martes, 26 de diciembre de 2023

Un plan de difusión

Como con los zapatos, lo más difícil de los libros
es venderlos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las ventajas que ofrece la especialización abarca temas que tienen que ver con la difusión de las ideas desde darlas a conocer hasta su venta, esto no necesariamente hablando en dinero; cuando escribimos para un público, por supuesto que pensamos en una remuneración, sin embargo, la venta para el convencimiento presenta dos vías: la de que lo escrito va a dejar una enseñanza y la de que quien lo escribió es bueno. Ver un libro en un aparador significa un trabajo donde intervinieron varias personas conscientes de que lo publicado es la representación de sí mismos. Desde el impresor, el encuadernador, el grabador hasta el editor, pondrán todo su esfuerzo en hacer que un escrito se vea atractivo a la vista, por así decirlo, son la primera invitación a leer.

Para los escritores principiantes, lo mejor es empezar con eventos íntimos en donde sus conocidos más allegados le brinden el cobijo necesario para que vaya tomando confianza, pueden ser varios si es que la logística así lo requiere, por ejemplo, que se trate de un gran número de personas en un lugar pequeño, así que se dividirán (por invitación) en diferentes fechas. Para completar el primer plan, no estaría de más contactar a una librería local que viviera de sus propios recursos, para que los detalles fiscales sean menos densos y no se conviertan en un pretexto para interrumpir la producción literaria; es importante que la experiencia sea lo más placentera posible para beneplácito de todos los involucrados, pues un equipo motivado obtiene mejores resultados y lo más importante, es apoyar el surgimiento de nuevos escritores.

Los medios actuales al alcance, principalmente en la red, han abierto un abanico de posibilidades tan amplio como el número de humanos con un canal de audio o video, sin mencionar a los que hacen uso de la letra escrita para plasmar sus pensamientos, los libros también viajan por esas súper carreteras con un éxito moderado, nada distinto a la distribución en papel ya que los formatos podrán haber cambiado, pero los hábitos de lectura no. Lo anterior puede ser tanto un rasgo positivo como negativo; por un lado, es triste pensar que todos estos años los aficionados a la lectura seguimos siendo casi los mismos (atendiendo entradas y salidas por generación y decesos), por el otro, podría ser esperanzador que los libros electrónicos tengan una oportunidad simplificando las plataformas.

Los espacios para ofertar libros han aumentado un poco considerando las ferias y los espacios que permiten, además de las librerías, la firma de los autores como cafeterías o bares; tanto autores como editores deben considerar la convivencia de ,los espacios para presentar o distribuir las obras a tratar, las negociaciones para cada evento corre a cargo del editor sin dejar de lado la opinión del autor, sin embargo, debemos considerar la experiencia de la casa editora. Por otro lado, hay que observar qué tipo de negociación debe llevarse a cabo con una librería de cadena (como el Fondo de Cultura Económica, por ejemplo) o una independiente para que queden claros los requisitos de cada una para ofertar los libros; una vez acordado todo, ¡a imprimir! Salud.

Beto

martes, 19 de diciembre de 2023

Tengo el escrito, ¿ahora qué?

La lectura inicial al publico es mágica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hemos pasado la aduana del convencimiento de que no seremos pasto de la autocensura, sigue convencernos de que no seremos motivo de la burla de los demás; para lograr lo anterior, habrá que estar conscientes de que lo que hayamos escrito es bueno. El significado inmediato es que alguien más debe leerlo puesto que hemos sido capaces de ver algo que la mayoría no y que es digno de que los demás estén enterados de ello, puesto que podría ser la clave para que mejoraran nuestras relaciones sociales, aprovecháramos algún recurso de la mejor manera, tuviéramos alternativas de producción o simplemente entretenernos, que ya es ganancia. La búsqueda de un profesional de la edición de textos es indispensable para asegurarnos de que nuestros escritos cumplen con la intención con la que fueron creados.

No es que el texto deba ceñirse a las reglas gramaticales porque así debe ser, sino que éstas se presenten como las herramientas para sacar todo el potencial del texto, nada más porque es importante que estemos seguros que lo que escribimos es exactamente lo que queremos decir; pero estamos ya frente a un texto terminado, nos ha costado bastante esfuerzo, quizá desvelos o el privarnos de alguna diversión, lo cual sería suficiente motivo para querer compartirlo con todo el mundo, ¿es lo que buscamos? Insisto en la pregunta porque los altibajos entre querer ser leídos y lo contrario suele dejar varias obras en los cajones, pero si llegamos al punto de suponer que es buena idea publicarlo, lo que corresponde es averiguar sobre alternativas de edición, formato y publicación.

