martes, 27 de septiembre de 2022

La familia Grande 91a. entrega

“Un señor de edad avanzada los interceptó”
 Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Su excitación era enorme y no era para menos, se habían pasado diez días en un encierro absoluto sin siquiera poder asomar la cabeza por una ventana; la casa de los Grande, por esos días, era un hervidero de gente que, preocupados por lo acontecido, se acercaban a preguntar por el estado de salud de todos los que la habitaban. El espectáculo ante sus ojos logró apaciguar un poco el malestar y olvidaron en ese tiempo las causas de su reclusión; las palabras de Díaz Ordaz por los altavoces polarizaron los ruidos emitidos por las gargantas de los asistentes, sólo ellos evitaron gritar para no llamar la atención, aunque en realidad, nadie reparaba en su presencia, sólo eran dos muchachos más que asistían al evento, a excepción de un par de ojos que los observaba muy detenidamente.

Sergio se había enterado de las indicaciones antes de que las expidieran al escuadrón, su cercanía con el capitán le permitía escuchar lo que los superiores hablaban entre sí, por lo que de inmediato se ofreció para estar en el arresto del “personaje de moda” en la comandancia. Nadie en la corporación sabía que el Gato era su hermano y quería atraparlo antes que ninguno para evitar que lo maltrataran en la captura; sabía que se exponía a un arresto si interpretaban su acción como interferencia, pero a pesar de que sus convicciones eran lo más sagrado, no podía permitir que su hermano sufriera de más en el operativo. También se había percatado de los “trajeados” que no parecían obedecer órdenes de las autoridades, pero que se movían como paramilitares.

La conclusión del evento inaugural trajo de inmediato algunas pruebas a las que no podían quedarse, no por falta de ganas, sino que no deseaban agregar otro detalle a la preocupación que en ese momento ya tendrían sus padres; salieron con un grupo nutrido de personas que, al parecer, tampoco tenían que permanecer en el estadio, mientras otras tantas esperaban turno para entrar. Los de traje fueron los primeros en reaccionar, conforme avanzaban, dibujaron una especie de herradura que cercaba a los dos muchachos que se habían reunido en la escalinata de salida; iban intercambiando impresiones cuando un señor de edad avanzada los interceptó en mitad de la explanada, les preguntó la hora y cuando ambos estaban viendo cada uno sus relojes, el anciano sacó una pistola de bajo calibre y amagó a Saúl recargándosela en el estómago.

“Avancen, no quiero dar un espectáculo en medio de tanta gente”. Su voz cascada no restaba peligro a su amenaza. “Tú por delante si no quieres que tu amiguito estrene un agujero en la panza”, advirtió al Gato que parecía medir la situación. “Vamos al estacionamiento, allí tengo mi camioneta”. Seguían rodeados por un sinfín de personas, una familia tomada de la mano les obstruyó el paso, un vendedor de juguetes tradicionales pasó muy junto de Saúl, varios jóvenes con camisetas blancas parecían escoltarlos mientras repetían los movimientos que habían realizado momentos antes en el estadio y se burlaban del que tuvo una leve equivocación en su ejercicio. Aceleraron un poco el paso para quitarse de encima tanta interferencia y llegar pronto a su destino. Continuará.

Beto

martes, 20 de septiembre de 2022

La familia Grande 90a. entrega

“Todos los espacios lucían llenos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Adentro, los bailables y las tablas gimnásticas llenaban de orgullo a más de cincuenta mil espectadores; pasado el espectáculo, el desfile de las delegaciones preparó la entrada de la antorcha olímpica que portó para encender el pebetero la primera mujer en el mundo en hacerlo, la esgrimista Enriqueta Basilio. Explotó la algarabía, se escucharon vivas y porras que se confundían con otros gritos que, a decir de algunos, eran para quitarse el mal sabor de boca por las palabras del presidente de la República. Esos juegos significaban otras primeras veces como la participación de El Salvador, Honduras, Kuwait y Paraguay, la organización por parte de un país en vías de desarrollo, por una nación hispanohablante y realizada en América Latina.

