martes, 31 de enero de 2023

La familia Grande 109a. entrega

“Por la puerta principal hizo su aparición
don Emilio Corcuera”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Mientras tanto, Ruth hacía lo propio pero desde los pasillos atendiendo a lo que ella llamaba jocosamente “su mercado” y a uno que otro “chavito” que no parecía querer superar su “Edipo”; ambas tenían muy bien aprendidas sus líneas, juntando grupos de cinco personas cada veinte minutos, entre empleados de la Secretaría y visitantes que nada más iban a admirar el recinto. Desde el complejo de Santa Fe, el Gato, Saúl y Estévan monitoreaban sus movimientos mediante las imágenes que les enviaban Rosa y José en la camioneta de transmisiones conectada a las cámaras de seguridad tanto externas como internas, un trabajo que les había tomado más de una semana ejecutar debido a lo complejo de la red y de que eran tres compañías de seguridad las que ofrecían el servicio, a las que hackearon una a una.

“no te preocupes, muchacho. Lina sabe cuidarse sola”. La frase de Efraín sacó de sus cavilaciones a Estévan que miraba fijamente la pantalla y tamborileaba en el escritorio cada vez que un nuevo sujeto se acercaba a pedir informes, el verse sorprendido así, provocó que el color se le subiera por el rostro sacando una sonrisa socarrona a los viejos. “No es una vergüenza que te guste, se te notó desde el primer día”, dijo Saúl con un tono paternal. “Además, confiamos en el buen juicio de Lina, no por nada la hemos aleccionado lo mejor que hemos podido”, remató Jacinto palmeándole la espalda. “Si ella te corresponde, es porque ha visto algo bueno en ti”, terminó el Gato pensando que con eso calmaría las ansias de Estévan por querer ir a protegerla.

Un pequeño contingente de presuntos jubilados entró al edificio guiado por un supuesto trabajador de turismo; cuatro matrimonios de edad madura y otros dos más jóvenes se arremolinaban al sujeto que, con un discurso evidentemente ensayado por mucho tiempo, les explicaba tanto la arquitectura como los ornamentos que les rodeaban; con cada oración emitida por el guía, el grupo soltaba una leve exclamación, fuera por admirar las columnas o por el color gris de las piedras que daban un aspecto sobrio a la construcción. A paso lento fueron recorriendo las pasillos a los que se le permitía acceder al público en general, con la intención de abarcar las tres plantas. Cada puerta con su arco de medio punto era analizada comparativamente con la anterior buscando posibles diferencias entre ellas.

Especial atención tuvo la escalera curva que conectaba al primer nivel con el segundo, sus grandes ventanales proveían de una luz melancólica a los sobre relieves de escenas infantiles muy cerca del techo. Las lámparas con pantallas de burbuja estaban encendidas ya que el día se había nublado amenazando lluvia; afuera, la calle de Tacuba comenzaba a incrementar su bullicio, aunque aún no alcanzaba lo habitual. Por la puerta principal hizo su aparición don Emilio Corcuera, dos de sus escoltas se adelantaron para revisar la escalinata, otros dos se quedaron en el patio como apoyo y el restante lo acompañó hasta el tercer nivel donde se encontraba su oficina, obtenida por un trato en el sexenio de Salinas de Gortari. Continuará.

Beto

martes, 24 de enero de 2023

La familia Grande 108a. entrega

“Puenteó los circuitos después de forzar la llave”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un conocido en la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, dolido por el despido masivo -así lo veía él- del que fueron objeto en el 2009, mantenía contactos en la CFE por haber laborado un corto tiempo en esa empresa ya cercano a su jubilación; en una ocasión, el Gato lo salvó de ser el chivo expiatorio de un fraude millonario perpetrado por un funcionario de medio pelo en la década de los noventa, por lo que Nicolás que era su nombre, siempre le guardó un profundo agradecimiento, así que no tuvieron que negociar demasiado para que don Nico sustrajera los planos de la red eléctrica de la Secretaría. “Y si necesita el de Palacio Nacional, nada más me avisa”, le dijo al Gato una vez que los depositó en sus manos. La corrupción en el gobierno daba frutos.

Provocar un apagón selectivo en tan vetustos edificios no debería ser un gran problema para José, menos teniendo el apoyo de Rosa desde los monitores, lo único que debían hacer era localizar la caja de distribución de energía o, en su defecto, entrar a la red de la Comisión; lo segundo les hubiera tomado demasiado tiempo, así que, enfundado en su disfraz de electricista, el muchacho se trepó al poste que su compañera le había indicado por radio, “puenteó” los circuitos después de forzar la llave de seguridad pues ésa no la consiguieron y terminando, volvió a colocar la escalera en la camioneta blanca con los logos perfectamente colocados en las portezuelas. Habían tenido que conseguir por fuera otra camioneta porque justo ese día, las institucionales estarían ocupadas, nada que algo de pintura no solucionara.