Claro está, la primera impresión la tenemos con la forma del libro, no será determinante para comprarlo pero sí tendrá una fuerte influencia para que se dé la adquisición, así que, aunque no sea el primer paso en la producción literaria, es bueno ir visualizando cómo se vería nuestra obra terminada, los libros a los que tengamos acceso pueden servirnos de ejemplo, al menos para saber qué pedir; los interiores son lo más importante, claro está y hay formatos establecidos que deben tomarse en cuenta aunque sea como sugerencia, la razón de hacerlo es para facilitar el disfrute del lector, para ello debemos optar por una tipografía clara y fácil de leer. En caso de optar por grabados, si no son para un libro infantil, éstos no deben robar la atención al texto.

Es posible que ya estén imaginándose tomando entre sus manos un ejemplar de su obra, la cubierta parece sonreírles, sus parientes, amigos y conocidos ya se enteraron de su próxima presentación y están ansiosos a la par de ti pues desean honestamente que te vaya muy bien; los preparativos inician con la preocupación de cómo se la pasarán tus invitados pues tu escrito está más que visto por tus ojos, sin embargo, lo que no es seguro es si provocarás el efecto que esperas, imaginas las miradas que te indican que cada par de orejas está al pendiente de cada palabra que pronuncias, pondrás tu mejor empeño en hacer que la experiencia sea inolvidable, puede ser que haya algo de tensión pero el alivio vendrá de inmediato con ese aplauso que los demás estaban esperando brindarte como agradecimiento. Así la lectura. Salud.

Beto

martes, 12 de diciembre de 2023

Aterrizar la fantasía

Ser creíble es imprescindible para crear
una obra literaria. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La coherencia es imprescindible en todo lo que hacemos, tanto en los trabajos manuales como en los intelectuales y es, principalmente en estos últimos, donde la vigilancia es más férrea; la sabiduría popular establece que las escaleras se barren de arriba hacia abajo; la imaginación, como elemento administrador del conocimiento (que es un componente testatario) debe ceñirse a las veredas de la lógica, las visualizo así ya que no se puede ser lógico trepado en un auto fórmula uno; el ser coherente, a su vez, toma tiempo de observación y de ordenamiento de las imágenes que se van a utilizar para expresar una idea que sea entendible para la mayoría o al menos, que puedan replicarla. Los personajes o situaciones en el teatro del absurdo, también responden de alguna manera, a la lógica.

Cada pensamiento que tenemos responde a un segmento de la experiencia que hayamos acumulado y del para qué la vamos a usar; contar cuentos ha sido una habilidad que apareció casi al mismo tiempo que nuestra capacidad de articular palabras, lo que significa que jugar con nuestra imaginación antecede al interés de averiguar cosas como una disciplina científica, la mezcla de ambas ha dado productos de una factura extraordinaria aunque el juego con los sentimientos es de lo más lucrativo que hay en la literatura universal, así encontramos títulos como María, Romeo y Julieta o Lo que el viento se llevó; el medio termina por ser secundario cuando el texto logra tocar lo más íntimo de las relaciones humanas y obliga a la imaginación a tomar un rol en la obra.

La pregunta simple para que una idea se escriba es ¿será lo suficientemente clara y lógica para ser leída? Con ella nos referimos más a las construcciones gramaticales o al significado de las palabras pues la humanización de animales y cosas la venimos aceptando sin problemas desde las fábulas de Esopo. También habría que tener cuidado con los tecnicismos o palabras específicas de alguna ciencia ya sea explicándola o traduciéndola a términos más llanos, pues aunque todos pasamos por la secundaria o la prepa, nadie tiene la obligación explícita de recordar todo lo relativo a la física o la química tratando de disfrutar una lectura de ciencia ficción; tampoco se trata de redactar en todo momento manuales sobre astronomía o espeleología (término que saqué de las películas de batman), sino de ser amenos.