Se había corrido el rumor de que el Gato intentaría un atentado en contra de Díaz Ordaz, no se sabía la procedencia de tal afirmación pero, tanto militares como elementos del Departamento del Distrito Federal estaban atentos a cualquier eventualidad. A pesar de las advertencias, Efraín, Luis y Saúl se dispusieron desde temprano a asistir a la inauguración, uno de sus compañeros de la universidad que había logrado entrar al grupo de voluntarios, iba a dejarlos pasar por una de las puertas de servicio, cuota de recuperación de por medio. “¿Ah, sí? ¿Y de qué te vas a recuperar?” “Pues del susto si llegan a descubrirme; no tienen una idea, cualquier libertad que nos tomemos, va a ser considerada casi, casi, traición a la patria”.

Desde ese momento aprendieron a ser escurridizos puesto que, desde su furtiva salida de las casas paternas hasta su incursión en el estadio, tuvieron que aparentar, vestirse y medir tiempos para entender las secuencias; de alguna manera sabían que la búsqueda de los participantes del dos de octubre no había cesado, pero ignoraban por completo que Efraín fuera un blanco definido para un ente ajeno al ejército. Bajaron del transporte y pasaron sin dificultad los cinturones de seguridad implementados por el Estado Mayor Presidencial, el consejo de don Efraín de cortarse el pelo sirvió para no ser detenidos como ocurrió con otro grupo de muchachos cuyo pecado fue vestirse de manera “estrafalaria”, así que los subieron a unas camionetas estacionadas allí.

Luis fue arrastrado por sus compañeros puesto que no deseaba apartarse de Nora, aún convaleciente y con un ligero trastorno en la memoria que la había mantenido esos días, postrada en la cama y sin querer de nada ni de nadie, de hecho, más tardaron en entrar que él en salir rumbo a donde ella estaba. Así que quedaron solos Efraín y Saúl y una ves que se despojaron de las filipinas que les sirvieron de disfraz del staff, fueron a sentarse en alguna de las escaleras que daban al centro del campo, con el inconveniente de que tuvieron que estar separados porque hasta esos espacios lucían llenos, lo que daba al traste la versión de su amigo de que la vigilancia era muy estricta y además debían lidiar con el paso de los vendedores de golosinas. Continuará.

Beto

martes, 13 de septiembre de 2022

La familia Grande 89a. entrega

“No serían mas de veinte”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Abraham Corcuera ni siquiera pestañeó, aseguró que tenía los medios para que ese “muchachito” no siguiera interfiriendo con sus tonterías y que informaría de sus resultados lo más pronto posible. Desde ese instante, la suerte de los Grande estuvo echada, por mucho que Efraín escapara de las trampas de las que era objeto, no podía proteger a todos sus seres queridos de algún “accidente”, lo que fue sucediendo de una forma metódica, con la calma que ostenta un cazador para hacerse de su presa. Lo que Abraham no contempló, fue que en el intento por deshacerse del Gato, su hermano Vicente perecería por su falta de previsión; la culpa atormentó al patriarca de los Corcuera pero, como suele pasar en esos casos, buscó culpar a alguien más.

El objetivo ya estaba dado, no había que buscar porque la causa de su naciente odio deambulaba por la ciudad de México ignorando el dolor que le producía, odio que heredaría a su hijo Emilio, un hombre más intenso e impositivo que él mismo, que a sus cuarenta y cuatro años, en 1968 ya aspiraba a controlar el imperio familiar y esa persecución le abriría las puertas para lograrlo. Para el inicio de los Juegos Olímpicos, el movimiento ya había sido apagado, el régimen de Díaz Ordaz no podía darse el lujo de mostrar al mundo que su mano no era firme ni que no podía brindar seguridad a los visitantes del orbe; las calles volvían a su movimiento habitual pero con la sensación de que algo se había roto dentro del país, otrora un territorio en el que nada pasaba.

Ya que en la tarde del dos de octubre no fue posible cumplir con el cometido porque “quién sabe cómo le hizo el mozalbete” para escurrirse entre las vallas que había puesto el ejército, el nuevo plazo no debía pasar de la inauguración de los Juegos. Para el once, El Universal anotó que la Plaza de las Tres Culturas quedó lavada y remozada además del retiro de las fuerzas armadas de la Primera Zona Militar, al mismo tiempo que la XXI impedía una manifestación en Puebla y las notas sobre otras manifestaciones en Monterrey, Tepic y Sinaloa ocupaban ya pequeños segmentos en los rotativos. La mañana del doce obró el milagro de tener un sol brillante, el aire parecía volver a su región más transparente y toda la pléyade de dioses prehispánicos y santos españoles se asomaban para observar.