José tuvo el cuidado de colocarse un paliacate rodeándole en cuello que le cubriera parte de la cara, nada ilógico pues esa mañana había empezado particularmente fría; así que las cámaras de vigilancia sólo captarían la silueta de un trabajador, pero difícilmente identificarían su rostro en caso de una investigación policial; desde el primer instante que quedó instalado el “diablito”, Rosa recibió en su ordenador el esquema de los circuitos y el mapa digital de cómo estaban hechas las conexiones en todo el recinto así que ya podía dirigir el flujo eléctrico a voluntad. Obviamente no se trataba de dejarlos a oscuras, pero sí de entorpecer los equipos de cómputo y las alarmas, además de bloquear los accesos automáticos a las oficinas principales en las que se encontraría don Emilio Corcuera, posiblemente con una quinteta de escoltas.

La burocracia comenzaba a ocuparse de sus labores cotidianas sin reparar en el kiosco temporal que llevaba algunos días colocándose en el centro del patio ofreciendo paquetes vacacionales para jubilados, algunos a centros de meditación en las playas oaxaqueñas, otros en complejos de montaña entre Jalisco y Michoacán, sin dejar de lado la ruta del vino en Guanajuato, que de alguna manera ofrecía un buen número de los treinta y dos existentes en la localidad. El pequeño local lucía carteles de los paisajes jalisciences y michoacanos así como fotografías de los hoteles San Agustín, Chachacual y Santa Cruz en Huatulco y Corazón Mexicano y Abadía Plaza en Guanajuato capital. Lina se esmeraba en sonreír y repartir papelería para los curiosos que sólo querían platicar con ella. Continuará.

Beto

martes, 17 de enero de 2023

La familia Grande 107a. entrega

“Fueron callados durante todo el trayecto”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Jacinto, Saúl, Estévan y Efraín recorrieron en silencio el trayecto que los llevaría al centro de operaciones, un espacio abierto ya conocido desde la vez que sustrajeron a Estévan de su departamento; el conjunto habitacional de Santa Fe proveía del ambiente propicio para pasar inadvertidos, más cuando uno de sus inquilinos era su pasaporte de entrada, por lo que no fue necesaria una estratagema para ingresar, sólo debían mantenerse en una actitud indiferente mientras el joven Corcuera ponía al tanto a los vigilantes subre su “nuevo personal” de seguridad, trámite que duró unos minutos en los que tomaron fotos de cada uno para extenderles una identificación. Estévan dio instrucciones para que no fuera molestado y preguntó si su padre ya había salido rumbo a su oficina.

“No señor, aún sigue en su departamento, le dará mucho gusto saber que regresó usted sano y salvo”. “¿Por qué no sería así? Tan sólo fui unos días de vacaciones”. “Es que en las noticias dijeron...”. “No me diga que cree todo lo que dicen las noticias”. “Bueno, es que su señor padre también...”. “El viejo se alarma de todo, como no le avisé que me iba, supongo que se imaginó lo peor; ya, basta de charla, no le diga nada que quiero darle yo mismo la sorpresa”. El guardia sólo atinó a levantar los hombros y accionar la palanca de la pluma para permitir el paso del automóvil; Jacinto condujo hasta el subterráneo donde se encontraba el lugar de Estévan y una vez apagado el motor, los cuatro hombres sacaron del portamaletas el equipo de comunicación para la operación.

Plaza La Mexicana apenas empezaba operaciones, una camioneta de DHL salía de Paseo Ancho para tomar Vasco de Quiroga, la secundaria número 231 tenía un receso entre clases y dos camionetas apostadas afuera de la vulcanizadora Libra esperaban para unirse en caravana al carro de su jefe en cuanto éste les indicara. En “El Chaparrito”, Luis y Nora estaban pendientes del movimiento a la vez que habían ordenado unos tacos de suadero y de pastor. Del Camino Real a Toluca, bajaban infinidad de automóviles para unirse al flujo vehicular citadino; el camino a la calle de Donceles, en pleno centro de la ciudad no prometía ser del todo apacible, menos con la manifestación anunciada frente a Palacio de Bellas Artes en punto de las diez de la mañana, así que don Emilio debía tomar todas las precauciones posibles.