Es cierto que dependiendo de la historia, el texto funcionará con uno u otro argumento; una novela de alienígenas del espacio tendrá ya una tendencia marcada, sin embargo esa tendencia supone que sólo los gringos podrían hacerles frente en caso de que llegaran con malas intenciones; si fuera lo contrario, también sólo ellos tendrían la capacidad intelectual para interactuar pero, ¿qué pasaría si esos alienígenas terminaran cayendo en Uriangato? ¿Acaso no encontrarían un par de estudiosos cuya curiosidad los llevara a entablar una especie de conversación? ¿Qué condiciones pondríamos en nuestra historia confrontando a una potencia galáctica con una ciudad pequeña como la guanajuatense? Y debe ser por fuerza de intercambio porque en caso de guerra, no necesitaríamos más que una página. Salud.

Beto

martes, 5 de diciembre de 2023

El diálogo interno

A veces no nos reconocemos de tan brillantes
respuestas que nos damos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La imaginaba como en un parlamento para la televisión o el cine, pero nada, se pasaba (cada vez que me pasaba) tan rápido que no me daba cuenta de dónde salía el sentimiento residual porque ¡ay, caramba!, de repente era tan fuerte y tan profundo que, la verdad, no parecía estar acorde con tan poco contenido; los pensamientos se pasan tan rápido porque no pensamos en palabras (salvo cuando debemos teorizar) sino en imágenes, puesto que es de esa manera en la que percibimos al mundo, incluso cuando charlamos con alguien, transformamos las palabras que escuchamos en fotogramas que pasan por nuestra cabeza vertiginosamente. Si han probado alguna vez el contar una historia por escrito, tal vez recuerden si fue su escritura más fluida cuando pensaron en oraciones o cuando describieron las imágenes en su pensamiento.

Pensar entonces, requiere de imágenes a las que describimos posteriormente de forma oral, lo que para el escritor significa un diálogo con el espejo, casi como en un acto de constricción en el que tratará de sacar el mayor provecho al cuestionamiento que tenga para sí mismo; podrá parecer raro que algunos lo realicen en voz alta, pero el oficio de la pluma duele sacar algunas cualidades que se suponen independientes, como la del histrión que todos solemos tener, no nos hagamos. Hablar hacia nuestro interior puede hacer que nos imaginemos más vívidamente una escena, un pasaje o una explicación según sea la naturaleza del escrito que vayamos a redactar y para ello, no hay nada como la vida cotidiana, pues la observación de sus devenires otorgan un magnífico material para el chisme, que es de lo que se trata.

Solemos tener todos algunos momentos de locura, pero hay que procurar que éstos sean productivos, por ejemplo, que las ideas que surjan de un diálogo con nosotros mismos pueda llevarse a la realidad. Hablar con uno mismo es una escena casi metafórica, puesto que no nos desdoblamos para hacerlo, puede ser que nos planteemos preguntas de las que seguramente ya tengamos las respuestas porque lo que no sabemos se lo preguntamos a los demás. Lo hacemos para reiterar lo que conocemos para, quizá, cambiar lo que sabemos, diferencia conceptual que ya tratamos en otro momento. Una parte bastante explorada en el camino del conocimiento y la medición de nuestros alcances en cuanto a lo que deseamos ser y queremos hacer que resulte adecuado a nuestro rol social.

Antes de que nos tachen de esquizofrénicos, aclaremos que un diálogo interno es un acto íntimo de autoregulación en el que vamos a buscar un mejor entendimiento de nuestros procesos mentales y la revisión de la coherencia en lo que pensamos y sabemos de nuestro entorno; así pues, es una especie de calentamiento o entrenamiento para poder enfrentar lo mejor posible, los cuestionamientos que nos lleguen del exterior, refutar eso en lo que no estamos de acuerdo y convencer de que lo que nos proponemos realizar en este día, es lo que más conviene a todos. Darnos unos minutos para hablar con nosotros mismos, nos permite observarnos desde una perspectiva diferente, evaluar nuestras actitudes frente a lo que proponemos o nos proponen y enfocar nuestro sentido de complementariedad. Salud.

Beto

martes, 28 de noviembre de 2023

Telégrafo universal

¿Es ésta una cara de dolor o un orgasmo?
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Fuera de toda crítica negativa a los hábitos impuestos al uso de la tecnología de la información y comunicación, el moderno telégrafo debería tener un lapso de reivindicación para mejorar su uso que la cotidianidad sólo critica, pero no da soluciones. Los mensajes instantáneos ahorran tiempo, acortan las angustias y casi eliminan los pretextos, pero las maneras en su uso son las que ponemos en tela de juicio; si han tenido la tentación de suplir palabras con dibujitos, escribirlas mochas o combinar ambas opciones, déjenme decirles que están usando un recurso bastante mal, es como jugar un partido de fútbol usando solamente chilenas, después de tres intentos se vuelve aburrido. Para que un mensaje mantenga nuestra atención, debe estar escrito de manera fluida y legible.

