martes, 19 de julio de 2022

La familia Grande 81a. entrega

“Saúl resolvía unos problemas de física mientras
sus padres discutían”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Él, lo único que esperaba era volver a verla, el enamoramiento en el que había caído lo tenía reconciliado con la vida; los tiempos en que vio a su familia desmoronarse por las infidelidades de su padre estaban quedando en el pasado, al menos eso quería pensar ya que las pesadillas en las que recordaba el accidente donde había perecido su hermana del cual se culpaba por no haber ido a acompañarla, habían disminuido, sin embargo, la razón por la que se negó de ninguna manera compensaba la que ella externó para aislarse de su casa con ese viaje. No estaba huyendo, sólo se tomaba esas vacaciones para no cargar en sus hombros con la responsabilidad de tomar partido por alguno de sus progenitores, sin sospechar que su percance aceleraría el proceso de separación.

La noticia les llegó la misma tarde del incidente, Saúl resolvía unos problemas de física que le había enviado Luis, ya que esa mañana no se presentó a clases por un asunto al que acompañó al Gato por haber ganado un volado entre los dos; sus padres discutían la razón por la que su padre había dado el permiso para que la muchacha fuera al viaje cuando su mujer se lo había negado. El timbre del teléfono ceso al ser levantado el auricular por el señor (), la sangre se le fue a los pies y ni los reclamos de su mujer le hicieron reaccionar hasta que, una vez concluidos los servicios funerarios, sin decir una palabra a ninguno de los dos, se marchó y nunca más supieron de él.

Esa semiorfandad en la que de pronto se vio pudo haberle hecho blanco de las bromas del grupillo de facinerosos de la prepa, si no hubiera sido por la intervención de Efraín y Luis, que en todo tiempo lo cuidaron conscientes de que sus obligaciones como “hermanos” era protegerlo. Siempre lo agradeció, aunque a veces no se enteraba de que lo habían salvado, como aquella ocasión en que el el quipo de básketbol de la escuela disputaba un encuentro en contra de la Preparatoria del Centro, una institución particular que buscaba, mediante el deporte también, posicionarse en la ciudad; el “Fideo” y sus compañeros habían planeado bajarle el short s Saúl mientras éste tomaba fotos del partido para el periódico escolar, acto que no se cumplió gracias al Gato y a Luis.

Además de esa protección, estaba la de toda la familia Grande, que lo acogió como uno más con los mismos privilegios y él, por su cuenta, asumió los obligaciones en correspondencia a tal distinción; con ellos aprendió a ser cuidadoso y protector, costumbre que extendió hacia su madre hasta los últimos días de ésta y que por esos días, encontraba en la hermosa austriaca, un medio más para ampliarlo. La noche se presentaba propicia para miles de remembranzas y planes a futuro---, se veía presentando a la rubia a su círculo de amistades, a su madre, invitándolos a ser partícipes de la alegría a la que pensaba abandonarse con ella, siempre con ella, visitando los lugares más remotos de México, sólo faltaba un detalle, convencerla. Continuará.

Beto

martes, 12 de julio de 2022

La familia Grande 80a. entrega

“Evangelina fue muy clara con todos ellos”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los trataron de “amantes de judíos”, les congelaron sus cuentas bancarias y los acusaron de conspirar contra el régimen, algo que el pangermanismo hubiera condenado abiertamente, pero que en el cierre de la primara mitad del siglo veinte, se había distorsionado desde una perspectiva doctrinaria. La decisión de que Evangelina se hiciera cargo del negocio se dio de manera natural, viuda y sin hijos, podía dedicarse a él de tiempo completo porque tampoco hizo mucho por hacerse de una nueva pareja y no fue porque no tuviera oportunidades -algunas de las cuales aprovechó en su momento- sino porque varias de ellas pretendían llevársela a otros lares y los que más, atarla a una vida hogareña que francamente no le atraía en lo más mínimo.

Evangelina pudo decidir sobre los destinos de la casa como de su propia vida, allí había visto desfilar un sin fín de pretendientes de todo tipo, algunos adecuados para las ínfulas aristocráticas de sus parientes y otros no tanto. A ninguno hizo caso más allá de sus muy particulares gustos, pero siempre fue honesta con todos ellos; sólo uno se le puso “flamenco” alegando derechos de sangre azul, alcurnia o vaya usted a saber qué más, las lógicas de cada uno no concordaron en absoluto y el hombre osó entonces sustraerla de su casa a la fuerza, atrevimiento que pagó con creces durante un buen tiempo. Lo bueno de ello es que una organización sin fines de lucro que daba asistencia a personas de la tercera edad se vio beneficiada.