El estadio de Ciudad Universitaria rebosaba de cabo a rabo, una conmemoración del día de la raza no pudo tener un marco más espectacular, el palco presidencial era resguardado por elementos del Estado Mayor lo mismo que las inmediaciones; un grupo de jóvenes vestidos de civil se movían como una máquina bien aceitada, no podía ser de otra forma, tan sólo diez días antes habían puesto en práctica sus tácticas de ataque. Otro grupo no identificado realizaba trayectos similares a los del ejército y el batallón Olimpia, bien vestidos y más pausados en sus movimientos, ocultaban sus miradas detrás de gafas oscuras, no serían más de veinte pero tenían bien copada la plancha de acceso mezclándose con una multitud que deseaba acceder al inmueble. Continuará.

Beto

martes, 6 de septiembre de 2022

La familia Grande 88a. entrega

“Había que acallar algunas voces.” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un detalle les permitió progresar rápidamente que era el mantenerse en un perfil bajo, a decir del locuaz de Eulalio, el placer estaba en manejar los hilos y no ser las marionetas. El suyo era un caso realmente intrigante para los que solían solicitar sus servicios, ya que no cualquiera metido en esos menesteres de manejar egos tanto dentro como fuera de los escenarios, se resistía a consumir “su producto” y a él nunca se le supo amorío alguno, al menos no con sus actrices ni cantantes. Decía que esa “carne” estaba reservada para otros “lobos”. Cuando Vicente contaba su historia, se limitaba a decir que su hermano había tenido demasiada suerte, pues una noche de 1913 en la que no lograban encontrarlo, estuvo en peligro de convertirse en el número “cuarenta y tres”.

Obviamente la referencia no correspondía en tiempo a la alusión de aquel episodio de 1901 que en su momento, decían, fue la vergüenza máxima del régimen de Porfirio Díaz. Lo licencioso no se le quitaría nunca, a decir de Abraham, suponía que se había juntado con gente que lo mal influenciaba y Vicente solía contestar que, en realidad Eulalio era la mala influencia para los demás, lo cierto es que el mayor no tenía idea de quién era su hermano y el menor se encargaría de que “El 43" fuera su nombre de batalla, cosa que Eulalio tomó con humor. Sus actividades “artísticas” incluyeron algún tiempo, un espectáculo de trasvestismo en donde él fue la estrella; duró poco porque entendió que ese escaparate pondría en riesgo a toda su familia, pero el gusto se dio.

En diferentes épocas, los Corcuera vieron encumbrarse a personajes como Fidel Velázquez, Javier Rojo Gómez, Leonardo Rodríguez Alcaine o Joaquín Gamboa Pascoe, líderes obreros con los que tuvieron algo que ver para que sus negocios fueran prósperos; o Emilio Azcárraga Vidaurreta que vio por su seguridad en una de tantas crisis por las que pasó la economía entre los cincuenta y los sesenta, favor que amplió el área de influencia de Eulalio, una vez tomadas las riendas del negocio televisivo por parte de Emilo Azcárraga Milmo. Sin embargo, las negociaciones más fuertes tuvo que realizarlas Abraham con un personaje que había hecho del petróleo su negocio particular, al menos en dos periodos cruciales para el país, llamado Joaquín Hernández Galicia.

En lo más álgido, el dirigente sindical puso sobre la mesa un nuevo orden, al que debían ceñirse todas las empresas que daban servicio a PEMEX; las formas de producción y distribución de esos días, distaban mucho de la automatización con la que se deseaba contar, por lo que era menester actualizar la tecnología en víspera del cambio de régimen. Díaz Ordaz quería dejar un país que el próximo presidente presumiera en el extranjero, algo que de alguna manera hizo, aunque a un costo muy alto. El cambio beneficiaría a la empresa de Abraham, pero para poder entregarle la concesión, debía primero acallar algunas voces que por esos años andaban alborotando a la juventud, a una de esas voces ya la tenían identificada, lo apodaban El Gato. Continuará.

Beto

martes, 30 de agosto de 2022

La familia Grande 87a. entrega

“Desde pequeños, Abraham tuvo que responsabilizarse
por sus hermanos” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Y es que Abraham Corcuera creía tener la obligación de cuidar la reputación de sus hermanos, aunque su fama -incluido él- superara sus esfuerzos de mantener una imagen de honestidad y buenas conciencias; la causa de que sus hermanos Eulalio el segundo y Vicente el menor no tomaran tan en serio sus amonestaciones, era porque en alguna de sus escapadas nocturnas había desposado a la primera tiple de una reconocida revista musical que Eulalio producía, para comidilla de la alta sociedad capitalina de ese tiempo. Abraham tuvo que invertir mucho tiempo y dinero para hacer de la fama de su mujer algo respetado por todos, llegó a inventarle un pasado casi cortesano en alguna sociedad europea en la que, por mala suerte, su familia había perdido todo.