Cuando vamos a escribir un mensaje instantáneo, lo que debe dirigir nuestro pensamiento es el compactar las oraciones no el mutilar las palabras, tal cual lo hacían los trabajadores de telégrafos cuando nos sugerían ahorrar nuestro dinero; quizás ése sea un buen truco para aumentar la calidad de los mensajes escritos en el teléfono, pensar que nos van a cobrar por palabra, es decir, lo mismo daría escribir “xq” que “porque”, el chiste sería tener un mensaje con el menor número de palabras posible, que cubriera la idea total; por ejemplo, resultaría igual escribir: “te veo a las 5:00 pm en el café Capital” en lugar de “te veo en el lugar al que fuimos la otra vez que pediste un capuchino, ése que está en Díaz Ordaz”, pues lo que importa es encontrarnos, no qué pasó antes.

El administrar nuestras palabras haría que tuviéramos una forma más esquemática de pensar, lo que a la larga mejoraría considerablemente nuestras capacidades comunicativas ya que, por ejemplo, el llenar de información adicional a una instrucción hace que lo importante, que es realizar la tarea, se realice deficientemente o no se lleve a cabo. Si a lo anterior agregamos la baja comprensión lectora, el caos es inminente; fuera de tanta queja de mi parte pienso que tenemos, como individuos y sociedades de ahora, sí apropiarnos de una herramienta para mejorar como entes pensantes, que el teléfono móvil no sirva sólo para acortar distancias y entretenernos desviando nuestra atención hacia situaciones banales, sino convertirlo en un medio de aprendizaje que nos permita tener el alcance más conocimiento.

Sí, ahorremos tiempo escribiendo mensajes en la pantalla, pero no mutilemos las palabras ni hagamos pedazos la sintaxis, mejor busquemos la manera de ser concisos lo que se logra sabiendo cómo utilizar la lengua con la cual pensamos, nos divertimos y hasta reclamamos cuando algo que deseamos no quedó a nuestro agrado; utilicemos pocas palabras pero formando oraciones completas, no dejemos las dudas que lleva el usar dibujitos intercalados en los textos, seamos valientes ante el compromiso al que exponemos con las palabras y, por lo que más queramos, dejemos de creer que el uso de aufemismos es un rasgo de inteligencia. Si bien el llamado que hago desde esta humilde pero aguerrida tribuna no tiene esperanzas de trascender, con esto creo aportar un granito de arena a la cordura. Salud.

Beto

martes, 21 de noviembre de 2023

Ya huele a Navidad

Hasta Santa Clos parece de la 4T por
lo austero. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En lugar de una fragancia parece más un tufo; la comercialización ha invadido anaqueles desde hace dos meses, imagino que por la coincidencia de colores usados en las fiestas patrias; la práctica comercial que hace algunas décadas fue una curiosa novedad (traída por tiendas norteamericanas) se ha convertido en una costumbre invasiva para otras conmemoraciones y festejos, amén de las imposiciones culturales que ahora vemos como parte de la globalización que compiten con las impuestas en la Colonia, minimizadas en algún grado con las tradiciones prehispánicas. La amalgama cultural está bien, enriquece la visión que tenemos de los festejos arraigados en el país, lo censurable es que no respetemos los tiempos de cada una, pues a la vista de la víspera tan prolongada, el motivo parece poco.

El aire empieza a refrigerar hasta los pensamientos, todo se ralentiza acoplándose al ritmo que marca el cambio de ropa, las caminatas diurnas se reservan para los que son verdaderamente aferrados al ejercicio y no temen enfermarse, lo cual no significa que no lo hagan sino que confían en que su condición física les ayudaría a salir pronto de cualquier percance respiratorio; las recomendaciones sobre el abrigo, las infusiones y las vacunas hacen su aparición con atropellada pertinencia así como los dichos populares cuando a algún despistado sin frío se le ocurre salir ligero a la calle, “pues sí, la juventud no se enferma”. ¡Y sí que lo hace! Quizás en un mayor número de ocasiones que los viejos porque la adaptación hormonal suele cobrar facturas de eso que creemos gratuito.

