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| “Como en una gran puesta en escena itinerante”. Foto: BAER |
El amanecer no podía ser más premonitorio, una lluvia leve pero continua daba a esas horas un aire sombrío a las afueras de la gran urbe; como si pasaran lista, fueron encontrándose todos en el desayunador, Luis con su hija, Saúl y el Gato fueron los primeros, por lo que se dispusieron a preparar el desayuno. A los pocos minutos e incorporaron Ruth y Rosa junto con Lina, se habían quedado la noche anterior a ultimar los detalles del vestuario. Por su parte, José se encargaba de alistar a los choferes de la flotilla de Jacinto que los transportarían en toda la jornada. Nora había preparado algunos compuestos que servirían de distractores en cada locación y auxiliaba a Saúl con la logística general. “Parece que tu padre te aleccionó muy bien durante todos estos años”, dijo Saúl.
“No tienes idea”, contestó la muchacha sin quitar la mirada del monitor. “¿Saber que tú también podrías ser heredera de una importante fortuna?” “Algo de eso me ha comentado mi padre, pero no es algo que me interese o me quite el sueño”, dijo mientras volteaba a verlo a los ojos; Saúl esbozó una sonrisa y asentó con la cabeza. Siguieron revisando las rutas cotejándolas con las noticias del tráfico y posibles marchas, que para esos días parecían incrementarse. La página virtual de El Economista anunciaba las declaraciones de la Secretaría de Seguridad Pública sobre las afectaciones viales a partir del medio día del Jueves 19 de noviembre, justo la fecha en la que pondrían en marcha la operación y a dos días de ello, el tiempo era un factor que no podrían dejar al azar.
Luis se apareció con los reportes del clima, los pronósticos de lluvia eran probables, lo que en la ciudad se traducía en poca confianza; la geografía de Santa Fe no ofrecía mucha comodidad para el tránsito vehicular pesado, por lo que debían mover todo el equipo en camionetas de corta eslora, automóviles compactos y motocicletas. Cada rincón de y entre los edificios estaría monitoreado con el mismo sistema de vigilancia del conjunto habitacional y sólo tenían cuarenta y ocho horas para sincronizarlo todo. Llevaban para tal efecto, tres días ensayando los movimientos, tanto para especializarse en cada sector como para acostumbrar a los habitantes a su presencia, como en una gigantesca puesta en escena itinerante en la que se verían involucrados personajes que nada tenían que ver con la operación. Continuará.
Beto

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