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| “La sorpresa lo dejó paralizado”. Foto: BAER |
Cadi eran las seis de la tarde cuando decidió regresar a las puertas de la universidad donde había dejado al objeto de sus pensamientos más recientes, esta vez tuvo la precaución de no alejarse demasiado para no tener que correr nuevamente; se plantó justo en el medio de las dos hojas que separaban al interior de la institución de la calle, éstas se abrieron para dejar salir a los estudiantes que esperaban disfrutar de un pequeño descanso antes de continuar con sus extraordinarias labores dominicales, a lo lejos alcanzó a ver la cabellera rubia de su cita que, de pronto, paró en seco, volteó hacia su derecha y recibió un gran abrazo de un tipo que la levantó en vilo plantándole un beso en la boca que a leguas se notó que ella correspondió totalmente.
La sangre se le fue a los pies, la pequeña flor que llevaba en la mano resbaló entre sus dedos y cayó al piso sin que Saúl pudiera evitarlo; la escena se prolongó por algunos segundos más, instantes en que pudo ver cómo el vestido de ella bailaba dando un marco que cualquier cineasta hubiera filmado sin chistar. Sus pensamientos se agolparon en su cabeza pero sólo uno escapó entre sus labios: “¿cómo pude ser tan estúpido?” Personas iban y venían tratando de no arrollarlo en su prisa, mientras los enamorados repetían una y otra vez el beso que desgarró el corazón del muchacho. Los hombros adquirieron un peso extra y sintió cómo el estómago dejaba su espacio provocando un hueco terrible; a punto estaba de salir huyendo cuando escuchó una voz: “¿Qué ve?”
La sorpresa lo dejó paralizado, allí estaba la rubia sonriéndole, con el cabello recogido como si acabara de bañarse ¡y con otra ropa! “¿Cómo es posible? Acaba de verte besando a un tipo a medio pasillo” “¿Se refiere a esa pareja que viene allí?” “S-sí”. “Es mi amiga Amelí, me pidió de favor ayer que le trajera el vestido que ahora porta, pero como no me era posible cargar una maleta más grande, optamos por cambiarnos en el baño. Está bonito, ¿verdad? Quería impresionar a su novio y creo que lo logró”. “No nada más a él”, murmuró Saúl a la vez que se apuró a levantar la florecilla del piso. “¡Para mí! ¡Qué lindo detalle! Espero que no haya tenido problemas para obtenerla. aquí está penado cortarlas de los jardines. ¿Y qué hacia en el piso?”. Continuará.
Beto

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