A falta de un mes, ya pasados el día de muertos y el de la Revolución, tenemos que ligar los festejos para no perder el ritmo; en esta ciudad la tenemos sencilla puesto que el doce de diciembre está envuelto en el festejo de los barrios, por lo que sólo debemos ocuparnos en llenar siete días (supongo que los barrios comienzan el 31 del presente) ya que después del 31 de diciembre y el 1° de enero, los días hasta el 5 los tomamos como un pequeño descanso para luego entrarle con fe a la rosca. No es raro que mucho de nuestra vida gire en torno a la comida, tanto los espacios reales como los virtuales que vamos construyendo a lo largo del tiempo tienen como referencia a la alimentación del cuerpo y del alma, dirían los clásicos, por lo que no necesitamos pretextos para el consumo cotidiano.

El caso es que las campanitas ya no se oyen tan lejos anunciándonos que viene detrás de ellas, la presión para la compra de los ingredientes para la cena, los regalos (para los que acostumbren hacerlos) y el largo peregrinar entre reuniones con antiguos amigos, familiares no tan cercanos y compañeros de trabajo con los cuales no solemos juntarnos, pero bueno, es el tiempo de compartir, de volver a confiar en que cumpliremos nuestros propósitos. Ya huele a navidad junto con el pavo, los romeritos, los ponches y el pozole (que no sé cómo le hace para colarse en todos lados), con la música en todos los centros comerciales, en las casas de los más entusiastas, en las iglesias más tradicionales; las actividades diarias cambian sus ritmos porque ya huele a navidad. Salud.

Beto

martes, 14 de noviembre de 2023

Observador de cotidianidad

¿Qué ves cuando me ves?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Nuevamente las costumbres se hacen motivo de este espacio, que si bien no las ha tratado muy a fondo, sí se ha esmerado en tratar de establecer claramente lo que sirve de ellas en la vida diaria; su capacidad de asombro se mantendrá -en lo posible- intacta y sin filtros para que la información obtenida esté lo más pura que se pueda, quizás al contrario de un trabajo de investigación, matizada con los juicios previos para darle sabor al relato. Pero la costumbre se interpone entre el entorno y el escrito por tantos años en este espacio; con los objetos no hay problema, resisten las miradas de cualquiera, pero al observar a las personas, se vuelve a escuchar esa vocecilla interna que viene a recordarnos que es de mala educación fijar la mirada en la gente, muestra de un primitivismo arraigado.

La incomodidad que produce una mirada depende de la persona que la proporciona y la sensibilidad de quien la recibe, además del contexto en el que sucede; no es lo mismo fijar la mirada en una embarazada en el metro de la ciudad de México, que hacerlo a una cantante en un centro nocturno. Una variable en los casos anteriores sería la intención, precisamente por la incertidumbre que provoca la situación en sí, es decir, en el centro nocturno se puede intuir la admiración del comensal hacia la cantante en un alto porcentaje, mientras que en el metro, difícilmente podríamos asegurar qué es lo que el observador está pensando, incluso siendo buenos fisonomistas; no tenemos cotidianamente una manera estandarizada de interpretar los movimientos faciales para saber las intenciones exactas de alguien, ni siquiera la sonrisa.

Por ello la sentencia de “no mires fijamente a la gente” adquiere cierta pertinencia, sin embargo, debemos tener algún tipo de técnica para poder observar el entorno y a las personas sin causar molestias, como debe hacerlo un fotógrafo, un paisajista pintor o arquitecto, un guardia de seguridad y nosotros los escritores; vivimos de la observación y esa advertencia se interpone entre el mundo y la creación. Por otro lado, debemos ser muchos los que requerimos de la cotidianidad para obtener la materia prima, así que nos vendría bien a todos un curso de capacitación para saber distinguir las miradas de curiosidad de las amenazantes con el fin de dejar fluir la inspiración. Se me ocurren tres pistas para lograr al menos, una detección básica con base en el entorno, la situación y los movimientos corporales.

