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| ¿De verdad no nos es posible separa la ficción de la realidad? Foto: BAER |
El mismo servicio que intentamos satanizar porque «los jóvenes están siendo mal influenciados por los mensajes que ahí consumen» sin entender que en nuestro ámbito educativo (casa) no hemos puesto en claro los parámetros que deben regir los consumos, tanto de los equipos móviles como de los contenidos; esto se ha dado por una simple razón: hemos dado por entendido que manejamos los mismos conceptos de comportamiento, dejando que términos como «emergencia» o «necesidad» queden flotando sin ninguna aclaración de lo que deben representar para cada familia y menos en la escuela. Otro sobre entendido es que ésta última deberá corregir los vicios con los que enviamos a los niños a las aulas «pero sin que traumen a los querubines».
Existir «como si viviéramos» es la verdadera virtualidad y tan la encontramos en las pantallas como en las hojas impresas de un libro, las revistas o los periódicos y ni siquiera me refiero a inserciones literarias, sino a las notas «pelonas» que retratan de la manera más cruda lo que sucede en el mundo, pero como son realidades en las que sólo podemos presentar empatía, pasan a las filas de lo virtual que, desde un punto de vista platónico, será tratada como una realidad alterna, ya que si lo piensas existe. Habrá quien piense que los mundos virtuales son una proyección de lo que deseamos, no sólo como creadores sino como consumidores de mensajes también, de ahí sale la identificación con los personajes y la búsqueda de similitud con los espacios.
Vivir la virtualidad es hacer como que se vive, ya ni siquiera es ponerse en los zapatos de otro sino el «trasladar» nuestro ser a una realidad alterna por medio de avatares o como sea que se llamen esos personajes que corren en nuestro lugar, que batallan en parajes inhóspitos o tiran de balazos a diestra y siniestra acabando con todo lo que se les atraviesa; no caeré en la tentación de echarle la culpa a los video juegos de hacer que aumente la violencia, pero quizá sí de normalizarla, un argumento con el cual no estuve de acuerdo en los setenta cuando se acusó al programa Ultramán de volver agresivos a los niños, pero entonces teníamos conciencia de que era otro el que actuaba, mientras que en los video juegos, es una representación personal la que dispara. Salud.
Beto

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