martes, 24 de mayo de 2022

La familia Grande 73a. entrega

“Seguramente ya lo adivinó, se trata de mi
hermana gemela”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “¿Puedo servirle en algo?” Saúl levantó lentamente la mirada y no pudo más que enmudecer; “si no le parece la forma en cómo hablo español, puedo ir a buscar a alguien más”. “No te vayas, es que...”. Sintió cómo el color le invadía el rostro sin darse cuenta que con ese dejo de desesperación, le había tomado la mano a la muchacha que apenas dos días antes le había arrebatado la tranquilidad. Los ojos azules de la mesera se le clavaron de inmediato pero ésta guardó compostura y le pidió amablemente que la soltara; la vergüenza creció en el interior de Saúl que no encontró rápido las palabras para disculparse. “Sé que tú no deber haberte percatado de mi existencia pero yo llevo dos días sin poder apartarte de mi memoria”, al fin pudo decir con algo de dificultad.

“No tengo idea de lo que dice, no recuerdo haberlo visto por aquí”. “Eso lo sé, no fue aquí”. “Qué extraño, yo no he salido del café, este fin de semana ha estado muy ocupado”. Saúl estaba entrando en el estado que más detestaba, nunca había soportado que la duda lo invadiera, más por sentirse ridículo que por la supuesta equivocación en la que pudiera incurrir, así que las palabras de rubia lo ponían en una situación que estaba fura de su control. Otro de los meseros se acercó: “Ingerdein problem?” “Keiner”, contestó la chica con la calma de sentirse protegida. “Es que estoy seguro de que eras tú; no creo que haya dos mujeres con tu belleza”. Los ojos femeninos se rasgaron con una mezcla de entendimiento y diversión, por lo que sonrió complacida.

“Agradezco en lo que valen sus palabras pero creo entender lo que sucede; imagino que fue en Stockerau”. “Ya ves que sí lo recuerdas”, interrumpió Saúl inquieto. “Insisto, no puedo recordar algo que no viví”. “Entonces, ¿cómo es que sabes que fue allí?” “Porque sé que vio esta cara pero no precisamente a mí; seré curiosa, ¿la mujer que vio lo miró a usted?” “Seguramente lo hubiera hecho si mis amigos no me hubieran apartado del camino hacia ella”. “Ahí lo tiene, aunque hubiera llegado, ella no lo hubiera visto, es ciega y sí, seguramente ya lo adivinó, se trata de mi hermana gemela”. “Pero no es posible”. “¿Qué parte, que sea mi hermana o que sea ciega?” Una risa nerviosa hizo presa del muchacho, incrédulo de lo que escuchaba.

Las dos trabajábamos aquí, pero en un accidente de auto, mientras salía de una fiesta, se golpeó la cabeza y sus ojos se apagaron posiblemente para siempre”. “Lamento escucharlo, entonces ahora canta para vivir”. “Así es, dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana; pero no sé por qué le cuento todo esto. No creo que le interese escuchar una triste historia sobre dos mujeres comunes y corrientes”. “para nada me parecen ni lo uno ni lo otro. Entonces ¿están dedicadas cada una a estas actividades de tiempo completo?” “No, lo hacemos para pagar nuestras carreras; ella se interesó en la música y yo en historia del arte”. Con cada palabra, ambos sintieron que empezaba a formarse un vínculo en el que la empatía se daba de manera natural. Continuará.

Beto

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