Los libros de historia se encargarían del resto, un tiempo por tergiversar los hechos y posteriormente, por su desaparición de esas páginas. La vida en esas condiciones transcurría en periodos de paz seguidos de etapas convulsionadas que le tocó a Emilio el primogénito de Abraham y orgullo del clan entero, poner remedio definitivo, lo que implicó la desaparición de un prominente periodista que estaba metiéndose demasiado en asuntos que no le concernían y la muerte de la compañera que trabajaba con él en ese momento, en la escena sólo encontraron el cuerpo de la mujer. Obviamente, todo fue silenciado y negaron toda participación, al más puro estilo de los gobiernos de ese tiempo, corría la década de los setenta.

Otro detalle que hacía célebres a los famosos hermanos era su longevidad, en ellos parecían cumplirse las proverbiales palabras “hierba mala nunca muere”, las cuales repetían continuamente para sí mismos con mucho orgullo, aseguraban que así debía ser ya que no habían sido una familia numerosa, característica que repetirían en sus propios matrimonios pero por distintas razones a las de sus padres que tuvieron que salir huyendo de España y no podían cargar con más de tres, por otro lado, su muerte prematura selló en definitiva el número de hermanos que serían eso sí, muy unidos y con un sentido de protección algo torcido. Abraham tuvo que dedicarse un tiempo a estafar turistas en París o a jugar apuestas en Bruselas con el fin de alimentar a sus hermanos.

Su llegada a México como polizones en un barco carguero en 1910, vino a abrirles posibilidades que no hubieran imaginado tener en Europa; los días convulsionados por la Revolución les obligaron a buscar adaptarse lo más pronto posible, para ello la simpatía y don de gentes de Eulalio, les consiguió gozar de los favores de varios de los “científicos” que quedaban en activo una vez terminada la dictadura porfiriana, personajes oscuros algunos de ellos que necesitaban hacerse de recursos e información para mantenerse en el gabinete de Madero, para ello estaba hecho Abraham, que sabía medir los ritmos de la ambición y los intereses que ésta crea. El equipo Corcuera funcionaba a la perfección, Eulalio concertaba citas, Abraham era el operativo y Vicente el financiero. Continuará.

Beto

martes, 23 de agosto de 2022

La familia Grande 86a. entrega

“Él y sus hermanos supieron siempre colocarse
a la sombra del poder”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La riqueza de los Corcuera se había fincado desde la Revolución, a decir de algunos miembros de la “corte” porfiriana, se trataba de una familia de advenedizos que se unieron a las filas del maderismo para ver de qué podían apoderarse, no se les reconoció nunca alguna acción bélica de trascendencia, tan sólo se sabía que habían sido muy hábiles para colocarse cerca de los personajes que iban ostentando el poder; el episodio más oscuro en el que se les ubicaba era el supuesto apoyo que brindaron a Victoriano Huerta para ejecutar a Madero y a Pino Suárez, sin que necesariamente hubieran estado presentes, algo que evidentemente ellos siempre negaron con la misma cantaleta: “¿usted cree que nuestro sentido patrio lo hubiera permitido?”.

Todos los conocidos de esa época concordaban en que el abuelo de Estévan había sido el artífice de la traición, facilitando la información a los soldados bajo las órdenes de Huerta sobre la ubicación del presidente esa fatídica noche, acción que vino a beneficiarlo con la primera de muchas concesiones que él y sus hermanos disfrutaron en el futuro colocándose siempre en las cercanías del poder, eso sí, con la habilidad de saber siempre cuál era el “bueno”; así, desde Pedro Lascuráin y Francisco Carvajal, la posición de los Corcuera se vio beneficiada con permisos para explotar minas o sembrar en terrenos que nadie reclamaba, al menos eso decían ellos, pero su golpe maestro lo dieron en 1915, estando Roque González en la silla.