Pero la insistencia no quedó ahí, las peticiones, los ruegos y los reclamos amorosos se multiplicaban y aderezaban con escenas de celos dignas de las incipientes telenovelas que comenzaban a pulular, principalmente en hispanoamérica; la rebelión juvenil de los cincuenta y sesenta les pasó de largo pues no coincidió con su adolescencia, así que ni pensar en modas exóticas del amor libre en exclusividad y abiertamente, ella prefirió siempre el encanto de la discreción y el acuerdo temporal, que resultó más revolucionario que las ondas hippies. Lo importante, como ella misma sostenía, era mantenerse en una elegante distancia que mantuviera la curiosidad pero sin tentar a las pasiones abrasadoras que a nada conducían, menos para una mujer “sola”.

Los relatos que a veces confiaba a sus comensales, le ponían los pelos de punta a Saúl, que rezaba por que “su” güerita no fuera a tomarlo de la misma manera, aunque la década de los ochenta también tenía lo suyo en rebuscamientos sociales, cuyo reflejo parecía darse en lo estrambótico de la ropa y los peinados. Evangelina lo calmó diciéndole que las generaciones habían cambiado porque la suya había visto el riesgo y la educación que brindaba seguía el derrotero de la disciplina, con lo que ella no contaba es que la respuesta generacional voltearía precisamente a los devaneos de la suya, como decían las abuelas, los ochenta “abuelearon” y se volvieron consentidores, que algo de ello sabía muy bien el grupo al que pertenecía Saúl. Continuará.

Beto

martes, 5 de julio de 2022

La familia Grande 79a. entrega

“Soñaba con las cortes vienesas caminando
en esos pasillos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Les contó su día y lo que había sucedido, incluso el incidente con su amiga y el vestido prestado, lamentó haber faltado a la cita con ellos pero confiaba en que pudieran comprender la situación; se alegraron de que todo le hubiera salido muy bien, lo que se imponía en ese momento era festejar con un buen pastel austriaco y un café de Jalapa. Saúl tuvo miedo de preguntar cómo fue que un kilo de café había pasado las aduanas europeas, puesto que conseguirlo legalmente por allá en esos años resultaba carísimo. La aromática infusión inundó de inmediato la estancia, que no debió significarle demasiado esfuerzo puesto que el piso que ocupaban era muy pequeño, aunque habían tenido la suerte de encontrar uno que no compartía el baño con los demás departamentos del vetusto edificio.

La casera, una mujer entrada en años pero muy lúcida, contaba que ésa era una casa de veraneo de unos parientes muy pudientes en el tiempo de Bismark cuya desgracia acaeció en el momento en que decidieron seguir ideas contrarias  al régimen que estuviera vigente, el golpe fatal lo recibieron cuando espías alemanes los sorprendieron ayudando a varios judíos que huían del nazismo; habían perdido su fortuna y, por supuesto, la casa. Después de mucho tiempo, con la apertura que los gobiernos austriacos implementaron en el país, los sobrevivientes hicieron gestiones para recuperarla, lo que les exigió una gran inversión de tiempo y dinero, pero con una idea magistral, lograron hacerse del inmueble que milagrosamente se había conservado.

La idea era ceder a las autoridades un ala de la construcción para fines culturales, dada la historia que se observaba en esos muros y los usos que había tenido durante todo ese tiempo, el Instituto de Cultura no tuvo empacho en aceptar la oferta, a cambio de permitir que la familia pudiera habitar la parte cuyo interés fuera mínimo; por supuesto no iban a meterse todos en esas paredes, menos cuando todos ya gozaban de una posición, así que decidieron convertir esa parte en un hostal a cargo de Evangelina, la dama en cuestión, teniendo a los demás como socios del negocio. No se había recuperado del todo la construcción, pero de alguna forma habían garantizado que la memoria familiar no se perdiera e, incluso, se difundiera.