El entorno es sencillo, lo tenemos introyectado por intuición, le damos forma según las reglas de urbanidad con las que nos educaron, sólo falta hacer consciente cómo debemos mirar a la gente en cada lugar donde estemos para saber qué esperar de los demás. Las situaciones dependen del lugar, no solemos observar igual en un supermercado que en una funeraria; si no eres quien va a hacer las compras, ¿qué debes mirar? Si es a las personas, ¿para qué? Quizás estés esperando encontrarte a alguien. Entender la comunicación no verbal es otro boleto, no es tan difícil pero sí laborioso para identificar y distinguir tipos de sonrisas, levantamientos de oreja, movimientos oculares o cuando alguien camina raro por mala postura o malformación, lo que constituiría una buena parte del curso. Salud.

Beto

martes, 7 de noviembre de 2023

El ego del escritor

La admiración tiene límites, principalmente
el que la recibe. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es como en todo, en el momento en que empezamos a recibir elogios por algo que hacemos y que le gustó a un buen número de personas, nuestra visión del mundo cambia; pero esto no trata de vanidades adquiridas por infección auditiva, sino de una etapa más riesgosa que aflora cuando las condiciones les son propicias. Antes que toda forma de admiración llegue, el escritor debe afrontar la formación de su propia imagen; varias son las partes que la componen, pero las más importantes tienen que ver con la formación de su público, la validez de sus textos y lo que suponga de sí mismo como resultado de los dos puntos anteriores. Existen muchos factores, pero es en estos tres en donde podríamos aglutinarlos como responsabilidad directa de cada ser que se dedique al noble oficio de la pluma.

En la entrega anterior mencionamos la fascinación de vuelo como riesgo máximo que corren los pilotos de pruebas, en un escritor supondría crear confusión en sus lectores por una extrema complicación en conceptos o rebuscamiento en sus estructuras, la creación que desborden la fantasía haciendo de sus textos un panorama inconexo y, la parte principal que suponga que con ello está creando un nuevo estilo. Puede suceder, por supuesto, que haya lectores que se fascinen también con textos o imágenes incongruentes o les encuentren otro sentido, pero sería un golpe de suerte. La mayor parte de las personas lee de manera lineal y sólo se permiten saltos de acuerdo a lo que suelen evocarles, en este sentido, los recuerdos personales son poderosos.

Los mecanismos para caer en la fascinación de vuelo son tan variados que casi ningún teórico se ha detenido a explicarla, quizá la principal razón esté en suponer que somos portadores de inspiración, que la poseemos, que disponemos de ella en cualquier lugar, nada más alejado de la realidad, la inspiración no es un patrimonio particular, ni siquiera es un préstamos al que se le pueden sacar réditos, por el contrario, se transformará en espejismos escurridizos al más mínimo intento de enjaularla. Su desaparición puede provocar algo de incomodidad o hasta incertidumbre, lo que habría que esconder de todas las maneras posibles, lo que garantice la salvaguarda de la imagen que se haya forjado durante el tiempo de su labor.

Creer ser escritor no implica ser superior, por el contrario, el ejecutor de la pluma es el primer servidor de la memoria colectiva para lo cual requiere de humildad para registrarla lo más fiel posible, aunque se tome libertades literarias que parezcan cambiar las historias, lo cual no sucede pues las esencia de lo acontecido se mantendrá a pesar de usar otros nombres y otros lugares. El escritor deberá despojarse de su yo para convertirse en un nosotros que pruebe que los tiempo se forjan con las acciones de todos, que sus personajes adquirirán vida propia y exigirán ir por donde mejor les plazca o se sientan más seguros. El escritor es un creador, pero también el traductor de lo que su entorno quiera que cuente a los demás. Salud.

Beto

martes, 31 de octubre de 2023

Inspiración o disciplina.

Hay acciones que pueden matar un texto.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La imaginación es la herramienta principal del escritor, con ella retrata lugares y personas, viaja a velocidades insospechadas, procura dolor y provoca alivio (¿o es al revés?) y lo mejor de todo, es que nos arrastra con él a aventuras donde no se escatima en emociones y que al mismo tiempo en que nos enteramos sobre las que aparecen en los textos, invertimos las propias para completar el diálogo con la obra. Si al lector le inspira su lectura a imaginarse en situaciones que lo lleven al límite de sus fuerzas, a realizar hazañas nunca antes vistas, a conquistar lugares exóticos con el fin de encontrar la cura contra el cáncer, todo ello en su imaginación, sólo está ejerciendo su derecho de acompañar al autor en sus aventuras; para el escritor, ese derecho está restringido por la verosimilitud.