Dada la premura de su interinato, parecía que el presidente González no se daba cuenta de que estaba entregando algo que en el futuro sería primordial para la industria petrolera que tenía que ver con el refinamiento del crudo, esto era la comercialización y distribución de químicos en exclusiva, la cual se haría patente a partir de 1938; los planes de expropiación, a decir de algunos, venían gestándose desde el gobierno de Álvaro Obregón, pero no se habían materializado debido a lo convulsionado que se encontraba el país entonces, sin embargo, los Corcuera tuvieron la paciencia de esperar el momento oportuno para cobrar la factura, gracias a que en el camino iban enterándose de asuntos turbios de cada uno de los candidatos y futuros presidentes de la República.

Pero el petróleo no fue lo único en lo que incursionaron, la explotación de la plata en Zacatecas y Guanajuato vio cómo la mano del menor de los hermanos hacía de las suyas gracias a que su ambición no estaba peleada con la discreción, es decir, fue lo suficientemente inteligente como para no aparecer ante ninguna autoridad como responsable de las excavaciones y manejar con mano dura a cada uno de sus prestanombres; el de en medio, más dado a la farándula, se hizo de permisos para distribuir licores en centros nocturnos de su propiedad, ideados para el solaz de políticos y empresarios, algo que don Abraham Corcuera, padre de don Emilio, nunca vio con buenos ojos, aunque más de una vez salió favorecido de esos servicios. Continuará.

Beto

martes, 16 de agosto de 2022

La familia Grande 85a. entrega

“¿De verdad creen que alguno de éstos
es responsable?” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El nuevo día sorprendió a los dos fabricándose conjeturas sobre los enemigos que habían hecho a lo largo los años, así los encontró el Gato, se acercó sin que lo notaran y le asombró lo que habían descubierto, después del saludo matutino y el consabido café, les cuestionó sobre el hallazgo. “Hemos estado buscando mal; si alguien no quiere ser encontrado nunca aparecerá. Lo que debemos hacer es sondear a quienes están alrededor”, afirmó Ruth con autoridad. “Es algo complicado a estas alturas, ha pasado mucho tiempo”, dijo Efraín aún sin entender. “Pero no hay lucha que la que no sa hace”, respondió Saúl extendiéndole un papel que contenía una lista de nombres en la que destacaban algunos conocidos de ellos, víctimas de varios de sus trabajos.

“¿de verdad creen que alguno de éstos es el responsable de que tengamos a la policía pisándonos los talones?” increpó el Gato con un tono entre la sorpresa y la retórica. “¡Y no sólo de eso! Creo que ha estado cerca de nosotros desde siempre”, afirmó Saúl mientras Ruth asentaba con la cabeza. Efraín caminó hacia la ventana que daba a un jardín, asomó para perder la mirada en el horizonte apenas iluminado por los primeros rayos del sol; ¿sería posible que cada paso que dieron había sido vigilado, pero ¿quién habría tenido el interés y para qué? Era cierto que sus trabajos se interpusieron a prácticas deshonestas y a espionajes corporativos y que sus métodos estaban fuera de la ley, pero no consideraba que tuvieran tal importancia como para que fueran objeto de vigilancia continua.

Un nombre resaltó de entre todos, Sergio aparecía circulado como lo había sido en otras ocasiones en los que discutían su participación en muchas de las redadas en las que habían estado a punto de caer; obviamente era alguien inteligente pero por lo mismo, habían tenido el cuidado extremo de no dejar que se filtrara ninguna información en la familia, relativa a sus operaciones, pero el hecho era que su hermano adoptivo era un elemento de la policía, uno muy bueno a decir de sus superiores y quienes lo conocían. La única mancha en su expediente, era el no haber atrapado a la banda que había perpetrado tantos asaltos a prominentes empresarios capitalinos que clamaban justicia, a pesar de que los casos no tenían el suficiente sustento.

Claro, tampoco podían exigir demasiado porque lo que el gato y su grupo había entorpecido, generalmente eran actividades que salían de la legalidad y que eran por propio encargo, como lo que actualmente estaba en curso y que de pronto parecía sospechoso. Cada instante que mantenían al joven heredero de los Corcuera, éste se veía ajeno a lo que su padre les había confiado, pero ¿qué tan probable era que el gran empresario quisiera deshacerse de su hijo? La versión que el joven daba sonaba descabellada en algunas de sus partes, como sacadas de una novela de intrigas; justo la lista se cerraba con el nombre del prominente empresario, Saúl y Ruth dejaron ver sus dudas al respecto de que el trabajo que les encomendó fuera tan inocente como un simple castigo. Continuará.