Por el tiempo en que, de niña, Evangelina escuchaba las historias de lo sucedido en esa construcción, soñaba con las cortes vienesas y la aristocracia deambulando por esos pasillos iluminados en toda su extensión, con muebles que mostraban más la opulencia que la utilidad y los ventanales que le gritaban al mundo que en esa casa era factible vivir un cuento de hadas, mucho antes de darse cuenta de que todo en la vida tenía un precio y el que su familia tuvo que pagar había sido muy alto. Hasta esa fecha no comprendía cómo es que una creencia podía marcar a un ser humano para ser objeto del odio de otro, tomando en cuenta que ninguno de sus antepasados se había aprovechado de nadie, ni siquiera de aquellos a los que había ayudado. Continuará.

Beto

martes, 28 de junio de 2022

La familia Grande 78a. entrega

“Te perdiste de conocer a tres muchachas
que están...”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “¿Dije algo que le molestara?” “No, para nada. Es que nunca me había importado tanto el porvenir”, en ese momento no lo sabían, pero sus vidas acababan de enlazarse para siempre- El esquema de estudio de la historia del arte que la “güerita” proponía en su trabajo de titulación resultó de gran interés para Saúl pues él estaba casualmente elaborando un plan para el manejo de obras de arte y la información de cada pieza en la agencia formada con Efraín y Luis; muchos de los trabajos que realizarían en el futro, implicaban fraudes en la venta de pinturas o esculturas, cuyo mercado aunque se realizaba mayormente en el extranjero, México había sido un punto de encuentro para su tráfico hacia los Estados Unidos y Europa.

Se cumplió el tiempo en que la muchacha debía regresar a clases, Saúl de inmediato se ofreció a esperarla para acompañarla a su casa pero ella rechazó la oferta a cambio de que se vieran al otro día. Era lunes y ya se habría librado del compromiso escolar que tenía pendiente, así que el llevarla a su casa no significaría problema alguno; coincidentemente salían a la misma hora y los planteles no distaban mucho uno del otro, así que a Saúl le pareció buena idea, además agradeció que se negara porque a él le faltaba terminar algo del trabajo por entregar ese mismo lunes. Se despidieron con un abrazo, confiados en que su encuentro significaría mucho más que la simple atracción que a leguas se notaba se profesaban mutuamente.

Un susurro escapó de los labios de la mujer: “me llamo Amelí”, pero los oídos de Saúl ya no pudieron escucharlo porque el murmullo de los estudiantes llegando a la universidad lo impidió, así que sólo la siguió con la mirada hasta que desapareció entre mochilas y cabelleras alborotadas. Regresó pensativo a su cuarto y los “mellizos” ya estaban allí esperándolo, cesaron de hacer lo que los mantenía ocupados, Rafael se adelantó a preguntar: “Dónde te metiste? Estuvimos esperándote por casi dos horas-, te perdiste de conocer a tres muchachas que están...” Las manos serpentearon en el aire con la clásica señal de curvas femeninas. “Es cierto”, reiteró Gustavo, “la que te tocaba decidió irse porque no vio claro”. Saúl los miró como quien entiende la creación frente a gente que necesita ser orientada.

Bromearon unos instantes más hasta que Saúl los dejó helados materialmente con su afirmación: “Creo que encontré al amor de mi vida”. “Estás bromeando”, dijo Rafael un tanto incrédulo y otro sorprendido. “Yo creo que se volvió loco”, afirmó Gustavo sin dejar de masticar las papas fritas en cu boca. “Nada de eso; seguramente recuerdan a la rubia de la que ustedes me apartaron en el concierto callejero. No, no es ella, resulta que tiene una hermana gemela y parece que no le soy indiferente”. Los tres guardaron silencio por unos segundos hasta que Saúl preguntó con cierta sorna: “¿Acaso no puedo encontrar el amor aunque parezca de telenovela?” Sin poder contener la carcajada los “mellizos” le dieron un efusivo abrazo. “Tienes que contarnos a detalle”. Continuará.

Beto

martes, 21 de junio de 2022

La familia Grande 77a. entrega

“Por fin gritó como si hubiera descubierto
la cura contra el cáncer”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Es una historia muy graciosa que te contaré una vez que se me pase la impresión. ¿Por qué no vamos a que comas algo y me platiques cómo te fue en clases?” Nuevamente se le encendió el rostro tratando de disimular su turbación, detalle que la muchacha no dejó pasar inadvertido, pero nada mencionó al respecto, no al menos por el momento. “Hay una pequeña cafetería a dos cuadras, podemos ir allí”, dijo con su voz cantarina. “Como darle un sablazo a caballo de espadas”. “¿A qué se refiere?” “A que si trabajas en una, pareciera malo de mi parte el llevarte a otra igual”. “No se preocupe, si de algo presumimos los austriacos, es de una gran variedad en servicios de ese tipo; además, el lugar es lo de menos con tal de platicar con usted”.