Debido a ese contratiempo, su paso habitual por Avenida Juárez debía cambiarse hacia Artículo 123, seguir por Venustiano Carranza, doblar a la izquierda en Isabel la Católica, conectar con República de Chile, después República de Cuba hasta Pensador Mexicano, volver a doblar a la izquierda en 2 de Abril y Santa Veracruz para poder conectar con su destino, el antiguo palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. Contra todo lo que pudiera pensarse, ese edificio antiguo era más propicio para llevar a acabo todo el plan que en ninguna otra parte, debido a la vigilancia que presentaba, pero debían actuar con precisión si no querían verse interrumpidos durante el proceso. La máxima dificultad a la que debían enfrentarse era el ingreso con todo el equipo electrónico. Continuará.

Beto

martes, 10 de enero de 2023

La familia Grande 106a. entrega

“Estrechó cada una de las manos que
se le extendieron”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La alarma del reloj colocado en el buró de la derecha forzó al Gato a abrir los ojos, el día se había llegado y todo estaba listo para cumplir con el trabajo. se levantó, con la pausa obligada por los años de desgaste, se puso la bata y fue a revisar que el calentador no se hubiera apagado con alguna de las ráfagas de viento que se habían producido con la lluvia de la noche anterior, dispuso cada uno de los accesorios que requería para bañarse desde el shampoo anti canas que a leguas se veía que nunca había funcionado, la vieja máquina de rasurar de una hoja que heredó de su padre o mejor dicho, que rescató porque nadie la quería, el jabón corporal líquido que usaba porque no le producía la resequedad en la piel como los demás y la toalla, regalo de la última de sus esposas.

Debió guardarla por mucho tiempo pues era conmemorativa de la obra teatral del Fantasma de la ópera, hasta que decidió usarla la mayor cantidad de veces posible después de que ella descubriera su infidelidad con... Lo peor del caso es que no recordaba con quién, ni siquiera si lo había disfrutado, sólo se trató de la manera que se le ocurrió en el momento para romper con ese matrimonio antes de que a ella le ocurriera lo mismo que a las anteriores, táctica que no resultó como él esperaba ya que falleció en circunstancias que la policía nunca aclaró, lo mismo que a los seres que amaba. Sólo mencionaron que, en el momento de su muerte, se encontraba en compañía de un hombre no identificado, sugiriendo un amante, algo que Efraín no creyó pues su mujer no hubiera sido capaz de una relación clandestina.

Pero ésa fue precisamente la clave para entender que nada de lo sucedido había sido casual y por ello, el tono y el motivo de sus “trabajos” habían cambiado; sabía que quien o quienes lo vigilaban se sentían cómodos en su incógnito y llevar un ataque precedido de una búsqueda específica, sólo los pondría en alerta, pero sí debía extremar precaucione para no sufrir más bajas. Terminó de arreglarse y bajó a la sala donde estaban todos esperándolo incluido Luis que, por esa ocasión, prescindió de sus “elegantes apariciones” como llamaba a las veces que llegaba tarde. Las miradas se concentraron en su figura faltando cinco escalones para llegar al piso, en esa ocasión no para recibir instrucciones pues ya todos sabían lo que debían hacer, el ambiente era más bien como de despedida a quien se jubila.

Estrechó cada una de las manos que se le extendieron y besó en la mejilla a cada mujer presente; les dedicó unos segundos en los que les hizo patente que su confianza en ellos seguía intacta y firme como en la primera vez que los contactó. Para su sorpresa, la mesa estaba dispuesta para un, quizás, último desayuno juntos; nadie estaba seguro de lo que les depararía, pues el riesgo que correrían sería mucho y, aunque Efraín nunca lo hubiera mencionado, todos intuían que sus intenciones rebasaban los límites que hasta entonces se habían impuesto. Comieron como si nada más importara en el mundo, una suave música envolvía el momento con la selección escogida por Ruth, en el modular que reproducía compactos en una platina de cinco piezas, de pronto el Gato comenzó a cantar y todos le siguieron. Continuará.

Beto

martes, 3 de enero de 2023

La familia Grande 105a. entrega

“Como en una gran puesta en escena itinerante”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El séptimo día de planeación trajo para el grupo la oportunidad que esperaban para comenzar a actuar; un cargamento de autopartes pasaría por la zona de Lechería proveniente del estado de Guanajuato y haría una escala por el rumbo de Santa Fe antes de salir rumbo a Veracruz; las escalas intermedias representaban un problema puesto que la vigilancia en esas carreteras superaba a sus presupuestos, así que lo óptimo era abordar ese envío justo cuando aún se encontrara en la ciudad de México. El arsenal que habían acumulado de vehículos, herramientas y medios de comunicación, se pondría en operación desde el mismo momento en que Estévan pusiera un pie en la oficina de su padre y que los demás estuvieran en los puestos en que se les había asignado, buscando tener el control total del edificio.