Beto

martes, 9 de agosto de 2022

La familia Grande 84a. entrega

“¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria?”
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Algunas otras cosas no encajaron durante el tiempo que duraron los trámites, por ejemplo, la insistencia de un detective judicial de realizar la autopsia y la rotunda negativa del médico a realizarla, una lucha de egos se dijo en su momento; el repentino interés de Saúl de revisar las pertenencias de su madre, principalmente de las libretas que usaba para apuntar sus pendientes, porque no usaba agendas pues decía que no quería que otros controlaran su tiempo y un número telefónico anotado en el pequeño block a un lado del aparato. El impulso guardarlo emergió en Saúl desde el fondo de sus entrañas y, para no perderlo u olvidarlo, mandó hacer una sencilla esclava en la que le grabaron con él la parte interior. Claro que muchas veces trató de comunicarse, pero sólo tenía como respuesta el timbre de llamada.

“¿A dónde te fuiste? Llevas allí sentado más de una hora sobándole a la esclava”, preguntó Ruth un tanto intrigada. “Nada en realidad. Al menos nada que la paciencia no supere”, contestó Saúl que parecía haber envejecido varios años en pocos minutos. “Volviste a Austria ¿no? ¿Hasta cuándo vas a dejar de culparte? No podías haber estado en dos lugares a la vez”. El tono maternal que estaba usando la mujer logró acentuar la nostalgia que Saúl sentía en ese momento, los ojos se le rasaron con lágrimas que tomaron un sabor extraño, de ésas que salen una vez cada mucho tiempo. “¿Es por tu madre o por otra cosa?” “Son muchas, tantas que ya no sé a qué poner atención”. “No, esa mirada no es por lo que se fue, sino por lo que pudo haber sido. La conozco perfectamente.

Nunca debí contarte lo que viví en Austria, sabes demasiado de mí”. “Sólo lo suficiente para cuidarte las espaldas, viejo cascarrabias”. Rieron con la complicidad que de el trato prolongado y cercano. “Aún la extrañas”. “¿ A quién te refieres?” “¿De verdad quieres jugar conmigo? Bien sabes que a la ‘güera’”. “Por supuesto, después de tantos años pareciera que la esperanza no ha muerto”. “Yo que tú no dejaría de buscar”. “Eso es lo que he hecho, aún conservo los datos del restaurante y de la casa donde vivía, pero es como si la tierra se la hubiera tragado. No entiendo cómo alguien puede desaparecer de esa manera; la única vez que pude volver, ya nadie sabía de ella y ni siquiera quedaba alguno de sus compañeros de trabajo”. “¿Y es cierto que nunca supiste su nombre?” “Sí, fue la mayor estupidez de mi vida”.

“Estúpido o no, a mí me parece muy romántico, más la parte en la que pareciera que se ha ocultado para que la encuentres”. “Un juego demasiado cruel ¿no crees?” “Bueno, a menos que no lo hubiera planeado y la forzaran a alejarse de ti”. “Suena a telenovela, ¿quién tendría in..?” Detuvo en seco la interrogante, de pronto varias cosas parecían encajar. “¿Qué tal si he buscado en la dirección contraria? ¿Y si todo lo negativo que nos ha pasado tuviera algo que ver?” “¿Lo crees?” “Así las cosas tendrían lógica; las muertes, los secuestros, la supuesta suerte. Alguien ha tenido que ver con todo esto”. La convicción en sus palabras puso en alerta a Ruth que no alcanzaba a entender a qué se refería exactamente, además ¿quién tendría el interés o el poder de hacerles daño de esa manera? Continuará.

Beto

martes, 2 de agosto de 2022

La familia Grande 83a. entrega

“Tomó la mano de la mujer que lo había hecho
todo por él”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En el aeropuerto ya lo esperaban Efraín y Luis, ambos con un semblante poco promisorio; trataron de calmarlo diciéndole que la familia del Gato la cuidaba mientras el papá de Luis proveía de lo necesario para su mantenimiento. a todo decía que sí, pero sus pensamientos iban y venían de una imagen catastrófica a otra, en su interior deseaba con todas sus fuerzas que su madre se compusiera pero en el fondo sabía que sería muy difícil que eso sucediera. Tan ensimismado estaba, que no se dio cuenta a qué hora llegaron a su casa, esto le sorprendió pues suponía que estarían atendiéndola en algún hospital, a lo que le aclararon que ése no era el deseo que su madre había externado, puesto que deseaba morir, si es que eso sucedía, de la manera más digna posible, sin que tuvieran que entubarla ni conectarla a alguna máquina.