“¿Con quién aprendiste a hablar español?” “En la escuela, era una materia optativa, ¿por qué lo pregunta?” “Porque me parece muy curioso que, siendo de la misma edad, me hables de usted”. “¿Está mal que lo haga?” “De ninguna manera, pero me sentiría más cómodo si me tutearas”. “Supuse que todos los de habla hispana lo hacían de esta manera”. “Algunas veces, para mostrar respeto a un rango o a alguien de mayor edad”. ”Ah, nuestro maestro nos enseñó así, de esta manera se dirigía a todos nosotros sin importar si éramos más jóvenes”. “Bueno, en algunos países sudamericanos aún se acostumbra, por ejemplo en Colombia o Ecuador, así como en Costa Rica y Panamá. Para México, eso es muy formal”.

Sonrieron con la complicidad que da el mutuo entendimiento y acordaron que se hablarían como estuvieran acostumbrados sabiendo que eso no obstaba para sentir familiaridad el uno con el otro, total, el colombiano que les enseñó a hablar en español ni se enteraría. Sólo faltaba una cosa que, con la intimidad que empezaba a surgir, le apenaba al muchacho preguntarle, pero debía ponerle un nombre a ese rostro cuya amabilidad había robado toda su atención. “Esperaba la ocasión en que lo preguntara, pero las cosas han fluido tan bien, que no creo necesario o urgente que lo sepa”, contestó pícara y le propuso un juego que según ella, daría mayor interés a su relación. “De acuerdo, pero debo llamarte de alguna forma”. “La que crea sea la más familiar”.

Hizo un gesto como de estar pensándolo mucho, hasta que por fin gritó como si hubiera descubierto la cura contra el cáncer, “¡Güerita!” La muchacha abrió los ojos dando a entender que no comprendía ni la expresión ni el entusiasmo. “Es la manera cariñosa en que nos referimos a las rubias en mi país”, explicó Saúl entre divertido y travieso. “Sólo espero que no se trate de un insulto”, contestó la rubia fingiendo un mohín. “¿Cómo crees, nunca te haría algo así”. Volvieron a reír y los treinta minutos que les restaban se fueron volando entre preguntas sobre sus lugares favoritos, las causas de sus aparentes felicidades y posibles tristezas o lo que esperarían que fuera su futuro, esto último hizo que Saúl se pusiera serio. Continuará.

Beto

martes, 14 de junio de 2022

La familia Grande 76a. entrega

“La sorpresa lo dejó paralizado”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pasó esas dos horas inventándose escenarios, algunos de ellos francamente absurdos aunque bien intencionados; anduvo unas cuadras admirando la arquitectura, los espacios abiertos y lo bien acomodados que parecían los edificios, ya que no había ninguna zona que no fuera aprovechada, nada parecida a la visita al bajío con sus parientes americanos para que conocieran la tierra de sus abuelos donde, pasando por las ciudades de Irapuato y León, se le ocurrió preguntarles qué les parecían, a lo que resueltos contestaron: “muy bonitas, cuando las terminen, van a estar mejor”, en franca alusión a los terrenos baldíos que abundaban intercalados entre construcciones y que llevaban años sin ser ocupados más que para criar ratas.

Cadi eran las seis de la tarde cuando decidió regresar a las puertas de la universidad donde había dejado al objeto de sus pensamientos más recientes, esta vez tuvo la precaución de no alejarse demasiado para no tener que correr nuevamente; se plantó justo en el medio de las dos hojas que separaban al interior de la institución de la calle, éstas se abrieron para dejar salir a los estudiantes que esperaban disfrutar de un pequeño descanso antes de continuar con sus extraordinarias labores dominicales, a lo lejos alcanzó a ver la cabellera rubia de su cita que, de pronto, paró en seco, volteó hacia su derecha y recibió un gran abrazo de un tipo que la levantó en vilo plantándole un beso en la boca que a leguas se notó que ella correspondió totalmente.