El amanecer no podía ser más premonitorio, una lluvia leve pero continua daba a esas horas un aire sombrío a las afueras de la gran urbe; como si pasaran lista, fueron encontrándose todos en el desayunador, Luis con su hija, Saúl y el Gato fueron los primeros, por lo que se dispusieron a preparar el desayuno. A los pocos minutos e incorporaron Ruth y Rosa junto con Lina, se habían quedado la noche anterior a ultimar los detalles del vestuario. Por su parte, José se encargaba de alistar a los choferes de la flotilla de Jacinto que los transportarían en toda la jornada. Nora había preparado algunos compuestos que servirían de distractores en cada locación y auxiliaba a Saúl con la logística general. “Parece que tu padre te aleccionó muy bien durante todos estos años”, dijo Saúl.

“No tienes idea”, contestó la muchacha sin quitar la mirada del monitor. “¿Saber que tú también podrías ser heredera de una importante fortuna?” “Algo de eso me ha comentado mi padre, pero no es algo que me interese o me quite el sueño”, dijo mientras volteaba a verlo a los ojos; Saúl esbozó una sonrisa y asentó con la cabeza. Siguieron revisando las rutas cotejándolas con las noticias del tráfico y posibles marchas, que para esos días parecían incrementarse. La página virtual de El Economista anunciaba las declaraciones de la Secretaría de Seguridad Pública sobre las afectaciones viales a partir del medio día del Jueves 19 de noviembre, justo la fecha en la que pondrían en marcha la operación y a dos días de ello, el tiempo era un factor que no podrían dejar al azar.

Luis se apareció con los reportes del clima, los pronósticos de lluvia eran probables, lo que en la ciudad se traducía en poca confianza; la geografía de Santa Fe no ofrecía mucha comodidad para el tránsito vehicular pesado, por lo que debían mover todo el equipo en camionetas de corta eslora, automóviles compactos y motocicletas. Cada rincón de y entre los edificios estaría monitoreado con el mismo sistema de vigilancia del conjunto habitacional y sólo tenían cuarenta y ocho horas para sincronizarlo todo. Llevaban para tal efecto, tres días ensayando los movimientos, tanto para especializarse en cada sector como para acostumbrar a los habitantes a su presencia, como en una gigantesca puesta en escena itinerante en la que se verían involucrados personajes que nada tenían que ver con la operación. Continuará.

Beto

martes, 27 de diciembre de 2022

La familia Grande 104a. entrega

“El arsenal que habían acumulado, se encontraba
en puntos estratégicos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Unos golpes en la puerta interrumpieron su plática, pero quedaron de informar de sus planes al grupo una vez que estuvieran a salvo. Ruth asomó la cabeza y aunque se mostró intrigada por lo que allí sucedía, se limitó a decirles que Jacinto había vuelto con noticias sobre lo que pasaba en la ciudad. No se veía del todo alterado, sin embargo, tampoco demostraba su característica tranquilidad. “En la red escuchamos que tres grupos de la corporación se alistaban para realizar una redada por los rumbos de Peralvillo, suponen que estás escondido allí”. "Eso significa que sigue funcionando el envío de mensajes falsos a la policía. ¿Quién coordina?” “Es una pregunta capciosa, ¿verdad? Quién más sino Sergio. Ambos hermanos sonrieron, pero cada uno se quedó con sus pensamientos sabiendo que no hacía falta externarlos.

“pues bien, debemos prepararnos para el ataque. Sólo me falta ultimar un detalle con Estévan para llevar a cabo un plan”, dijo el Gato repasando mentalmente las palabras que usaría al respecto. “No creo que debamos perder tiempo, mejor dinos qué plan tienes. Lo que sea que tengas que decirme puede esperar”, dijo Estévan convencido de sus palabras. “Me parece bien, entonces vamos a trazar las rutas de acción y a repartir las tareas. debo advertirles que lo que estamos a punto de emprender, supera a todo lo que hayamos hecho con anterioridad”, contestó el Gato con algo de solemnidad. Juntaron las sillas alrededor de la mesa de sala, procurando dejar un espacio para Luis, que no tardaría en aparecer; todos apuraron las tabletas electrónicas y abrieron las aplicaciones que les serían de utilidad.