El impacto fue tremendo, aquella mujer otrora vigorosa y llena de planes estaba reducida a un pequeño bulto que apenas ocupaba una porción de la cama matrimonial, regalo de los abuelos paternos de Saúl cuando recién se había casado con su padre; casi saltando sobre un taburete, se acercó y tomó la mano de la mujer que se había abocado a su cuidado sin restricciones y que, aunque nunca rompió relaciones con su familia política, no recibió ayuda de ellos, así que tuvo que vérselas sola en un mundo que pasaba por la transición de tener lástima por las mujeres abandonadas a la de aceptar que hay relaciones que simplemente terminan sin razón aparente. Y allí estaba, tratando de consolar a su hijo en el cual había depositado sus esperanzas de tener el mejor de los futuros posibles.

Los sentimientos encontrados provocaron que las palabras se hicieran nudo en la garganta del muchacho; por un lado su escepticismo le decía que ahí terminaba todo y por otro, la gran religiosidad de la mujer le obligaba a mostrar respeto y esperar de verdad que fuera al lugar que ella le había platicado desde niño que iban las almas que partían de este plano. La tristeza de no volver a verla y la alegría de que partiría conforme con lo que había logrado, le creaban imágenes contradictorias en la cabeza a Saúl. Su madre extendió la mano hacia su frente con la señal de la cruz y con la mirada indicó a Efraín y a Luis que se acercaran también para recibir la bendición; no hubo en la vida de esos tres, una escena más conmovedora que ésa en que la moribunda reiteraba su alegría de verlos como hermanos.

Como un relámpago, el último suspiro recorrió de su rostro a su mano dando un apretón que Saúl atesoró por todos los días de su propia vida, pero aún antes tuvieron tiempo, él para agradecerle todo lo que había hecho y ella, para recomendarles que extremaran precauciones y se cuidaran mucho en ese trabajo extraño que emprendían juntos; pasó el muchacho su palma sobre los ojos de la mujer, en silencio le reiteró su promesa de ser precavido y velar por los demás. Una extraña tranquilidad lo invadió, dibujó su rostro una leve sonrisa, besó loa mano de su madre y dirigiéndose a Efraín, pidió que se hiciera cargo de los detalles funerarios mientras él, en compañía de Luis, escogía la vestimenta con la que enterrarían el cadáver. Pero antes, buscó algo en los cajones del buró, con cierta prisa. Continuará.

Beto

martes, 26 de julio de 2022

La familia Grande 82a. entrega

“Esas observaciones lo hacían más metódico”.
Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Si Efraín se hubiera enterado de sus pensamientos en ese instante, seguramente le diría que le pasaba lo mismo que a la lechera de la fábula, que en el camino al mercado ya tenía comprados una serie de animales y una granja donde meterlos y aún no vendía ni un litro de leche, pero estaba seguro que a él no se le caería el bote ni dejaría sus sueños a la mitad. Por el contrario, confiaba en que la sinceridad de la mirada de la güerita le garantizaría al menos, que lo pensaría y ¿por qué no? que aceptara su propuesta aunque fuera para probar. La esperanza lo mantenía optimista y jovial, su rendimiento en clases aumentó de la misma manera que sus calificaciones, lo que le garantizaba la extensión de la beca o la oportunidad de pedir otra.

Saúl mismo se sorprendió de sus propios pensamientos, nunca había considerado una vida matrimonial, bueno, ni siquiera que en algún momento fuera a tener la suerte de atraer a alguna mujer, pero allí estaba, en un país extraño apoyado por dos individuos que prácticamente acababa de conocer y siendo partícipe de la vida de una beldad europea; al paso de las semanas, la relación fue fortaleciéndose y el celo de los compañeros meseros de ella desapareció dando lugar a un trato muy familiar para con el mexicano que con ello, se veía como un reconquistador del “penacho” de Moctezuma, algo que a todos les hizo gracia hasta que, con un gesto serio Saúl les comentó un plan para robarlo y regresarlo a México. El estupor los aplastó por unos segundos y entonces tuvo que aclararles que era una broma.