La sangre se le fue a los pies, la pequeña flor que llevaba en la mano resbaló entre sus dedos y cayó al piso sin que Saúl pudiera evitarlo; la escena se prolongó por algunos segundos más, instantes en que pudo ver cómo el vestido de ella bailaba dando un marco que cualquier cineasta hubiera filmado sin chistar. Sus pensamientos se agolparon en su cabeza pero sólo uno escapó entre sus labios: “¿cómo pude ser tan estúpido?” Personas iban y venían tratando de no arrollarlo en su prisa, mientras los enamorados  repetían una y otra vez el beso que desgarró el corazón del muchacho. Los hombros adquirieron un peso extra y sintió cómo el estómago dejaba su espacio provocando un hueco terrible; a punto estaba de salir huyendo cuando escuchó una voz: “¿Qué ve?”

La sorpresa lo dejó paralizado, allí estaba la rubia sonriéndole, con el cabello recogido como si acabara de bañarse ¡y con otra ropa! “¿Cómo es posible? Acaba de verte besando a un tipo a medio pasillo” “¿Se refiere a esa pareja que viene allí?” “S-sí”. “Es mi amiga Amelí, me pidió de favor ayer que le trajera el vestido que ahora porta, pero como no me era posible cargar una maleta más grande, optamos por cambiarnos en el baño. Está bonito, ¿verdad? Quería impresionar a su novio y creo que lo logró”. “No nada más a él”, murmuró Saúl a la vez que se apuró a levantar la florecilla del piso. “¡Para mí! ¡Qué lindo detalle! Espero que no haya tenido problemas para obtenerla. aquí está penado cortarlas de los jardines. ¿Y qué hacia en el piso?”. Continuará.

Beto

martes, 7 de junio de 2022

La familia Grande 75a. entrega

“De inmediato vio otra oportunidad de volver
a verla”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Abrió los ojos sintiendo el corazón acelerado, volteó a ver el despertador que tenía en el buró y rápido se espabiló para salir corriendo rumbo a la cafetería, faltaban quince minutos para las dos, mismos que debía invertir en un trayecto que normalmente le tomaría cuarenta caminando; no había tiempo de averiguar qué autobús lo llevaría hasta su destino, menos pensar en un taxi, eran carísimos y no tendría dinero suficiente hasta la siguiente semana; ¿cómo era posible que se hubiera quedado dormido por tanto tiempo? Corrió tan rápido como pudo hasta sentir que las piernas se le desbarataban y los pulmones se le salían por la boca, pero para alguien que nunca había destacado como atleta, su rendimiento fue bueno.

Jadeó al son que le impusieron sus piernas, los ojos casi se le desorbitan al llegar a la esquina, ochocientos metros antes de la puerta del café; sudoroso pero contento de haber llegado con cuarenta segundos de anticipación, los invirtió en normalizar su ritmo cardiaco y secarse el agua del rostro. Todavía se detuvo a observar su cabello en un ventanal y componerlo un poco para ocultar los estragos de la carrera. “Puntual, eso habla muy bien de usted”, dijo la muchacha cuando al mismo tiempo ambos tomaron por cada lado el picaporte. “Moriría antes de llegar tarde o faltar a la cita”, contestó Saúl pensando que por poco se cumplía esa sentencia; aún con la respiración algo agitada, le cedió el paso y solícito le preguntó si deseaba comer algo.

Amablemente negó con la cabeza, arguyendo que generalmente lo hacía en la universidad después de la segunda hora, en la que podía disfrutar de un descanso. El joven de inmediato vio otra oportunidad de volver a verla, así que ofreció acompañarla a esa hora también, “si no te resulta incómodo”. “De ninguna manera; por lo pronto, debemos darnos prisa, el autobús no tarda en pasar”. Mientras abordaban, platicaron sobre la facultad, la carrera, el tiempo que estaría Saúl en Austria, los gustos de cada uno, lo que sabían o ignoraban del arte de cada uno de sus países y lo ameno de su charla tuvo la magia de hacer que el tiempo pasara volando. Descendió él primero para ofrecer su brazo a la chica y su breve despedida se transformó en una promesa.

No tenía una idea clara sobre lo que debía esperar si iniciaba una relación con una mujer que, al parecer, tenía muy clara su idea de vida, al menos así lo percibió al escuchar la cantidad de planes que tenía para ella y su hermana, detalle que no podía dejar pasar dad la condición que la mantenía sin poder ver. Además, apenas tenía unas horas de conocerla y no era prudente que hiciera conjeturas ante la incertidumbre, lo único que sabía era que al terminar sus propios estudios, tendría que regresar a México, al país que tuvo que engañar de alguna manera para poder viajar al extranjero, donde era impensable que una universidad abriera sus puertas en Domingo para ejecutar un programa especial de capacitación para estudiantes necesitados. Continuará.