De inmediato aparecieron mapas, tiendas de electrónica, proveedores de afeites para teatro, instrumentos para alpinismo y renta de vehículos mientras de la pared principal, bajaba una pantalla que se dividió en el número de secciones igual al número de tabletas conectadas a la red. Contrastaron información que, como siempre, coordinó Saúl; Ruth se encargó de los vestuarios y el Gato daba los detalles sobre el tiempo que invertirían en cada etapa del plan; todos confiaban en que cada uno cumpliría su parte, incluido el hijo del magnate que, a la vista, parecía el más entusiasmado en participar en una de las legendarias operaciones de tan singular grupo, a pesar de que tal acción iría en contra de los intereses de su propia familia, lo que podría costarle un desconocimiento por parte de Emilio Corcuera.

Los días en que la policía se mantuvo despistada, pudieron preparar los insumos con toda tranquilidad; lo que debían adquirir estaba almacenado en los distintos puntos de la ciudad en los que tendrían acción, cada uno estratégicamente ubicado para que no representara un obstáculo por si tenían que salir de prisa o si la policía estuviera cerca, porque lo estaría, eso era seguro. El Gato contaba siempre con la tenacidad de Sergio, en cada uno  de sus encuentros, aquel había dejado patente que el parentesco no era impedimento para impartir justicia y que lo mismo le daba atraparlo por delitos corporativos o por asesinato. Eso último no lo entendía, se había asegurado de dejarle claro que él no había matado a nadie, que por el contrario, se había dedicado a desenmascarar delincuentes. Continuará.

Beto

martes, 20 de diciembre de 2022

La familia Grande 103a. entrega

“Luis, tú y yo ya estamos al borde
de la jubilación”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Claro que sí, las muchachas se reparten la responsabilidad de compilar esa información. ¿Cómo dices que se llama tu madre?” El volumen de la voz de Efraín se había vuelto casi imperceptible, como queriendo que el sonido no viajara más allá de las paredes que los envolvían. Efraín se levantó de su asiento, dio unos pasos en dirección de la puerta. “Necesito sacar algunos datos, ¿te parece si continuamos con esto después?” “Pensé que te urgía que aclaráramos todo ahora mismo”. “Créeme, a mí ya me ha quedado claro. Por favor, dile a Saúl que venga”. Estévan salió intrigado, pensando que quizá le había dicho algo indebido o que le molestara; decidió a que él mismo le informara lo que deseaba hacer y no caer en especulaciones que a nada le llevarían, le hizo una señal a Saúl y éste respondió de inmediato.”

“¿De qué deseas que hablemos?” Saúl interrumpió los pensamientos de Efraín, que tenía la mirada puesta en un punto indefinido del cuarto. “Siéntate, lo que voy a decirte hará que te vayas de espaldas”. La expresión de Saúl cambió aunque se mantuvo tranquilo al observar que la de su amigo no era de alarma. “¿Recuerdas la vez en que tuve que ausentarme por tres meses seguidos?” “Hace ya un buen tiempo pero sí, lo recuerdo”. “¿Recuerdas también que a mi regreso me dijiste que había cambiado?”. “Claro, tenías una expresión como la que ahora tienes. En ese momento no pude descifrarla, como se me imposibilita hoy. Entonces no quisiste decirme qué te pasaba”. “Ni a nadie se lo dije, debí guardar el secreto para no poner en riesgo a una mujer muy especial, pero ahora las cosas han cambiado”.

“¿El nombre de Isabel Rivadiego, te suena?” “Realmente no, ¿quién es? ¡Espera! En el tiempo que mencionas conociste a una Isabel, ¿no?” “Así es, pasé con ella los días más felices que pueda recordar, hasta que una mañana fui a buscarla a las cabañas donde se hospedaba con su familia y ya no la encontré. Iba a pedirle que se casara conmigo, aunque sabía que sus padres estarían en contra pues yo no representaba un real porvenir para su única hija”. “¿Qué hay con ella, por qué recordarla ahora?” “Al parecer Isabel Rivadiego no es otra que María Corcuera, la madre de Estévan”. “Eso sí que es una sorpresa, pero no veo la relevancia”. “Isabel me había dicho la noche anterior a su partida que tenía algo importante que decirme, ¿atas los cabos?” “No puedes pensar en serio que ese muchacho...”.

“Eso explicaría el porqué su padre quiere desaparecerlo, más allá del interés por la herencia”. “Es cierto, la simple ambición no explica el problema y, si la lista tiene algo de coherencia, todo encaja, incluso la vehemencia con la que nos ha perseguido todo este tiempo”. A Saúl le quedó claro entonces el porqué la simpatía repentina de su amigo con ese joven qe al principio no era más que otro trabajo. En un tono burlón la preguntó: “¿Acaso crees en el llamado de la sangre?” “Ja, ja, ja, no lo sé, pero he de confesarte que llevo días teniendo un pensamiento recurrente que tiene que ver con la sucesión en el mando de este grupo. Luis, tú y yo ya estamos al borde de la jubilación y nos caerían bien unas vacaciones ¿no crees?” “Eso es seguro”, afirmó Saúl categórico. Continuará.

