los tiempos también sufren de modificaciones que alteran parcialmente las rutinas diarias sin importar que los viajes sean de placer o de negocios. Un viaje nos recuerda que somos finitos porque, a menos que sea para generar recursos que nos permitan mantenernos fuera, sabemos que debemos regresar a donde pertenecemos para cumplir con las rutinas que los generará; ser de «fuera» hace que cambiemos de perspectiva ya que, al no pertenecer ni llevar el ritmo del lugar, podemos poner atención a los detalles que en donde vivimos, definitivamente nos pasarían inadvertidos o no nos importarían.

Hay quienes sienten el llamado de las musas al mirar un bello rostro, un amplio paisaje, la realización de una hazaña deportiva o el ver a un infante jugando al atardecer en la arena de una playa remota; curiosamente, los recuerdos parecen ser el detonante (si no que el hilo conductor) para la creación, no importa que sean palabras, imágenes u objetos, el golpe mental es igual. la intención permanente, si me permiten referirme así al interés creativo predominante, guiará hacia algún punto determinado los detalles que observe en su entorno, en cuanto a las personas, las miradas pueden llevar a los románticos a compararlas con la luz de un faro que los salvará de una tormenta, al pragmático quizá lo ponga en una situación de alerta por la suspicacia que expresa.

El «cambio de aires» permite que nuestra mente se despeje de todo eso que nos importa pero que nos causa estrés lo que nos permite centrarnos en cumplir con otros rituales, tan diferentes y tan similares que por un lado nos sorprenden y por el otro, nos identifican. Nada es más notorio que la diferencia en los ritmos de vida pues, los ropajes debido a las modas, suelen ser iguales, así como las formas de comer o algunas maneras de hablar, sin embargo, la velocidad o lentitud con la que se realizan las tareas diarias, nos dan una idea de la paz con la que los problemas se manejan y lo que tienen para ofrecer a los visitantes. También podrían ser un ejemplo de comportamiento que se podría implementar en «metrópolis» como Guanajuato, Irapuato o León, para no perder el ambiente «pueblerino».

Ese ambiente que esta población queretana tiene a raudales plantea la posibilidad de replicarse en otras latitudes y antes de argumentar que eso sólo se da en lugares chicos, podemos contestar que los grandes pueden segmentarse sin perder la identidad general, que de alguna manera lo tenemos hecho con fraccionamientos, colonias y barrios, un ejemplo de ello serían los trabajos en el Barrio Arriba en la ciudad de León, Gto., creando con ellos, un microcosmos independiente en contenidos culturales pero complementarios a la ciudad; no podría decir que el efecto de estar en el Jardín Allende frente a la Parroquia del Señor de la Salud para los que llegamos a vivir en esa zona, que deambular frente al templo parroquial Santa María de la asunción de esta localidad queretana. Salud.

Beto

martes, 2 de julio de 2024

El fin sólo a mí me justifica

Se nos deja venir la historia y hay
que taclearla. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hay que tratar esto desde un punto de vista literario porque, de otra manera, estaríamos atentando contra las sensibilidades actuales; hay personajes que encarnan un aspecto particular del egoísmo, bien visto, como para lograr identificarse en el lugar en el que fueron puestos; Otelo, el rey Lear, Pedro Páramo, todos ellos y otros similares suponen que el mundo gira en torno suyo, que si hubieran existido en este plano y de haber leído a Nicolás Maquiavelo, los pretextos para cometer actos atroces serían producto de una carrera universitaria. ¿Exagero? Sí, pero piénsenlo por un momento, quien haya leído «El príncipe» habrá encontrado razonamientos a la medida para sentirse el centro del universo, como cuando nos ponemos en los zapatos del protagonista de una película de acción.

Citar a Maquiavelo a un mes de haberse llevado a cabo las elecciones, no parece muy digno puesto que ya sabemos el resultado, lo que podríamos hacer sería el tratar de imaginar el comportamiento social a partir de ahora, uno deseable porque el apocalíptico ya lo tenemos; desde el momento en que nuestro nuevo presidente pise el Palacio Nacional, un gran sector de la población usará los canales legales a la mano para ejercer, además de periodistas e intelectuales, una vigilancia cercana así como la presión suficiente para hacer que sus intentos de corruptelas bajen o, al menos, tengamos puntualmente las pruebas de lo que están haciendo, tratando también (esto es de mi parte) si es cierto que terminaron de pagar al narco como afirmé en otros espacios.