Beto

martes, 31 de mayo de 2022

La familia Grande 74a. entrega

“Las figuras aprovecharon para danzar
en el cielo raso”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los minutos transcurrieron sin que ninguno se diera cuenta, hasta que uno de los compañeros de la muchacha interrumpió solicitándole un número, quizá una clave, Saúl no entendió en realidad. Eso hizo que ella recordara para qué estaba allí. “Bien, ¿qué le ofrezco de tomar?” “Es cierto, a eso entré; un té y una rebanada de eso que parece pastel de chocolate”. “¿Gusta que le traduzca alguna otra cosa de la carta?” “No, gracias, en realidad no tengo apetito, con eso será suficiente... y con algunos minutos de conversación contigo, si fuera posible”. No supo en ese momento de dónde había sacado tal arrojo, él que nunca se atrevió a hablar con desconocidos, ahora se manifestaba casi como un conquistador, gesto que la rubia contestó con un “salgo a las dos”.

Terminó en silencio lo que había pedido, alguien le entregó la cuenta unos minutos despues de solicitarla, se encaminó a la puerta y al abrirla buscó entre las mesas, que parecían haberse ocupado de pronto, a la rubia, la encontró, se despidieron con una señal discreta y enfiló hacia el cuarto que compartía con los “mellizos”. Sus pasos hacían juego con el bullicio de una calle que cambió su rostro en menos de dos horas; al estar frente a la puerta de entrada, reparó un instante pues no se dio cuenta del momento en que atravesó tanta calle. Se encerró en el cuarto para repasar lo que había vivido en esos días además de los sentimientos que eso le provocaba; dos bellezas totalmente iguales pero una era totalmente cercana como para llenarlo de entusiasmo.

Recostado en su cama, tomó como referencia los pliegues que tenía el techo para dibujar mentalmente las escenas que había “descubierto” noches atrás con las sombras que producía la luz de su lámpara; le costó trabajo recordarlas todas y localizarlas puesto que las producidas por la luz de la ventana no eran las mismas. Surgió una nueva que curiosamente implicaba a una rosa, un pastel y dos figuras humanas tomadas de la mano, seguro estaba de que una era mujer y la otra, no terminaba por definirse, aunque para el caso, no importaba. Si hubiera querido, la figura inconclusa podía ser él y la mujer, la rubia; seguía pensando en ella así porque ni siquiera había sido capaz de preguntar su nombre, lo bueno es que tendría la oportunidad de hacerlo en unas horas.

Los párpados se le cerraron por unos instantes, mismos que las figuras del cielo raso aprovecharon para danzar por el espacio que tenían disponible; una de esas personas tomó la rosa y poniéndosela en la boca corrió formando círculos cada vez más grandes hasta abarcar la frontera con las paredes en una carrera frenética sin destino definido, mientras tanto, la otra parecía divertirse con el espectáculo a la vez que daba grandes mordiscos al pastel en una pose que sugería que pronto se sumaría a la carrera. Una vez que hubo concluido con ese manjar, con grandes saltos se dio a la tarea de perseguir a la primera a la que atrapó al tercer intento; rodaron por una colina y todo volvió a la calma. Continuará.

Beto

martes, 24 de mayo de 2022

La familia Grande 73a. entrega

“Seguramente ya lo adivinó, se trata de mi
hermana gemela”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “¿Puedo servirle en algo?” Saúl levantó lentamente la mirada y no pudo más que enmudecer; “si no le parece la forma en cómo hablo español, puedo ir a buscar a alguien más”. “No te vayas, es que...”. Sintió cómo el color le invadía el rostro sin darse cuenta que con ese dejo de desesperación, le había tomado la mano a la muchacha que apenas dos días antes le había arrebatado la tranquilidad. Los ojos azules de la mesera se le clavaron de inmediato pero ésta guardó compostura y le pidió amablemente que la soltara; la vergüenza creció en el interior de Saúl que no encontró rápido las palabras para disculparse. “Sé que tú no deber haberte percatado de mi existencia pero yo llevo dos días sin poder apartarte de mi memoria”, al fin pudo decir con algo de dificultad.

