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| Blanca Nieves esperando a que le digan de dónde salió su versión. Foto: BAER |
Mucho de lo que nos inspira surge de lo cotidiano, de lo que solemos hacer por rutina, la seguridad por mucho que la post modernidad abogue por salir de la «zona de confort» (cualquier cosa que eso sea), la verdad es que los periodos de tranquilidad son el sustento de los conflictos, si no los tomamos en cuenta, no podríamos contrastar cada episodio. Cada detalle que nos rodea podría ser un actante en nuestras historias, dotándolos de características antropomórficas o dejando intacta su naturaleza, lo que los anima son las circunstancias con las que revestimos sus hábitats por lo que podríamos ver nacer de un huevo a una mariposa de acero o ver volar tortugas armadas con sables y pensar que todo eso es posible en todos los universos alternos que se nos ocurran.
Como mediadora, la pantalla fija limita el movimiento aunque mantiene la atención, la pantalla portátil, amplía el movimiento pero limita la atención; nos hemos vuelto un peligro para nosotros mismos dado que antes al apagar el televisor, buscábamos la compañía humana, ahora al separarnos de la casa, buscamos una conexión de wi-fi. Pareciera que, conforme estamos ampliando los horizontes físicos, restringimos los afectivos; podemos alegar lo que sea pero no debe pasar inadvertido que la inmediatez de la información nos ha vuelto intolerantes a la frustración, lo cual es lógico considerando que los habitantes de estas benditas tierras, siguen siendo los eternos adolescentes que salieron desde los días de la independencia. Seguimos teniendo la piel muy delgada.
Entre el surrealismo y el realismo mágico los naturales de este lugar nos encontramos con que la nuestra es una realidad desfasada de los demás países del orbe pues mientras ellos han valorado sus periodos de paz, de este lado pasamos la vida imaginando cómo partirnos la cara, si por allá buscan la manera de disfrutar su tiempo libre, nosotros lo hacemos en el tiempo laboral; Einstein podrá ser el padre de la relatividad pero aquí vivimos quienes estiramos o encogemos las horas según sean nuestras conveniencias. «Ahorita» es una medida de tiempo perfectamente válida para encontrar los «destos de la desa» y entregárselos a «fulano »o «mengano» y andar sin preocupaciones por «esos caminos de Dios», todo así de exacto y perfecto. Salud.
Beto

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