Beto

martes, 13 de diciembre de 2022

La familia Grande 102a. entrega

“Sé lo que piensas y no tienes
que preocuparte por mí”. Foto: BAER

Irapuato, Gto. “He estado recordando algunos episodios en los que nuestra seguridad, me refiero a Luis, Saúl y mía propia y todo me remite al movimiento estudiantil”, la reflexión no sorprendió a Saúl y Ruth se limitó a seguir escuchando “Con base en ello, el único nombre que tiene sentido es el de Emilio Corcuera. Hasta hace algunos meses no habría reparado en él pero lo acentuado de las persecuciones y el trabajo que nos encargó conectan de manera casi perfecta”. Sus amigos esperaron unos segundos en total silencio, esperando quizás instrucciones o un plan de ataque que les librara de la presión; si estaba seguro de que el actual patriarca de los Corcuera era el responsable, sólo tenía que buscarse la manera de hacerle pagar por todo, claro, estaba el detalle de Estévan quien quizá se convertiría en un obstáculo.

“Sé lo que piensas y no tienes que preocuparte por mí”, la voz del joven heredero de los Corcuera sonó a su espalda como una promesa de lealtad inesperada para la mayoría de los presentes, pero no para el Gato. “Ya no podemos postergar nuestra plática”, dijo Efraín mirándolo fijamente a los ojos. Desde ese momento surgió entre los dos hombres una complicidad que estaría a prueba posteriormente, pero que afianzaría lazos que ninguno había contemplado; con una señal, el Gato le indicó al joven que lo siguiera hasta lo que parecía ser su despacho, un cuarto amueblado de manera minimalística, pero con todo lo necesario para funcionar. Pidió a los demás que no fueran molestados a menos que se presentara la policía y en seguida, cerró la puerta tras de sí; pidió a Estévan que se sentara donde gustara y él se fue hacia su escritorio.

Una vez instalados, las palabras fueron fluyendo de manera cordial, como si se tratara de un par de amigos que se reencontraban después de un largo tiempo; a medida que pasaban los minutos, a ambos empezaban a esclarecerse aspectos del “trabajo” que ignoraban desde la perspectiva del otro. “Entonces, dices que encontraste algo turbio en las negociaciones que hacía tu padre en Europa”. ¿Pensaban hacer algo al respecto?” “Nada que no fuera totalmente legal; pensar en tomar esa decisión me dolió mucho, pero no puedo permitir que ponga en riesgo las empresas que tanto trabajo le costó fincar a mi abuelo, con todo y que se afirme que no lo hizo de la manera más legal”. “Algo de eso tengo entendido, pero aún me parece curioso que hayas tomado la decisión sin antes conciliar con él. Algún motivo debió tener”.

“Eso sin duda, pero no creo que tenga las mejores intenciones”. El desencanto volvió a ensombrecer el rostro de Estévan, a la vez que daba todo lo que para él significaba información importante. “Recuerdo que desde niño, a mi padre sólo le interesaban dos cosas, el trabajo y consentir a mis primos, los hijos de mi tío Vicente. No sabría decirte la razón, quizá sólo sean alucinaciones mías, aunque tampoco recuerdo que haya sido especialmente atento y cariñoso con mi madre. Yo pensaba que tanta resignación era propia de una buena esposa educada en el seno de una familia católica, como eran los Rivadiego”. “¿Cómo, qué apellido dijiste?” “Rivadiego, ¿por qué la extrañeza? ¿Acaso antes no se enteraban de los casamientos por conveniencia? El Gato se quedó de una pieza, con la mirada extraviada. Continuará.

Beto

martes, 6 de diciembre de 2022

La familia Grande 101a. entrega

“Esos pensamientos lograron sacarle una sonrisa”
 Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde ese momento, la salud de Carlota comenzó a deteriorarse, una ligera punzada en el pecho el día del entierro de Sofía fue agravándose conforme pasaban los días. don Efraín no tenía una idea clara de lo que tenía que hacer para que su mujer se sintiera mejor y aún tenía que consolar a Laura para que ésta recuperara la confianza. En su cabeza había mil conjeturas, más o menos entendía la muerte de Teresa por lo riesgoso de su trabajo, pero Sofía no había hecho mal alguno, la suya parecía una muerte absurda, sin sentido; por su lado, el Gato se hacía las mismas preguntas que su padre y en el fondo sentía que lo culpaba por sus acciones en el sesenta y ocho, pista que comenzaba a considerar pero que aún no encontraba liga que fuera coherente.