“No tengo idea de lo que dice, no recuerdo haberlo visto por aquí”. “Eso lo sé, no fue aquí”. “Qué extraño, yo no he salido del café, este fin de semana ha estado muy ocupado”. Saúl estaba entrando en el estado que más detestaba, nunca había soportado que la duda lo invadiera, más por sentirse ridículo que por la supuesta equivocación en la que pudiera incurrir, así que las palabras de rubia lo ponían en una situación que estaba fura de su control. Otro de los meseros se acercó: “Ingerdein problem?” “Keiner”, contestó la chica con la calma de sentirse protegida. “Es que estoy seguro de que eras tú; no creo que haya dos mujeres con tu belleza”. Los ojos femeninos se rasgaron con una mezcla de entendimiento y diversión, por lo que sonrió complacida.

“Agradezco en lo que valen sus palabras pero creo entender lo que sucede; imagino que fue en Stockerau”. “Ya ves que sí lo recuerdas”, interrumpió Saúl inquieto. “Insisto, no puedo recordar algo que no viví”. “Entonces, ¿cómo es que sabes que fue allí?” “Porque sé que vio esta cara pero no precisamente a mí; seré curiosa, ¿la mujer que vio lo miró a usted?” “Seguramente lo hubiera hecho si mis amigos no me hubieran apartado del camino hacia ella”. “Ahí lo tiene, aunque hubiera llegado, ella no lo hubiera visto, es ciega y sí, seguramente ya lo adivinó, se trata de mi hermana gemela”. “Pero no es posible”. “¿Qué parte, que sea mi hermana o que sea ciega?” Una risa nerviosa hizo presa del muchacho, incrédulo de lo que escuchaba.

Las dos trabajábamos aquí, pero en un accidente de auto, mientras salía de una fiesta, se golpeó la cabeza y sus ojos se apagaron posiblemente para siempre”. “Lamento escucharlo, entonces ahora canta para vivir”. “Así es, dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana; pero no sé por qué le cuento todo esto. No creo que le interese escuchar una triste historia sobre dos mujeres comunes y corrientes”. “para nada me parecen ni lo uno ni lo otro. Entonces ¿están dedicadas cada una a estas actividades de tiempo completo?” “No, lo hacemos para pagar nuestras carreras; ella se interesó en la música y yo en historia del arte”. Con cada palabra, ambos sintieron que empezaba a formarse un vínculo en el que la empatía se daba de manera natural. Continuará.

Beto

martes, 17 de mayo de 2022

La familia Grande 72a. entrega

“Unas palabras un poco rasposas lo sacaron
de su concentración”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Sí, eso haría, ¿qué podía pasar? ¿Acaso no le habían dicho que le ayudarían en lo que fuera? Claro que estaba lo del dinero, pero para cuando lo tuviera ya tendría un itinerario acorde a su austeridad. Por lo pronto Viena tendría que paliar sus ansias contenidas ya que tampoco se trataba de desperdiciar el viaje. Era el tercer día, la víspera del regreso a las actividades normales y la capital debía ser recorrida con una minuciosidad casi arqueológica pues, a pesar de vivir en ella, el programa de estudios les dejaba poco tiempo para recorridos turísticos. Su caminar los llevó justo frente al edificio del Parlamento, pensando que desde ese punto podrían decidir mejor hacia dónde dirigirse con mayor efectividad, algo en que los tres estuvieron totalmente de acuerdo.

Podían estar compartiendo estudios y cuarto pero sus gustos distaban de ser los mismos; mientras Rafael estaba interesado en el jazz, Gustavo prefería los museos. Saúl sólo escuchaba los argumentos de uno y otro mientras fantaseaba sobre encontrarse por casualidad a la rubia cantante. Dado que ese día el Parlamento permanecería cerrado, decidieron caminar cada uno por su lado e informar después a los otros lo que había visto, así no perderían tiempo y abarcarían un mayor espacio, en alguna otra ocasión, esa información les serviría para asistir a lo más llamativo que hubieran encontrado. Saúl decidió ir hacia el sur por la avenida Burgring y al dar la vuelta hacia la derecha se encontró el café Bellaria del cual había oído hablar.