Ya tengo listos varios apuntes históricos en los que quiero develar algunos hechos en a todas las tomas de poder desde 1924, fecha importante porque creo que significa el germen del gobierno tripartita acaparado por los tres sectores de la Revolución que Plutarco Elías Calles configuró en un partido político. Ese partido estuvo bien definido hasta el sexenio de Carlos Salinas de Gortari quien, supongo, quiso aumentar una vía (si no es que controlar a las tres originales) al tráfico de drogas; puede ser que en este punto todo suene descabellado, pero confío en que, una vez terminado el ensayo, tengamos una idea clara incluso de la intervención permanente de los norteamericanos en el país y el porqué es tan peleado un puesto en el aparato gubernamental mexicano.

La intención del escrito será poner orden a pasajes de la historia que pudieran dar razón de la inseguridad con la que hemos vivido desde hace varias décadas, estableciendo por tanto que, lo que hemos manejado como sospecha, tiene mucho de verdad, con lo que a la larga nos dé herramientas para demandar todo eso a lo que debemos tener acceso por derecho. Habría que estar pendiente de los posibles cambios en la política internacional pues, si sigue tratándose como si fuera un juego, eso significaría que no hay posibilidad de volver a la calma en el siguiente sexenio. Los acuerdos entre nosotros y los gringos se han caracterizado por la no negociación entre países sino entre gobiernos norteamericanos y políticos mexicanos o estos últimos con particulares de allá, por eso generalmente nada nos toca. Salud.

Beto

martes, 25 de junio de 2024

Neal Baer

El proceso de pasar a la ficción a un ser real,
suele ser muy divertido. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es una de esas presencias fantasmagóricas que te asaltan a media noche, no tienen un motivo específico para aparecerse, sólo recorren tus neuronas para descubrir qué espacios entre ellas no están ocupados; se regodeará acomodando sus pertenencias en lo que será «su departamento» o en «su casa» si lo acompaña su familia. Neal Baer, norteamericano, dedicado a las tareas creativas desde que se graduó de la universidad, enamorado de todo lo que implicaba la producción televisiva, intentó incursionar primero en un programa local con un éxito moderado en su ciudad natal, Augusta, en el estado de Georgia sin lograr mantenerse por mucho tiempo, así que migró hacia Columbia en Carolina del sur donde se acomodó como asistente para las narraciones de los Gamecocks de la USC.

En este punto me separo de la persona real; Neal, por coincidencia, tiene un apellido que coincide con las letras que configuran mi CURP y mi registro del SAT, así que por una afinidad graciosa, tomé su nombre para fabricarme un personaje en la novela que escribo sobre un detective que debe luchar contra ciertos estereotipos para poder realizar su trabajo, por lo cual un extranjero le será de utilidad por tener un punto de vista diferente al que se tiene en el país respecto del trabajo femenil, principalmente en los empleos de riesgo, lo que lo convierte en un gran impulsor del trabajo de la detective, más que nada por su experiencia (esta parte sí real) como productor ejecutivo de programas policiacos como «La ley y el orden».

¿Bajo qué circunstancias llega Mr. Baer a nuestro país? En una realidad alterna, era el verano de 1988 y en el territorio prevalecía un periodo convulso puesto que la elección del secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, como presidente de la República, fue tachada de fraudulenta, pero nada había que le impidiera tomar posesión del cargo; ¿era de verdad tan importante para los mexicanos que el voto no se hubiera respetado? Las movilizaciones que se dieron, lejos estaban de convocar masivamente por el simple concepto, puesto que de fraudes el país ya estaba hasta el fastidio. Duraron poco pero la indignación quedó flotando en el aire, sin embargo, algo había detrás que no encajaba y molestaba a la población, justo lo que venía a vigilar el señor Neal Baer.

