martes, 7 de junio de 2022

La familia Grande 75a. entrega

“De inmediato vio otra oportunidad de volver
a verla”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Abrió los ojos sintiendo el corazón acelerado, volteó a ver el despertador que tenía en el buró y rápido se espabiló para salir corriendo rumbo a la cafetería, faltaban quince minutos para las dos, mismos que debía invertir en un trayecto que normalmente le tomaría cuarenta caminando; no había tiempo de averiguar qué autobús lo llevaría hasta su destino, menos pensar en un taxi, eran carísimos y no tendría dinero suficiente hasta la siguiente semana; ¿cómo era posible que se hubiera quedado dormido por tanto tiempo? Corrió tan rápido como pudo hasta sentir que las piernas se le desbarataban y los pulmones se le salían por la boca, pero para alguien que nunca había destacado como atleta, su rendimiento fue bueno.

Jadeó al son que le impusieron sus piernas, los ojos casi se le desorbitan al llegar a la esquina, ochocientos metros antes de la puerta del café; sudoroso pero contento de haber llegado con cuarenta segundos de anticipación, los invirtió en normalizar su ritmo cardiaco y secarse el agua del rostro. Todavía se detuvo a observar su cabello en un ventanal y componerlo un poco para ocultar los estragos de la carrera. “Puntual, eso habla muy bien de usted”, dijo la muchacha cuando al mismo tiempo ambos tomaron por cada lado el picaporte. “Moriría antes de llegar tarde o faltar a la cita”, contestó Saúl pensando que por poco se cumplía esa sentencia; aún con la respiración algo agitada, le cedió el paso y solícito le preguntó si deseaba comer algo.

Amablemente negó con la cabeza, arguyendo que generalmente lo hacía en la universidad después de la segunda hora, en la que podía disfrutar de un descanso. El joven de inmediato vio otra oportunidad de volver a verla, así que ofreció acompañarla a esa hora también, “si no te resulta incómodo”. “De ninguna manera; por lo pronto, debemos darnos prisa, el autobús no tarda en pasar”. Mientras abordaban, platicaron sobre la facultad, la carrera, el tiempo que estaría Saúl en Austria, los gustos de cada uno, lo que sabían o ignoraban del arte de cada uno de sus países y lo ameno de su charla tuvo la magia de hacer que el tiempo pasara volando. Descendió él primero para ofrecer su brazo a la chica y su breve despedida se transformó en una promesa.

No tenía una idea clara sobre lo que debía esperar si iniciaba una relación con una mujer que, al parecer, tenía muy clara su idea de vida, al menos así lo percibió al escuchar la cantidad de planes que tenía para ella y su hermana, detalle que no podía dejar pasar dad la condición que la mantenía sin poder ver. Además, apenas tenía unas horas de conocerla y no era prudente que hiciera conjeturas ante la incertidumbre, lo único que sabía era que al terminar sus propios estudios, tendría que regresar a México, al país que tuvo que engañar de alguna manera para poder viajar al extranjero, donde era impensable que una universidad abriera sus puertas en Domingo para ejecutar un programa especial de capacitación para estudiantes necesitados. Continuará.

Beto

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