La fachada blanca con filos de un dorado suave invitaba a sentarse en una de las mesitas tubulares rematadas cada una por dos sillitas de colores vivos que daban a la porción de la calle Bellariastraße que ocupaban, un aspecto minimalista; el interior tenía un ambiente clásico como de los cuarenta, quizá herencia del tiempo de la postguerra, las ventanas casi del tamaño del muro, terminaban en un arco de medio punto dejando pasar la luz suficiente para darle al lugar un tono apacible. Sin pensarlo mucho, entró al lugar, algunos meseros afanados en colocar los cubiertos para el desayuno, se pusieron de acuerdo para atenderlo, uno de ellos se aproximó amablemente: “Womit kann ich lhnen behilflich sein?”

En un segundó recordó el porqué no debía separarse de Rafael, los ojos casi se le salen de la cuenca y sólo pudo balbucear “disculpe, no hablo alemán”. “Warden Sie bitte einen moment”, respondió el muchacho y sin más se retiró. Un poco avergonzado, tomó la carta que le dejó en la mesa, pero tuvo que conformarse con ver las ilustraciones pues nada entendía de lo que estaba escrito. Si los pastelillos que aparecían en esas hojas estaban la mitad de buenos de lo que aparentaban en las fotos, seguramente sabrían a gloria. Tan ensimismado estaba en la revisión de menú que no se dio cuenta en qué momento una grácil figura se había posicionado a su lado, hasta que unas palabras un poco rasposas lo sacaron de su concentración. Continuará.

Beto

martes, 10 de mayo de 2022

La familia Grande 71a. entrega

“Ni los paisajes vieneses lo distrajeron
de sus pensamientos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Esa noche no durmió del todo, la imagen del rostro angelical de la rubia se había incrustado en su memoria, además era poseedora de una gran voz; obviamente no entendió lo que había cantado la tarde anterior, esas palabras no sonaban a nada "austriaco" o alemán que hubiera escuchado, pero seguramente era una hermosa canción. Estaba seguro que si iba a buscarla al otro día, la encontraría en el mismo lugar, no le importaba en lo absoluto trastocar el itinerario del viaje y confiaba en que “los mellizos” lo apoyarían en lo que fuera necesario. Si no se hubiera tratado de un hombre acostumbrado a resistir los reveses, la rotunda negativa que Rafael y Gustavo le dieron al otro día, lo hubiesen devastado al grado de querer desaparecer del mapa.

La razón de ello era simple, debido a la naturaleza de sus pasajes, no podían darse el lujo de perder una corrida, ya que el tren no abría esas plazas sino cada semana, lo que significaba que no habría manera de sobrevivir siete días en una ciudad distinta a la que habitaban. Saúl sintió que un hueco se abría en su interior; estaba seguro de que había encontrado la razón de su existencia y se prometió que, en la primera oportunidad que le diera el precario presupuesto de su beca, iría a buscarla. Su determinación conmovió a sus compañeros que le prometieron ayudarlo en lo posible pero que, por lo pronto, se durmiera porque saldrían muy temprano a Ottenschlag donde transbordarían a Salzburgo, ambas paradas por corto tiempo.

El destino seguía siendo Viena, aunque la aventura del recorrido fuera en un círculo en lugar de una recta; debido a que ambos poblados eran relativamente pequeños, pudieron visitar los sitios de interés en poco tiempo. Lo que más les llamó la atención del primero fue lo apacible de su ambiente, sólo tomaron un refrigerio en lo que parecía un hostal y abordaron el tren nuevamente. Salzburgo fue otra cosa; el recorrido entre la Fortaleza de Hohensalzburgo y el Palacio de Mirabell estuvo cargado de grandes sorpresas en las que contaron la casa donde nació Mozart, el Palacio de Hellbrunn, la Catedral, el Zoológico y la calle de Getreidegasse. Especularon sobre quién habitaría la residencia de la familia Mozart.

Ni el lujo de los vagones ni los paisajes en la periferia vienesa distrajeron a Saúl de sus pensamientos, sólo tenía cabeza para imaginar un reencuentro con la rubia deidad que había quedado atrás, no consideraba en esos momentos la situación en la que ella pudiera encontrarse, lo que le importaba era saciar su curiosidad, bueno, tampoco reparó en las posibles dificultades en casa que ninguno de los dos tuviera la manera de comunicarse con el otro, principalmente él, que sólo había utilizado un guten morgen de vez en cuando. Pero no lo detendrían pequeñeces como ésa, si fuera preciso, le pediría a Gustavo que fungiera como traductor ya que él parecía masticar bien el idioma teutón, así que usaría su mente en preparar un encuentro de ensueño. Continuará.

Beto

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