Si los dos párrafos anteriores les parecen más interesantes que el primero, es comprensible dada nuestra natural tendencia a las dramatizaciones, por ello la razón de intentar por un lado, una novela con fragmentos históricos cuya base sería un ensayo sobre la creación de la vías de transporte de sustancias prohibidas en México. El destino es lógico si pensamos que, los Estados Unidos deben mantener al ejército más grande del mundo, ya que al lo largo de su historia, han abierto muchos frentes; a nosotros deben dominarnos con la economía ya que haciéndonos dependientes, no tienen que gastar recursos declarando otra guerra que destruiría su dispensario de drogas para el ejército ya mencionado. Para ello ha echado mano de múltiples armas incluida la profunda religiosidad de un pueblo que harto, es peligroso. Salud.

Beto

martes, 18 de junio de 2024

Creando escenarios

Cada lectura también es una recreación.
Foto: BAER
Irapuato, Gto.- En el mundo de las letras, los espacios están inspirados tanto en aquellos lugares que conocemos, como en aquellos en los que nos gustaría estar; la imaginación es un gran tesoro que, al contrario de las joyas, debe invertirse en su totalidad para que se mantenga fresca y estable, es uno de esos casos raros en que algo se reproduce mientras se usa sin importar la cantidad. Un lugar real o ficticio requiere de mucha atención para su descripción y un poco más para «movernos» entre sus estancias o pasillos, las dimensiones, los colores, la distribución se amalgaman para dar coherencia a los movimientos de los personajes tanto si son animales, plantas u objetos, lo que nos hace creer que de verdad un elefante vive en el interior del tronco de un gran árbol e invita a comer a una hormiga.

La herramienta más socorrida para lograr lo anterior es el uso de la verosimilitud, es decir, tomar partes de la realidad para crear una alterna, Esopo, el gran maestro de las fábulas, manejó con inmensa soltura las condiciones en las que los animales se conducían para dotarlos de características humanas, no porque ellos no las tengan, sino porque somos los únicos que las nombramos. Desde la carrera de la liebre y la tortuga hasta El laberinto del fauno o La forma del agua, los seres mundanos y los seres fantásticos se oponen o se unen para solucionar algún problema que los involucra, ya sea por convencimiento o por la fuerza poniendo para tal motivo, lo mejor de sí mismos. Los primeros elementos para crear un escenario están dados de esta manera y el lugar puede ser cualquiera.

Los espacios creados pueden desafiar la gravedad, soportar grandes presiones, hacer que las plantas crezcan en segundos o que se trasladen de un sitio a otro, ser tan oscuros que no veríamos en absoluto o con las características que nuestra imaginación sea capaz de crear; si bien es cierto que no a todos les gusta la fantasía, hay un paso intermedio entre ésta y el realismo que es el pensamiento mágico con el cual podemos jugar a crear mundos paralelos, habitables en exclusividad con todos aquellos que estén dispuestos a viajar con nosotros. Aunque esto suene algo poético, la verdad es que algunos viajes pueden ser terroríficos en escenarios que le helarían las venas al más pintado, pero eso no obsta para que quienes los leen, encuentren placer.

En la escritura está uno de los secretos de la creación, el otro está en la lectura; al realizar cada uno, podemos experimentar la sensación de que todo dependa de nuestra voluntad a la cual la convertimos en fabulosos cuadros que mostrarán los pormenores de un conflicto o a las pistas para escapar de una situación peligrosa o a la reconciliación de dos personas antes en problemas; los espacios serán tan dinámicos como la acción la requiera, cada personaje tratará de «hacer juego» con lo que le rodea, los cambios a eso deberán justificarse como el hecho de vestir ropajes del siglo XVI europeo en una casa de interés social de 1971, seguramente se trata de una fiesta temática de disfraces. Como siempre, todo debe sonar verosímil para cualquiera. Salud.

Beto

martes, 11 de junio de 2024

Comunicación inyectada

La teoría de la aguja hipodérmica no considera
la capacidad de decisión. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Me tomaré la libertad de disentir sobre algunos conceptos que usamos cotidianamente, sin la esperanza de que las cosas cambien, pero sí con la conciencia tranquila de haberme quitado este peso. Debe ser de esa manera ya que la ciencia a la que me dedico, aún no ajusta lo suficiente sus términos de uso del conocimiento y ésta sería mi minúscula participación para llegar a ello; las formas que usamos para expresar lo que pensamos o sentimos, siguen ciertas reglas que responden a rasgos culturales o circunstancias específicas de convivencia (laboral, escolar, familiar) y a los hábitos, tanto los acumulados como los eventuales, todo ello bajo la perspectiva de las etapas de desarrollo humano que pueden verse desde lo biológico y desde lo escolar.