Ante todo, los textos son detonantes del pensamiento; el imaginarnos como partícipes de lo narrado no se limita a fabricarnos imágenes descritas en las líneas de cada lectura, valoramos lo leído, juzgamos la coherencia, decidimos creer o no según identifiquemos su verosimilitud; tanto escritores como lectores, tenemos la libertad de imaginar como forma de entretenimiento y a la vez, de fascinarnos con ambas prácticas, nada más que hay una pequeña diferencia, la fascinación en la lectura seguirá los cauces que la misma marque, está claro que si se provoca evocación con una línea, un párrafo o un capítulo, es decir, salirse de los cauces originales, la responsabilidad es totalmente del lector, mientras que para el escritor, es una condición con la que puede perder coherencia.

En un piloto de pruebas, la fascinación de vuelo es una cuestión de vida o muerte, para el escritor, sólo la pérdida de un texto pero sí hay cierto peligro; para explicarlo un poco, se trata de una combinación cuasi fatal entre la velocidad y la pérdida de la ubicación tempo-espacial, es decir, cuando se comanda un avión, los noveles corren el riesgo (por el goce que les produce el volar) de perder la noción de arriba y abajo, pudiendo con ello estar desplazándose de cabeza y al desear ascender más, terminar estrellándose en el suelo. En el caso de un texto, la coherencia sería el suelo donde se estrellaría el escritor por la trampa impuesta por la grandilocuencia, la hipersimplificación, la complejidad innecesaria y el exceso de explicación, por así decirlo, todo aquello que nuble la capacidad de emitir un mensaje claro.

La fascinación puede hacer que la imaginación quede patinando en una pista que la lleve a ningún lado y por más esfuerzos que se hagan por salir, eso no sucederá sin que se produzca un colapso; parece ser un tipo de ley, mover hacia el caos para crecer tratando de remediarlo. El camino al uso de la imaginación se finca desde la niñez, su continuación depende de cuánto deseamos mantenernos cuerdos y lejos de las presiones que causan el estrés inútil; la vida cotidiana nos proveerá de los elementos necesarios para combatir el tedio por el no entendimiento de las rutinas a las que solemos someternos irracionalmente, pero que encuentran su válvula de escape en la fascinación que produce la novedad a ultranza, algo que veremos en la próxima entrega. Salud.

Beto

martes, 24 de octubre de 2023

Inspiración o disciplina.

Al menos que te encuentre pensando
qué hacer. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las musas actuales ya no son las generosas matronas proveedoras de ideas, son las esposas luchonas que demandan atención y trabajo para mantenerlas cerca; la que menos, pide tiempos de calidad y entre más turbulenta sea nuestra vida, más exigente se vuelve, a expensas de nuestros ánimos, las musas regañan, se impacientan, reclaman cuando las cosas no se hacen como lo piden, hacen que nos volvamos aprehensivos. lo único que nos libra de la presión es la siempre confiable disciplina, la que nos habla al oído porque las musas ya no lo hacen, nos dice que no hagamos caso, que trabajemos sin dar cuartel y al final, aquellas vendrán suplicantes a ofrecernos la mejor de sus ideas; atrás de este escenario, están la desesperación y la pereza acechando.

Una de las frases hechas que me gustan por su coherencia dice: “procura que la inspiración te encuentre trabajando”, algo que un dibujante llamado Ivanevsky, que publica videos en Youtube, menciona continuamente en sus cursos y que viene bien para cualquier proceso creativo, por supuesto con otras palabras, pero siempre hace énfasis en el practicar continuamente hasta alcanzar un grado óptimo que nos venga bien. En una disertación de café, la licenciada Martínez y yo convenimos en que todo trabajo era un 95% disciplina y un 5% inspiración pero que sin ese pequeño porcentaje, el otro no valía la pena; al revés, la inspiración no tendría sustento. Obviamente los números en la expresión anterior son arbitrarios, a cada uno las musas les hablan de maneras diferentes.

En el tiempo en que teníamos a las rutinas como algo casi maligno, nos hubiera caído bien un discurso de convencimiento sobre sus bondades y así, ahora no estuviéramos batallando con que si atentan contra la creatividad o que todo se vuelve mecanizado, pero no tuvimos esa suerte y fuimos caminando por esta vida creyendo que la inspiración era algo que surgía por accidente de la nada y que por fuerza, debía resultar en algo bello y bueno. Del otro lado, trabajar sin un ápice de inspiración cae en lo monótono, carece de alma y pocas veces parece atractivo hasta para el mismo autor; pintores, escultores, dramaturgos y demás creativos tienen en común que poseen algo valioso qué decir, que es la parte en la que deben disciplinarse, el cómo decirlo contiene a la inspiración en sí.