Se prometió averiguar todo lo relacionado con la muerte de sus hermanas, aunque eso le llevara toda la vida, pero sabía que no lo lograría sin ayuda por lo que convenció a sus amigos que juntos formaran la agencia que a la postre les haría ganar lo suficiente a la vanguardia del espionaje industrial y, por ende, con la posibilidad de atrapar al o a los culpables. Y ahora todos los involucrados estaban escondiéndose de la policía, la vida a la que los había arrastrado lejana estaba de ser apacible; nunca ninguno de ellos se quejó pero sabían que nada de las emociones que les proveía su trabajo iba a compensar el que no tuvieran la oportunidad de formar una familia normal, bueno quizá Lina que parecía muy interesada en que a Estévan Corcuera nada malo le pasara.

Esos pensamientos lograron sacarle una sonrisa dado que en su cabeza comenzaba a tomar forma un pensamiento que no parecía del todo descabellado, aunque primero, estaba el hecho de que aún no tenía las pistas claras ni las pruebas necesarias para señalar a un responsable de su situación, pero entendió que mucho obtendría teniendo una plática muy seria con el joven empresario. Por supuesto, las sospechas sobre su hermano Sergio quedaban sólo en la parte operacional, no, él no se mandaba solo, alguien más estaba detrás y era ya urgente averiguar quién era. “Déjame ver otra vez la lista”, dijo con tono firme, como si sólo fuera a reafirmar una sospecha. “¿Ya se levantó Estévan?”. “Al parecer sí, lo sé porque su estrecha vigilante no estaba en su cama cuando fui al cuarto”.

La respuesta de Ruth volvió a hacer que una leve sonrisa apareciera en el rostro de Efraín, por supuesto que entendió la razón aunque estaba muy lejos de sospechar hasta dónde llegaban las intenciones de su socio, pero en ese momento su atención estaba en resolver algo que ya tenía a todos muy molestos. “Olvidémonos de Sergio, él sólo es un soldado que sabe quiénes somos pero que, como es muy respetuoso de las formas, no se atreverá a quebrantar la ley nada más por echarnos el guante. De los otros tres nombres, uno está también en la mira del gobierno desde hace dos décadas y el otro, aunque es muy listo para manejar sus asuntos desde el extranjero, no podría interesarse en nosotros pues nunca lo hemos tocado en realidad, ni creo que tenga una mente tan retorcida”. Continuará.

Beto

martes, 29 de noviembre de 2022

La familia Grande 100a. entrega

“Doña Carlota fue la primera en extender
sus brazos a Laura”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un pequeño quejido puso en alerta al matrimonio Ramírez, Laura parecía despertar del letargo en el que había estado por dos semanas, la señora la detuvo por los hombros en su intento por levantarse. “Espera, no te muevas. Aún estás delicada, debes recuperar las fuerzas y ya después harás lo que creas conveniente”. “Mi, mi hermana. ¿Dónde está?” “Lo siento, no sé a qué te refieres; cuando mi esposo y yo decidimos regresar por ti, sólo estabas tú, nadie más”. “Deben encontrarla, la secuestraron junto conmigo...”. “Calma, te prometo que averiguaremos qué le pasó, aunque insisto que contigo, nadie estaba”. La angustia se agolpaba en los ojos de Laura que no daba crédito a lo que les había pasado a Sofía y a ella y lamentaba el hecho de no haberla protegido.

“Si no hemos dado parte a la policía de que tenemos a esta muchacha, ¿cómo vamos a explicar que, según ella, estaba acompañada por otra? Preguntó a su mujer el señor Ramírez. “Yo creo que debemos dejar que se recupere y después interrogarla para saber qué le pasó, si tiene familiares y cómo podemos contactarlos”, respondió la mujer tratando de mantenerse ecuánime. Laura volvió a caer en un sueño profundo, signo de que su cuerpo estaba tratando de recuperarse; pasaron algunos días sin que hubiera vuelto a pronunciar palabra en los lapsos en que se mantenía despierta, sólo atinaba a agradecer con una inclinación de cabeza las atenciones de que era objeto por parte del matrimonio, que prefirió respetar su silencio.