Mucho de lo que aprendemos se logra con repetición, con el hecho de tener la conciencia (o resignación) de que algo debe pasar, dentro del aprendizaje debe haber una especie de complicidad además de la confianza en dos sentidos, la primera, de que somos capaces de aprender y la segunda, de que lo que se nos enseñará es útil y verdadero. Lo anterior sería una explicación llana de lo que la teoría comunicacional de la aguja hipodérmica de que los mensajes a los que estamos expuestos, se nos introyectan como en una vacuna, es decir, en todo momento sabemos que una inoculación intramuscular o subcutánea será en nuestro beneficio a pesar del dolor que pueda producirnos en primera instancia, toda información de esa manera se vuelve un agente de cambio y de mantenimiento.

Por supuesto, hay información que nos produce placer como el anuncio de que fuimos aceptados para ocupar un puesto en alguna empresa, que el resultado de un examen nos favorece o que nos sacamos la lotería, lo que hace difícil la descripción de la comunicación como una inyección pues no creo que la parte de la introducción de una aguja tenga que ver con el placer, aunque sería comprensible que se entendiera que, una vez introducida, nada hay que podamos hacer para evitar que el «líquido» entre en nuestro sistema. La no consideración de que somos capaces de decidir, hace que esta teoría se enfoque en el fenómeno de la comunicación cuando estamos en contacto con la información y aun así, en la realidad sí decidimos si la consumimos o no.

Por algún tiempo se pensó que la exposición a la información circundante como entes pasivos tenía una carga de peligro al grado del dominio mental, sin embargo, tuvimos que desechar esa consideración debido a que en efecto, somos capaces de decidir si esas exposiciones son pertinentes o en qué tiempo el gusto o la casualidad nos obligarán a cambiar nuestro consumo de mensajes; para ello, el mecanismo del olvido resulta muy útil porque llenar nuestro cerebro con información banal podría llegar a atrofiarlo, exageraciones más o menos, pero podríamos comparar a personas con las mismas circunstancias con acceso a diferentes tipos de mensajes si es que acaso mantienen conversaciones distintas en niveles, pero con un machote predeterminado que no tenga que ver con lo que vieron o escucharon. Salud.

Beto

martes, 4 de junio de 2024

Medios alternativos

La lectura es una «enfermedad» que se propaga
por contagio. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La tecnología propone ritmos de vida que aceptamos sin mayores cuestionamientos que ¿para qué sirve? o ¿cómo funciona? Hemos alcanzado tal destreza en el uso de equipos de comunicación e información que ahora los medios impresos se han vuelto alternativos; enviar cartas o telegramas, imprimir volantes o tarjetas de presentación, publicar revistas o libros, pasaron de ser objetos principales a ser complementos de actividades dedicadas a la difusión de ideas como la publicidad, la propaganda o la ciencia. Por cada medio análogo hay una parte virtual en un combo llamado teléfono móvil. Ese equipo vino a facilitarnos un montón de tareas, tanto de transmisión como de recepción de datos, con todos los inconvenientes que podamos imputarle.

Pero repasemos unos cuantos de los medios impresos, desde los más sencillos hasta los más complicados; las tarjetas de presentación tienen el cometido de recordarnos de quién se trata el proveedor de algún servicio o producto sin mayor explicación, sólo con los datos suficientes para ubicarlos. Su pequeño tamaño estandarizado en nueve por cinco centímetros permite portarlas en bolsos, carteras y tarjeteros en cualquier lado o servir como objeto de intercambio. Un volante aumenta la cantidad de información ya que su tamaño permite al ahondar en el número y las cualidades de esos productos y servicios, generalmente se imprimen en media carta, es decir, veinticinco y medio por catorce centímetros, siendo lo mejor, que pueden usarse imágenes variadas para hacerlos más atractivos.