Al parecer se requiere de las dos para realizar un trabajo creativo, algo que en mis tiempos de docente tomaba como algo imposible de enseñar y, ahora aunque sigo pensando que es muy difícil, sí creo que si se es creativo en la enseñanza, la práctica servirá de referencia para aquellos que estén aprendiendo y más que teorizar sobre ella, se volverán creativos creando. Lo que nos haga sentir el entorno va a florecer mejor trabajando en él; la belleza no aparece por sí sola, hay que buscarla, suele esconderse detrás de los detalles para que descubramos al final, que todo el tiempo reposó en la mirada de quien la buscaba. La inspiración es una abeja que no te respeta si no trabajas, por lo tanto, nunca te hará el favor de estar contigo si antes no le preparaste adecuadamente sus aposentos. Salud.

Beto

martes, 17 de octubre de 2023

Tomar la decisión

El gusto por la escritura empieza
por la lectura. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los trabajos en abstracto no suelen representar una garantía de seguridad, por lo cual a quien decide dedicarse a una actividad creativa, debe por lo general trabajar en algo remunerativo además de su vocación; las letras por su parte, provocan la indagación por antonomasia dada la tendencia a la explicación de las intenciones aunque por ejemplo en la pintura, tales explicaciones giran en torno a la técnica y al sentimiento, la razón aparece en segundo plano. A la escultura, la arquitectura o a la música les sucede lo mismo; sólo a la literatura se le pregunta ¿qué estaría pensando el autor cuando escribió el texto? La razón (causa) es sencilla, se expone la palabra, se dibujan las letras de forma casi permanente estando al alcance de la crítica todos los días de su existencia.

Ser escritor parece una ocupación accesoria, para cuando se tiene tiempo libre si es que se tiene; las letras no parecen ofrecer garantía alguna para que cualquiera viva bien y aquí debo acotar, como en cualquier otra ocupación o profesión. La fantasía del selfmade man ha visto mejores tiempos, actualmente resulta impensable emprender algo sin ayuda, a la vez que irresponsable en cuanto a que, si se intenta, se pierde de vista la condición social a la que estamos atados; lo anterior sin contar con el hecho de que se escribe para ser leído, lo que significa ser publicado con un trabajo de edición e impresión de por medio, es decir, que se requiere de otras personas por fuerza. El trabajo de uno solo se ve restringido por el tiempo que requiere cada etapa y la inversión en dinero de los insumos.

Por supuesto, si la escritura llama, lo mejor será que en un principio esté apoyada por otra actividad remunerada, como sucede con todas las tareas creativas -aunque parece que el diseño no-, lo curioso es que en casi todas las profesiones y empleos, ahora se maneja la idea de que quienes los ejercen deben ser creativos, pero al que se dedica al cien por ciento a la creatividad, primero se le pone en duda, lo cual no es para menos en una sociedad que trata de ubicar primero la seguridad económica antes que arriesgarse con proyectos que no ofrecen las ventajas de ser empleado. Obviamente, la parte del empresario es encontrar las condiciones propicias para hacer que sus proyectos peguen, tomen ritmo y generen ganancias, para lo cual debe hacer relaciones públicas.

A la mayoría de nosotros en este país, no hay para cuándo cambien las condiciones ni mermen las urgencias, por lo cual, desde esta humilde trinchera, los conminamos a que al menos piensen en escribir, como una forma terapéutica de sacar enojos y frustraciones o reafirmar gustos y aficiones que este mundo convulso, así como abre oportunidades de expresión, las cierra; no se trata de que todos nos convirtamos en escritores famosos por fuerza, sería magnífico pero poco probable, sino que seamos como en los toros, aficionados prácticos que en cada particular ejercicio aprendamos a apreciar la producción de los demás, principalmente de aquellos que sí lograran un éxito distinto al de la mayoría. Si bien no todos podemos codearnos con Fuentes o García Márquez, sí conformaremos y apoyaremos la literatura nacional. Salud.

Beto

Como hacer zapatos

Vender libros es como con los zapatos. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l diseño. Tener una idea y pensar que es viable el plasma...