Lejos estaba de imaginar que el esquema que había ideado, le serviría como base para los futuros asaltos que llevaron a cabo en los años siguientes, por algo insistía en visitar los museos de la ciudad y comer o pasear por sus alrededores. Esas salidas le permitieron trabajar en la tesina que presentaría como trabajo final, por supuesto, disfrazado de un sistema de seguridad para recintos de alta gama manejados por ordenadores electrónicos, una especie de sistema inverso de protección. Sólo a su virtual mujer le comentó sus ideas, las que ella tomó de buen humor puesto que ese mismo esquema mental le proporcionó una forma muy imaginativa de producción artística y le pidió autorización para usar su metodología en su propio trabajo de la carrera, algo que llenó de orgullo al muchacho.

Esas observaciones le hicieron más metódico, más que el propio trabajo en la universidad a la que asistía y todo hubiera sido placentero hasta que recibió un telegrama que le indicaba que debía presentarse en México con carácter de urgente debido a la repentina precaria salud en la que se encontraba su madre. El sobresalto fue mayúsculo y sólo tuvo tiempo de dar aviso a la escuela, despedirse de sus amigos y su novia y tomar el vuelo de regreso a México; fueron las catorce horas más angustiantes que había vivido hasta ese momento y únicamente pensaba en llegar para poner solución inmediata a la situación de su progenitora. Confiaba en ello y en cumplir la promesa de regresar a Austria a la brevedad para casarse con su “güerita”, aunque poco espacio le quedaba en la cabeza para pensar en eso. Continuará.

Beto

martes, 19 de julio de 2022

La familia Grande 81a. entrega

“Saúl resolvía unos problemas de física mientras
sus padres discutían”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Él, lo único que esperaba era volver a verla, el enamoramiento en el que había caído lo tenía reconciliado con la vida; los tiempos en que vio a su familia desmoronarse por las infidelidades de su padre estaban quedando en el pasado, al menos eso quería pensar ya que las pesadillas en las que recordaba el accidente donde había perecido su hermana del cual se culpaba por no haber ido a acompañarla, habían disminuido, sin embargo, la razón por la que se negó de ninguna manera compensaba la que ella externó para aislarse de su casa con ese viaje. No estaba huyendo, sólo se tomaba esas vacaciones para no cargar en sus hombros con la responsabilidad de tomar partido por alguno de sus progenitores, sin sospechar que su percance aceleraría el proceso de separación.

La noticia les llegó la misma tarde del incidente, Saúl resolvía unos problemas de física que le había enviado Luis, ya que esa mañana no se presentó a clases por un asunto al que acompañó al Gato por haber ganado un volado entre los dos; sus padres discutían la razón por la que su padre había dado el permiso para que la muchacha fuera al viaje cuando su mujer se lo había negado. El timbre del teléfono ceso al ser levantado el auricular por el señor (), la sangre se le fue a los pies y ni los reclamos de su mujer le hicieron reaccionar hasta que, una vez concluidos los servicios funerarios, sin decir una palabra a ninguno de los dos, se marchó y nunca más supieron de él.

Esa semiorfandad en la que de pronto se vio pudo haberle hecho blanco de las bromas del grupillo de facinerosos de la prepa, si no hubiera sido por la intervención de Efraín y Luis, que en todo tiempo lo cuidaron conscientes de que sus obligaciones como “hermanos” era protegerlo. Siempre lo agradeció, aunque a veces no se enteraba de que lo habían salvado, como aquella ocasión en que el el quipo de básketbol de la escuela disputaba un encuentro en contra de la Preparatoria del Centro, una institución particular que buscaba, mediante el deporte también, posicionarse en la ciudad; el “Fideo” y sus compañeros habían planeado bajarle el short s Saúl mientras éste tomaba fotos del partido para el periódico escolar, acto que no se cumplió gracias al Gato y a Luis.

Además de esa protección, estaba la de toda la familia Grande, que lo acogió como uno más con los mismos privilegios y él, por su cuenta, asumió los obligaciones en correspondencia a tal distinción; con ellos aprendió a ser cuidadoso y protector, costumbre que extendió hacia su madre hasta los últimos días de ésta y que por esos días, encontraba en la hermosa austriaca, un medio más para ampliarlo. La noche se presentaba propicia para miles de remembranzas y planes a futuro---, se veía presentando a la rubia a su círculo de amistades, a su madre, invitándolos a ser partícipes de la alegría a la que pensaba abandonarse con ella, siempre con ella, visitando los lugares más remotos de México, sólo faltaba un detalle, convencerla. Continuará.

Beto

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