Si apelamos al sentido de la moda que impera en nuestros días, diría que volver a usar medios de comunicación como el correo o el telégrafo nos metería de lleno al mundo «vintage», de lo retrospectivo pues, una de esas contradicciones felices en las que lo importante es sentirnos a gusto; aunque gritemos a los cuatro vientos que somos un pueblo que mira al futuro, hemos estado anclados al pasado desde hace varias décadas por lo que podemos considerar a los ciclos de las modas como el pan de cada día. De cualquier manera, no hemos dejado de utilizar papel y bolígrafos para anotar lo que nos interesa ni hemos dejado de leer mensajes en papel, por mucho que las pantallas hayan copado casi en su totalidad, los aspectos cotidianos de nuestra existencia.

Nada va a superar a la sensación de hacer que un bolígrafo obedezca a nuestra mano para dejar lo que pensamos plasmado en alguna superficie adecuada para recibir tinta; las máquinas de escribir también levantan la mano y detrás de ellas vienen las Chandler, las offset y las rotativas, aún en funciones aunque ya no tan activas. Es probable que la papelería pase al rubro de artesanía (como los libros que hacemos nosotros, sus servidores), basados en las calidades de las tintas, los papeles y la encuadernación, habría nada más que cambiar un poco las características del mercado, lo cual está sucediendo ya que aún hay generaciones que saben apreciar un buen trabajo de impresión. Ahora mismo, un libro sigue siendo un buen regalo. Salud.

Beto

martes, 28 de mayo de 2024

Culto a la denuncia

Algunas veces lo único que nos queda como
defensa es la sátira. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El ir con el chisme es de rajados nos decían en la primaria exactamente los que habían cometido una falta ya que, de haber denunciado su acción, tomarían represalias o al menos, ésa era su amenaza; ese mismo esquema se replica en la actualidad sólo que con armas de fuego, pero el desquite se maneja igual que cuando niños y el aguante es cada vez menor. Con la tendencia actual, resulta que los agresores sociales toman el papel de agredidos por una sociedad «que no los comprende», que los ha marginado y que no tuvieron más opción que delinquir, tomar por asalto las calles, extorsionar comerciantes, secuestrar y matar a inocentes. Han tomado el camino de la muerte prematura por una vida de lujos apresurados, porque ¿saben cuántos traficantes han muerto? Y nosotros seguimos aquí.

La literatura dedicada a evidenciar delitos o desenmascarar delincuentes aparece de vez en cuando, casi como un paliativo para distraer el enojo popular, del primer libro que tengo memoria es aquel llamado «Lo negro del ‘Negro’ Durazo», de José González G. publicado el 1° de enero de 1983 por editorial Posada; lo leí con cierta fruición y sirvió como vacuna para ya no tener curiosidad por ponerle nombres a la corrupción, aunque después de esa lectura y fuera de cronología, fui por «El guarura» del periodista José Pérez Chowell, publicado el 16 de abril de 1980 por editorial Universo. Ambas obras denuncian las corruptelas perpetradas desde la silla presidencial, el primero en el sexenio de José López Portillo y el segundo en el de Luis Echeverría Álvarez.

Desde aquellos años han aparecido obras similares hasta llegar al más reciente «El rey del cash» de la escritora y periodista Elena Chávez González donde trata los tejes y manejes del actual mandatario; este tipo de denuncias pueden representar un extraordinario ejercicio periodístico, sin embargo, el esfuerzo no permea hacia la sociedad en general pues todos conocemos el riesgo que corren aquellos que se atreven a denunciar los delitos de las autoridades. También está el hecho de que desconfiamos de la buena voluntad de cualquiera, ni siquiera nuestros conocidos gozan de buen crédito o quizá pensemos que no vale la pena ponerlos en riesgo, rasgo bastante noble comparado con lo que vivimos a diario; la cuestión no está en si nos atrevemos, sino en que no estamos seguros.

El meollo del asunto es la escasa protección con la que cuentan algunos escritores y la nula de los ciudadanos de a pie; ir a acusar a un delincuente lo consideramos intrínsecamente, una sentencia de muerte puesto que, a decir de la actual administración, el perdón y los derechos que valen la pena proteger son los de la delincuencia. Mi única explicación para que todo esté dado de esta manera es que el actual gobierno debe pagar la deuda que adquirió por dieciocho años de campaña manteniendo a un haragán, a su séquito y a todas sus locuras incluidos los constantes plantones para desquiciar a los tres sexenios anteriores, aunque del de Peña Nieto tengo mis dudas... En el negocio del poder hay varios recovecos que se nos escapan como agua entre los dedos. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...