El periódico local publicó la nota en la que relataba el encuentro casual que habían tenido dos exploradores en la zona con el cuerpo de una mujer joven, con señales de tortura, sin credenciales que la identificaran, los Ramírez se vieron a los ojos sabiendo que esa mujer era la que Laura había mencionado. Con todo el tacto del que fueron capaces se lo notificaron y las lágrimas brotaron abundantemente contagiando al matrimonio que se ofreció a acompañar a la muchacha a realizar los trámites que tuviera que hacer para recuperar el cadáver. Hasta ese día, después de casi un mes de su secuestro, Laura no había hecho contacto con su familia, quizás una amnesia temporal, posiblemente la vergüenza de haber sido ella la que sobreviviera, no mencionó a los Ramírez nada de ellos.

Obviamente, los Grande se pusieron como locos al no saber de sus hijas por tanto tiempo, fueron a todas las delegaciones, visitaron los hospitales sin resultado alguno; la noticia de que habían descubierto a una mujer joven muerta en una zanja les hizo pensar lo peor, pero de alguna manera quitaba la incertidumbre que hacía más grande sus dolor; nadie hubiera sospechado que el ir a identificar el cadáver significaría una de las últimas salidas de doña Carlota, quien fue la primera en extender los brazos a Laura en la morgue, rompiendo ambas en llanto, una solicitando un perdón y la otra aliviada por, al menos, recuperar a una de sus hijas. Los trámites fueron relativamente rápidos y los Ramírez permanecieron con ellos todo el tiempo. Continuará.

Beto

martes, 22 de noviembre de 2022

La familia Grande 99a. entrega

“Al llegar la mujer con lo que había preparado,
se dispuso a limpiar a la chica”. Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Conforme se acercaba el otro carro, el captor fue ocultando con ramas el cuerpo de Laura hasta hacerla parecer un arbusto más, en seguida tomó la lámpara y se metió debajo de la camioneta fingiendo que arreglaba la dirección; el vehículo se estacionó justo detrás y descendieron dos personas, posiblemente un matrimonio que solícitos le preguntaron si estaba en problemas. “Buenas noches, gracias. No parece serio. Parece que topé con una piedra, pero sólo fue el golpe”. “Si desea que le ayudemos o lo llevemos a algún lado, sólo pídalo”. “No se preocupe, no pienso seguir, creo que de aquí me regreso a la ciudad. De cualquier manera se los agradezco”. Los señores no se movieron, como esperando que ese extraño cambiara de opinión, lo que obligó al hampón a treparse y encender la camioneta.
Avanzó de regreso unos metros, despacio para poder ver que esos dos también se alejaran del lugar, lo que ocurrió unos segundos después; aliviado, el sujeto decidió dejar todo como estaba para no arriesgarse a ser identificado. Nunca contó con que la pareja regresaría minutos después, ya que se habían percatado de que no correrían peligro; una mano había asomado cuando se acercaron, pero prudentemente no hicieron comentario alguno y regresaron para cerciorarse de lo que habían visto. Laura estaba inconsciente pero viva, así que la subieron como pudieron a su vehículo y decidieron que darían parte a las autoridades una vez que estuvieran a salvo en su casa. Durante el trayecto, el hombre iba atisbando por el retrovisor por si eran seguidos.
Al llegar a su casa, la señora de inmediato se puso a calentar agua, alistó unas toallas y buscó una serie de frascos que guardaba en la alacena, su marido mientras tanto, verificó el estado de la muchacha una vez que la recostó en una recámara que parecía haber pertenecido a otra persona. Los adornos y los cuadros colgados en las paredes indicaban que su anterior ocupante era una mujer joven acostumbrada al trabajo intelectual y a una disciplina férrea, el toque femenino lo daban el delicado gusto por los muebles y el olor a jazmín que emanaba de un aromatizador que estaba en un buró; al llegar la mujer con lo que había preparado, se dispuso a limpiar a la chica, por lo que ordenó a su marido que abandonara el cuarto, el pudor de la época no permitía hombres presentes ante una mujer desnuda.
Pasaron varios días en los que el matrimonio cuidó de Laura, temían que la inconciencia en la que se encontraba se tratara de un coma, por lo que el señor Ramírez, agente de seguros retirado y dedicado a una pequeña granja que mantenía junto con su esposa, apuraba a que dieran parte a la policía, a lo que ella se opuso determinantemente, tratando de calmar los temores de su marido de que la muchacha fuera una delincuente a la que le habrían cobrado alguna deuda; “Usted no tiene de qué preocuparse, Ramírez, la muchacha no parece ser mala. Fíjese en su ropa, a pesar de lo maltratada que la tenía, es de alguien que cuida su apariencia”, dijo la mujer con una sonrisa dibujada en los labios, segura de que su juicio no le fallaba, como nunca le había fallado. Continuará.
Beto

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