martes, 23 de julio de 2024

Lecturas poco costosas

Vente manito, ése anda muy alzado. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Exceptuando las especializadas, las revistas suelen ser sinónimo de entretenimiento y aunque la división que hice no es exacta (porque dentro del entretenimiento también hay especializaciones) debo decir que todas tienen algo de diversión; las hay científicas, de arte, deportiva y casi de todo lo que involucre alguna actividad humana; son catalogadas en su mayoría como lecturas ligeras (quizá por culpa de las que están dedicadas a temas supuestamente de espectáculos) pero sabemos que eso está alejado de la realidad puesto que hay las que, por su contenido científico o filosófico así como las literarias, nos ponen a pensar en las posibilidades de aumentar los potenciales que tenemos. A pesar de ser un medio masivo de información, tiene la peculiaridad de ser tratada como una impresión personalizada.

Como en todo, existen ediciones de lujo y ediciones populares que, al parecer, condicionen las lecturas posiblemente por el cuidado que debemos tener con los empastados de lujo o por la practicidad que representan las pastas flexibles, a unos no quisiéramos que ni les diera el sol, los otros deben cargar con el estigma de ser «de uso diario». Pero la valoración del objeto en realidad nada aporta a la comprensión de las historias que contienen pues las mismas palabras están en una edición del mismo libro de quinientos pesos que en otra de ciento cincuenta; es posible que el leer en una edición de lujo sea un obstáculo pues nunca es deseable maltratar un objeto tan apreciable que inclusive podría aumentar su valor conforme pase el tiempo, en lo económico o en lo estimativo.

Una buena lectura puede tener una pasta poco costosa, pero una pasta costosa rara vez contendrá una mala lectura, las ventajas de un pensamiento económico se reflejan en el evitar el desperdicio de papel, para el caso de una editorial; el mismo pensamiento se requiere para poner al alcance de todos, aquello que vale la pena leerse, por ejemplo, las ediciones del Fondo de Cultura Económica o las de Ediciones El Caballito han capturado por décadas, la atención de los lectores ávidos de textos que reten a su imaginación pero que no se les vaya su presupuesto vital en el intento. Claro, a todos nos gustan las cosas caras, pero por otro lado, está el obstáculo que impide que invirtamos en ellas que es la fama de lectores pobres que tenemos.

A decir de uno de mis maestros de la secundaria, no es cierto que no leamos, lo hacemos y mucho, lo malo está en la calidad de los contenidos que leemos; en esos años el indicativo de ser mal lector era el Alarma, un pasquín de nota roja que optaba por el sensacionalismo en lugar de la información. Ahora no podemos señalar a uno con ese corte porque ¡todos preponderan la nota roja! Es claro que la calidad de las lecturas en los periódicos ha bajado y la tendencia no parece que vaya a revertirse en el corto plazo, es por ellos que como lectores, podríamos darnos a la tarea de buscar y apoyar medios impresos o en línea que estén esforzándose por mantener un nivel digno en las letras y el periodismo nacionales. Salud.

Beto

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